RUNES SANGUINIS / El Cosmos Doble – Por Clark Ashton Smith

Clark Ashton Smith Portrait Print - JR. Joe Wehrle

Le corresponde al lector decidir cuanta importancia debe otorgársele al manuscrito dejado por Bernard Meecham. Sin lugar a dudas pocos lo considerarían otra cosa más que el registro de un delirio inducido por la extraña droga que Meecham había compuesto. Incluso desde este punto de vista el documento posee cierto interés médico: pues arroja una asombrosa luz sobre las posibilidades de las sensaciones humanas. Y si uno acepta las experiencias de Meecham bajo su propia evaluación, se verá que el velo de un nuevo y hasta ahora insospechado mundo ha sido levantado.

  Meecham, un joven químico brillante, había hecho desde el comienzo un estudio especial sobre las drogas narcóticas. Gracias a una jugosa herencia, él había sido liberado de la necesidad de comercializar su talento y conocimiento, y de esta manera fue capaz de dedicarle todo su tiempo a la especialidad que tan profundamente lo absorbía. Aislado, él no le informaba a nadie la naturaleza de sus investigaciones; y la revolucionaria teoría que él había concebido era desconocida de sus colegas. Esta teoría, así como el resultado de sus experimentos, él los confió sólo al manuscrito redactado y fechado poco antes de su inexplicable desaparición. El manuscrito fue encontrado sobre el escritorio de su laboratorio. Y es ahora publicado en acuerdo con una breve nota sin destinatario dejada también por Meecham.


  • El Manuscrito


  Ya desde ni niñez, había comenzado a sospechar que el mundo a nuestro alrededor era quizás sólo la cortina de cosas ocultas. La sospecha nació justo después de mi recuperación de un ataque de fiebre escarlata con brotes a intervalos de delirio. En dicho delirio, luego oscuramente recordado, me había parecido vivir en un mundo monstruoso poblado por extraños seres deformes cuyas acciones estaban cargadas de terror y amenaza; y, cuando no amenazantes, eran totalmente crípticas y extramundanas. Este reino de sombra no había sido menos real que el mundo percibido por mis sentidos normales; y durante mi convalecencia creía que existía en algún lado, más allá de los rincones de la familiar habitación; Y temía que sus horribles espectros podrían aparecer en cualquier momento.

  Mis sueños nocturnos, los cuales a menudo eran muy extraños y vívidos, también contribuían para confirmar mi intuición de otras esferas y aspectos secretos del mundo conocido. Cada noche me parecía cruzar la frontera de un mundo real que existía paralelamente con los mundos del día, pero al cual sólo se accedía a través del sueño.

  Tales creencias, ya fueran pura fantasías, o fantasías mezcladas con una oscura realidad, son sin lugar a dudas más o menos comunes en los niños imaginativos.

  Si embargo, mientras mis facultades maduraron, yo no las rechacé totalmente sino que fui conducido a especulaciones relacionadas con el enigma de las percepciones humanas y la naturaleza del mecanismo sensorial. Pronto se me ocurrió que los cinco sentidos clasificados eran unos canales muy pobres y dudosos para el conocimiento de la realidad; de hecho, que su testimonio concerniente a lo que nos rodea podría ser parcial o totalmente errado. El hecho de que las así llamadas personas cuerdas y normales, poseedoras de la vista, el oído y los demás sentidos, estuvieran de acuerdo sustancialmente en cuanto a sus impresiones de los fenómenos exteriores, podía probar sólo la existencia de  defectos y limitaciones comunes en el órgano sensorial de la especie. La cosa llamada realidad, era quizás sólo una alucinación colectiva; y ciertamente, como la ciencia misma se ha inclinado a probar, el hombre no puede declarar una limitación para la percepción. Las imágenes distinguidas por el ojo humano, no son las contempladas por el multifacetado ojo de un insecto; los colores que el hombre vio no fueron percibidos por las aves. ¿Dónde entonces yacía a realidad?

  Inevitablemente, siguiendo esta línea de pensamiento, me interesé en los efectos de las drogas, especialmente de esos narcóticos que modificaban  profundamente las sensaciones, en formas muy variadas y fantásticas. Leí absorbido libros como «El Fumador de Opio», de De Quicey; «Los Paraísos Artificiales», de Charles Baudelaire; y el casi olvidado «El Fumador de Hachís», de Fitzhugh Ludlow. Este interés literario pronto me condujo a estudiar la química de los narcóticos, así como también sus efectos fisiológicos. Aquí, presentía, se encontraban profundos misterios y las claves de los secretos que nadie había revelado todavía.

  Así comenzaron los diez años de investigación y experimentación, los cuales me han convertido en una ruina de nervios temblorosos a los veinte y nueve. He de resumir brevemente las primeras fases, pues poco tiempo queda en el cual registrar ese espantoso e inconcebible descubrimiento sobre el cual tropecé al final.

  Mi laboratorio estaba equipado con los aparatos más finos y sutiles, y me abastecí para el análisis de todas las drogas narcóticas conocidas por la química moderna, junto con otras descubiertas por exploradores en remotas regiones salvajes. Opio y todos su derivados, el extracto de hachís y la misma planta seca –Mescalina, Peyote, Atropina, Kava–, éstas y numerosas otras, eran los sujetos de mi experimentación. Desde el mismo comienzó había concebido la vaga noción de una extraña y aparentemente no-autorizada teoría; y para probar la teoría era necesario estudiar los efectos de las drogas sobre mi propio aparato sensorial. También, me vi forzado a inventar un increible y delicado artefacto foto-eléctrico, un gráfico para el registro y rastreo de los oscuros impulsos neuronales.

  Mi teoría era que las visiones, las así llamadas alucinaciones inducidas por las drogas, no eran debidas sólo a un simple desorden en los nervios sensoriales, sino a una reacción por la estimulación de un nuevo y no-desarrollado sentido. Este sentido, si bien más complejo y esotérico que los otros, estaba relacionado con la vista; y sospechaba que su órgano era una de las gládulas, probablemente la pineal. Yo no descalificaba la función de reguladora del crecimiento asignada a la glándula pineal por los endocrinólogos, sino que simplemente le asigné una función secundaria, totalmente latente bajo las condiciones de la vida diaria.

  Bajo los terribles estímulos de las drogas, este tercer ojo fue parcialmente despertado, proporcionando distorcionados y fragmentados vistazos de esa realidad más grande, la cual los sentidos exteriores fallan en reflejar. A través de él, posiblemente, uno podría contemplar las dimensiones más altas que las tres a las cuales nuestras percepciones estaban limitadas. Poca confianza, sin embargo, debía ser depositada en el testimonio del órgano; porque estaba seguro de que ninguna droga conocida era lo suficientemente poderosa para despertarlo a una total conciencia. Era como el ojo no educado de un bebe, el cual contempla lo que le rodea sin una verdadera percepción de la forma, la distancia, perspectiva y relación de los objetos. Así eran la demencial variedad, la ondulante y siempre cambiante fantasía de las visiones de los narcóticos; así eran sus alternaciones y mezclas de horrores, esplendor, aberraciones y oscuridad. Y aún así, a través de ellas, paisajes infinitos de reinos desconocidos eran insinuados oscuramente sobre la mente del hombre.

  Debo decir solamente que tuve éxito en demostrar, gracias al mecanismo gráfico que había inventado, la influencia directa de los narcóticos sobre la glándula pineal, y la activación temporal de esa glándua como una especie de órgano óptico. Las reacciones registradas por el instrumento mientras estaba padeciendo los efectos del hachís fueron inusualmente poderosas, y muy similares a ésas que el gráfico había detectado en el ojo humano durante la percepción de imágenes. Así fue confirmada mi tesis de un mundo objetivo detrás de la prolífica fantasmagoría evocada por las drogas.

  Ahora sólo faltaba inventar o componer una droga lo suficientemente potente para estimular el nuevo ojo a que obtenga una conciencia total y madura de este mundo oculto. No daré aquí los detalles de las muchas pruebas y fracasos con las complicadas mezclas de extraños alcaloides. Tampoco he de revelar los elementos de la composición de la súper droga, a través de la cual alcancé el éxito final a costa de un fatal colapso del sistema nervioso, o quizás algo peor. No deseo que otros pagen el precio que yo he pagado.

  Mis primeras sensaciones bajo la nueva droga fueron similares a aquellas inducidas por una fuerte dósis de cánnabis. Estaba la misma postración del sentido del tiempo, por la cual simples minutos eran convertidos en edades; la misma expansión espacial, a través de la cual las paredes de mi laboratorio parecían retroceder inmensas distancias, y mi propio cuerpo, así como los objetos familiares a mi alrededor, se extendian a sí mismos a prodigiosa altura y largura. Las piernas de mi silla eran tan altas como las famosas secuoyas. Mi mano y mi brazo, parecieron escalar un abismo como el de algún profundo cañón. Un recipiente descollaba como un gigante monumento.

  Todo esto me era familiar, y me sentí un poco desilusionado. ¿Era la nueva composición un fracaso como las demás?

  Cerré mis ojos como a menudo lo había hecho anteriormente, para desterrar cualquier impresión visual ordinaria que podría oscurecer la visión del tercer ojo. Ciertos detalles desaparecieron y otros fueron agregados, pero el paisaje que observaba permaneció fundamentalmente siendo el mismo. Entonces, gradualmente, sobrevino un cambio, y la escena ante mí se dividió a sí misma en lo que sólo puedo describir como dos planos o niveles diferentes, diferentes uno del otro como el agua de la tierra.

  El primer plano estaba constituido por los alrededores inmediatos, el laboratorio y sus accesorios, los cuales ahora se habían vuelto transparentes como si hubieran sido permeados por alguna clase de luz radio-activa. Mi propio cuerpo participaba de esta transparencia, pero, junto con todos los objetos a mi alrededor, retenía claramentes sus contornos diferenciados.

  Más allá de este plano inmediato estaba el segundo, en el cual cada cosa parecía poseer una comparativa solidez y opaquedad. Miraba sobre una mezcla de formas extrañamente anguladas que bien podrían haberse materializado desde la pesadilla de un geómetra. Estas formas eran inmensas, complicadas y misteriosas. Entonces, lentamente, percibí que ellas eran una extensión aparente de las formas de mi propio plano, ajustándose de esa manera a mi impresión original de que todo a mi alrededor se había extendido a sí mismo hasta una anormal distancia y longitud.

  Es difícil de describir exáctamente lo que vi, pues mi visión incluia indudablemente una extra dimensión. Mis miembros, mi cuerpo, mi silla, las mesas, los estantes, las botellas y los productos químicos esparcidos, todo parecía distorsionarse a sí mismo a través de increibles ángulos oblicuos en la mezcla de formas súper-euclidianas que coronaban el nuevo mundo. Mis ojos, como los de un infante aprendiendo a ver, gradualmente comenzaron a distinguir detalles y a establecer proporciones y perspectivas donde todo había parecido caótico e insignificantemente confuso a primera vista.

  Mi atención se centró en una figura que parecía corresponder a la mía propia. Esa figura, sentada en una estructura vagamente en forma de silla, era de un tamaño colosal. Presentaba una centena de extrañas facetas, convexidades y concavidades. Sin embargo, pude distinguir las diferentes partes equivalentes a la cabeza humana, el torso, brazos y piernas. La figura apareció sentada de frente a mí, pues había una sugerencia multi-angulada de ojos, bocas y las otras características de una cabeza inmensamente proporcionada.

  ¿Era éste, me pregunté, un ente vivo al igual que yo? Si es así, ¿cuál era mi ralación con este Ser en un mundo que nunca había sido penetrado por la visión humana? ¿Me había revelado la súper-droga el doble de mi propio Ser en la cuarta dimensión?

  A la larga un experimento muy simple vino tras otro, existía el mismo reverso aparente que mostraría un reflejo.

  Ahora me había levantado y comenzado a caminar alrededor del laboratorio, tambaleándome un poco al principio por la perdida de control que había mencionado. La otra figura dimensional también se levantó y caminó, con los mismos pasos temblorosos e inseguros. Recogí un tazón. La entidad tomó en sus manos una vasija barrocamente diseñada y también la levantó. De pura debilidad, el tazón se deslizó de mis dedos, rompiéndose en muchos fragmentos. La vasija sostenida por la entidad cayó en el mismo momento, y sus pedazos se esparcieron sobre el piso de ese otro mundo.

  Parecía que cada movimiento que hacía era duplicado en perfecta sincronía por este asombroso alter ego.

  Una obvia pero asombrosa idea se me ocurrió. Me aproximé a la mesa y tomé la botella graduada en la cual almacenaba la nueva droga. Medí un quinto de la cantidad que ya había tomado, sintiendo que sería razonable evitar agregar esta cantidad a la dósis. Disolviendo el polvo en un poco de agua, lo tomé.

  Usando vasijas de una mayor complejidad geométrica, el Ser en ese otro laboratorio reprodujo cada uno de mis movimientos.

  ¿Era él también un experimentador, buscando penetrar el velo multiforme del cosmos? ¿Él me veía?, me preguntaba. ¿Estaba él experimentando una revelación similar a la que yo estaba experimentando? ¿Estaba él representando los actos que yo representé para probar las correspondencias que existían entre nosotros? ¿Poseían todos los objetos, entidades, causas y efectos en su mundo su contrapartes en el mío?

  Quizás, pensé, la relación entre los mundos era una de causa y efecto. Pero si era así, ¿cuál mundo era el primario, cuál el secundario? ¿Determinaron mis acciones la del Ser alienígena? ¿O las de él determinaron las mías?

  Sentía que mi nuevo sentido visual estaba siendo agudizado por la pequeña dósis adicional de la droga que había tomado. Los detalles de la extraña dimensión se hicieron más claros, más distintivos. Hasta ahora todo había sido incoloro, como el tono gris de una fotografía. Ahora, comencé a distinguir matices que eran bastantes indescriptibles ya que no pertenecían al espectro conocido.

  Sintiéndome un poco aturdido, me recosté sobre un diván que había colocado en el laboratorio para usar durante mis experimentos. Sincronizadamente el Ser en ese otro laboratorio se reclinó en un vasto objeto multi-cúbico que correspondía a mi diván.

  Yacimos contemplándonos el uno al otro, inmoviles. Al fin la visión devino borrosa, volviéndose una vez más caótica y distorsionada. Finalmente se extinguió, dejando sólo los familiares detalles mi habitación.

  Durante mi siguiente experimento, me arriesgué a salir a la calle mientras la influencia de la droga estaba en su punto más fuerte. Paso a paso, mientras caminaba, la visión cambió junto a la volátil escena a mi alrededor; y paso a paso, fui acompañado en la visión por ese Ser que había terminado en considerar como mi otro yo cósmico.

  Lo que contemplaba era una ciudad doble –la ciudad de nuestro propio mundo, poblada por autos, tranvías, por una muchedumbre de traseuntes–, y la ciudad de ese plano alienígena, con vehículos, personas, edificios que correspondian en todo a los nuestros en movimiento y posición, pero mucho más vastos y complejos en sus formas geométricas.

  Absorbido en esa maravillosa revelación, olvidé el peligro al cual estaba expuesto. Un auto, conducido despacio, me golpeó con su guardabarros mientras me adelantaba desde la acera en un cruce. Mientras caía, vi que mi compañero de visión había sido chocado por uno de los vehículos de su ciudad, y estaba cayendo también.

  No había sufrido ningún daño aparte de unos pocos magullones ligeros. Los que pasaban me ayudaron a levantarme, mientras, en esa otra ciudad, los peatones ejecutaban el mismo servicio para mi extraño doble.

  Repetí el experimento bajo diferentes condiciones, en la ciudad y en el campo. Siempre veía mi doble ultra-dimensional en una situación equivalente, duplicando mis acciones. Parecía que no había persona, animal, planta, maquinaria, edificio o paisaje en nuestro mundo, que no tuviera su contraparte en el otro. Todos los sucesos ocurrían simultáneamente en las dos esferas.

  Entonces, sobrevino el extraordinario cambio. Me había abstenido de tomar la droga por unos días, reconociendo que mi salud había sufrido demasiado debido a su uso y que la muerte vendría muy pronto si insistía en mis experimentos. Durante ese tiempo había experimentado algunos estados mentales extraños, los cuales más tarde no podía recordar claramente. También, se habían sucedido varias extraños lapsos de conciencia, que permanecían por varias horas, los cuales eran siempre precedidos por confusión mental y preocupación, con pensamientos distanciados de mi usual estado de ánimo. En particular, me asaltaba el pensamiento de un absoluto vacío entre los mundos, separado del tiempo y el espacio. A través de un poder superior divino, me parecía, un Ser podría entrar a este vacío, aislándose de esa manera de las leyes cósmicas, que de otra forma controlarían su destino. Semejante aislamiento resultaba atractivo para mí, me descubría a mí mismo deseándolo intensamente mientras la conciencia me abandonada. De manera que en soledad podría independizar mis acciones de las del Ser del otro mundo, y escapar de la condena que nos amenazaba a ambos a través del uso repetido de la poderosa droga compuesta.

  Sintiéndome aún demasiado débil y enfermo para salir al exterior, llevé a cabo el siguiente experimento con la droga en mi laboratorio, echado sobre mi diván. La droga actuó como siempre, la visión esclareciéndose a sí misma hasta que podía ver una vez más las vasijas y el amueblado de ese laboratorio alienígena más allá del mío. Pero, para mi asombro, el vasto y muti-cúbico diván, sobre el cual esperaba ver una figura reclinada, ¡estaba vacío! Busqué en vano en todos lados del lugar mi compañero de visión.

  Entonces, por primera vez en el uso de la súper-droga, experimenté el sentido de la audición. Una voz comenzó a hablar, baja, sin tono, emanando de ninguna dirección, y a la vez de todas. Algunas veces la ecuché hablándome en mi cerebro, más que de ciualquier punto del espacio. Dijo:

  «¿Puedes escucharme? Soy Abernarda Chameechamach, tu gemelo del cosmos de cuatro dimensiones que has visualizado.»

  «Sí, puedo escucharte», contesté. «¿Dónde te encuentras?». No estoy seguro de si estas palabras las pensé o las proferí en voz alta.

  «Me he aislado a mí mismo en el vacío del súper-espacio», fue la respuesta. «Es la única manera en la cual puedo romper la relación íntima de nuestras existencias, que debe ser bloqueda en orden de evitar la muerte que te amenaza. En este vacío, todas las leyes y fuerzas son inoperantes, excepto aquellas del pensamiento y la voluntad. Yo puedo entrar y salir del vacío a voluntad. Mis pensamientos pueden penetrar en tu mundo y ser aubibles para ti en tu presente estado bajo la influencia de la droga.»

  «¿Pero cómo puedes hacer estas cosas independiente de mí?», pregunté.

  «Porque mi voluntad y mi cerebro son superiores a los tuyos, si bien idénticos a ellos. Nuestros mundos son gemelos, como tú lo has descubierto; pero el mío, que posee una dimensión más que el el tuyo, es el principal, el mundo de las causas. El tuyo es el mundo secundario, o de los efectos. Fui yo quien inventó la súper-droga, en mi esfuerzo de estimular un nuevo sentido que revelara la realidad cósmica. Tu invención fue un resultado de la mía; de la misma manera que tu existencia es el resultado de la mía. Soy el único de los seres de este mundo, que a través de la droga, ha aprendido de la existencia de una esfera secundaria; como tú eres el único, en el tuyo, que ha visualizado la esfera primaria.

  »Mi conocimiento, a través de una ley de dimensión más alta, me capacita para actuar ahora sobre el mundo secundario con solo el pensamiuento.

  »Aislándome a mí mismo en este vacío, yo he deseado que tú debas ejecutar acciones de cuya necesidad yo mismo estoy exento. Varias veces el único resultado fue una pérdida de conciencia de tu parte, correspondiente a mi permanencia en el vacío. Pero ahora he triunfado. Tu has tomado la droga, mientras yo estaba aislado entre los mundos, invisible y libre de la cadena de causa y efecto.»

 «Si no has usado la droga, ¿cómo es que tú estás consciente de mí? ¿Me puedes ver?», pregunté.

  «No, no puedo verte. Pero estoy consciente de ti a través de un sentido que no depende de la droga: un sentido que mi mismo conocimiento de tu existencia me capacita para usarlo. Es parte de mi superior poder mental. No intentaré usar la droga nuevamente; pero deseo que tú continúes usándola.»

  «¿Por qué?», inquirí.

  «Porque tú morirás muy pronto por los efectos de tal uso. Yo, absteniendome, escaparé de la muerte. Una cosa semejante, me parece, nunca ha sucedido antes en la historia del cosmos doble. La muerte, en tu mundo, como el nacimiento y todo lo demás, siempre ha sido concomitante de iguales sucesos en el mío. ¿Cuál será el resultado?, no estoy del todo seguro. Pero, rompiendo el vínculo entre nosotros  y, sobreviviédote, puede ser que yo nunca muera.»

  «Pero, ¿es mi muerte posible sin la tuya?», cuestioné.

  «Pienso que sí. Resultará de la continuación de las acciones que causarían también mi muerte, si no elijo yo mismo interrumpirlas. Cuando tu muerte esté cerca, yo entraré al vacío nuevamente, donde ninguna causa o efecto cósmico puede seguirme. Así estaré a salvo doblemente.»

  Desde hace varias horas, yo he estado escribiendo este informe en el escritorio de mi laboratortio. Cualquier cosa que me pase –ya sea la muerte o alguna cosa más extraña que la muerte–, un registro de mis increibles experiencias al menos permanecerá cuando yo ya no esté.

  Desde mi conversación con el Ser que se hace llamar Abernarda Chameechamach, yo he tratado de abstenerme totalmente de la súper-droga, y varias veces he retrasado sucumbir al impulso que me hace continuar su uso. He deseado intensamente que Abernarda Chameechamach consuma la droga mientras yo me restrinjo de hacerlo, para que así él muera en mi lugar.

  Durante los pocos experimentos recientes con la droga, he visto sólo el laboratorio vacío de mi gemelo trans-dimensional. Aparentemente, en cada ocasión, ese Ser ha permanecido en el súper-espacio. Él no me ha hablado nuevamente. Sin embargo, tengo el extraño presentimiento de que estoy más cerca de él que en cualquier momento de nuestras visiones mutuas o nuestra única convesación. Mi debilitamiento físico ha progresado poco a poco junto a un asombroso fortalecimiento y desarrollo de mis facultades mentales. Parecería, increiblemente, que otra dimensión ha sido agregada a mi mente. Me creo a mí mismo poseedor de unos sentidos que están más allá de los cinco sentidos normales y de aquél activado por la droga. Me parece que el poder de Abernarda Chameechamach, si bien dirigido en mi contra, se ha transferido hasta cierto punto dentro de mí, a través de la ley cósmica que ni siquiera él puede abrogar desde su estadía más allá del tiempo y del espacio. Existe un balance que debe enmendarse a sí mismo, incluso si es distorsionado temporalmente por las fuerzas desconocidas de una mente de cuatro dimensiones.

  Su misma voluntad se ha transferido a sí misma dentro de mí, y se ha vuelto contra él, si bien estoy sujeto a él en formas ya descritas. Estoy poseído por la imagen del vacío cósmico dentro del cual él se ha aislado. Cada vez más siento en mí mismo el deseo, la voluntad y el poder de proyectarme corporalmente dentro del vacío, y de esa manera cambiar la cadena de consecuencias que  comenzó con el descubrimiento de la súper-droga. ¿Qué pasará si yo he de escapar de esta manera antes de que la droga me mate?, me preguntaba. ¿Qué me pasará a mí y a Abernarda Chameechamach, si hemos de encontrarnos cara a cara en ese vacío entre los mundos de nuestro cosmos doble?

  ¿Significará el encuentro la extinción de ambos? ¿Sobreviviremos como dos entidades, o como una única entidad? Yo sólo puedo esperar y conjeturar. Ese otro, ¿también duda y se pregunta mientras espera? ¿Existen dos de nosotros, o hay sólo uno solo?

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  Traducido por Odilius Vlak

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