INTROVISION / Hasta que el Despertar nos Separe

  Los eones han pasado y aún no sé si soy yo el que sueña con Cthulhu, o es Cthulhu el que sueña conmigo. El fluir onírico que se expande simultáneamente hacia proa y popa del tiempo, con la primera imagen del sueño dibujada por el pincel astral hace unos 200 millones de años A.C, en el pasado mítico en el cual la ciudad sagrada de R’lyeh emergió sólo para hundirse nuevamente, bajo el peso de la muerte preñada de sueños del Gran Cthulhu…; y sin ningún momento del futuro en que el sueño pueda ser testigo de la última imagen del macabro desfile de criaturas lovecraftianas.

  Con seguridad el génesis del sueño se oculta tras las tinieblas que precedieron a la fragmentación de Pangea, el continente madre. ¿Fui uno de los primordiales habitantes de las tierras de K’n-yan, quienes acompañaron al gran sacerdote de los Antiguos en su deambular por el espacio estelar? ¿O quizás fui originalmente un pólipo volador constructor de ciudades más antiguas que la misma R’lyeh? En mis sueños soy torturado por una energía espantosa cada vez que una imagen me hace vivir el momento de la llegada de Mi-go desde Yuggoth; o cuando huyo preso del pánico del cuerpo cónico de extrañas entidades que quieren hacer de mí un vestido físico para el cuerpo mental de la Gran Raza de Yith; o en momentos como este, donde un Shoggoth me llama por mi nombre… Sí, un cuerpo se estremece sobre el lecho de una dimensión despierta.

  Por momentos peregrino sonámbulo hacia las Montañas de la Locura, entre la edad pérmica y el pleistoceno, mientras la estructura astral de mi sueño —¿o el de Cthulhu?— tiembla por los fragores de la batalla cósmica entre los Primordiales y los Antiguos. En vano trato de ahuyentar a través de un intento racional dentro de mi sueño, las imágenes de épocas, civilizaciones, tierras y personajes míticos que marchan en caleidoscópica formación más allá del portal del único sentido necesario para captar la realidad de este universo. Hiperbórea; la Atlántida; el Rey Kull; los caníbales Gnophkehs, que me invitan a participar como uno de los suyos de la matanza de todos los habitantes de Lomar, bajo la mirada atenta de Polaris; veo como una fuerza extraña guía mi mano hacia los Manuscritos Pnakóticos, urgiéndome a que construya un arca para ellos y los traslade a Ulthar, en una tierra del sueño muy cercana a la de este sueño; Lemuria se hunde, pero no este sueño, que continúa siendo soñado por mí, que sueño con Cthulhu; o por Cthulhu, que sueña conmigo.

  Con la misma rapidez con la que un OVNI da un giro de 180°, sin que la gravedad terrestre lo afecte, pues él posee su propio campo gravitacional, el sueño me deposita en Irem, la de muchas columnas, sin que al parecer el tiempo lo afecte: los ángulos del pasado, el presente y el futuro, no existen en la geometría no-euclidiana de ese extraño sueño. Veo a Abdul Alhazred partir desde aquí, con su alma pletórica de escalofriantes pesadillas y su imaginación hambrienta por darles forma; veo el Al-Azif hacerse realidad en las imaginaciones futuras, con diferentes identidades incluyendo la del Necronomicon. Algo devoró su cuerpo ocultado por la luz del día. Lo más extraño, es que cuando lo vi desaparecer, entonces devine consciente de que estaba soñando, como si su cuerpo fuera toda mi realidad… Todo mi despertar; arrebatado por un extraño ángel interestelar cuyas alas en ocasiones también ensombrecen mi sueño… ¿Acaso también tiene hambre de él? Pero si no es mío, sino de Cthulhu. Soy su sueño. En todo caso, no me gustaría que él despierte, prefiero existir en la seguridad de su sueño y no en la incertidumbre de mi despertar. Si yo despierto su sueño no lo hace; si él despierta mi realidad onírica deja de existir. Eso en caso de que el oscuro ángel que devoró a Abdul Alhazred no devore este sueño antes de que pueda seguir contemplando el desfile de macabras imágenes hasta que el despertar nos separe. Sí, hasta que el despertar nos separe. Si una condena de esa magnitud está escrita, entonces tendré que sobrevivir siendo más sueño que realidad en la realidad. Pues es necesario continuar soñando este sueño, aún si para ello debo echar mano de la imaginación de H. P. Lovecraft, de su obra, que imagen por imagen, constituye el mapa más preciso para llegar al centro del laberinto de la vigilia, en donde nos aguarda el sueño, este sueño, el cual todavía no estoy seguro de si soy yo el que sueña con Cthulhu; o es Cthulhu, el que sueña conmigo… ¡Qué así sea!… Hasta que el despertar nos separe.

  Algo me dice que tal despertar aún no ha despertado, pues por el contenido de este Blogzine de las cosas que no son pero que deberían ser… Ese sueño todavía se sueña. ¿Y qué importa que sea por Cthulhu; por el maestro Lovecraft; o por uno de nuestros Hermanos Fanáticos. Lo que realmente importa es que el desfile de macabras imágenes sin principio ni fin impidan que nuestro despertar se convierta en un aburrido paraíso de historias que comienzan con «Érase una vez…», y finalizan con «Y vivieron felices para siempre…». Que es en lo que se convertiría en caso de carecer de la compañía de esa dimensión alternativa en la cual habitan seguras las visiones de los sueños de Cthulhu, de los sueños de Lovecraft… de los sueños de la edición de esta semana.

  Cuenta la leyenda que los primeros sonidos proferidos por el bebe H. P. Lovecraft, cuando arribó —¿desde Yuggoth?— a este planeta, el 20 de agosto de 1990, fueron estos: «Ph’nglui mglw’nafh Cthulhu R’lyeh wgah’nagl fhtagn». Con un inicio así, fue una suerte para todos sus adoradores y para el reino de la fantasía oscura y visionaria, que sus sueños lo desviaran del brillante futuro de una carrera como cantante de ópera. El profeta de Providence cumple un año más de inmortalidad, y nosotros, por ningún despertar dejaremos de soñar esta fecha. Por ello, en nuestra sección Runes Sanguinis, en la página del miércoles, publicaremos una entrevista con la máxima autoridad en los estudios de Lovecraft, desde el punto de vista literario claro está: S. T. Joshi.

  La sección Tetramentis, en la página del jueves, ilumina su dimensión onírica con el destello verdoso de las esmeraldas luciferinas que el monje negro de la medieval Averoigne, Odilius Vlak, extrae del lado oscuro de su alma, específicamente de su libro, Plexus Lunaris. Y hablando de sueños, ¿qué tal este?: «El Sueño de Caronte». Sí, no sólo Cthulhu sueña de R’lyehCaronte también lo hace en el Hades.

  Nos despedimos de nuestro sumo sacerdote, Markus E. Goth, editor y director de este Templo Virtual. Él está muerto, pero soñando con cada una de las ediciones de este Blogzine. Y descuiden, en caso de que él despierte, tiene un buen reemplazo temporal: Cthulhu. Y si no… El horizonte de los murciélagos es más lejano que el de las águilas.

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  Odilius Vlak

 Jefe de Redacción

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