RUNES SANGUINIS / ¿Una Civilización de 100 000 Años? – Por Colin Wilson

Colin Wilson (1956)


Colin Wilson - ATLANTIS and the Kingdom of the NEANDERTHALS

Por Qué es Tiempo de Abrazar Nuestros Primos Neanderthales

  Mi amigo Stan Gooch pasó sus últimos años viviendo en una vieja pensión en el sitio de una caravana en Gales. Por un largo periodo de tiempo, las cartas que me enviaba reflejaban un creciente cinismo y cansancio, y los amigos que iban a visitarlo —profundamente impresionados por el alcance visionario de sus libros— quedaron impactados al encontrarlo en un estado de obvia indiferencia y desaliento. Cuando mostró cansancio del intercambio de cartas vía «correo de caracol», le ofrecí proporcionarle una computadora; su respuesta fue que él nunca la usaría. Resultaba desconcertante que este genial escritor, autor de más de una docena de libros [algunos de ellos, como «Lo Paranormal», clásicos en el área], se permitió dejarse hundir en una condición que los santos llamaban accidia; pero supongo que ha sido el destino de muchos hombres de genio.

Stan Gooch

  Ahora él ya no está, es posible que el trabajo altamente original de Stan, reciba algún día el crédito que se merece. Ciertamente, el seguro mundo académico al cual él le dio la espalda, se está poniendo de acuerdo con él, mientras recientes descubrimientos parecen confirmar algunas de sus teorías por mucho tiempo sostenidas acerca de la sofisticación del hombre de Neanderthal.

  • Las Ciudades de los Sueños

  En 1999, yo estaba enfrascado en la búsqueda de un pequeño problema intrigante. Charles Hapgood, mejor conocido por ser el autor de «Mapas de los Antiguos Reyes del Mar», había muerto como resultado de un accidente de auto sucedido en diciembre de 1982. Dos meses antes, él le escribió a un bibliotecario llamado Rand Flem-Ath, comunicándole que él había hecho «excitantes descubrimiento recientes», que lo habían convencido de que una vez existió una civilización de 100 000 años de antigüedad con «unos avanzados niveles científicos». Y como yo había aceptado colaborar con Flem-Ath en un libro sobre la Atlántida, me puse en marcha para ubicar a los contactos de Hapgood y ver si podía descubrir lo que él afirmó.

   Finalmente, a través de una información secreta de uno de los conocidos de Hapgood, entré en contacto con un arqueólogo y escritor científico de New England, quien me asombró al decirme que fue él quien le dio esa información a Hapgood. Lo que él le dijo fue que (A) la medida griega de la distancia probaba que ellos sabían la medida exacta de la tierra un milenio más o menos antes de que Eratóstenes la descubriera [alrededor del 250 A.C], y (B) que el hombre del Neanderthal poseía un nivel de cultura impresionante, y estaba estudiando las estrellas ya para el 100 000 A.C., o incluso con anterioridad.

  Ahora bien, yo ya me había tropezado con la información acerca de los griegos en un libro titulado «Metrología Histórica» [1953], de A. E. Berriman, al cual me había introducido el investigador histórico Henry Lincoln. Y la segunda aseveración fue hecha por Stan Gooch en 1989, en un libro titulado «Las Ciudades de los Sueños».

  Gooch argumentaba que el hombre del Neanderthal había poseído una compleja civilización, pero que no era una civilización de ladrillos y argamasa, sino de «sueños». Eso apenas parecía tener sentido. ¿Acaso no es la civilización nuestra defensa en contra de la naturaleza? Los sueños no son de gran utilidad en contra de un huracán o un tigre dientes de sable.

  Gooch sustentó su teoría por la comparación del hombre del Neanderthal con los Nativos Americanos, señalando que a pesar de su compleja cultura, los últimos ni poseían un lenguaje escrito ni habían construido casas. ¿Qué habría pasado, pregunta Gooch, si ellos hubiesen sido exterminados por una enfermedad o una catástrofe, y simplemente se habrían desvanecido? Los arqueólogos hubiesen encontrado sus esqueletos y desechados como «primitivos», de la misma manera que lo hacemos con los neanderthales.

  Hablando de las Siete Hermanas, Gooch declara: «Las Pléyades es el único grupo de estrellas registradas y nombradas por todas las culturas de la tierra, del pasado y del presente, desde la más primitiva a la más avanzada». Él señala la similitud entre las leyendas de los Aborígenes Australianos, los Indios Wyoming y los antiguos griegos. En la leyenda griega, Orión el Cazador, persigue a las siete doncellas y a su madre a través del bosque, hasta que Zeus siente piedad por ellas y las transforma a todas [incluyendo a Orión] en estrellas. En la leyenda australiana, el cazador es llamado Wurunna, y él captura a dos de las siete doncellas; pero éstas se escapan trepando por unos árboles que repentinamente crecen hasta que alcanzan el cielo, donde todas las doncellas viven para siempre. De acuerdo a los Indios Wyoming, las siete hermanas son perseguidas por un oso, y escalan una roca alta que crece hasta que alcanza el cielo.

  Gooch continúa diciendo que las Siete Hermanas juegan un papel igualmente importante en las leyendas de los aztecas, los incas, los polinesios, los chinos, los masais, los kikuyos, los hindúes y los antiguos egipcios. Este interés mundial en las Pléyades, él argumenta, indica que se originó en una cultura que en su tiempo fue centralizada y muy antigua.

  A los ojos de Gooch, esa cultura era la Neanderthal. Podemos dudarlo, y preferir creer que eran nuestros propios ancestros, el hombre del Cro-Magnon. Pero Gooch al parecer ha acumulado alguna evidencia impresionante acerca de la sofisticación intelectual del hombre del Neanderthal. Él habla, por ejemplo, de un descubrimiento hecho en Drachenloch, en los Alpes suizos, donde un altar de oso de 75 000 años de antigüedad fue hallado en una caverna. En un arca de piedra rectangular, cuya tapa era una pesada losa, los arqueólogos encontraron siete cráneos de oso, con sus hocicos apuntando hacia la entrada de la caverna, Al fondo de la caverna había nichos con seis cráneos más en las paredes.

  Ahora bien, el siete es por supuesto, un número asociado con el chamanismo. La caverna de Drachenloch era, obviamente, un lugar ritual; de hecho, una iglesia. Además, como el historiador de las religiones, Mircea Eliade, nos dice, existe una conexión mundial entre el oso y la luna. Y esto pudo haberse adivinado del hecho de que el número de cráneos en la caverna era 13; el número de los meses lunares en el año. Ésta, y otras muchas pistas, condujeron a Gooch a inferir que la religión del hombre del Neanderthal estaba basada en la adoración de la luna, y que ellos fueron los primeros «observadores de las estrellas». Él argumenta que, entre muchas otras cosas, el conocimiento de la intersección de los equinoccios, notado por Giorgio de Santillana y Herta von Drechend, en «Hamlet’s Mill», probablemente se originó con el hombre del Neanderthal.

  Una «iglesia» implica un sacerdote o un chamán, de manera que el hombre del Neanderthal debió haber tenido sus chamanes; «magos» que jugaban un papel importante en los rituales de cacería, como los chamanes lo hacen en todo el mundo. ¿Existe alguna posibilidad de que la diosa lunar sea Diana la Cazadora? ¿Es ella quizás, también un legado del hombre del Neanderthal?

  • La Cultura Neanderthal

Stan Gooch - The Dream Culture of the Neanderthals

  Desde la publicación del libro de Gooch, en 1989, nueva evidencia se ha acumulado acerca de que el hombre del Neanderthal poseía su propia tecnología. En 1996, fue anunciado que científicos de la Universidad Roviri i Virgili de Tarragona, habían desenterrado 15 hornos cerca de Capellades al norte de Barcelona. El profesor Eudald Carbonell declaró que esto prueba de que el hombre del Neanderthal poseía una habilidad mucho más avanzada de lo que cualquiera hubiese imaginado. El Homos Sapiens, él dice, no fue un «salto evolutivo» más allá del hombre del Cro-Magnon, sino sólo un ligero paso desde el Neanderthal. Cada uno de los hornos servía para una función diferente de acuerdo a su tamaño: algunos como hornos, otros como fogones, y otros incluso como altos hornos. El equipo también descubrió una «asombrosa variedad» de herramientas de piedra y hueso, así como el rastro más extenso de utensilios de madera.

  Una de las declaraciones más asombrosas de Gooch, es que hace 100 000 años, en África del Sur, el hombre del Neanderthal estaba cavando profundas minas para obtener ocre rojo. «Uno de los sitios más grande revela  la extracción de un millón de kilos de mineral». Otras minas descubiertas datan de hace 45 000, 40 000 y 35 000 años. En todos los casos, el lugar fue trabajosamente llenado nuevamente, presumiblemente porque la tierra era considerada sagrada. El hombre del Neanderthal parece haber usado el ocre rojo con propósitos rituales, incluyendo el enterramiento.

  En 1950, el Dr. Ralph Solecki, del Smithsonian Institution, había excavado en la cueva Shanidar en el kurdistan iraquí, y descubrió evidencia de enterramiento ritual por parte del hombre del Neanderthal, en el cual el muerto había sido cubierto con una colcha tejida de flores silvestres. Su libro, Shanidar [1971], es subtitulado «La Humanidad del Hombre del Neanderthal». Él fue el primero de una serie de antropólogos en concluir que el hombre del Neanderthal era mucho más que un mono.

  Gooch puntualiza que el ocre rojo ha estado en uso desde hace al menos 100 000 años hasta nuestros días, aún en uso por los aborígenes australianos. Él cita a una autoridad que lo llama: «La más espiritual y mágicamente rica de todas las sustancias».

  Ahora bien, el ocre rojo es la forma oxidada de un mineral llamado magnetita, el cual, como su nombre lo sugiere, es magnético. Si un pequeño trozo de magnetita es puesto a flotar sobre la superficie tensa del agua, gira hasta apuntar al norte magnético. Y para el año 1000 A de C., los Olmecas lo usaban como aguja de compás, flotando en un colcho, un milenio antes de que los chinos inventaran ese artefacto.

  Gooch destaca que muchas criaturas, incluyendo las palomas, tienen una porción de magnetita en el cerebro, el cual es usado para guiarse, y se pregunta si no es posible de que el hombre del Neanderthal tuviera un cúmulo de magnetita en su cerebro, lo que lo hubiera capacitado para detectarla bajo el suelo. Esto, por supuesto, sería simplemente una variante del poder que los zahoríes tienen de detectar agua subterránea. Sin importar el motivo que el hombre del Neanderthal haya tenido para buscar ocre rojo, parece claro que a él se le debe de atribuir un nivel de civilización.

  En enero del 2002, salió a la luz que el hombre del Neanderthal usaba una especie de súper-pegamento. Era una clase de resina marrón-negruzca descubierta en el pozo de una mina de lignito en las Montañas Harz, con una edad estimada de 80 000 años. Una de las piezas lleva la marca impresa de dedos y las impresiones de  herramientas de pedernal y madera, sugiriendo que la resina había sido usada como una especie de pegamento para asegurar el mango a un cuchillo de pedernal. La resina, de un árbol de abedul, sólo puede ser producida a una temperatura de 300 a 400°. El profesor Dietritch Mania, de la Friedrich-Schiller University, en Jena, dijo: «Esto implica que el hombre del Neanderthal no descubrió esta resina por accidente, sino que debió producirla deliberadamente».

  Todo esto, evidentemente, es revolucionario. Damos por sentado que la cultura humana inició con el hombre del Cro-Magnon y el Homos Sapiens. Nuestros ancestros del Cro-Magnon comenzaron a hacer dibujos en cavernas hace alrededor de 30 000 años más o menos, de manera que siempre hemos asumido que nuestra civilización tuvo su comienzo ahí. Pero si las Pléyades fueron reconocidas hace 40 000 años, entonces el hombre del Neanderthal pudo haber llegado primero a ese nivel.

  Nuevamente, una flauta de hueso de 82 000 años de antigüedad, descubierta en 1995 por el Dr. Ivan Turk, de la Academia de Ciencias de Eslovenia, demuestra que el hombre del Neanderthal tenía su propia música. Comienza a parecer cada vez más válida la comparación que hace Gooch del hombre del Neanderthal con Nativos Americanos. Una aguja de tejer de hueso de 26 000 años, incluso con su agujero para el hilo, fue descubierta en otro emplazamiento Neanderthal.

  Pero quizás la pieza de evidencia más asombrosa hasta ahora, es la pequeña estatuilla esculpida conocida como la figurilla Berekhat Ram, descubierta en los Altos del Golan en 1980, por el arqueólogo israelí, Profesor Namaan Goren-Inbar. Su edad fue establecida porque fue encontrada —junto a 7 500 raspadores— entre dos capas de basalto, conocidas como tuff, que pueden ser fechadas. Y la edad era de hace 250 000 a 280 000 años. Se parece a la famosa Venus de Willendorft, pero mucho más tosca. Y el examen bajo un microscopio de electrón, reveló que no era sólo una piedra de extraña forma, sino que había sido tallada por el hombre del Neanderthal. Su herramienta de pedernal había dejado polvo en  las ranuras.

  Así que el hombre del Neanderthal estaba esculpiendo una pequeña figura, probablemente la diosa de la luna, hace más de un cuarto de millón de años. La implicación es que él ya había desarrollado la religión de la cual dan testimonio los cráneos de oso en la caverna de Drachenloch, pero 200 000 años antes.

  En«Uriel’s Machine», Robert Lomas y Christopher Knight, también volvieron su atención hacia el hombre del Neanderthal, y declaran que ellos poseían cerebros más grandes que el hombre moderno, agregando la asombrosa información de que ellos permanecieron por 230 000 años antes de desvanecerse. De esa manera el hombre del Neanderthal tuvo suficiente tiempo para desarrollar un alto nivel de sofisticación. Ellos claramente creían en una vida después de la muerte, ya que enterraban a sus muertos con todos los signos de una religión ritual, y con herramientas y alimento para que estén suplidos en el más allá. Ellos los enterraban en mantos ornamentados con cuentas [con hoyos de botones], capas decoradas, brazaletes tallados y pendientes. Ellos manufacturaron al menos un disco circular de yeso, el cual es casi con seguridad un disco lunar.

  Y si el hombre del Neanderthal ejecutó rituales religiosos, tocó la flauta, estudió los cielos y construyó altos hornos, él debió tener alguna forma de lenguaje diferente a los gruñidos. De manera que las revelaciones de Gooch, que impactaron a la mayoría de personas como locuras [ellas ciertamente me parecieron locuras cuando leí por primera vez el libro «Cities of Dreams»], están siendo avaladas lentamente.

  • El Misterioso «Carl»

  Pero para retornar a mi académico de Nueva Inglaterra, quien afirma haber sido la fuente de la declaración de Hapgood de que la civilización tiene 100 000 mil años. No diré su verdadero nombre por razones que serán claras, pero lo he de llamar Carl.

  Durante esa primera conversación pronto fue aparente de que había un problema imprevisto. A pesar de que nuestra charla duró dos horas, yo no pude entender más que una oración de diez. Como ciertas personas brillantes cuya cabeza está atestada de conocimiento, Carl era incapaz —o no quería— de expresar su punto claramente. Era obvio que cuando le hacia una pregunta, él quería decir 30 cosas a la vez, y eran como una muchedumbre forzando en el umbral de una puerta estrecha. No obstante, no tenía duda de que había resuelto el problema de los «100 000» años de Hapgood. Apenas podía esperar para telefonear a mi colaborador.

  Aquí me iba a recibir una sorpresa. En vez de las felicitaciones que esperaba, Rand reaccionó con una profunda sospecha. ¿Quien era este hombre? ¿Y si él había sido la fuente de Hapgood, por qué Rand no se había tropezado con su nombre mientras estudiaba los documentos de Hapgood en Yale? Puntualicé que Hapgood había dicho: «En ciertos descubrimientos recientes…». Probablemente Hapgood no había  tenido el tiempo para trabajar en ellos todavía. Pero Rand dejó claro que él sentía que Carl era una especie de fraude. Pero, ¿por qué lo debería ser? Pregunté. ¿Qué posible motivo pudo él tener para mentirme? Rand me dijo que él no lo sabía pero que intentaría descubrirlo.

 En cuanto a la sugerencia de que el hombre de Neanderthal podría ser más inteligente de lo que suponemos, él no le dio importancia. Y me dijo que se lo había comentado a una chica que enseñaba en una universidad cercana, y se había explotado de la risa. Había decidido telefonear nuevamente a Carl en dos semanas e instalar un aparato grabador que duraría una hora. Pero esto resultó bastante inadecuado. Carl simplemente habló de corrido por una hora, y cuando le dije que la cinta había finalizado, él simplemente continuó hablando durante otra hora.

  Pero al menos, él dijo algunas cosas fascinantes, básicamente, que la antigüedad de la civilización es demostrada por su extensión. Y si se puede mostrar que esta extensión alcanza en el pasado hasta el disco La Quina, esculpido por el hombre de Neanderthal hace 100 000 años, entonces el punto quedaba demostrado. Estuve de acuerdo. Él también habló acerca de evidencia lingüística en el griego, hebreo, sumerio y sanscrito, y citó las palabras exactas. Yo nunca había conocido a un hombre de tal erudición. Su teoría era increíblemente difícil, involucrando música, distancias planetarias, arqueología y números atómicos. Sus artículos —de los que me envió varios— iban desde la Gran Pirámide, la Edad de Hielo y el Cañón Chaco, hasta el simbolismo alquímico.

  Pero pronto descubrí que no podía sólo presentarlo al lector como un genio no reconocido, ya que algunos de sus puntos de vista lo exponían a la acusación de ser un maniático. Él no sólo aceptaba la realidad de la «Cara de Marte» [a lo cual yo también estoy inclinado], sino que creía que había sido creada por seres humanos, y que uno de los satélites de Marte era una especie de artefacto.

  Justo cuando yo estaba preguntándome de si Rand podía estar en lo cierto, y Carl podía ser un extraordinario y posible fraude, fui confrontado con evidencia de su autenticidad. Un viejo amigo, Andy Collins, se detuvo en mi casa camino a ver un eclipse en Cornwall, y cuando él me escuchó hablándole a alguien en el bar acerca de Carl, me dijo que lo conocía. Yo estaba fascinado y pedí detalles. Parece que Andy conoció a Carl en una fiesta en Londres, y Carl rápidamente monopolizó la conversación, hasta que tuvo bajo su dominio todo el salón. Andy reconoció que Carl era indudablemente brillante.

  Él mencionó a un amigo suyo que vive en el interior, que había estado en México en una expedición arqueológica con Carl. Yo lo llamé, y como resultado obtuve más información interesante de primera mano sobre Carl. Como un compañero de viaje él podía ser aparentemente excitante, obsesivo e irascible. A pesar de lo cual, él era —como yo había deducido en esas largas conversaciones telefónicas— erudito, un solitario brillante y ciertamente no un fraude.

  Algunas de sus ideas, mi informante convenía, podrían ser extravagantes —como su historia del encuentro con Einstein cuando tenía 10 años de edad en la que conversaron sobre las diez tribus perdidas de Israel—, pero entonces, él era un niño prodigio, y pertenecía a una distinguida familia que bien podría tener a Einstein como invitado del te.

  • El Levantamiento de la Atlántida

  Desafortunadamente, Carl supo que Rand estaba investigándolo, y estaba lógicamente furioso. A pesar de que le aseguré que yo no compartía las sospechas de Rand. La actitud de Carl se enfrió perceptiblemente. Entonces comencé a comprender lo que el amigo de Andy quiso decir al describirlo como irascible y excitante. A pesar de mis esfuerzos por salvar nuestra relación, ésta pronto se desmembró. Y luego de posteriores comunicaciones, él terminó diciéndome que prefería que su nombre sea omitido del libro. No estaba feliz con la idea, pues para mi era obvio que él había sido la persona quien le habló a Hapgood sobre «la civilización de 100 000 años».

  Pero Rand permaneció convencido de que Carl era una especie de infiltrado y nuestra colaboración alcanzó un punto muerto. A su debido tiempo, nuestro libro, «The Atlantis Blueprint» fue publicado en una forma mutilada y truncada. Toda la referencia al hombre de Neanderthal fue modificada, y en un párrafo fue alterada a «personas como nosotros», implicando que yo estaba hablando sobre el hombre de Cro-Magnon. Esto me molestó, no sólo en lo personal, sino con relación a Stan Gooch, pues sabía cuanto él deseaba que sus teorías fueran reconocidas. Toda mención de Carl había también desaparecido; a pesar de que ningún crítico pareció notar que el libro fallaba en explicar la ciencia de 100 000 años de Hapgood.

  Me sentía muy triste, por supuesto, pero entonces, un pensamiento consolador se me ocurrió. Como el libro había sido acuchillado tanto, yo me había quedado con suficiente material para formar la base de otro. Así, en el 2006 publiqué «Atlantis and the Kingdom of the Neanderthals»; esta vez me aseguré de que los logros del hombre de Neanderthal formaran parte central de su tesis; y Stan Gooch finalmente recibió el crédito que se merece.

Traducido por Odilius Vlak

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  • Nota: La versión original de este artículo, titulada: «A 100, 000 -Year- Old-Civilisation?» [febrero 2011], se encuentra aquí:http://www.forteantimes.com.
  • Acerca del Autor: Colin Wilson fue un trabajador de factoría, un empleado civil y vagabundo antes de ganar fama literaria de la noche a la mañana con su libro de 1956 «The Outsider». Desde entonces, él ha escrito libros sobre el crimen, filosofía, ciencias y lo paranormal. Él se considera a sí mismo ser principalmente un filósofo preocupado con el significado de la existencia humana. A diferencia de muchos «existencialistas», su visión general es básicamente evolutiva y optimista.

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