INTROVISION / Microorganismos de un Cuerpo Invisible

   Y al fin llegó el momento en que se hicieron conscientes de que no eran más que microorganismos de un Ser invisible perteneciente a un orden dimensional superior. Las edades pasaban sin que ellos lo pudieran ver, habitando como estaban en la oscuridad invisible de sus órganos, cuyo recorrido ellos usualmente llamaban vida. Ahora poseen esa pequeña parte de poder; otorgado por un nivel de conocimiento tan diminuto que en comparación a la totalidad de su realidad es como el microorganismo que ellos son en comparación con la totalidad dimensional del cuerpo invisible que parasitan. Pero si ellos hubiesen escuchado al Profeta, en la lejana invisibilidad que antes ocupaba su pasado, ellos ahora estuviesen ostentando una mayor porción de conocimiento… Una mayor porción de poder.

  El Profeta apareció un día como salido de la nada invisible que sus visiones trataban de hacer una realidad para los sentidos de los hombres; y con la misma celeridad desapareció en la misma nada invisible que para sus visiones proféticas era el absoluto. Su verbo era ardiente y su persona la encarnación viva de una posesión demoniaca. Hablaba de que el universo conocido, o más bien, todo aquello que podemos aprehender con nuestros sentidos no es más que una ilusión, un velo que oculta la verdadera realidad: «No dices nada nuevo profeta —le decían algunos de los pocos oyentes que se aventuraba al ridículo por prestarle atención—. Esa idea está tan podrida que las palabras que la transmiten se desintegran apenas son tocadas por el aire que debería conducirlas. Los milenios han reverdecido y se han marchitado, y una y otra vez, nos viene alguien a decir, un supuesto iluminado, escogido, mesías, maestro trascendido que ha sacrificado su supuesta comodidad nirvánica… en fin… aparece un loco como tú con la misma palabrería, la misma cháchara de la ilusión del mundo físico y la veracidad del mundo intangible… ¿Y aún pretendes que no nos burlemos?».

  Pero el profeta no era el profeta, sino aquello que lo poseía. Y sin refutar una verdad tan evidente como la que una y otra vez, sus oyentes le decían, procedía a diferenciar sus visiones de las de sus antecesores:

  —Sí hijos míos, tenéis razón en lo que decís. Pero la invisibilidad de la que hablo no es una que oculta la realidad de un cielo, nirvana, paraíso o cualquier otro plano intangible separado de éste por nuestra ignorancia e incapacidad de despertar del sueño del que tanto se han afanado mis predecesores por liberarlos con las sacudidas de sus visiones proféticas. Hablo de una invisibilidad de aquello que nos contiene. Mi invisibilidad no oculta un nirvana, paraíso o infierno, sino un organismo vivo, un monstruo de cuatro dimensiones al cual están integradas las tres dimensiones de nuestra realidad espacial. Somos como microorganismos habitando dentro de él. Pululando a través de su cuerpo durante el curso de nuestras vidas y las edades que hemos experimentado como especie. Nuestro nivel evolutivo viene dado por el tipo de órgano en el cual se desarrollan nuestras vidas, en el cual está ubicado nuestro nivel del ser. Esos maestros trascendidos, que en tiempos ya legendarios, les revelaron a nuestros antepasados que sacrificaron su estadía en el Nirvana en orden de despertarlos, no estaban tan lejos de la verdad. Pero el Nirvana o Reino de los Cielos, no es más que un órgano más sofisticado de este ilimitado cuerpo invisible, cuya figura no podemos ver, pues sería como ver el tiempo bajo una forma concreta y definible. Hijos míos, vosotros habitáis en los intestinos de ese cuerpo tetradimensional. Yo he visualizado su corazón, y mejor aún… su cerebro. Pero he aquí que les daré la información necesaria para que puedan visualizar el cuerpo hecho de tiempo de ese monstruo, y también les dibujaré un mapa para que puedan guiarse en su peregrinación hacia los órganos superiores de ese monstruo, de manera que…»

  El profeta no terminó de hablar en aquella ocasión… Fue lapidado por los impactos de un arma que lanzaba piedras de neutrones concentrados, privados de cargas eléctricas.

  Ah… ¡Excuse for all the blood! Pero no os apenéis, pues la lapidación del profeta ocurrió en Zothique The Last Continent —¿pero de dónde sacaron esas armas?—, y por lo tanto su sangre no se desperdició sino que fue ofrendada a Thasaidon, en el ritual nigromántico que siguió a tan espectacular ejecución. Al parecer nuestros futuros conciudadanos no querían liberarse del plano intestinal en el cual habitaban o habitarán. Además, ellos quizás no querían ascender al corazón o al cerebro del Ser tetradimensional que nos contiene, sino que como toda alma oscura… su destino ha de ser su alma. Bueno, y para eso cada uno de los miembros de este Blogzine de las cosas que no son pero que deberían ser… está aportando desde ya su pequeño granito de arena, perdón… de neutrón.

  Los zothiqueanos ejecutaron a un profeta, pero eso no significa que ellos hayan olvidado que fueron la creación de la imaginación de otro profeta: Clark Ashton Smith. En la sección Runes Sanguinis, en la página del miércoles, continuaremos con la publicación de las historias de ciencia ficción del maestro, inéditas hasta ahora en español. Ha sido un esplendoroso ritual durante todo este año en el que los conjuros son las aventuras de la más pura ficción pulp. Así que les invitamos a que conozcan a…: «Los Inmortales de Mercurio».

  Me alegré mucho cuando recibí la noticia de la lapidación al enterarme de que la víctima no fue nuestro archidemonio, Morgan Vicconius Zariah. Aunque todavía no es muy seguro que camine por las calles de Zothique. Algunos anhelan estrenar sus pistolas de neutrones concentrados con él; y no por el exceso de sus profecías, sino por la carencia de ellas. Pero para aplacar los ánimos, continuaremos en la sección Tetramentis, en la página del jueves, con la publicación de los textos de su libro «Hechizos Primordiales». Y esto con una extraña reunión: «Encuentro de las Dos Almas».

  También me enteré cuando recibí la noticia de la ejecución, de que la primera persona en halar el gatillo de la pistola de neutrones fue nuestro sumo sacerdote, Markus E. Goth, editor y director de este Templo Virtual. Y créanme… Tiene una muy buena puntería. Eso lo demuestra en cada una de sus ediciones semanales. Pero el profeta murió feliz. Sus últimas palabras fueron… claro… El horizonte de los murciélagos es más lejano que el de las águilas.

 –

  Odilius Vlak

 Jefe de Redacción

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s