INTROVISION / Un Zombi en el Paraíso

Un nuevo día de luz y beatitud ha amanecido en el paraíso; derramándose sobre sus calles esmaltadas de piedras preciosas y sobre los marmóreos muros de la Ciudad Santa: sede central de la paz, el amor y la belleza universal. Pero de alguna manera la descripción que acaba de transmitir el noticiero sobre el estado del tiempo no armoniza con mi percepción de éste. Ni siquiera la voz dulce del ángel que se encargó de abrir ese sello de dones rosáceos, ha podido mitigar el olor a putrefacción que parece emanar desde mí hasta el mundo exterior del paraíso, y colorear la palidez verdosa con que mis ojos parecen teñir todas las cosas.

Llevo toda una eternidad deambulando por las paradisiacas calles del paraíso sin que al parecer le haya llamado la atención a nadie. Las almas de los antiguos humanos que las pudieron salvar, así como toda la jerarquía angelical, desde Tronos y Principados hasta Serafinespasan a mi lado indiferentes de mi existencia. Entiendo que también soy un alma que se ha salvado, con todos los derechos a disfrutar de los etéreos colores, olores y sonidos que corren cual sangre invisible por las venas abstractas de la atmósfera de esta dimensión. Pero no, me siento un paria, un ser despreciado y evitado de una manera sutil, no evidente y no oficial. Dios no ha querido recibirme, ni tampoco ninguno de los antiguos patriarcas bíblicos; pues Abraham, Moisés, David, Salomón o Elías, también pasan a mi lado sin molestarse en echarme siquiera una breve mirada. Cuando mucho, sólo un fugaz intercambio de palabras con el alma o ángel que en ese momento los acompañe.

Alguien me dijo una vez —en verdad el alma de un antiguo hechicero que logró la redención de su alma pero no la de su conocimiento— que posiblemente yo sea un alma, que por alguna ruptura en las leyes que gobiernan las fronteras dimensionales, se filtró en el Paraíso desde el Purgatorio. Donde las almas están poco menos que en un estado de limbo interior; ni frías ni calientes; ni dulces ni amargas. Y que posiblemente esta sea la causa de que ande errante a todo lo largo del paraíso, sin comprender el motivo de estar en él; sin poder disfrutar de sus bondades; y sin lograr la aceptación de los ciudadanos de la Luz. Que antes reaccionarían ante un Ser de la Oscuridad que ante un ser gris, como parece ser mi condición. El alma me dijo que no creía que fuera oriundo del Infierno. Pues en ese caso, la experiencia de mi realidad aquí fuera al menos entretenida por su misma contradicción. «Ahora bien —me dijo— en cuanto al estado de descomposición permanente que padece tu alma… sólo Dios puede decir la causa. Pues ninguna condición más allá de la carne debería adoptar semejante vestimenta.»

Existe otra teoría, descabellada en verdad, algo que no es ninguna sorpresa si se toma en cuenta su fuente: Los Expedientes Secretos X… del paraíso obviamente, pues la antigua serie televisiva está prohibida aquí; como todo lo que fue fruto de la imaginación y el lado oscuro del alma humana. Huelga decir, por cierto, que el mercado negro para todas estas cosas… se encuentra en el infierno. Pues bien, los documentos en cuestión, revelaban un gran secreto: que yo era nada más y nada menos que Jesús el Cristo. Que en verdad yo duré más de tres días en el reino de los muertos, en el Hades; en donde mi alma devino en una más de sus sombras. Al levantarme de entre los muertos, no lo hice con mi cuerpo, que ya se había hecho polvo hace millones de años, sino como un espíritu que había olvidado toda su identidad, sumergido en el olvido. Esto fue poco antes de la Parusía, ya a las puertas del Paráclito El reino del espíritu santo. Mi alma, continuaba el informe, es única en todo el universo, ya que es una muerta en vida: un alma Zombi. Pues contrario a los demás seres que se levantaron de entre los muertos, mi caso, por ser el Cristo, era diferente. Yo había encarnado la muerte en mi propia alma. No fue la resurrección de mi alma, no, sino la resurrección de la muerte en mi alma; de sus efectos; de su realidad. Fui hechizado por su poder, que es cónsono con el de la energía oscura que anima el universo. Aún así, seguía siendo el hijo de Dios. Y por lo tanto tenía derecho a vivir en el paraíso. A pesar de ser una mancha de gangrena; una energía viscosa; un pantano burbujeante; una gota de sangre coagulada… arrastrándose por las calles de la Ciudad Santa. A pesar de ser el símbolo en la luz, de todo lo que constituye la oscuridad. A pesar de ser un alma zombi en el paraíso.

Ahhh… Que historia más triste. Si no fuera porque en Zothique The Last Continent, todos estamos malditos, rompería a llorar. Pero no hay tiempo para ello aquí, en este Blogzine de las cosas que no son pero que deberían ser. Sólo una cosa les podemos recomendar al alma zombi de Jesús el Cristo: si quiere puede exiliarse en Zothique. Pues es obvio que una entidad tan demoniaca como esa sería un ciudadano modelo en nuestro no menos condenado continente. De paso podría enterarse de lo que tenemos para la edición de esta semana.

La sección Neosapiens inicia su segunda temporada. Estará dedicada a las portadas de tres revistas de diferente personalidad, pero que representan en sí mismas diferentes niveles en cuanto a la publicación de la creatividad de género: Ciencia Ficción, Fantasía y Horror. Esto así, tanto en la literatura como en el cómics. La protagonista de la primera galería es: «Fantastic Universe: No hay Universo sin Fantasía».

Nuestra sección Tetramentis, en la página del jueves, continua resucitantdo. Y nuevamente del sepulcro lo que sale es el libro Tumbas sin Fondo, del monje negro de la medieval Averoigne, Odilius Vlak. Existen musas de oscura inspiración, entre ellas: «Luzbelia: La Musa del Horror».

Sólo nos resta despedirnos de un alma verdaderamente errante, pues es un zombi incansable: nuestro sumo sacerdote, Markus E. Goth, editor y director de este Templo Virtual. Los gusanos inmortales que carcomen su alma, representan el contenido de cada una de nuestras ediciones. Repite conmigo JesúsEl horizonte de los murciélagos es más lejano que el de las águilas.

Odilius Vlak

Jefe de Redacción

 


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