TETRAMENTIS / ZHOR: Los Sueños del Vidente Nigromante – Capitulo I – Por Markus E. Goth

Capitulo I : Něthallfa~Ur: Un hermoso Paraíso Infernal.

«Cuando los días del paraíso se acerquen, su luz y belleza destilaran por todo los cielos, pero laméntense cuando en el infierno los  días sean más oscuros que los profundos abismos, pues el dolor será más exquisito y su oscuridad será verdaderamente eterna.»

Fragmento «Medu Necher»: en el frontón de la fachada del templo Negro de Mnaar~Eidgoul.

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  La brisa ahora sopla suavemente en el desierto de *Něthallfa~Ur, se ha mezclado con una fina arena color rojiza, ella toca mi rostro; unas veces se siente suave, otras veces es tan fuerte que sólo me queda cubrirme con mis osamentas.

— ¡Odio eso!…se dijo molesto en sus pensamientos—. Pues no me permite ver lo maravilloso que es este lugar.

  Cuando estás en este lugar y ves el horizonte, puedes divisar  muy a lo lejos esa gran esfera rojiza que se mueve lentamente en su meridiano, y cuando llega al cenit, en su tope más alto, se encuentra con otra lejana esfera de luz verduzca. ¡Un espectáculo que quien transite por este desierto no se puede perder! Pero, ¿quién sería capaz de tocar sus arenas? ¿Quién cometería la locura de viajar por este paraíso infernal?

  He apreciado con asombro y respeto este desierto de arenas rojizas, siendo para mí algo hipnótico. Es como si una fuerza más allá de nuestro entendimiento nos llamara, susurrándonos palabras de antiguo saber e indicándonos el camino más cercano hacia lo desconocido. Aún hoy, recuerdo las palabras de mi maestro cuando me inicie en las Artes Oscuras. Y cómo sus labios enunciaban antiguas leyendas que hablaban del principio glorioso de estas tierras:

  «En las profundidades del *Hiutzhu,  en el principio de los tiempos, el gran dios dejó sus semillas, pero Mnaar~Eidgoul, uno de sus hijos más sabios contempló su gran magnificencia con odio e ira; maldiciendo aquella creación del supremo. Pues vio que quienes los habitaban eran los preferidos de su padre. Siendo así, el gran dios reunió a todas sus esencias en su gran salón y entonces habló: “Todas son una parte de mí, desprendidas de mi Ser, y cada una cumple una tarea importante en este ciclo de la creación, pues así lo dispuse, pero, dentro de ustedes, uno de sus hermanos caminó por el sendero de la soledad y desvirtuó su propósito. Cometiendo el sacrilegio de contaminar este ciclo cósmico de la creación”. Levantándose de su trono el gran dios señaló a una de las esencias reunidas en su gran salón, y pronunció estas palabras: “¡Ay de ti Mnaar~Eidgoul,  hijo  ingrato!… Destruiste tu propia esencia hecha carne; la perfección que purificaría nuestra omnisciencia en un plano físico. Por ello te condeno a no ser parte de mí hasta llegado su momento, y que el vacío de la inexistencia recuerde tu sacrilegio y sea uno contigo”.

  »Entonces aquella esencia que era parte del gran dios hablo: “Seré separado de ti, pero esa forma oscura donde me condenas será mi compañera y esos hijos de tu creación que maldije, serán los servidores de esa parte que en algún momento sintió el deseo de la individualidad”.

  »Y nuevamente el gran dios hablo: “Yo soy todo en uno y uno en todo, y cada parte de mi es una fase que se alimenta de la dualidad, porque sin dualidad nunca deberá existir la materia, la forma, la vida. Y he aquí que tú eres esa parte oscura de mí, que en el final de los tiempos volverá a ser uno conmigo mismo. Vete y sufre en tu expiación, cumple tu rol”.»

  Y así concluyó mi maestro, pronunciando esta sentencia: «Sean estas palabras ejemplo del poder del gran dios y sea su omnisciencia el esperar los finales de los tiempo para geometrizar todo caos y convertirlo en orden.»

  Me pregunto ahora: ¿Hasta qué punto aquella sentencia se ha convertido en nuestra cruzada a través de los siglos?, tal vez, nos hemos convertido en ese orden que geometrizará  el caos… Un caos venido de dimensiones desconocidas. Pero, aunque seamos neutrales en este plano cósmico, nos debemos a la magia y su antiguo saber… Y este saber… tiene muchos caminos extraños.

   Y  así continuaba pensando en sus meditaciones.

  El camino que hemos elegido… es el camino de  lo real… del silencio…. de la muerte, y para esta orden no hay vuelta atrás. Nuestro viaje es  proseguir hasta encontrar aquel bloque que fue esculpido por el gran dios y que aún se mantiene incorrupto en estas tierras.  Sea aquella Abadía Esmeralda y sus secretos, la razón por la cual cada gota de nuestra sangre es derramada. El divino me lo mostró en sus visiones… y lo que fue mostrado será.

   Así concluía  Xarzáş en sus meditaciones. Estaba parado en medio de un abismo, observando todo aquel paisaje desolador. Y muy a lo lejos de aquel lugar, se divisaba una gran fortaleza amurallada, Xarzáş tenía la seguridad que le tomaría unos días llegar allá, pero… los días son largos en los continentes de Zhor, pues, sus tierras son vastas y de unas dimensiones ciclópeas. Sólo le quedaba esperar la tenue oscuridad rojiza, que ya se avecinaba dentro de unas cuantas horas.

   —Maestre… Maestre Xarzáş —había exclamado uno de los monjes de la orden a la cual él pertenecía, interrumpiendo su meditación.

   Ya se acerca la noche, y nuestros hermanos ya tienen listas todas las tiendas para acamparcontinuó el monje.

  —Nos quedaremos hasta que pasen las arenas de la noche, luego seguiremos nuestro camino. Decidles a nuestros hermanos que estén muy atentos en la medianoche, que vigilen bien nuestras provisiones, y que por ningún momento se descuiden, ya saben que este lugar es muy engañoso y hemos perdido muchos hermanos en nuestro viaje —fue la respuesta de Xarzáş.

  —Maestre, sus órdenes serán cumplidas. Estaremos bien atentos en la oscuridad de este ciclo. Por otro lado, la asamblea sacerdotal amerita su presencia en el gran templo escarlata. Con su permiso maestre, les avisaré a los hermanos su dictamen.

  Y diciendo esto, el monje se marchó tras una respetuosa reverencia.

  Volvió nuevamente a escuchar el susurro del desierto, sus pensamientos ahora estaban nadando en los recuerdos pasados y en el «¿por qué?» estaban en este infernal lugar. A pesar de todo, Xarzáş era optimista, y siempre veía el lado positivo de las cosas. Con la mirada puesta en aquella silueta que se divisaba a lo lejos se dijo: «Ya estamos muy cerca, lo presiento; pronto estaremos en la fortaleza de Thurza, y con ello cerca de la desconocida Abadía Esmeralda.»

  Xarzáş salió de su meditación y se dispuso a caminar entre los cientos de tiendas que estaban distribuidas por toda la planicie; su túnica de color púrpura se arrastraba en aquella arena rojiza, pareciendo como si él fuera una forma viva, salida de las entrañas de aquel desierto desolador. En su rostro se reflejaba la fatiga propia del guerrero que lucha incontables batallas sin descansar. Y no era para menos, pues, hace varios días fueron sorprendidos por entidades demoniacas en los parajes de una ciudad corroída por los siglos. Después de un  largo recorrido, y de haber combatido con los feroces guerreros *Eixilones, de la gran *Hetzideráz, se tomaron unos días para descansar muy cerca de aquella ciudad antigua. Pero nuevamente este desierto le tenía  reservado otra sorpresa, y les haría recordar porque nadie quiere adentrarse en sus profundidades.

  Se cuentan muchas historias en la gran ciudad de Hetzideráz de este ciclópeo desierto. Se dice que en el cenit, cuando las dos esferas de fuego se topan, su luz es más espectral y las arenas se tornan más agitadas, como si el miedo y la desesperación dominaran todo aquel lugar. Sus noches se tiñen de unos colores alucinantes, vomitando de sus arenas formas esféricas; siendo éstas mensajeras de lo que está oculto entre el cielo y la tierra. Relucientes y hermosas en todo su esplendor, llevan en su interior fetos verduzcos que resplandecen en aquella oscuridad… confundiéndose con la tenue luz de la única estrella que habita en su cielo. Otras veces su suelo tiene el calor de los infiernos, y su metamorfosis tiene un ciclo de fuego y azufre donde cada gota de arena muere para volver a la vida al otro día. Llegando a convertirse sus noches  en un mar de magma volcánica donde toda vida, ¡si es que la hay!, es devorada por su cólera. Desde el norte, en su distancia más  profunda, a veces se siente  un olor putrefacto, que emerge de sus arenas. Se dice que muy en lo profundo donde nadie ha llegado, las arenas se van degradando de un rojizo convirtiéndose ahora en un verde oscuro, pastoso y pesado.

  ¡Un Ser!… Un Ser de grandes dimensiones eso dicen en la gran Hetzideráz. Un Ser tan gigantesco que transmuta su sangre rojiza en una corrupción de olores fétidos, convirtiendo su otro extremo en algo podrido y enfermizo. Otros comentan que quienes han tenido visiones de  lugares muy antiguos en estas arenas rojas, se convierten en personas posesas o les embarga la locura. Muchas historias tiene este lugar de piedra y arena, pocos han llegado a su destino y otros  temen siquiera pasar la noche en este cementerio del silencio. Pero… para la Hermandad de la Orden Escarlata sólo existe un pensamiento que está por encima de cualquier horror que les pueda acontecer; salvaguardar su secreto más antiguo, el fin por el cual han existido por generaciones: las esferas de Ymir, y el elegido que la ostenta. Aquél el cual ellos conocen con el nombre de Uldark el Vidente Nigromante. Ése, cuya forma hierática descansa en un sopor eterno y que los siglos lo han convertido en una forma sólida y oscura.

  Xarzáş se había mezclado entre los cientos de monjes que estaban cerca de aquella planicie. Se podía ver  mucho movimiento en aquel lugar de arenas rojizas. Ya había recorrido una buena parte de las tiendas y escuchado el sonido del metal de las espadas, seguido de los cánticos místicos de algunos de sus hermanos. Ahora, se disponía a adentrarse más en lo profundo de aquella muchedumbre y llegar lo más cerca posible del templo escarlata. Todavía, en sus pensamientos estaba la inquietud de las visiones pasadas que el divino le había mostrado, y de cómo éstas habían afectado su razón, cayendo muchas veces en un sopor de días en total inconsciencia.

  La planicie donde acamparon era extensa y servía perfectamente  para los más de doce mil hombres que aún quedaban en la Orden. Muy a lo lejos, en medio de innumerables tiendas, en la parte más central, se encontraba levitando en los cielos, una enorme estructura geométrica de forma cúbica; decorada en cada una de sus aristas, de enormes estatuas. Estas esculturas eran de color rojizo y  tenían el semblante de un guerrero tocando un gran cuerno. Al lado de estas enormes estatuas, y en cada una de sus caras, estaban grabados una serie de símbolos y mosaicos que narraban una especie de rito o procesión que marcaba el encuentro del gran dios y sus elegidos. En la parte más alta de esta forma geométrica, se podía observar que cada arista terminaba en una forma puntiaguda y éstas tenían una serie de rocas rectangulares que levitaban a su alrededor. En ambos lados de aquella estructura gigantesca se podía divisar tres pirámides truncadas que eran guiadas por unas bestias de enormes dimensiones. Seguidas de una serie de grandes y salvajes paquidermos de dos trompas, que en su parte superior llevaban una plataforma cúbica. Éstos, eran dirigidos por unos seres andrajosos de alta estatura. Vestidos con una serie de túnicas purpúreas desgastadas que  le cubrían por completo, en sus rostros llevaban unas máscaras de carácter puntiagudo de un metal marrón; pareciendo aquel objeto como si hubiera experimentado un proceso de oxidación de siglos. Aquellos seres eran los únicos que entendía el lenguaje de los paquidermos, pues eran conductores psíquicos, que se  fusionaban con la mente de aquellas bestias. La estructura cúbica que albergaba a los conductores psíquicos era sostenida por una serie de enormes globos de variados tamaños y proporciones, siendo los enormes paquidermos el vehículo por el cual se desplazaba una gran parte de la orden.

 Xarzáş estaba próximo a una de las caras de aquel extraño templo, sus ojos trataban de contemplar todo aquel esplendoroso mosaico que estaba impregnado en aquella forma cúbica. Ahora su mirada se tornó en aquel desierto rojizo; y sentándose sobre sus arenas en posición de loto, tomó entre sus manos una  cantidad de aquella arena y profirió unas palabras ininteligibles, seguido de unos movimientos circulares que dejaron caer cada partícula rojiza que tenía en sus manos. Y entonces, sucedió que la arena comenzó a elevarse debajo de donde él se encontraba… Ya convertida en una especie de ave rojiza, que lo llevó a la cúspide de aquella extraña estructura. Y mientras ascendía exclamó:

Ahora el viento es menos fuerte en Něthallfa~Ur. Sus arenas siguen confundiéndose con su  cielo…

…Y sólo soy la bruma de una silueta que se aleja en los confines de este desierto…

…Todo es rojizo desde aquí, de un color de la sangre… Sí, lo veo todo desde  aquí…

…Ya todo tiene ese color… Ya todo es escarlata.

 –

Markus E. Goth

 

GLOSARIO ENCICLOPÉDICO: «Apuntes Visionarios de Xarxás».

  Pretendo en este glosario describir mis visiones de  lugares pasados y presentes, a manera de biografía resumida. Recopilando todos los recuerdos de mis otros arquetipos en las diferentes dimensiones en las que me sumergiré en estos viajes visionarios. También daré descripciones de Zhor; de sus tierras, para el mayor entendimiento de las próximas generaciones de visionarios. Así como lo han hecho otros antes de este servidor.

  • *Něthallfa~Ur: En la lengua hetzideriana y en otras culturas, aunque su pronunciación es parecida, su significado es diferente. Sólo escribiré las dos definiciones con más influencia que tiene este nombre en el continente de Zhor: «El Caos de la Forma Cambiante» y, «Las Arenas de la Pirámide Invertida». Debe entenderse que los habitantes de estas tierras ven estas arenas como un ser vivo. 
  • *Hiutzhu: Palabra que en el antiguo y ahora desconocido lenguaje de los dioses significa:«Paraíso de los Hijos Dorados» o, «Tierra de los Elegidos».
  • *Eixilones: Guerrero elite de la gran Hezideráz, su armadura es de color marrón, su estatura oscila entre los catorces y quinces pies de altura.
  • *Hetzideráz: Ha sido siempre una ciudad vasta y de grandes extensiones teniendo incluso varias islas al norte de su posición. Es una ciudad de diferentes divinidades donde hasta se le rinde culto a Talmug Hadeth Itzagualt, dios de lo oscuro y los 13 portales. Su pueblo es grande en el comercio y la guerra, siendo éstas sus actividades más significativas. Se puede afirmar que tienen un orden exacto y que son tolerantes con las creencias; habiendo libertad de culto en cada rincón de la ciudad. Por tanto nuestra hermandad siempre tuvo el privilegio de los antiguos  reyes, y éstos en algún momento, necesitaron nuestro divino consejo.

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