NEOSAPIENS / Heavy Metal: Una Imaginación que no se Oxida

Heavy Metal April 01 -1977

Heavy Metal May 02 -1977

Heavy Metal June 03 -1980

Heavy Metal September 06 -1981

Heavy Metal -SE- Bride of Heavy Metal - Sept 09-1985

Heavy Metal -Summer- August 15 -1986

Heavy Metal Nov 05 -1990

Heavy Metal September 04 -1991

  Tiene que haber algo de magia negra, o quizá algún pacto con una divinidad zothiquena como Thasaidon, para que una imaginación de metal no se oxide luego de una sobredosis de oxigeno. De manera que en vez de regresar al polvo parduzco de una degradación creativa, se haga más pura en sus elementos metálicos, y más inmortal en sus ofertas para las imaginaciones receptoras de sus mundos de Fantasía y Ciencia Ficción. Puede que este sea el caso de Heavy Metal, la revista americana de cómics de fantasía y ciencia ficción, que con sus 34 años de publicación continua, definitivamente ha dejado bien claro de que es: Una Imaginación que no se Oxida.

  Esta revista ha devenido en una institución creativa tan sólida como el material metálico de las imaginaciones que la han sustentado. Sosteniendo firme por más de tres décadas, la antorcha de la creatividad de género desde el universo del cómic. Ya ha ganado por derecho propio un estatus que la ha hecho un gigante en sí misma desde cuyos hombros deben necesariamente mirar todas las revistas de cómic futuras, luego de que ella misma, haya vislumbrado el horizonte de su creatividad desde los hombros de la gigante original de este tipo de oferta de cómic de ciencia ficción y fantasía para adultos: la revista francesa, Metal Hurlant.

Heavy Metal July 02 -1992

Heavy Metal May 02 -1993

Heavy Metal November 05  -1993

  Esta última venía  publicándose desde diciembre de 1974, cuando a mitad de los setenta, el editor Leonard Mogel visitó París para el lanzamiento de la edición francesa de National Lampoon, tropezándose con esta piedra preciosa del cómic adulto de fantasía y ciencia ficción. Mogel, no perdió tiempo en adquirir los derechos para la publicación de la versión americana de la Metal Hurlant, rebautizándola Heavy Metal desde su primer número [abril, 1977]. Desde sus inicios, Heavy Metal gozó de los dones de una edición cuidada y a todo color con una periodicidad mensual. Sus historias en esa época eran básicamente reimpresiones de las historias gráficas publicadas en la Metal Hurlant, incluyendo los trabajos de Enki Bilar, Jean Giraud [Moebius], Philippe Druillet, Milo Manara y Philippe Caza. Posteriormente, la revista comenzó a debutar obras originales en lo que seria su propia plantilla de escritores y dibujantes, como la publicación seriada de RanXerox, la ultra-violenta saga de Stefano Tamburini y Tanino Liberatore. Pues Heavy Metal le agregó ciertas características a la herencia creativa de la Metal Hurlant, entre ellas: una violencia cruda y sin ambages; como crudo y sin ambages era también su carga erótica.

  Esta última característica representó consciente o inconscientemente una simbiosis creativa de carácter visual muy original de la Heavy Metal, sobre todo en sus portadas. La temática de las portadas de la Metal Hurlant giraba alrededor de conceptos estrictamente fantásticos y de ciencia ficción, sin importar que estos mundos poseyeran elementos sociales o políticos según las historias. En el caso de la Heavy Metal, sus portadas fueron casi desde el principio estrictamente eróticas, dando con ello una especie de salto hacia el pasado en la evocación de las portadas propias de las revistas pulp. Pero con un tratamiento técnico más cuidado y evolucionado; eliminando la amenaza bajo la cual estaban siempre las bellezas en las portadas pulp, y sustituyéndola por una especie de comunión armónica entre la mujer y el robot, alienígena o monstruo de lugar. Relación ésta que estaba dominada por la mujer, pues al contrario de la delicadeza totalmente femenina de las mujeres en las portadas pulp, las mujeres presentadas en las portadas de la Heavy Metal eran guerreras al cien por ciento y seguras de sí mismas, como si fueran las amazonas dominantes en un universo matriarcal, en el cual el elemento varonil —alienígena o no— estaba subyugado.

  En todo caso fue una honorable continuidad, pues revistas como Heavy Metal o la Metal Hurlant, eran herederas de la tradición pulp, que fue la creadora de la industria de la cultura popular, incluyendo la del cómic en general. Y la inspiración para el cómic de género, que dio el salto definitivo desde los súper héroes al los universos del horror, la fantasía y la ciencia ficción.

  Esta característica se extendía al arte visual de la Heavy Metal en general, el cual era y sigue siendo único. El arte de titanes como H. R. Giger o Esteban Maroto, fue facturado en varios números. En 1980, apareció en sus páginas la versión ilustrada del poema épico de John Milton, «El Paraíso Perdido», por el artista Terrance Lindall. Huelga decir que fue una obra maestra con cuya publicación la Heavy Metal se alzó a los niveles de las revistas literarias más puritanas. Muchas historias fueron presentadas como series a través de varia temporadas, incluyendo de autores como Richard Corben, Pepe Moreno y Matt Howarth. El ilustrador Alex Ebel, literalmente ha desarrollado su carrera en las páginas de la Heavy Metal.

  Desde el 1991, la revista es propiedad de Kevin Eastman, quien también es su editor. Ha sido el último de una estirpe de editores que incluyen a: Sean Kelly, Valerie Marchant, Ted White, Julie Simmons-Lynch, Brad Barfour etc.  White, junto al director de arte y diseñador John Workman, que ya tenía experiencia trabajando para la DC Comics, renovaron el contenido de la Heavy Metal incorporando más historias y tiras cómicas de artistas americanos como Arthur Suydam, Dan Steffan, Howard Cruse y Bernie Wrightson.

  Fue Ted White quien resolvió el problema de la carencia de contenido textual en la revista implementando una serie de cuatro secciones que abordarían igual número de manifestaciones en la cultura popular. Estas secciones fueron encargadas a especialistas en el área. Así, Lou Stathis escribió sobre música rock; Jay Kinney, exploró el universo los cómics underground; Steve Brown, hacia reseñas sobre lo nuevo en las estanterías de novelas de ciencia ficción y fantasía; y Bhob Steward, mostraba como andaba el mundo de las expresiones fílmicas tanto de películas como animación.

  Heavy Metal expandió desde el principio su alcance en cuanto a producto élite de la cultura popular. Con una oferta muy parecida a lo que habían ofrecido revista como Play Boy, que a pesar de enfocarse en una rama de la industria del entretenimiento popular, podía al mismo tiempo abrirle espacio al pensamiento y creatividad de escritores y eruditos consagrados y tan dispares como Ray Bradbury o Henry Miller. De la misma manera, Heavy Metal también publicó artículos y ensayos de escritores de la talla de Robert Silverberg, John Shirley y Harlan Ellison, abriendo con esto un espacio para el pensamiento crítico-especulativo. En su sección Dossier, por ejemplo, creada por el editor asociado, Brad Balfour, se hacían minuciosas reseñas de textos de autores como Stephen King o William S. Burroughs. Famosas entrevistas desfilaron por sus páginas de titanes de la cultura contemporánea como Federico Fellini, Roger Corman, John Sayles, John Waters, entre otros. Todo esto es evidencia suficiente para eximir de toda culpa a cualquier fanático de la revista en el pasado o en la actualidad. Pues en sus manos tenía —y tiene— un verdadero paquete de creatividad e información, para deleite de sus sentidos, sus emociones y, por supuesto… Su cerebro. Pues había que tener uno acostumbrado a pensar para sumergirse en el Universo Heavy Metal.

  En fin, no era una revista más para adolescente que sueñan con ser el Hombre Araña, más bien, era un producto para una comunidad de miembros sensibles y con hambre de las expresiones alternativas y profundas de la imaginación. No es ninguna sorpresa que la revista haya sido desde el comienzo objeto de culto de todos aquellos con inquietudes artísticas, literarias, musicales y visuales en todas sus expresiones. En pocas palabras, la Heavy Metal, al igual que la Metal Hurlant antes que ella, era una revista cuyos primeros fanáticos eran los creadores. Y en el caso de la primera, para fortuna de todos nosotros, su imaginación de metal se niega a oxidarse.

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  Odilius Vlak

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