INTROVISION / Descomposiciones Fugaces de una Carroña Infinita

  El hedor de una fantasmagórica putrefacción emana de lo invisible, de la cuarta dimensión del espacio, a través del túnel cuántico que es hollado en la estructura hiperdimensional del cosmos por los instantes más morbosos de nuestra imaginación. Algo ha muerto en los planos superiores; algo cuya carroña es infinita y cuyo proceso de descomposición se expresa en fugaces estados que podemos percibir aquí, en estas tres dimensiones, a través de un éxtasis criminar para el cual no tenemos explicación, pero que sin embargo disfrutamos.

  Sí, algo ha muerto en los planos superiores, algo se pudre ad infinitum; posiblemente el universo mismo. Quizás el universo ya haya muerto hace eones. Quizás este plano en el que estamos sea el único que continua ejecutando su mecánica vital, y eso quizás sea así, porque nosotros somos los gusanos invisibles que devoramos con nuestra existencia y todos sus procesos, la carroña invisible que nos alimenta por toda la eternidad. De ser así, el plano físico es la expresión de un material muerto y putrefacto, cuyas faces de descomposición están sincronizadas con nuestros procesos creativos, que mantienen vivo este plano del cual somos parte, pero que mantienen infinitamente muerto el resto del universo… Esa es nuestra particular forma de ser gusanos carroñeros.

  ¡El Universo está muerto!… Y nosotros… ¿Sus gusanos carroñeros? Es posible. En todo caso, el hedor a descomposición sólo es percibido por los seres más sensibles; seres para los cuales esta revelación les resulta demasiado… sí, demasiado hedionda. Muchos de ellos se preguntan si este fenómeno es algo personal. Es posible, se dicen, que no sea que el universo haya muerto, sino que una de mis expresiones dimensionales en los planos superiores haya cometido un crimen, siendo el hedor que percibo producido por la putrefacción infinita del cadáver de mi víctima. En algún punto de la estructura hiperdimensional del cosmos, hay un alma pudriéndose gracias al éxtasis criminar que experimentó la mía en un momento dado.

  No faltan aquellos de naturaleza más sombría, que no creen que el hedor que perciben luego de cada éxtasis morboso de su imaginación, sea causado por la descomposición infinita del cadáver del universo, o por el de una víctima suya en el plano espiritual… sino por el propio cadáver de su alma: su alma es la que ha muerto, y es la que se pudre infinitamente; con descomposiciones fugaces puestas en marcha por sus pensamientos tridimensionales más lúgubres. Estos son los zombis de almas muertas. Seres que viven envueltos bajo el sudario de un hedor causado por un cuerpo que se pudre de manera infinita. Y lo peor es que esta putrefacción no es la del universo, lejano y colectivo, con innumerables imaginaciones para compartir su hedor. Tampoco es la de alguna alma que ha sido víctima del éxtasis criminar de la suya: su hedor sólo es percibido por el arquetipo tridimensional del victimario, pero la carroña se encuentra lejos de él. No, este hedor emana de una carroña cercana: el cuerpo putrefacto de un alma que se encuentra cerca, muy cerca… dentro de su propio cuerpo físico. Y lo peor es que las expresiones fugaces de su putrefacción serán compañeras por toda la eternidad. Y es que esa carroña que se pudre en los planos superiores de su propia expresión hiperdimensional… Es infinita.

  Interesante, de hecho me inspira una profunda inhalación. Quisiéramos envidiar a todos aquellos que perciben a través de cada éxtasis morboso de su imaginación el hedor de esa carroña infinita, sin importar que ésta sea la del universo; la de una víctima de los planos superiores; o la de la propia alma… quisiéramos, pero no podemos. Y es que aquí, en este Blogzine de las cosas que no son pero que deberían ser, tenemos nuestra propia carroña que se pudre ad infinitum: Zothique The Last Continent. Sus descomposiciones fugaces suceden en el espacio-tiempo infinito de la imaginación del divino Klarkash-Ton, y la de cada uno de los que hemos decidido podrirnos junto a los mundos que su oscura fantasía concibió. Obviamente, junto con el continente, siempre hay uno que otro Hermano Fanático descomponiéndose también… ¡Nuestras más hediondas felicitaciones!

  La sección Runes Sanguinis, en la página del miércoles, es el espacio infinito en el que se están pudriendo una serie de historias de Ciencia Ficción de Clark Ashton Smith, hasta ahora inéditas en lengua española. Es una temporada auténticamente «Pulp», en la que nos tropezaremos con títulos como el de la historia que les traemos esta semana: «Abandonado en Andrómeda».

  Otra carroña se está pudriendo ad infinitum en la sección Tetramentis, en la página del jueves. Se trata del universo que se derrama como pus viscosa de la imaginación de Markus E. Goth. Entramos a la tercera descomposición fugaz de su carroña… perdón, su tercer acto, titulado: «Jesitd: El Planeta de las Dos Islas Malditas».

  Bueno despidámonos con un fuerte hedor de nuestro sumo sacerdote, Markus E. Goth, editor y director de este Templo Virtual. Tanto él como el monje negro de la medieval Averoigne saben como podrirse de la manera más ecológica y sin efectos nocivos para la capa de ozono. Ah sí… ¡Qué hermoso es podrirse infinitamente! ¡Qué hermoso es Zothique! ¡Qué hermoso es esto!… El horizonte de los murciélagos es más lejano que el de las águilas.

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Odilius Vlak

Jefe de Redacción

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