TETRAMENTIS / ZHOR: Los Sueños del Vidente Nigromante – Capitulo V – Por Markus E. Goth

Capitulo V : Jesitd – El Planeta de las dos Islas Malditas (Vol 03)

 –

  El destello de la espada de Norgos  de plateado cambió  a un color anaranjado, irradiando una corriente de energía que cubrió a su portador y se dirigió directamente hacia la bestia que  se aproximaba.

   El impacto fue certero en una de sus dos cabezas, dejando caer de la bestia una serie  de miembros calcinados por el impacto; automáticamente los seres se reagruparon en la parte afectada. La abominación estaba ahora muy enojada, emprendiendo nuevamente la marcha hacia su presa, un  impulso hacia los cielo dejo ver claras las magnitudes de aquel Ser, siendo su objetivo, ese  cúmulo de energía azulada que se encontraba no muy a lo lejos, y que dentro de  él, estaba protegido Norgos. Otra fuerte ráfaga energética impactó aquella silueta gigantesca que se desplazaba en los cielos a  gran velocidad, cercenando una de sus dos cabezas. La bestia cayó varios metros de donde Norgos se encontraba y con ella una masa  informe, que antes fue una de las cabezas de aquella bestia;  el sonido fue estremecedor, ocasionando un gran eco en todo aquel páramo.  Los soldados que estaban detrás del mago comenzaron a dar gritos  de júbilo por aquella victoria,  procediendo a desplazarse con más confianza. Mientras tanto, Mizrha continuaba lentamente su viaje, caminaba sobre una selva de tentáculos que daban acceso hacia aquel desconocido altar, llevaba entre sus manos una especie de báculo decorado con formas que se entrelazaban entre sí, finalizando todas en una escultura  de un Ser blasfemo de larga cola, cuyo miembro terminaba en una cabeza de serpiente.  La extraña escultura dejaba ver sus fauces abiertas, teniendo ésta en su interior una especie de huevo esférico que desprendía una fuerte luz;  el resplandor emitido por el báculo de Mizrha no permitía que la selva viviente lo  tocara, confundiéndose con aquel tétrico paisaje… Y sólo de aquel caos se podía divisar un resplandor que se alejaba lentamente.

  Los soldados dirigidos por el general se fueron acercando hacia la bestia con pasos cautelosos,  Norgos estaba de rodillas, aún tenía la extraña espada clavada en la tierra y ésta todavía se mantenía con aquel color del  azufre, irradiando un calor intenso, pero ahora más débil.  Estaba debilitado,  había dado el todo por el todo, teniendo fuerzas aún para levantarse de aquella rápida pelea.

  —Despliéguense rápido no podemos perder tiempo; reúnanse con los soldado que están cerca de aquella selva gris, debemos pasar a como dé lugar —exclamó rápidamente el teniente.

  —Para algo ha servido su magia hechicero, el general hablo en un tono sarcástico.

  —Admito que nos ha sacado de una situación difícil, pero nada que no pudieran resolver mis hombresdijo orgullosamente el general.

   —Nada es lo que parece en este lugar  y  pueden ocurrir cosas peores, estas tierras han sido bendecidas por los dioses y sólo podrán ser vencidas con magia, poco hubieran hechos sus espadas generalexpresó Norgos en aquel momento mirando fijamente a la bestia cercenada que se encontraba a varios metros de distancia.

  —Su amigo entró en aquella selva gris; dudo que pueda llegar al altar, a menos que su magia sea tan poderosa como he escuchadodijo el general.

  —Su magia es más poderosa de lo que piensa, créalo general, es el único que nos puede sacar de aquí… con vidarespondió Norgos.

  —Aunque tengo mis diferencias con la orden, estoy bien al corriente de sus actividades, hechicerole respondió el general aproximándose lentamente en su caballo.

  Una cantidad de soldados se movían rápidamente, pasando por la variedad de  miembros  putrefactos dispersados en sus alrededores, las voces de las tropas se confundían con el sonido de las armaduras y sus botas emitían el himno de la conquista. El general, montado en su caballo avanzaba a paso lento alejándose del mago. Este se disponía montar  su caballo, cuando no muy a lo lejos se escuchó un grito agónico, la dirección provenía no muy a lo lejos de  donde la bestia se encontraba, los miembros dispersos en aquel lugar comenzaron a reagruparse de una manera apresurada, llevándose con ello todo ser vivo que se acercaba a su paso, para luego mezclarse nuevamente con la bestia. La situación era tensa en aquellos momentos, volviendo la abominación a abrir sus ojos y desprendiendo de sus adentros un aura oscura. La metamorfosis fue de una transición lenta, las formas de su cuerpo se movían  rápidamente de un lugar a otro, brotando de su parte cercenada una lluvia de seres blancuzcos  que emitían un estridente chirrido formándose lentamente su cuello y la cabeza que allí faltaba. Los seres parecían un enjambre de gusanos interminable, desprendiéndose  de la bestia un olor nauseabundo y de putrefacción.

  —La bestia se está poniéndose en pie, ¡está viva!grito sorprendido un soldado.

  Hechicero  rápido, debe adelantarse, destruya lo  que está en aquel maldito altar, nosotros le detendré…—. Un golpe certero y rápido le dio al caballo del general expulsándolo muy lejos de donde Norgos se encontraba, la bestia se había movido tan rápido que no hubo tiempo para reaccionar.

  Las grandes garras se movieron a una gran velocidad sobre Norgos, deteniéndolas con su extraña espada; la presión del Ser felino aumentó tratando de aplastarlo como si fuera un  insecto, desprendiéndose de su cuerpo una  energía de gran magnitud que  envolvió  una parte de aquella abominación. El largo cuello derecho de la bestia se movió lentamente; su cabeza derecha ahora estaba próximo a la espalda del mago; la respiración y la pestilencia que emitía en esos momentos era intensa, poniendo en una situación difícil a su adversario. Norgos pudo sentir la presencia del rostro de la bestia,  viendo una profunda  oscuridad en sus ojos que luego fue precedida por una serie de seres de naturaleza anfibia que se asomaron  y le observaron fijamente. Su mente ahora se vio afectada por aquella presencia, haciendo que él flaqueara y comenzara a hundirse en la tierra.

  —¡Fuera de mi cabeza!, ¡Fuera de mi cabeza! —Gritó Norgos, aumentando más su energía corporal.

  Algunos de los seres comenzaron a taparse los oídos y moverse dentro de la forma líquida que tenían aquellos ojos, la presión mental fue aumentando más y más, comenzando el cuerpo de Norgos a vibrar de una manera intensa; el sudor  que emitía su rostro era del color escarlata, su piel estaba en una extrema presión gravitacional, convirtiéndose ese momento en una verdadera guerra mental. El brazo izquierdo del mago comenzó a ceder, quebrándose como si fuera un papel. Unos sonidos salieron de aquel miembro explotando en pedazos, y siendo arrojados sus fragmentos muy lejos de él. Al mismo tiempo uno de los grandes ojos de bestia se quebró, explotando, para dejar caer pedazos de aquellos seres que se mezclaron con las vestimentas del mago.  El grito agónico de la bestia fue terrible dejando libre el cuerpo del mago, desplomándose en el suelo. La sangre brotaba en todo su alrededor mezclándose con un líquido gelatinoso de color azul, él tenía la consciencia aun intacta; su mirada era borrosa y sólo podía distinguir los pies de los soldados corriendo de un lugar a otro. Ahora sintió unas manos que lo sostenían, eran fuertes y firmes… Era el teniente Isvaarf, aquel que siempre estaba al lado del general.

  —¡Norgos!, ¡norgos!,  levántese, le necesitamos, debe ponerse en pie hay que destruir el altar, su magia es la única que nos puede dejar entrar en aquella selva grisle gritaba el teniente.

  —Estamos haciendo retroceder a la bestia con nuestras armas, no resistiremos mucho tiempo, debemos entrar a aquel recinto, ya han muerto muchos de nuestros soldados… Le necesitamos —dijo nuevamente el teniente

  —Hechicero, levántese debe continuar, no hay tiempo para descanso —dijo una voz entrecortada no muy a lo lejos.

  El general observó muy cerca al teniente sosteniendo el cuerpo del mago, su armadura todavía mantenía el esplendor de su jerarquía;  sujetaba en una de sus manos una espada y en la otra, un gran hacha con dos hojas filosas en ambos lados.  A su alrededor,  el cielo estaba cubierto de flechas que eran dirigidas a aquel enemigo feroz; la  bestia daba saltos ágiles despedazando una cantidad de soldado en cada encuentro; los pocos lanceros que aún estaban con vida se habían abalanzado justamente cuando Norgos había herido a la abominación, ocasionándole varios cortes que ahora lo hacían más lento.

  La piedra… Es la piedra que está en medio… de su cabezadeliraba Norgos.

  —Está delirando teniente, ya pronto se convertirá en un cadáver, ha perdido mucha sangre, debemos proseguir no hay más remedio… venceremos o tendremos una muerte gloriosa  en este lugar  —dijo el general.

  —Es la  piedra… La piedra que está en su cabeza derecha… Es la clavedijo Norgos apretando fuertemente el brazo derecho del teniente.

  Los ojos del mago se movieron lentamente, su cuerpo estaba reaccionando sorprendiéndose el teniente de la fuerza de voluntad de aquel hombre;  de sus labios un susurro comenzó a calentar su mano, llenándose de un aura incolora   que dirigió a la parte que le quedaba de su brazo izquierdo.  La energía cicatrizó rápidamente la parte afectada, dejando exhalar un grito agónico que se confundió con todo el ruido que se escuchaba a su alrededor.

  —Teniente, llévese  al hechicero hacia el alta, elija algunos hombres, tengo una idea para detener a aquel parasito —dijo el general

  Los tres se dispusieron entrar a las cercanías de donde había salido la bestia, confundiéndose con los soldados que trataban de detener al gigante felino. Muchas rocas estaban dispersas cerca de la entrada de lo se había convertido en una jungla de tentáculo, haciendo este camino aún más difícil.

 Teniente absténgase al plan, y no vacile, usted ahora queda a cargo de todos los soldados, sus órdenes son las mía, no puedo elegir un mejor sucesor, ¡váyanse ya! —exclamó el general en medio del ruido de los soldados.

  El teniente le miró fijamente y su rostro se llenó de aflicción, él sabía que ya nunca más le volvería a ver.

 Pero general…. Usted es nuestro líder, yo no podría… —dijo de una manera entrecortada el teniente.

 Váyanse ya, es una orden teniente, no es momento de discutir —gritó molesto el general.

  El general subió hacia la cima más grande de aquellas rocas que se encontraban apiladas cerca de la entrada. El paisaje era horroroso, soldados esparcidos por todo su suelo; cabezas decapitadas y corroídas por la bestia; manchas informes mezcladas con ella; y una serie de hombres valientes  que todavía mantenían un fuerte ataque… Guerreros que estaban preparados para morir.

   —Mis soldados, mis guerreros, el orgullo de la gran ciudad de Ordos cercenados por aquella blasfemiadijo el general.

 Mis antepasados, La Casta de los Jisit Blanco, el orgullo de Ordos, cuantas tierras conquistadas por Enolf, El Sanguinario, padre de mi padre; guerrero entre los guerreros. Cuantas cabezas de infieles empaladas por Itzmal, El Valiente, mi padre. Hoy me siento orgulloso de servir a nuestro gran Emperador Corvinus, el Sabio… Hoy es un día glorioso para morir  —gritó el general.

  El general levantó sus dos brazos.  En ellos llevaba su gran espada y el hacha que representaba las generaciones de sus antepasados, la bestia le miró a lo lejos desplazándose rápidamente en la cima de rocas, quedando varada en las rocas que se desplazaban en su suelo; haciendo que sus movimientos fueran más lentos. El general miró a la bestia que estaba muy cerca de donde él se encontraba. Su armadura  se encontraba dispersa en el  suelo, él sabía que el menor peso corporal era importante para lo que pretendía hacer.

  —¡Ahora!  —gritó el general.

  Detrás de donde  él se encontraba, escondido en las demás rocas, varios soldados dispararon una serie de flechas directamente sobre la cabeza izquierda de aquella gran bestia, el general rápidamente soltó su espada, y sujetando fuertemente su hacha, se expulsó hacia el vacío, dando un gran salto que llegó hasta la cabeza derecha que estaba próximo a él.  Su hacha se enterró en uno de los cuerpos informe que representaba esa masa viva… Esa gran bestia. El general estaba sujetándose fuertemente con su brazo derecho, tomando una posición más cómoda. Comenzó a escalar cerca de la piedra que era sujetada por muchos brazos informes, los ojos de uno de los cuerpos se abrieron, emitiendo un grito chirriante;  sus brazos trataron de sujetar al general, pero fue cortado con su hacha por la mitad. Aquel guerrero rápidamente se abrió paso decapitando y cortando a la mitad todo lo que se anteponía en su camino, llegando hacia la piedra que era sujetada por los seres, sus brazos se extendieron  para dar el golpe definitivo a la roca, su movimiento fue rápido, tan rápido como la sangre que brotaba ahora de su cuerpo cortándolo casi a la mitad.  La otra cabeza  fue tan rápida  como el intruso  que estaba en su cima, dejando sólo tiempo al general de ver el hacha clavada en la roca.

  La roca verduzca se quebró, brotando de ella una energía, que comenzó a separar a todos los seres que formaban a la bestia, el grito agónico fue tan desgarrador que se escuchó por todo el valle,  quebrando la otra gran roca que se encontraba cerca  y que servía de entrada al gran páramo circular. Lo que fue una forma viva y blasfema, ahora se convirtió en partículas esparcidas en los cielos

   El teniente se abrió paso en la maleza de tentáculos, deteniéndose sólo para escuchar aquel grito agónico de la bestia, más adelante se encontraba Norgos con su espada, repitiendo unas palabras que desprendían un aura envolvente en aquel lugar sin lograr afectar a sus acompañantes. A cada paso que daban los movimientos de los tentáculos eran más violentos, ya habían durado un tiempo prudente abriéndose paso por todo aquel páramo, muy pronto se pudieron percatar de lo cerca que se encontraban de su objetivo, deteniéndose en un camino abierto en forma circular, que en el medio tenía una gran maraña de finas  raíces tentaculares que se movían de una manera frenética; de aquella maraña viviente se podía distinguir una luz muy tenue que luchaba por salir de su interior, y en su suelo,  Norgos pudo distinguir un pedazo de tela bordada que representaban los símbolos de la Orden de Ordos.

  —¡Mizrha!, es Mizrha  está atrapado en su interior, debemos sacarle de ahí antes que la luz de su báculo se apague —gritó Norgos.

  Aquel mago lentamente se acercó a la maraña, muy a lo lejos de aquel páramo  se escuchaban unos estruendos  como si la tierra estuviera abriéndose. A cada momento el sonido  era  más estremecedor, y la situación de sus visitantes era más desesperante. De un repentino estruendo la tierra se abrió dejando salir de su vientre unas series de tentáculos que sujetaron a Norgos; el contacto con sus ventosas era cuasi ácida, dejando salir un grito de dolor del mago. Los soldados que estaban en su suelo reaccionaron rápidamente atacando aquella maraña, haciendo retroceder algunos de sus miembros para luego atacarlos con más fuerza. La confusión era terrible, viendo Norgos ahora cómo el teniente y sus hombres manejaban la situación allá abajo; varios hombres fueron partidos en dos por los tentáculos.  Norgos, en su desesperación, trato de acertar un golpe con su espada, pero estaba demasiado débil  para cortar de un tajo a su enemigo. La luz en la masa de tentáculos nuevamente brillo, pero ahora con más intensidad, dejando salir su luz que destruyó aquella enredadera,  marchitando aquellas formas y dejando caer a Norgos al suelo. No podía ponerse en pie escuchando un estruendo cada vez más cerca. Mizrha estaba tan agotado como él, y aquel mago se desplomó en el suelo. Las enredaderas nuevamente comenzaron a salir de la tierra.

   —Norgos debemos salir de aquí —le decía el teniente sujetándolo por su brazo.

  Mizrha se puso de pie pudiendo caminar de una manera muy pausada, a su alrededor vio los soldado luchando con el mar de enredaderas  que estaba avanzando lentamente hacia la dirección donde ahora ellos se encontraban. El suelo temblaba  de  una manera descomunal, viendo Mizrha muy a lo lejos un guerrero de dimensiones gigantescas que se acercaba a donde ellos se encontraban; el gigante se apoyó de una de la rocas que levitaban en aquel paraje, separándolas  para luego seguir su viaje por aquel  páramo gris donde se encontraba el altar.

  —¡Corran!, corran se acerca hacia nosotros —gritó Mizrha

  El teniente levantó al mago, no muy a lo lejos, Mizrha trataba de reunirse con ellos, perdiéndose en la maraña tentacular, que crecía cada vez más. Los tres estaban abrazados siendo el teniente el que ostentaba mayor energía; sosteniendo  los cuerpos de los dos magos y caminando a  rastras lo más rápido posible. El báculo de Mirha iluminaba el camino, despejando toda maleza que intentaba agarrarlos, no muy a lo lejos el gigante caminaba lentamente hacia ellos, ya podían ver claramente el altar,  faltándoles pocos metros para pasar aquel páramo. El estruendo de las pisadas del gigante hizo que la tierra comenzara a abrirse, saliendo de ella más tentáculos que eran aplastados por aquel guerrero de inmensa dimensiones. El final estaba cerca  y de la tierra los tentáculos sujetaron las piernas del teniente, haciendo que el báculo de Mizrha se le soltara de sus manos. El momento era dramático y cerca de ellos una escalera se distinguía con una piedra de dos colores enclavada en un altar. Norgos volvió su rostro para ver cómo el teniente era absorbido por una maraña de raíces rabiosas; la desesperación se convirtió en horror, pues cerca de donde estaban una mano gigantesca se dirigía hacia ellos; Mizrha hizo un esfuerzo sobre humano saliendo de la selva y tomando una parte de la  piedra entre sus  manos, el cielo se fue tornando de un color negro, y aquellas rocas que levitaban  en el aire desprendieron una luz rojiza de sus símbolos, dándoles  un aspecto siniestro al lugar. Norgos se dirigió al altar logrando escapar de aquella malsana vegetación. La mano del gigante estaba muy próxima al altar logrando aquel mago tocar la otra parte de aquella extraña piedra. Sus ojos se cerraron para esperar el trágico final,  y en ese instante, todas las rocas colisionaron en una explosión horrible, y las manos del gigante comenzaron a desbaratarse pegando un grito aterrador en todo aquel páramo; desintegrándose todo lo que alguna vez fue ese hermoso paraíso.

  Los ojos de Norgos  se abrieron para comprobar que a su otro lado había un Ser color carmesí que llevaba una capucha andrajosa, cubriéndole parte de su cuerpo desnudo. Ahora, él también se encontraba desnudo, sentado en una posición de meditación, sosteniendo una piedra de extraña forma que le abarcaba sus dos manos, de su piel blanca se dejaban ver unos  grabados… Unos símbolos que se extendían por  todo su cuerpo, igual que los de aquel Ser físico que se encontraba a su lado.  Sintió el poder de la  piedra que sostenía.  Brillaba con un color azul intenso, pero sintió aún más la mirada oscura de aquel Ser carmesí que se encontraba sosteniendo otra piedra tan extraña como la que él tenía. El cielo tenía un color rojo. Era un color  tan intenso como aquel Ser que le miraba fijamente; el suelo estaba impregnado con la negrura de una tierra que jamás volvería a florecer. Un ave de gran negrura se posó en donde ellos se encontraban, les miró a los ojos pegando un grito y tomando su vuelo, la extraña ave se perdió en aquel horizonte rojo. Ya la suerte del planeta estaba echada,  todo se veía venir. Ahora Norgos volvió a cerrar los ojos,  y en sus visiones pudo distinguir muy a lo lejos un páramo, lleno de miles de soldados peleando una guerra que nunca terminaba… Una guerra eterna.

 –

Fin.

Markus E. Goth.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s