TETRAMENTIS / El Planeta Oscuro – Por Markus E. Goth

   Más allá de la apagada estrella llamada Nacgthos, muy a lo lejos del marchito sol rojo que rodea como vigilante de un sueño eterno la tierras extrañas de Zhor, existe un planeta negro, que sólo una vez cada 666 días del Calendario Zhoriano gira alrededor de su órbita; y que sólo las entidades más inquietas pueden ver como una mancha negra que a lo lejos se confunde con un sol verduzco en el vacío de la nada absoluta.

  Dicen los antiguos en los textos prohibidos de Kaan que este planeta oscuro no se mueve y sólo espera la llegada de Talmug Jadeth Itzagwalt, el dios del silencio y de los 13 portales. También se dice que allí habita el temible, Aikdilius Vlagk, en lo alto de la torre de Baalzhiphal, al final del arcoíris malsano que con su tenue luz ilumina el camino de los seres cúbicos y las entidades viscosas que sobrevuelan esa aura maldita. Y es allí, en ese lugar de pesadilla, donde existen millones de escaleras laberínticas y el tiempo es extraño; donde gritan de agonía aquellos soñadores que por accidente han pisado su suelo. Es en ese lugar maldito donde el día y la noche no existen,  sino la eterna  oscuridad.

  Son  estos textos prohibidos, que perdidos en las arenas del desierto de Egipto, esperan ser descubiertos cuando la tierra tenga aún su último hálito de vida. Ellos profesan palabras de advertencia que en su letanía suenan como el aire de las frías noches desérticas; y es en sus complejos salmos y cabalísticos signos que se profesan estas palabras:

«Al final del arcoíris malsano que es el portal de mundos desconocidos

En lo alto de una torre arcana y corroída por el tiempo

Sentado en su trono piramidal habita “Él”.

Quien con su ojo de fuego todo lo ve y todo lo siente.

Y en su espera final de todos los tiempos,

Se llena de la paciencia de los sabios.

“Él” está destinado a abrir todos los sellos

Y en su grandiosa omnipotencia

Llamará a quienes, en lo más profundo de todas las cosas, duermen.

Tuyo, sólo tuyo será el día de todo lo oscuro

¡Oh gran Talmug Jadeth Itzagwalt!»

 –

  Los poetas y los más temerarios soñadores, en sus desvaríos de transmutaciones corpóreas de tiempos pasados, han podido ver y entender algunas palabras que para su desgracia se han quedado grabadas en su memoria; cuyo sello maldito les advierte sobre la desdicha y la locura. En sus desvaríos, ellos gritan palabras más allá de su entendimiento. Y los animales en su sensibilidad le miran con temor, porque de ellos emana una fuerza maligna que viene desde el más allá. Sólo los curiosos que buscan el conocimiento perdido y ven más allá de su existencia, son los que por un momento entienden las palabras prohibidas recitadas en aquelarres; junto a entidades vampíricas, que devoran una carne desgarrada, y gases burbujeantes, cuyo vapor hediondo es el éxtasis de los sacerdotes que vienen de las profundidades de los abismos… Sólo ellos podrán ver aquel lugar que no le es permitido jamás ver a ningún ser humano.

 

FIN.

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