TETRAMENTIS / ZHOR: Los Sueños del Vidente Nigromante – Capitulo II – Por Markus E. Goth

Capitulo II : URDARK – Réquiem  del Templo de la Dualidad Mandálica

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    Desde los cielos el ave sobrevoló aquel templo, y en la parte superior  de aquella estructura, Xarzáş pudo observar un gran laberinto, que en su centro descendía hacia un suelo circular, y fue en esta planicie donde aquella ave se desintegró, convirtiéndose en lo fue en un principio… arena. Xarzáş, nuevamente quedó sentado en la misma posición que tenía cuando le dio vida a aquel Ser. El suelo donde él se encontraba en aquel momento era una especie de mándala con diversos símbolos que mostraban el ciclo cósmico de Zhor, dividido por cinco círculos de diferentes tamaño, que giraban alrededor del primer círculo. Estos representaban las estrellas de aquel universo y se enunciaban de esta manera:

  El primer círculo o nivel superior era donde Xarzáş  se encontraba, era el pináculo de las visiones, una representación de aquel planeta condensado en billones de formas y dimensiones, convirtiéndose en lo que es ahora…. Zhor. No muy a lo lejos se encontraba el segundo círculo representado por aquella estrella siniestra llamada Nacgthos. Allí, se  podía divisar una silueta color púrpura, que entre sus manos portaba una  especie de gran cuerno de color negro como el azabache, llevando en su parte superior una serie de gemas negruzcas, seguido de una especie de simbolismo impregnado como una escritura de fuego en todo su alrededor; terminando en los bordes de su parte superior, con  dos finas telas alargadas de extraño material que descendía de su gran boca, siendo éstas de un color rojo oscuro, llevando unos signos a manera vertical que descendían hasta el final de aquel material. Los signos emitían una luz opaca cuando de la mano de su portador era tocado el cuerno; siendo una amalgama resplandeciente que se confundía en el transcurso de aquel ritual. Las telas que llevaba el gran cuerno se notaban bien desgastadas y antiguas, pero, a pesar de su ancestral magnificencia, mantenían ese esplendor y belleza que le correspondía para la ocasión. El monje siempre estaba en un hieratismo silencioso, su estado… sólo era interrumpido cuando el ritual de la orden iba a dar comienzo. Siendo su hábito monástico, cubierto por una capa de barro negro en algunas de sus partes; entendiendo por ello, que el camino de los monjes del Templo Escarlata era transmutarse en lo que ahora era su maestro: una forma sólida y oscura… Una estatua. De su osamenta, se podía sólo distinguir una luz verduzca que salía de la capucha que cubría su rostro, teniendo la certeza que aquel monje estaba dejando el mundo de lo finito, para entrar al cosmos de lo infinito. Sus manos estaban recubiertas de una especie de piel con símbolos, hechas de dudoso material… rumoreándose entre los hermanos que se iniciaban en la orden, que aquel cuerno cuando era tocado exigía el máximo de los sacrificio y si era de seres puros… mucho mejor.

  Los círculos tercero y cuarto eran los que poseían las más grandes dimensiones, y representaban las estrellas de color rojizo y verduzca que le ofrecían luz a aquel extraño mundo. En el interior de estos dos círculos había quince monjes con el mismo semblante que el del segundo círculo. Con la diferencia de que cada monje tenía un collar con una especie de piedra de color negro, y cuando empezaban los rituales mágicos o eran usados para otras invocaciones, se tornaban con los colores rojo, en el caso del tercer círculo, y verde, en el cuarto círculo. Destacándose dentro de cada piedra una especie de *Medu Necher, que sólo se apreciaban cuando éstas  desprendían su gran poder.

  El quinto círculo era el final de aquel simbolismo cósmico, siendo el más pequeño de todos, y  representaba al desconocido planeta oscuro, aquel mundo que conecta dimensiones desconocidas y donde se dice que habita el temible Aikdilius Vlag. El círculo estaba habitado por otro monje, siendo de apariencia grisácea, portando un cuerno con cierta semejanza al del segundo círculo, con la diferencia que a su alrededor llevaba unos finos hilos rojo, suspendiendo unas pequeñas gemas negruzcas. Aquel hilo desprendía una luz resplandeciente que se distinguía a lo lejos de aquel distanciado y solitario círculo, este cuerno tenía el aspecto de la columna vertebral de algún Ser, donde cada hilo con sus respectiva piedra, estaban suspendido en las vértebras de aquel extraño  cuerno.

   Todos los monjes al unísono emitieron palabras de sabiduría que fueron manifestadas a Xarzáş «Elegido maestre, guiado por las fuerzas cósmicas del gran creador. Nuestro divino confirió en ti los ojos del alma, pues grandes son sus visiones y sortilegios. Te has convertido en uno con él, y la gran piedra antigua del Ymir te ha aceptado como uno de los únicos que pueden ver más allá de un tiempo desconocido para nosotros, sea para ti el cántico del principio de la creación; desconocido para todo Ser físico y abstracto; dado sólo a seres con la pureza de la dualidad; aquellos que nos vestimos con los símbolos de la oscuridad y que desprendemos luz para la alabanza del gran creador.»

 

Xarzáş,  en estado de meditación, abrió sus ojos y en voz alta exclamo:

  -¡Oh grandes sacerdotes! Ustedes que son mi guía, mi entrada a la puerta de lo sagrado, al *Svågåttåg-hjåår, tomo sus voces… sus cánticos… aquella letanía de lejanos tiempos.

Que sean sus cánticos, cuya forma viva me guíen hacia mundos desconocidos…

Y que sea la fuerza de la dualidad y sus misterios… que me permita ver lo que nunca será visto.

 –

  El silencio se extendió por algunos momentos en aquel lugar,  y fue el vigilante del quinto círculo, aquel monje cuya decadencia se sentía en sus manos grises como piedra, que introdujo las primeras melodías de aquel ritual. Y así comenzó… retumbó un sonido como si fuera un grito desesperado… un sonido cuya tristeza y belleza podían hacer despertar a todo Ser de la misma muerte. Nuevamente, el sonido se hizo escuchar y el grito se sintió más alargado… más agudo. Por tercera y última vez sonó el cuerno de las manos grisáceas de aquel monje; ahora el sonido se fue degradando por todo el lugar, emanando de aquel cuerno una serie de símbolos de luz que quedaron suspendido en el espacio, y más allá, en el cuarto y tercer círculo, los monjes comenzaron a entonar una melodía que retumbó todo aquel desierto; del templo escarlata comenzaron  a elevarse  todas las estructuras laberínticas de aquella planicie, y sus otros monjes, debajo de aquella estructura geométrica, estaban reunidos de una manera ordenada, como si sus mentes se fusionaran en una sola cosa… La piedra de los Ymir. Los cánticos emitidos por el templo escarlata se fueron convirtiendo en un lenguaje de luz, ahora suspendidos, alrededor de cada círculo. Sí, la palabra se había convertido ahora en millones de formas cambiantes que levitaban en aquella planicie, y este era el único camino para poder estar en contacto con el Svågåttåg-hjåår. Y sucedió que el cuerno del vigilante del segundo círculo se escuchó. Su sonido se convirtió en  un estruendo mayor que el de sus antecesores, y lentamente comenzaron a moverse sus  círculos alrededor del primero. El segundo y tercer círculo tenían una rotación al unísono, mientras  el tercero y el quinto rotaban de una manera contraria.

  Xarzáş, en su estado de meditación, comenzó a escuchar un sonido que rechinaba como una  gigantesca cadena. A cada momento el sonido era más fuerte, seguido del movimiento cíclico que tenían los círculos a su alrededor. Y llegó aquel  momento esperado, pues ahora cerca de donde Xarzáş se encontraba, del suelo se materializó una enorme estatua hierática y oscura, sentada en una gran base de forma arqueada. La gran estatua de una negrura abismal escurría gotas de sangre emanada de todas sus partes, por consiguiente, la sangre recorrió una gran parte del aquel círculo, llegando cerca de donde Xarzáş se encontraba. Entre sus manos, aquella estatua llevaba una piedra de forma incolora, que muy pronto comenzó a  irradiar una luz de un azul oscuro. Xarzáş seguía en su estado de meditación, y más allá de donde él se encontraba, todos los círculos volvieron a retomar su posición original;  siendo el silencio el soberano de toda aquella planicie.

  Unas pupilas negras se abrían lentamente, proyectando la mirada informe de lo desconocido. De aquellos ojos se desprendió una luz roja que se confundía con la sangre que había en su suelo. A cada lado de aquella gran estatua negra, dos guerreros de extraño material vigilaban con una mirada ausente.  El primero, era de un color blanco… un mármol hermosamente esculpido… una belleza cuya forma era perfecta. Del otro lado, en su extremo izquierdo, se divisaba el segundo guerrero. Pero esta vez su color era de un negro tan intenso como aquella estatua misteriosa que vigilaba. El silencio fue interrumpido por unas pisadas que se confundían con la sangre de su suelo. El chapoteo tuvo su final cerca de donde estaba aquel monje. Los ojos de Xarzáş, ahora abiertos, divisaron lo que se encontraba a unos pasos de donde él estaba. Los dos guerreros comenzaron a fusionarse en uno; convirtiéndose en una salsa ardiente que luego fue tomando una forma de un pentágono incoloro y transparente; dentro de este giraba otra forma geométrica, y fueron los ojos de aquella divinidad oscura que dispararon un rayo que penetró en aquella forma geométrica. Y fue desde sus adentros que aquel impacto creó un Ser transparente, de una similitud sin igual con aquel monje escarlata.

  Aquella forma habló un lenguaje de total extrañeza  y antigüedad… un lenguaje de unas dimensiones desconocidas, entonado por las vibraciones que emitía aquel pentágono que estaba suspendido en aquella planicie. Sus palabras tenían un sonido metalizado y fueron tomando otro aspecto mientras descendían de los demás círculos de símbolos de luz hacia aquel espejo pentagonal. La voz se fue modulando desde un lenguaje ininteligible. Ahora, pasando por un sonido entendible, los símbolos de luz se iban fusionando con aquella forma, expulsados de su boca en un lenguaje comprensible para aquel monje. Y entonces la forma hablo:

«Seas tú, *Gilfu-tōh Äilgán, ahora llamado Xarzáş, uno de los miles de visionarios elegidos para transmutarse al Svågåttåg-hjåår: el lugar de las almas informes. Las puertas están abiertas para que sus elegidos puedan ver el principio y el fin; porque el tiempo es una molécula que encierra millones de universos, vistos desde un espejo infinito. Y como un reflejo, camina por los senderos  de lo que no puede ser tocado.»

  Con una fluidez líquida, la forma transparente se convirtió en una línea delgada, que fue expulsada del espejo pentagonal, llegando exactamente a un símbolo que Xarzáş tenía grabado en su frente; aquel era su ojo místico, su Udchat, aquella fuerza energética… la puerta hacia la conexión de otros lugares… otras dimensiones. Su cuerpo se fue desintegrando, absorbido por aquel pentágono que se encontraba a unos pasos de él. Y lo que fue hace unos segundos un cuerpo físico… ya no existía.

   -La nada, ese vacío absoluto de negrura infinita, es este lugar, se dijo Xarzáş.  -Soy un Ser inexistente, cuya forma no está condicionada a ninguna ley física o cósmica. He pasado millones de espacios en apenas unas cuantas gotas de arena, y la oscuridad sigue inamovible… ¿Estaré muerto? Ya no siento nada… sólo billones de formas que se conectan con mi Ser; y su esencia pasa tan rápido que no puedo distinguir una de otras. Unas veces se confunden en la tristeza y otras veces irradian la alegría de vivir.

  En aquella negrura infinita donde se encontraba Xarzás, se fue condensando una especie de espiral, convirtiéndose en un rostro de una dimensión infinita. Era una especie de tótem gigantesco, donde algunas partes de su anatomía estaban  corroídas por aquel espacio cósmico. Una parte de aquel rostro comenzó lentamente a desintegrarse, las arenas que salían de aquella mole de extraño material, se confundieron con aquel vacío infinito formando esferas de luz… Mundos de vida y otros de muerte. La divinidad habló de esta manera:

«Tú eres la consumación de billones de formas surgidas de una misma energía que se mueve en diferentes planos cósmicos. Las formas se crean y se destruyen porque es su naturaleza, es su ciclo. Y por eso estás aquí;  para entender el porqué de esa destrucción. Para caminar por sus senderos, y proyectarlos  en otras dimensiones.»

  Hizo una pausa, y en aquel espacio se veía la concentración de muchas estrellas creadas de las arenas que aquel tótem desprendía de algunas de sus partes. Y entonces continuó:

«Nada es casualidad, todo lo que ves… lo que sientes… y lo que posees, pertenece a la consumación de una serie de actos que repercuten en todas las dimensiones arquetípicas, así pues,  ningún acto es correcto o incorrecto, sino algo que debe suceder para sostener una mecánica cósmica, por eso estás aquí, por eso eres  parte de mi…Y por eso fuiste elegido  dentro de billones de arquetipos.»

  El enorme rostro lentamente  abrió su gran boca, y dentro de ella nuevamente se veía una total oscuridad, que muy a lo lejos, se fue aclarando por una luz que se movía en forma de espiral, y se fue distinguiendo mucho más a manera que se acercaba. Desde el centro de esta galaxia de puntos luminoso, surgió  nuevamente el rostro que Xarzáş había sentido en su forma abstracta. Esta vez aquel tótem se fue disminuyendo a medida que se acercaba donde su interlocutor, y Xarzáş,  nuevamente fue tomando la forma de un Ser físico. Y la divinidad prosiguió:

  «El espacio es un espejo infinito de billones de aristas, donde te encontrarás contigo mismo en diferentes estados si logras pasar sus niveles. Unas veces serás inferior en su evolución, y otras veces entenderás los misterios y sus estados superiores. Pero para entender sus orígenes, y que esta forma arquetípica que tienes sea una conmigo, debes conocer  sus  principios  y lo que esto conlleva. En tu dimensión soy una materia hierática, que evolucionó de un Ser físico,  pero en todas estas dimensiones, soy un Ser cuya superioridad no se limita a un solo plano. El camino que recorrerás ahora, sólo se le está permitido a todas mis formas arquetípicas, pues así debe ser. A tu alrededor, hay millones de mundos y formas que sólo serán vista por los ojos de tus otros yoes, y en ellas,  tu reencarnarás para  completar todas las piezas que te harán  entender las existencia de las cosas.

  »Unas veces flaquearás en tus creencias y esto traerá consecuencias en tus otros estados alternativos. La evolución de tu otros “Yoes” dependerá de que tan cerca te encuentres del camino. Recuerda, yo soy la consumación de tu pasado, presente y futuro. Y el tiempo y el espacio no existen en nuestro camino. Lo que vez, es la consumación de todos tus tiempos y dimensiones.

 »Establecidos en las dimensiones del “yo” que nunca terminan. Así os digo, que deberás de elegir el principio del camino… tu  tercer viaje… el único que te demostrará una verdadera realidad de lo que somos y te hará entender que “Somos arena convertida en roca y roca convertida en arena”.»

  Xarzáş miro a todo su  alrededor. Ahora ya no existía aquella espiral de luces, sino millones de puntos luminosos, que se extendían ad infinitum. Él distinguía esferas más luminosas y rocas muertas que levitaban lentamente en el espacio. Más allá, enormes meteoritos chocaban con mundos en estado de gestación. Y aún más lejos, en la total profundidad de aquel universo, pudo observar, distintos tipos de galaxias y la explosión de diversas estrellas muertas convirtiéndose en supernovas que destilaban un exuberante colorido. Pero nada lleno su Ser. Sólo que aquel brillo opaco que se distinguía en un cuadrante no muy a lo lejos de donde él se encontraba. Y entonces, por primera vez Xarzáş habló:

  «Algo en aquel lugar llena mi Ser… ¡oh gran divinidad!, es algo que completa mi esencia y me hace ser parte de ella. Es aquella luz opaca que se distingue en un cuadrante cerca de donde tu servidor se encuentra. Aquella luz tortura mi alma… me hace recordar antiguas eras, que me llenan de excitación y nostalgia. Déjame ir allá, ¡oh gran divinidad!… Pues allí, tengo la seguridad que me será revelado  el tercer camino…  Allí, desvelaré uno de los grandes misterios.»

  El tótem, aquel rostro omnisciente, ya no profirió palabra alguna. Fue tomando un color grisáceo, una metamorfosis de algo antiguo y decadente… Un polvo que se desintegraba en aquel espacio infinito.

Markus E. Goth

 Nota:  

-*Medu Necher: La expresión egipcia para Jeroglífico se translitera «mdu nṯr», transcrita como «medu necher», que significa: palabras divinas.

-*Gilfu-tōh Äilgán:  La pronunciación del antiguo nombre de Xarzáş según su lengua nativa seria —Ilfu Teph Guilgan—

 

 

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