INTROVISION / Las Sombras de una Vida Pasada

  Alygroon, un nigromante oriundo del antiguo reino de Dooza Thom, al norte del continente de Zothique, y famoso por su temeridad y constantes desafíos a las leyes del abismo; por fin había finalizado su peregrinación de siete días en dirección sur… Y ahora se encontraba en el legendario desierto de Dloth: el mismo desierto que engendró la condena del primer asentamiento del reino de Tasuun. Pero eso fue en un futuro muy distante del presente en el cual Alygroon decidió utilizar las arenas malditas de Dloth, para darle una vestimenta física a las sombras de una de sus vidas pasadas.

  Se dice que Alygroon ya no se le podía calificar de ser humano sino de entidad. Pues los habitantes de Dooza Thom ya no se molestaban en averiguar que edad tenía en verdad. Pues era evidente que era un inmortal. Pero, tanto el reino de Dooza Thom como sus habitantes, fueron devorados por las hambrientas arenas que arrastra el destino de Zothique; y en verdad ya eran un recuerdo muy lejano en la memoria de Alygroon. Éste, por su parte, era el único ser que la condena cósmica no había tocado; convirtiéndose de esa manera en el único habitante con vida de Dooza Thom. Pero el fuego de su alma no ardía lo suficiente como para ahuyentar el frío del abismo superior que, en la suprema soledad en la que habitaba Alygroon, había descendido sobre su Ser. Y esto, era un dolor intangible difícil de soportar, incluso para un Ser de su magnitud. Sin querer emigrar a otras latitudes del continente, las cuales aún no estaban siendo eliminadas por la agonía del sol, Alygroon prefirió buscar la compañía, no de sus dobles dimensionales o demonios familiares; tampoco de aprendices de brujos o de sus colegas en el arte negro… Sino de sus sombras. Ya desde los legendarios tiempos en que Dooza Thom estaba habitado, algunos le escucharon decir: «¡Qué solo me siento sin cada una de mis sombras!».

  Pero las sombras por las cuales Alygroon suspiraba, no eran las sombras que su cuerpo físico proyectó en una vida cualquiera, sino en una de las vidas más poderosa y demoniacas de su alma. Muy lejos, cuando Zothique aún podía darse el lujo de soñar con su futura supremacía en la nigromancia. Sí, él quería recuperar sus sombras, pero, «¿por cuál luz empezar?», se preguntaba. «Además, ¿por qué continúan desprendiéndose como hojas secas de mi alma en ese lejano pero intenso recuerdo que antaño fue una de mis vidas?, en el pasado de este gemido polvoriento que ahora soy, yo… ¡Alygroon!».

  Pero él sabía muy bien por cual luz comenzar: por la luz que brotaba de su propia oscuridad. Que al fin y al cabo, es la que ha proyectado las sombras de todas sus vidas con una intensidad más profunda que la del sol, cuando se derramaba sobre el cuerpo físico que en un momento dado las sustentó. Y con esta comprensión, y armado con la voluntad de hierro propia de un nigromante, Alygroon inició la invocación de las sombras de una de sus vidas pasadas, gritándole a los abismos superiores e inferiores, desde el desierto de Dloth, su deseo:

  «Oh Thasaidon, señor de los siete infernos, te hago saber que quiero la compañía de las sombras de una de mis vidas pasadas, para que acompañen mi soledad… pues sólo su compañía es admitida por ésta. Quiero poseerlas nuevamente, y desde sus tinieblas contemplar el espacio, el tiempo y el cuerpo físico que le colocaron una venda a la luz… Allá lejos, cuando aún no había tomado la inmortalidad por asalto.

  »Deseo que mi alma habite esas antiguas sombras, y vivir en una oscura regresión –de innumerables presentes forjados por ellas–… ese lejano pero intenso recuerdo que antaño fue una de mis vidas; con mucho… la más poderosa.

  »Oh Thasaidon, señor de los siete infiernos, te pido que me otorgues el poder y dominio sobre los demonios ancestrales de este desierto de Dloth, únicas energías espectrales lo suficientemente abismales como para devenir en la sangre abstracta que cada una de mis sombras necesita para manifestarse en este plano físico. Que se abra un abismo justo a mis pies, si tu respuesta es… ¡Hecho!»

  Y un abismo se abrió a sus pies. Que se extendía de éstos hasta los pies del horizonte. Y desde su escalofriante garganta una procesión de extrañas formas inició su ascensión hacia la superficie. Estas formas espectrales venían ataviadas con una espantosa presencia, cada una haciéndole honor a su naturaleza demoniaca. Surgían como espesos  vapores desde la jurisdicción del infierno que Thasaidon les había asignado. Eran los demonios del desierto de Dloth. Y, una vez que llegaban ante la figura de Alygroon, una siniestra metamorfosis les sobrevenía, tan inesperada, que algunos de ellos esbozaron una mueca de asombro con la sustancia semi-tangible de su energía: se convertían en una sombra… Una de las sombras que antaño fueron proyectadas por el cuerpo físico y la luz que emanó de la oscuridad de Alygroon. Sombras sin un aspecto exterior definido, pero con una esencia interior distinguible por su oscuridad y voluntad de poder. Habían miles de ellas, millones quizás. Reunidas alrededor de Alygroon en círculos concéntricos que se extendían por todo el desierto. De pronto, el abismo cerró sus fauces. Y sobre las arenas malditas del desierto de Dloth, sólo quedaban Alygroon y las innumerables sombras de una de sus vidas pasadas, sostenidas por la energía espectral, y por momentos ectoplasmática, de los demonios que le han dado renombre. Ahora, por los salones de los antiguos palacios de Dooza Thom se pasean extrañas sombras ante la complacida presencia de Alygroon; que sonríe siniestramente, por cosas que sólo él conoce. Pues es mucho lo puede contemplar desde las tinieblas de sus sombras. Y eso es ciertamente algo más que el espacio, el tiempo y cuerpo físico, que en un momento dado, le colocaron una venda a la luz.

  No se sorprendan, pues Zothique The Last Continent, también posee sus Expedientes X. Y esa historia del nigromante Alygroon, ciertamente es uno de ellos… Y no el único. Menos mal que los miembros de este Blogzine de las cosas que no son pero que deberían ser, están poseídos por el demonio de la curiosidad, de lo contrario dichos expedientes quedarían para siempre sepultados en las arenas imaginarias de Zothique. Esperemos que una de nuestras propias sombras, es decir, de nuestros Hermanos Fanáticos, se encuentre cerca para que nos haga compañía en nuestra estadía en el demoniaco desierto de la edición de esta semana.

  Continuamos invocando en la sección Runes Sanguinis, en la página del miércoles, las sombras de las historias de Ciencia Ficción que proyectó Klarkash-Ton en su última vida. Y la sombra que hemos invocado para esta edición es una verdadera joya dentro de la producción de Ciencia Ficción de Smith; además de ser un verdadero ejemplo de literatura Pulp. Su título: «Una Aventura en el Futuro». Pero no se engañen, en ese futuro visualizado por Smith, ya no hay espacio para el futuro. Embárquense en la que será la última estadía de la raza humana en este planeta.

  La sección Tetramentis, en la página del jueves, será poblada nuevamente por las sombras proyectadas por la imaginación de Markus E. Goth. En esta ocasión el título que nos ensombrecerá es: «El Planeta Oscuro». En la brevedad de este texto están sembradas las semillas de todo un nuevo universo fantástico: con sus propios planetas, dioses, cultos, guerras, héroes y libros sagrados. Sólo es un destello de la luz que proyectará la sombra de una compleja obra de fantasía oscura.

  Y a Markus E. Goth están dedicadas como siempre las últimas palabras de nuestra Introvisión. Sumo sacerdote, editor y director de este Templo Virtual. Definitivamente Thasaidon no le pudo conceder mayor gracia. Se dice que al despuntar la luz del día, Alygroon hace que las sombras de su vida pasada canten a coro… El horizonte de los murciélagos es más lejano que el de las águilas.

Odilius Vlak

Jefe de Redacción.


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