TETRAMENTIS / La Sangre – Por Morgan Vicconius Zariah

 –

Dios preguntó a Caín: -¿Dónde está tu hermano Abel?  Caín respondió: -¡no lo sé! ¿Soy yo el guardián de mi hermano? Entonces le dijo Dios: -¿Qué has hecho? La sangre de tu hermano grita desde el suelo.

   (Gn, 4, 1-15)

 

  ¡He aquí el nombre  de otro hechizo! Sin cuyo rastro ninguna visión mayor se ha de materializar. En su color escarlata se encuentra tímido el vivo aliento que ahora acaba de entrar en la muerte, creando un misterioso túnel entre dos mundos que antaño estaban divorciados. Son estos anillos de sangre los que han comprometido lo divinal y lo humano, y digo lo divinal y lo humano, porque ya el infierno y el cielo están unidos desde los eones de la creación por el mismo cordón umbilical; este antiguo noviazgo precede a las pléyades estelares y sus gobernantes dioses, estos mismos antiguos que de barro levantaron al hombre y le insuflaron su aliento.  Pero, ¿dónde correría este divino aliento? ¿Acaso podría recorrer una vida sublime sólo por la tierra? Esta energía anímica sólo el líquido la mueve. Aquellas mismas aguas donde se mecía el soplo de la eternidad antes de toda creación, fueron escupidas dentro del barro, y nacieron en el  interior todos los canales por donde ahora circula el torrente de la vida. El barro se emocionó cuando el fluido había llenado cada rincón. De este recorrido nació el palpitar; el latir que  desde entonces los acompaña a todos hasta el final de los días. El gesto tieso tomó expresión y los ojos pertenecientes a las aguas, cobraron vida. Las emociones navegaron por los fluidos, y en cada naufragio de interrogantes se destrozaban en los acantilados de la extrañeza, tiñendo asimismo el agua interior del barro, de color carmesí.  Después, un sinnúmero de criaturas también compartieron éste lazo, y aullaron, gruñeron, croaron. Unas, desde su estado animal reclamaron su divinidad y surcaron los cielos; otras, se negaron a romper el pacto con las aguas, y pululan en sus profundidades; algunas juguetean en su superficie o entre sus orillas; muchas otras son de viento y agua; y muchas de tierra y agua. Sangre fría o caliente será siempre sangre. A los habitantes de la tierra los recorre el agua, que es por donde fluye el espíritu, esta infinitesimal  parte que nos hace tanto humanos como divinos. Te hago éste preámbulo para que no teman tus ojos los misterios que te aguardan.

  Son esas las palabras de mi misterioso tutor, el que toma cuerpo y voz de la parte más elevada de mi Ser, una vez más ha proferido otro conjuro que ha arrebatado mi humana conciencia a escalas etéreas. Cada vez que estoy junto a él, el vértigo desaparece, hace que lo humano en mi no exista otra vez y lo desintegra en el sutil hechizo que evoca, es mago por excelencia, no hay abismo que destruya su coraza, ni siquiera aquel que él mismo ha creado. Sus pasos me han guiado a las más perturbadoras visiones sin ser víctimas de sus abrazos. ¡Espero por los misterios que ya presiento! A los lejos, en el oriente, veo un altar  al cual nos acercamos, caminando por encima de las voces que claman desde el suelo. Muchas son tanto animales como humanas; otras datan desde centurias y algunas lloran como mujeres, se sienten las caricias en nuestros pies; otras, con el peso del dolor, tratan de sepultarnos en este sanguinolento camino que nos lleva hacia el altar por este panteón de gritos de sacrificios.

  —¡He aquí la sangre del sacrificio! —exclamó mi guía—. Toda esta sangre que nos lleva hasta el rey de los altares, es como la alfombra de un palacio que conduce al trono de un rey, todas las voces están frescas porque su espíritu está fresco en esta visión, toda sangre tiene un vínculo con el alma, son estas las huellas de la sangre del sacrificio desde el principio, sangre que la tierra bebió hace tanto tiempo. ¡Ya por fin llegamos al pie del altar!  No te asustes ante algunas sorpresas; sé que oyes gritos de idiomas que no te son imaginados, son vocablos que se  perdieron en los tiempos, de culturas adoradoras de  antiguos dioses; dioses de nombres ya olvidados, ¡no temas! Es aquí, en el pie del altar, donde las primeras libaciones fueron derramadas.

  —¡Oh poderoso guía! Me estremece con violencia la sangre que corre por este altar de piedra, la que cae ahora hasta nuestros pies, siento que fue bien recibido este sacrificio, ¿es esa sangre privilegiada?

  —¡Es así! Ese es el sacrificio de Abel hijo de Adán, la primera, y la más radiante sangre derramada en sacrificio. El dios antiguo sorbió el primer hálito de vida que corría por la cálida sangre del cordero. Descubrió así también el gusto por el fluido carmesí en el amanecer de los tiempos.

  —Es extraño. ¿Por qué en las culturas los dioses beben sangre? ¿Es de tan sádica naturaleza su sed? ¿Sólo el dolor terrestre los apacigua y les da alegrías?

  —Ya se te dijo, que la sangre está vinculada con el espíritu. Y es el sacrificio un ciego puente que va tejiendo la fe con los orígenes de la propia vida. Un puente que nace desde el interior del devoto hacia los adentros del adorado; una comunión milagrosa que trascenderá el espacio y el tiempo, y las recompensas serán un sinnúmero de revelaciones, sólo dadas por el agrado de los que no pueden ser vistos por ojos profanos. La crueldad de estas prácticas, sólo es vista por los no santos y sentida por el sacrificio a ofrecer. Pero ya hubo en otros tiempos, hombres que se sintieron felices de inmolarse a los dioses, de perderse para siempre, en un yo más grande que ellos mismos por los ciclos que perdurarían sus formas. Acuérdate que hay que estar a un paso cerca de la muerte, para poder ser partícipe de las cosas que pasan tras las cortinas que cubren las visiones humanas. Hay todo un gran teatro fantasmal, al descorrer aquellos velos y sólo es posible pertenecer también a estos atrios con un sacrificio ofrecido. Ya sabemos que la sangre derramada está en el lazo vida en muerte. Estas energías y ese dolor, esa agonía, que acompaña los momentos finales de la víctima, será la fuerza ciega que a través de la sangre conectará en el ritual, con la parte de la caridad del dios, la revelación del dios o la oscuridad del dios. Tienes intuitiva razón al interrogarte, sí, el sadismo es un canal por donde se conecta con los atributos evolutivos de antiguos dioses, en su forma más caníbal. Esta parte vampírica y primitiva de sus naturalezas evolucionadas por ciclos completos de eternidades, fue la parte que los humanos aprendieron a seducir, al observar los sacerdotes que se encontraron por vez primera entre cadáveres recién caídos y en los primeros hechos de sangre, extrañas manifestaciones que sobrepasaban los límites de la fútil naturaleza física. Seres que ante los ojos sensibles de aquellos que nacieron para emprender las ciencias rituales, se posaban como carroñeros ante la sangre coagulada, y parecían lamer cada una de las heridas que después se encargarían de borrar los gusanos. Esta tentativa ante la sangre, sería utilizada a favor, por los sacerdotes y adivinos para apaciguar la ira de los dioses, para pedir agua que sofocara la sequía. Favores de fertilidad, invenciones bélicas y arquitectónicas. Es esta parte hematófaga con la cual se ha podido manipular las más divinas entidades de los tiempos, por la incapacidad que muchas de éstas tuvieron para borrar sus instintos salvajes aunque encarnaron en la tierra las bestias feroces, para purificar su divinidad de los arrebatos del hambre. Es por el puente cruel de la sangre, por las cuales se formaron muchas de las creaciones e inspiraciones. Este sadismo es inherente a los hombres y a los dioses. Un sadismo santo, dio nacimiento de boca de la divinidad y a los oídos de los hombres sensibles de todo el sistema ritual. Los métodos simbólicos que estaban engullidos en la sombra silenciosa de la nada, la actitud masoquista de los mártires y faquires fueron heredadas de los sagrados métodos para encontrar la salvación. ¡Ya vez que no existe trascendencia sin ese santo sado-masoquismo!  Hasta las estrellas se inmolaron hace tiempo para hacer arder su llama inconsciente, en la conciencia que consiguieron a través de nosotros. No ha de extrañarte que los cultos religiosos sean caníbales, el universo entero es un gran devorador de carne.

  Acerquémonos sin miedo hasta el pie del altar. Oyes esa humana voz que aún no se ha podido borrar de la sangre, queda todavía la memoria aprisionada en sus genes; repite sin cesar en su primitivo idioma estas dolorosas palabras: «¡Hermano! ¡Hermano!  ¿Qué haces? ¿Por qué hermano mío brilla en tus ojos tan siniestro esplendor? ¡No!  ¡No!».

  —¡Sí! escucho sus palabras, ¡me abruman! ¡Me perturban misteriosamente! Aunque no conozca su idioma, me hace sentir su temor. Parece que fue sorprendido antes que se le diera muerte; la sorpresa de lo que nunca se hubiera imaginado. Me cala profundamente ese sentimiento, es de sorpresa y temor, extrañeza ante lo conocido que ahora le traía la muerte. ¿Por qué son pronunciadas esas palabras? ¡Oh Magnánimo tutor!  Te pido un hechizo de interpretación.

  —Ávido asistente mío, posa tus manos por encima del altar y el encantamiento descubridor se activará en nuestro centro. Ya sabrás a ciencia cierta de quien se trata, aunque entiendo que ya tu corazón lo sospecha.

  —¡Es Abel!  ¡Veo y siento como se quiebra su corazón! Como de sacrificador, pasó a ser un sacrificio mal habido y  primer sacrifico humano, ya sé porque es predilecta la sangre encima de este altar de piedra, su sangre y la del cordero que ofrendó yacen juntas en esté sagrado pináculo de oración. ¡Qué estremecedoras son para mí estas experiencias! Ha guardado la naturaleza de Dios la sangre amada en algún lugar de la memoria de la tierra. Todos estos sacrificios son memorias que aún viven en esta región del espíritu, en estos sombríos paisajes. Sólo los hechizos primordiales de instruidos magos pueden abrirse paso a través del denso olvido. ¡Te doy gracias por tus hechizos! ¡Oh gran tutor! El vértigo no existe cuando estás junto a mí; el abismo de tus misterios, sólo trae revelaciones. Cuando estamos juntos, nada es limitado.

  —¡Apartemos pronto nuestra presencia del altar! Mira como una fuerte corriente envuelve en una esfera de energía todo el sacrificio.  Si nos alcanza podría desvanecerse nuestro hechizo. Es la fuerza de Dios apegada al recuerdo, un recuerdo lleno de furores emocionales en choque. Es una encrucijada violenta de sentimientos; por ende la terrible y eléctrica energía podría romper nuestro centro mágico y catapultarte hasta tu humana visión con trágicas consecuencia. Elevémonos con otro oscuro hechizo, hacia las pardas nubes. Mira como la neblinosa oscuridad había ocultado la luna bajo la atmósfera de nuestra visión.

  —¡Cuán terrible es la fuerza de la remembranza de Dios!  Si no entonabas rápido el hechizo, la integridad de nuestro centro hubiera colapsado. ¡Oh tutor resplandeciente! Que agradable se siente caminar por la bóveda de los cielos, al lado tuyo. Los horrores son sutiles escaleras de ensueños por donde se asciende y desciende hasta todo los confines. He de seguirte en el trayecto de las visiones, hasta que yo mismo algún día pueda esgrimir tu cetro mágico.  Que frío tan mortuorio se siente en estas alturas, la luna ya está un poco más lejos del cenit, posicionándose al oeste con su plateada luz plenilunar nos baña en sus fulgores. Percibo un olor nefando venir de las negras nubes que están cuajadas en el norte; el viento septentrional parece traerlo hasta nosotros,  se hace mucho más gélido el cielo por donde cabalgamos y las negras nubes del norte parecen esconder en su seno un siniestro secreto. ¿Por qué tutor mío tengo el presentimiento de que no volamos solos?  ¡Me ocultaré de los horrores bajo tu mágica capa!

  —¡Tienes razón aprendiz! Esa agudeza de espíritu que tienes, es por la cual logro conectarme a ti. Mientras hablabas pude ver que se esconden en asechanza tras esas nubes, los vampiros carroñeros, seres que son dados a invadir la memoria de la tierra de los sacrificios. Son hábiles surcando cielos misteriosos y penetrando en etéreas regiones del tiempo.

  —¡Creía que sólo los magos y evocadores de símbolos antiguos podrían acceder a estas regiones olvidadas! ¿Acaso son evocadoras de mágicos encantos estas criaturas?

  —No aprendiz, no lo son. Son antiguas entidades que llegaron a mantener su demacrada inmortalidad a través de la sangre coagulada de los rituales desde la antigüedad. Los ritos sanguinolentos que esperaban estas carroñeras criaturas las conectaron con las puertas que dirigían a las regiones etéreas, pues ellas también están vinculadas con la sangre. Desde milenios se ocultan en los sueños humanos, donde ninguna divinidad se ha atrevido a sacarlos. Así han logrado burlarse de las leyes que rigen todos los abismos dimensionales. Ya sabes tú a qué me refiero.

  —Acierto un poco la idea, gran tutor, todo esto será tan misterioso para los hombres y tan común para nosotros. En estos mundos a donde me trasladas, mi humano nombre desaparece, ya así despojado de él, la altura es parte de mí y el temor sólo un temible ropaje con el cual suelo vestirme, para poder aterrar en algunos caminos que conducen a sueños humanos. Entonces tutor, ¿dices que estas criaturas al estar ocultas en las pesadillas humanas, tienen así las puertas abiertas a cualquier oscura dimensión?

  —Claramente pueblan los sueños de la humanidad y bullen dentro, hambrientas, causando terribles pesadillas. A través de los canales que abre el sueño, penetran al espíritu del planeta y así hasta la memoria misma de la tierra, donde todo ritual de sangre ha sido guardado, o donde abundan los crímenes, o más aún en los fluidos menstruales de antiguas damiselas. ¡Ven! Bajemos cerca de estos altares del norte, altares antiguos de piedra. Al lado de los altares hay un convento de antiguas monjas, ya verás aquello que han visto pocos ojos humanos. Pisa los trazos que son visibles de la escalera semiperceptible que mi voz mágica conjuró.

  —Sí, pero pisemos al unísono cada peldaño, así puedo guiar mis pies a donde vallan los tuyos, acuérdate que tú eres el mago y tu visión no cae jamás presa de engaños, ni ilusiones, así que donde tus  pies te guíen, los míos irán. ¡Oh! Que placentera es la sensación de pisar y bajar del cielo a través de una escalera cósmica; son privilegiados mis pies, estos que suelen andar pisando sueños misteriosos a través de tu presencia, ¡Oh mágico patrón! ¿Cómo haces todo tan manejable? Esta es una pregunta que no quiero que me sea respondida, la sorpresa que me traes contigo, hace que hable en demasía mi interior. Ya veo unas entidades harapientas y vestidas de color negro prosternarse ante esos altares de piedra, se agachan a beber los coágulos de esa mal oliente sangre y al sorberla se desprenden gritos de aquella sangre hace tanto sacrificada. Gritos más agónicos que aquellos que acabaron con su existencia física. ¡Oh tutor! ¡Qué horripilantes son estás visiones! Mira como las demacradas entidades revitalizan sus pesadillescas imágenes. ¡Cómo el rojo delirio en sus ojos toma siniestra vida!

  —Sí, el horror renueva su vida y sus huesos milenarios. Posemos ya nuestros pies en la tierra, y ocultémonos detrás de uno de estos altares de piedra cerca del cementerio de las monjas. Ahora mira hacia arriba, ¿ves como dan vuelta en círculos debajo de las negras nubes esas entidades seudohumanas? Son rápidos destellos sombríos que atraviesan el cielo, su ropaje los hace parecer aves gigantescas, terribles aves rapaces que cruzan toda sombra. Su olor es muy putrefacto, la descomposición acompaña su existencia. Todo cementerio y altar se verá amenazado en esta región por dichas entidades. Los altares más sagrados, de dioses que existen todavía en nuestros días, están protegidos por el recuerdo humano, que se entrelaza en sueños con estos recuerdos. Los altares de los dioses que aún viven, están resguardados de los carroñeros del cielo, por lo menos en la memoria de la tierra.

  —Pero tutor, ¿qué son esos pequeños y feos hombres deformes que parecen dirigirse a los carroñeros?

  —Para que los vieras hemos descendido aquí, se llaman Vaginariums,  y son una de las formas de concepción mágicas más horrendas que existen. Se originan de la misma forma que los hongos sobre el estiércol de las reses. El viento se encarga de traer las esporas y germinan entre la sangre putrefacta del ciclo menstrual femenino. Claro, sólo en está región de la memoria de la sangre.  Mira las tumbas de las monjas.

  —¡Oh tutor!  Tienen forma de grandes vaginas sus tumbas, vaginas esculpidas en piedra y tierra. ¡Oh!, brota sangre de sus estrechos orificios. Sus hímenes  aún se ven intactos en esta visión. Les llegó la muerte, y ni ella las logró mancillar; hay gusanos que en vano han esperado desvirgar su femenina decisión de santidad. Veo como el ciclo menstrual que brota por encima de una tumba, corre lentamente hasta caer al suelo. La sangre corroída por el tiempo y las impurezas que expulsa, hacen el aire del lugar denso y fétido. Veo ya las esporas semiluminosas, de naturaleza espectral, caer dentro de la sangre que va corriendo por los suelos. También, logro ver los nacimientos dentro de la tierra y la sangre de estos raros y deformes seres. Al nacer eructan groseramente y vomitan una extraña y luminosa mucosidad ¿Qué es esto?

  —Sé que te asquea un tanto está visión, eso verdecino, muchos antiguos hechiceros lo utilizan como mandrágora. Su uso prolonga ilusiones reveladoras de todo cuanto sea preguntado en el trance, pero no probaremos en este viaje nada de eso, ya tu conciencia está elevada a otras escalas sin el uso de mágicas drogas. Mis conjuros sobrepasan cualquier hechizo de curandero. ¡Mira como la castidad de las monjas lucha con los carroñeros!  ¿Ves como estos bajan del cielo, volando muy cerca de las  tumbas, tratando de posar sus bocas y sus lenguas afiladas en las entrañas de las religiosas? ¡Mira! Su sangre menstrual se convierte en instrumentó de la castidad; mira como disparan largos y afilados chorros de sangre a los ojos de estas horripilantes criaturas, al final se retiran, es muy difícil profanar esta sangre, en la vagina misma. Incluso ves que los Íncubos o Vaginariums, nacen fuera de sus fúnebres úteros, nacen en el suelo. Pero verás que estos Vaginariums son diferentes a otros que aún esperan. Estos nacen con las cabezas calvas y con un algo meditativo dentro de ellos, también son hijos de algunos pensamientos lascivos, pero redimidos, por eso se convierten en armas de la castidad. Ves como se acercan a estás entidades con las cuales se combaten y no permiten que la virginidad mortuoria  sea tocada. Mira como los carroñeros muerden y desprenden las venenosas cabezas de los Vaginariums, al hacerlo no se dan cuenta que están bebiendo un sanguinolento veneno mágico que los hará caer presa del delirio rápidamente, y pronto volarán en círculos en un loco frenesí bajo o dentro de las negras nubes. Un frenesí que durará los días que perdure el periodo menstrual de donde haya nacido el homúnculo devorado. Simula subir la escalera aprendiz, para tomar el cielo y dejar esta estadía, vamos donde está el crimen y la prostitución. Pero no dejaremos que sus efluvios nos manche, por eso te he de envolver en mi hechizo de purificación perpetua. El vínculo del ciclo menstrual es también un vínculo de sangre, y su puente conecta con numerosos abismos esotéricos.

  —Sí tutor, subamos al cielo y pronto envuélveme en el aura pura del centro perpetuo, tanta sangre y olores fétidos, han hecho que de pronto llegaran a mí, emociones que habíamos dejado en mi humana conciencia.  Debo respirar un momento lejos de toda putrefacción. Vamos un poco más encima de las negras nubes, y descansemos un momento, envueltos en la luz pálida de la luna.

  —Ya no muevas tus pies si estás un poco debilitado, la escalara invocada en mi hechizo, nos subirá  en forma automática, quédate tranquilo en unos de sus peldaños, ya empieza la ascensión. Iremos por encima de las negras nubes y huiremos más allá de los carroñeros en donde puedas recuperar tu aliento. Pues todavía nos esperan otras visiones. ¡Qué gélido y azul oscuro está el cielo por encima de las nubes! Pese a la luz del plenilunio, la oscuridad acrecienta la palidez de las estrellas. Las constelaciones son el doble astral de las que ves a través de tu humana conciencia aprendiz. Aquí son capaces de murmurarte otras visiones y desprenderse de sus ejes para danzar en el inmenso cielo, o, para hacernos con cada una de sus estrellas un  cósmico collar que nos llevaría a una suprailuminación. Pero entender las cosas a un nivel pleyadiano, sería  abandonar para siempre tu regreso a donde todo se puede sistematizar.

  —Tutor, sabes que he de seguirte, me ha seducido tu sabiduría, por eso no tengo miedo, tu báculo doblega toda hueste que signifique fatalidad. Ya aquí empiezo a recuperar mi aliento, cerca de las estrellas a las cuales perteneces tutor, tus secretos son secretos pleyadianos. Tu voz es inspiradora cuando sueles hablar de los cielos, no sé cuantos ciclos me esperan para escalar donde estés, pero, cuando tu bajas unos peldaños e invocas mi conciencia hacia unos peldaños más, me hace sentir bien. El odiado vértigo huye cuando tu magia lo ciega. Que bien me ha hecho esta corta quietud por encima de esas negras nubes. Cuando quieras emprendemos nuestras aventuras, esta consagración sagrada a través de la sangre.

  —Sí, acuérdate que nos aguardan misterios, no debemos demorar. Mantente en pie encima del cielo, el hechizo de la escalera desaparecerá. Estamos a grandes leguas al oeste de nuestra anterior visión. Prepárate para la caída.

  —¡Ah! No puedo evitar gritar al caer, es como un clímax inevitable, ¡es una sensación grandiosa la de la caída! Y mucho más cuando se sabe que no se morirá en ella. ¡Rompemos la brisa violentamente! Nos aguarda el suelo. ¿Tienes un as bajo la manga? ¡El miedo ya no está en mí!

  —¡Sujétate a mi capa!, ya a pocos metros del suelo mi magia amortiguará la caída, desviando toda fuerza violenta que llegue hasta nosotros.  ¡Ya ves como quedamos suspendidos antes de la destrucción inminente! Descendamos lentamente. Nuevamente el suelo nos aguarda, un sostén más denso. Caminemos.

  —Es viscosa la tierra que pisamos. Las botas que invocaste cuando pisamos el suelo, se nos han llenado de la pastosa tierra. Pero mis pasos van donde vayan los tuyos, no por mandato tuyo sino por obediencia mía. Algún día, cuando termine de andar estos caminos, encarnaré gracias a tus iniciaciones una lucidez mayor para percibir las cosas. Que raros panteones, esos que se elevan en el sur, tienen formas de fúnebres burdeles, ¡parecen panteones sexuales!

  —Sí, en ellos habita la sangre del mancebo. En ellos quedó sepultada la virginidad masculina, corroída con en el semen y el sudor que alguna vez corrió por las piernas ardientes  de una vampiresa. Lloró sangre la virginidad mientras se desvanecía, y aún peor, muchos no tuvieron remordimiento y salieron alegres de la auto-mutilación. Aquí yacen asesinadas todas las virginidades de los jovencitos.

  —¿Y esas otras tumbas que más que burdeles parecen lápidas? Llevan consigo una estrella de seis puntas ¿Qué es eso?

  —En ellas reside la sangre de los circuncidados. Aquí los pequeños no tuvieron la culpa de su violación, los padres decidieron asesinar por ellos la natural virginidad. Esa es la virginidad más condenada, esa sangre nunca conoció el placer. Por eso ella, al contrario de las otras, sólo parecen fríos y normales cementerios. Eso sí, víctimas sin defensas de los carroñeros que suelen pararse a sorber sin frenar.

  —¡Se abren las puertas de los burdeles! Salen pequeñas jóvenes de una belleza artificial. Aquí el cielo también está lleno de esas espectrales esporas, ¡ya veo! También se gestan en la sangre de los mancebos, nacen dentro y abren las puertas a la vida. ¡Qué rápida se produce aquí la vida! ¿Mediante cual proceso se origina?

  —Aprendiz, el proceso es igual que la gestación en tu plano de conciencia, hay células sexuales, mediante las cuales se produce el hecho, lo único que cambia es la dimensión. Aquí la vida se produce por psicogénesis, pues la naturaleza de las cosas más físicas es de materia psíquica, al igual que la biogénesis de tu plano cognitivo. Este mundo es el archivo de la tierra. Después verás los anticuerpos que se encargan de destruir estás amenazas, que son los Vaginariums, súcubo o cualquier parásito que se haya engendrado de la podredumbre. Estas esporas de vida psíquica, crean gran variedad de formas al contacto con la sangre, formas no sólo parásitas, sino también desparasitantes.  Acerquémonos a las tumbas observemos de cerca.

  —¡Qué imágenes tan obscenas hay aquí al mismo tiempo de las tumbas vaginales! Observo que detrás de la tumba de la virginidad de un mancebo, se elevan encima de un pequeño cerro, tumbas con formas de vaginas desfloradas. Los carroñeros se sacian, lamiendo la sangre desde el muerto clítoris hasta los alrededores de los deformados labios, ¡oye!  ¡Gimen mientras son ultrajadas! parecen disfrutar de la profanación. Los vampiros famélicos clavan sus sucias uñas  en todas sus entrañas, y el disfrute post-mortem parece continuar. Que sensación tan necrófaga pueden producir estás visiones. ¡Oh tutor!  Se acercan a nosotros estás seudomujeres. En sus lascivos ojos brilla el rojo de la lujuria, ¡mira! Sus cuerpos vienen desnudos, mostrándonos sin pudor su pálida figura, sus pechos medianos y rosados, ¡hay más! De grandes y fornidos pechos, otras de pequeños y delicados; pero todas en sus estaturas no parecen variar. Abundan las de pelo negro, seguidas por las pelirrojas. No dejes que mis deseos humanos sean traído a este plano, aleja todo poder libidinoso. Tienen un fuerte poder hipnótico; son raras vampiresas y ejercen sobre mí una poderosa atracción, estoy aguantando, ¡no sucumbiré ante sus hechizos!

  —Pasaré mi mano derecha enfrente de tus ojos y ya sus efluvios no ejercerán atracción sobre ti; verás ahora su verdadero rostro, su real forma. ¡Ves, no son más que súcubos! Creadas a partir de la sangre virginal de los mancebos, cada una llevaba en el hipnotismo que ejercen, la forma que les dio el mancebo; ya sea la creada en su mente, o la fijación con la  real mujer que lo mancilló. ¡Ahora ves realmente! Son también homúnculos, igual que los anteriores que vimos en la tumba de las monjas. Sólo que  a estos los formó el pensamiento masculino junto a la sangre. Se les llaman Falarinias. Suelen ser de fuerte atracción al género masculino, así como los Vaginariums pueden afectar la sexualidad magnética femenina. Dime, ¿Ahora puedes ver su deformidad?

  —¡Qué horripilantes!, sus cuerpos son totalmente desproporcionados, la piel está hecha de materia infecta, se ve como pende su fláccida piel hasta el suelo, no tiene sostén alguno. La viscosidad que desprenden ha vuelto espeso el suelo. ¡Huyamos de está visión!  Son sólo sangre  virginal y semen, en marcha por un fuerte deseo psíquico. Siguen acercándose a nosotros. Siento aún el ímpetu de su mental hechizo, pero no logro ver nada hermoso. Sus encantamientos no pueden, ¡Oh tutor!, con el poder que ejerces sobre toda cosa aquí evocada. ¡Mira! Las esporas se esparcen y llegan a las tumbas del pequeño cerro, preñando la sangre de las damiselas que han sido desfloradas en siglos olvidados. En las tumbas, los Vaginariums nacen del propio útero, parecen abultados en la tumba y después, son paridos por la fúnebre vagina. Emprenden la andanza desde que palpan el suelo. Estas recién nacidas y funestas creaciones, no tienen nada de solemnidad infantil. Sólo son la proyección de deseos y prejuicios podridos de una conciencia ya fallecida. Lucen con pelo alborotado y una fuerte y oscura mirada, se ven desafiantes en extremo.  ¡Qué horrible desnudez llevan consigo!  Un ardor lujurioso los anima y desde el momento de su nacimiento el miembro viril esta erguido hacia el cielo. ¿Qué libidinosos peligros esperan ser descifrados? Estas visiones no vaticinan nada venerable.

  —¡Aguanta aprendiz! Conocerás al pie de la letra la sapiencia de todo lo que está oculto,  y no todo lo oculto es venerable. Pues dentro de tu psique, en tus agradables viñas, también hay sombríos pantanos donde el lodo ha burbujeado por mucho tiempo secretos que no han sido interpretados. Has desoído el llamado de los sapos, el croar de todo  aquello que habías echado a tu vacío, allí donde ha nacido un pantano. Y todo lo que es parte de ti, tarde o temprano reclamará comprensión. Así que no temas ver lo que es la parte oculta de cada quien, en el reino de la memoria de la tierra.  Tú, mejor que nadie, sabes que el mago que comprende todos sus abismos, difícilmente será presa de confusión en las artes mágicas, y evocará y manejará las visiones más abismales sin tropezar dentro de ellas. Acércate al hechizo de purificación perpetua, el efluvio de la lujuria no te tocará.

  —¡Estoy escudado por ti, tutor mío! Sé que a tu lado no me quebraré, estoy preparado para cualquier lúbrica visión. Mi interior empieza a ver. Veo como bajan esas espantosas criaturas desde el cerro que está detrás de las tumbas de los mancebos. ¡Mira como se acercan a las Falarinias! Se tocan prosaicamente el órgano sexual, lo toman en sus manos y lo agitan rápidamente. Pronto, un desfile de pegajosa espuma se adhiere sobre los cuerpos de las seudo mujeres, ellas esparcen todo el fluido por su rostro y su pecho, frotando sobre sus cuerpos aquellas fétidas manos que antes veía delicadas. Las esporas espectrales continúan surcando los vientos misteriosos de la región. Un viento gélido lleva esporas hacia el oeste donde una sacra oscuridad reina, presiento que desde algún sepulcro aflorarán nuevas revelaciones, ¡pero esperare. Oh tutor!  No sé  por qué creo que iremos hasta allá. Sin embargo, aquí la lujuria va en crecimiento, hasta hacerse plenilunar como la luz que envuelve el cielo. Los Vaginariums aúllan con un frenesí lascivo, mientras derraman blasfemias sobre las Falarinias. Éstas se tocan excitadas y luego empiezan los besos de todas las abominaciones. Los homúnculos comienzan a poseerse, las Falarinias gimen y su horror retumba en las paredes de la noche. Todo esto tutor mío, me recuerda viejas historias de aquelarres, sólo que ahora a ningún macho cabrio se le hace culto, y los que están en frenesí no son hechiceros, sino naturales hechicerías. Al penetrar los Vaginariums a las Falarinias, le sujetan fuertemente el cuello hasta parecer ahogarlas; ellas clavan sus viscosas uñas sobre los excitados cuerpos de éstos y ambos empiezan a desgarrase neuróticamente en una violenta y lujuriosa batalla, que termina en un clímax infernal. ¡Mira tutor! La viscosidad de sus pieles al caer al suelo engendra nidos de extraños insectos, pero sólo cuando tienen encuentro carnal. ¡Se dirigen a nosotros! ¡Elevémonos del suelo!

  —¡No temas!  He murmurado en silencio un hechizo, desenvaina la espada que se ha materializado en tu cinto,  la mía ya está erguida en la derecha. Preparémonos para el asesinato.

  —¡Sabes que mi bondad no sería capaz de derramar sangre! Además, no quisiera separarme en batalla del centro perpetuo que me une a ti.

  —¡Estás en esta región a través de la sangre, aprendiz! Llegaste aquí caminando por los canales de tu propia sangre, esa fue la visión evocada. Además, no podrías ejercer la magia si no fueras capaz de desprenderte de algo. He aquí la oportunidad para deshacerte de esa debilidad que no deja expresar tu sadismo: ¡el sadismo santo… está en ti!

  —¿Y el centro perpetuo? Al separarnos en batalla, ¿no colapsaría nuestra unidad?

  —El hechizo de unidad dividida, ha sido evocado desde el principio de nuestro encuentro, al separarnos estaremos unidos por el mismo centro.

  —¡Oh tutor mío! Me hacen sonreír tus misterios, es como que todo lo tuvieras de antemano guardado para mí. Esta es mi oportunidad de poder matar sin morir. Matar visiones con el filo de mi fantástica espada; de sentir el goce interior que proporciona destruir lo vergonzoso. Asesinaré corrupción y me gozaré con el asesinato, por que tú así lo quieres. ¡Estoy preparado! ¡Ya también está erguida mi espada!

  —¡Oh mi aprendiz! Haz flamear tu espada y apúntala hacía el suelo, todo nido de insectos que quiera tocar nuestra integridad, será polvareda antes de llegar a nuestro pies. Yo me adelantaré y decapitaré algunas cuantas cabezas. Estas abominaciones ya empiezan a estorbar nuestro camino hacía el poniente, donde otros enigmas aguardan. Mantengo levantado el hechizo de purificación para que ninguna sangre putrefacta manche tu interior. Después de quemar todos los insectos, ven conmigo a cercenar los cuerpos de estos homúnculos, sé que ya debes sentir hastío de está población.

  —Truenan dentro de mí deseos no humanos de destrucción purificadora. Ya he blandido la espada y no daré marcha atrás. ¡Mira como doy una estocada!  Adorna ahora la punta de mi espada un corazón latiente. Lo he sacado de su pecho de un solo golpe, mientras todavía los gemidos del clímax permanecían en el ser de una Falarinia. ¡Tutor! ¿Qué son esos estruendos que se escuchan llegar del sombrío Oeste?  Suenan como marchas de caballos, como ecos de jinetes fantasmas que están preparados para la guerra.

  —¡Qué sorpresa! Las esporas han germinado en suelo sacro en el poniente,  se  cultivaron en sangre santa. Prepárate de todas formas aprendiz, lo que viene en instantes, es el mecanismo de limpieza del cual te había hablado, del que se sirve el reino de la memoria de la sangre. Su violencia es automática, todo lo que parezca un intruso será víctima de sus espadas. Estos anticuerpos vienen para limpiar toda esta abominación. Son los encargados de mantener todo puro. Mira como escapan los carroñeros hacia el norte, tratando de ocultarse en las nubes que van en dirección noroeste. Tendremos que luchar con los que parecían ser nuestros aliados, aliados inconscientes de la higiene. Estos seres arrasan toda creación a su paso. ¡Aprendiz! Incinera ese corazón con el aliento ardiente de la espada, acabad ya con sus latidos y ocultémonos detrás de una de las tumbas. Verás como arrasan con todos estos homúnculos, aunque matamos casi una decena de ellos aún no era suficiente.

  —Otra vez volvemos a estar cerca, maestro estelar, la sangre coagulada no llegó a tocar mi interior pero ha empañado mis ojos y ensuciado mis manos, no te negaré que he sentido un divino placer al dar una certera estocada, y al ver como hábilmente cortabas al ras más de una cabeza. No me imaginaba que eras tan bueno con la espada como con lo hechizos. Con la agilidad que esgrimes el acero, dudaría que asechanza alguna nos sumergiera.  La derrota es una palabra que no existe donde tú estás, me enorgullece tenerte como compañía, superior eres como una gran estrella que brilla en el negro vacío, expandiendo su luz en la inmensidad, llenando el universo de tu divina palabra mi universo. Mi interior es una eterna sorpresa al lado tuyo.

  —¡Aprendiz! No te absortes, tienes que estar alerta. ¿Quieres que limpies con un hechizo el rojo de la sangre? De todas formas, tendrás que esgrimir tu espada, ¡ves como irrumpen ya los terribles jinetes!  ¡Observa! Que rápido van decapitando a todos los Íncubos y Súcubos; lo que tratan de huir mira como quedan bajo las pisadas de los caballos. ¡Qué imponentes y relucientes se ven!  Los jinetes llevan un límpido rostro, sin ningún rastro de crueldad, bajo el reluciente yelmo plateado. Que suntuosas son las vestimentas que los envuelven. Los corceles poseen terribles cascos dorados y armadura. Es elegante y firme su cabalgar, y es mortal estar a merced de sus pesadas herraduras. Empiezan a sitiar instintivamente los alrededores de estos panteones, mira como han llegado ya al pequeño cerro destruyendo todos los Vaginariums en nacimiento. Los caballos destruyen las imágenes de las tumbas y pronto la sangre deja de fluctuar. El suelo tocado por estos mágicos anticuerpos, es curado por cada pisada de los caballos. Todo rastro de coagulo es borrado y un suave perfume asciende del suelo, ¡puedes olerlo sin temor! ¡Oh retraído aprendiz! ¿Aprendiste cómo actúa lo santo contra lo corrupto? Actúa sin piedad alguna. A la santidad no le pertenece ninguna corrupción y por ende no usa la empatía para ponerse en lugar de ésta; no tiene por que comprenderla porque está más allá. Aunque tú sí debías entenderla para poder dar el pasó más acá, y desde ahora no habrá tolerancia en ti para ninguna podredumbre. ¡Ten cuidado! Mira como se acercan en una meticulosa búsqueda por detrás de nosotros. Tratemos de escabullirnos y huir al oeste, donde nos aguardan los misterios que he de enseñarte. He de invocar un hechizo de invisibilidad, ¡apresurémonos!

  —¡Tutor! ¡Nos alcanzan!  Vienen detrás de nosotros a gran velocidad, nos vieron antes del hechizo. Su naturaleza divina sigue los rastros de nuestra magia.

  —Me he dado cuenta, aunque no querría matarlos tendremos que luchar, ya lo sabíamos desde el principio. Empuña tu espada con fuerza, esta podría ser una batalla agotadora. Tratare de elevarnos un poco para poder robar un caballo al decapitar a un divino inconsciente. ¡Ya vuelve a estar unido nuestro centro! Sólo ayúdame con tu espada para que no nos toquen.

  —¡Oh!  Con que fuerza y que rapidez esgrimen sus espadas hacia nosotros. Pasan por mi cabeza los sonidos ondulantes de sus armas. Pero siento que  te elevas sobre este viscoso suelo, espero el golpe de gracia sobre una de sus santas cabezas, aunque esta vez no disfrutaré la decapitación. El jinete que corre a nuestra derecha, puede ser víctima de nuestras espadas. ¡Sí! ¡Has extendido los brazos misteriosos hasta llegar a su cuello! Lo has degollado. Ahora dos chorros de sangre de sus desprendidas venas bañan nuestras entrañas, el perfume de su santidad ha sido exudado sobre nosotros; nuestra unidad es doblemente purificada. ¡Es una eucaristía inesperada! Un éxtasis sobrecoge  nuestras dos existencias ¿Qué misterio encierra esa sangre?

  —El misterio en un momento será revelado para ti. Ahora ayúdame a mover este cuerpo para tomar el caballo, pues las piernas del caballero sin vida aún están sujetas al corcel. Empujémosle, en el suelo el cuerpo devendrá en perfumes y bendiciones, ¡subamos rápido! Huyamos al oeste, ¡ves que rápidos son estos corceles!          Mira como el majestuoso ejército deja de perseguirnos, la sangre que nos ha empapado, y el caballo son parte de su beatitud. Ahora dirijámonos al oscuro poniente antes que la luna se oculte, pues el regreso a tu humana visión estará en el momento que la luna toque el horizonte, y hay misterios que afloran en sus sepulcros.

  —¡Tutor! Me apenó la decapitación de tal suntuosidad, pero su sangre nos ha salvado de las espadas. Tuve el deseo de conservar el yelmo plateado, una pureza divina se veía depositada en él.

  —¡No deberías! Aunque son creaciones psicogénicas, todo digno caballero debe morir con su esplendor. Su yelmo fue un designio dado sólo a él. Tu designio es manejar con avidez la magia, que es en verdad el más brillante casco que puede llevar un ser consciente. Además, aunque arrancamos su vida, nos regaló su perfumado Ser, que es la mayor de las purezas. Te enseñaré a dónde se dirigieron las esporas que germinaron en dichas creaciones. Cabalguemos por estos caminos, ya atravesamos estos densos bosques; no temas estas voces que gritan en el suelo, las pisaremos con las fuertes patas de este corcel. Son las voces de muertos en duelo. Si pisáramos el suelo con nuestros pies tratarían de hundirnos en su agonía, la agonía de ese tipo de sangre lleva impresa el amargo sabor de una venganza que no se consumará. Cualquier pie débil que ande por estos parajes, se verá atrapado en la memoria ennegrecida de dicha sangre, y será sepultado en su dolor; hasta ser ahogado en las movedizas arenas de un espíritu deshonrado. Hechizaré al corcel aprendiz, un dulce encantamiento de retorno ha caído sobre su faz. Nos llevará sin vacilar al sitio donde ha nacido, ¡mira como nos lleva cabalgando veloz por el sutil aire del poniente! El globo lunar cae pesadamente sobre el horizonte, deslumbrando nuestros ojos con su resplandor plateado. Respira, ¡oh aprendiz!, el ligero aire que nos envuelve. Aquí están guardados los santos misterios. El corcel ha cabalgado más allá de la densidad que nos rodeaba. Ahora todo lo que espera es sagrado. ¡Nos acercamos ya a nuestro destino! ¡Hemos llegado!

  —¡Ah! El caballo ha frenado violentamente, casi nos catapulta hacia esas ruinas del frente. Parecen un monasterio derruido. ¡Los sepulcros del santuario esperan abiertos! ¿Qué secretos exudarán las tumbas desde el silencio?

  —Aprendiz, este es el lugar donde aflorarán las visiones que te han esperado, bajemos del corcel y observa. Mira como el caballo emprende una lenta caminata hacia una de las tumbas que están al frente de nuestros ojos. ¡Mira! Al llegar a una de esas criptas empieza a desvanecerse, y su existencia pasa a ser un exquisito perfume trascendental, ¡respíralo! No deberías desaprovechar esta delicada experiencia. Perfuma tus adentros, donde ya has exorcizado la putrefacción. En el lugar donde se deshizo el caballo, debió haber sido la tumba donde germinaron las esporas que preñaron estos sublimes aires. Aquí te espera una revelación.

  —¡Me sublima el aroma que ronda en el aire! llevaré conmigo su perfume cuando descienda a mi humana conciencia. Igual que las visiones, será  prueba fiel de divinidad. Estos deseos que me evocan son gloriosos, quieren arrebatarme un peldaño más de donde ya me encuentro. ¡Qué sensación tan grata! Pero aún tengo curiosidad de ver dónde y cómo nació el ejército santo. ¡Estas ruinas parecen ser un convento!

  —Sí, lo son. Antaño, se alzó aquí una abadía donde los santos solían auto flagelarse, cada vez que un monje usa el látigo y desangra su espalda, las chispas etéreas de esta sangre pasa al reino de la memoria de la tierra. Este monasterio conmemora ese sacrificio. El látigo  y el cilicio traen aquí la sangre redimida. ¡Mira al interior de las ruinas! Se abre ya un rojo portal. ¡Escucha! Siente los gemidos de la propia sangre. En estos momentos la disciplina de algún monje ha hecho desangrar su cuerpo. ¡Hay más umbrales abiertos!  Rojos portales que traen consigo un rumor sagrado de religión. Esta si que fundó su sentido de salvación a través de la sangre, todos toman la sangre de su salvador. ¡Su conciencia se sublima con la penitencia! ¡Las esporas pueblan la sangre que va pronto acumulándose en los sepulcros! ¡Mira aprendiz! ¡Invoquemos ahora un hechizo de invisibilidad! Y elevémonos unos cuantos metros del paisaje, para deleitarnos con una grandiosa manifestación.

  —Sigo tus pasos, ¡oh tutor! Ahora más que nunca estoy absorto en ti. Me siento deseoso de presenciar el maravilloso espectáculo. Envuélveme en tu hechizo. Oh, ¡qué segadora es la luz que se desprende de los sepulcros! Las esporas han germinado allí. Un perfume espiritual se desprende violento de esta gestación, pero es difícil captar su fragancia. Con la fuerza con el cual es expulsado, no permite su condensación. ¡Mira tutor! Nacen los jinetes con sus yelmos relucientes y de la luz que se desprende de su túnica, nacen sus corceles. ¡Qué mágicas son estás creaciones! Parecen de antemano venir diseñadas del mismo espíritu de la sangre, pues no necesitan estados evolutivos para ser majestuosas.

  —¡Aprendiz, así es! Mira como todos se reúnen y en poco momento emprenden la salida. ¡La matanza de lo impuro espera! Escaparán a la densidad para hacer respirable el aire.

  —¡Tutor! No hay aquí de los carroñeros.

  —¡No! Los siglos le han enseñado que hay sangre con la que no se juega. En cuanto a nosotros debemos partir ya de esta visión, aún te aguarda aquella por la que en verdad estás aquí.  Ya casi la luna se pone por el horizonte, es ella tu reloj de arena, se agota el tiempo de tus revelaciones. Elevémonos un poco más, volemos sobre el monasterio, detrás de estas ruinas, en el cruce de caminos que está al suroeste. Allí hay una catedral sombría. Quedan en pie sobre sus ruinas legendarias estatuas de mármol y yeso, imágenes que derraman sangre de sus ojos. Te he traído hasta aquí para que seas participe en silencio de un libro único que se escribirá con sangre. Unos antiguos hechiceros pisarán sus sacras ruinas para sacar ventaja de sus efluvios. Debemos permanecer en la invisibilidad. He entonado un mantram en silencio, para borrar el rastro de la magia que pueda fluir de nosotros. Sólo observaremos en discreción está macabra operación.

  —¡Pero tutor! Habías dicho que en estos aires ya no habría podredumbre, Entonces, ¿por qué está la profanación en esta visión que hemos aguardado?  ¿Por qué se siente un eco de de peligro inminente?

  —¡Hijo! En verdad la podredumbre ha huido, ha quedado atrás, lo que hay aquí es la habilidad, el instinto de tomar ventaja de cosas arcanas. También en éstos hechiceros, hay algún nivel de pureza. Lo único que te molesta es que son transgresores, pero de alguna forma, tú también lo eres, y la imagen que me prestas cuando me invocas, me hace serlo a mí. Todo mago de una u otra forma lo es. ¡Llegamos! Bajemos y escondámonos detrás de una columna. Mira como están reunidos en medio del círculo los cuatro hechiceros. El círculo está hecho de vivísima sangre. Es una formación goetica, la energía que hoy se manifestará será del reino subterráneo. ¡Sé que un demonio erudito dictará ese libro!

  —¿Qué tipo de libro será? ¡Oh tutor! Me asalta una extraña emoción.

  —El libro aprendiz, será una especie de grimorio. Las técnicas que usarán serán para impregnar de vida cada símbolo y cada letra. ¡Ya verás! Trata de no hacer mucho ruido. Mira el cielo del norte, la sombra de una buena estrella reina en está noche, esa estrella que irradia su lado oscuro, es la del genio Sedafkiel. ¡Una terrible antitesis será invocada desde las sombras!  Haremos nulo nuestro rastro; nuestras palabras deberían ser débiles susurros que se confundan con la brisa. Debemos cuidar tu integridad. ¡Mira! Un camino de sangre sale del círculo hacia el punto norte. Enfrente de ese camino y a los lados han posicionado las estatuas de mármol y yeso. ¡Ves! En sus rostros se percibe el vestigio de antiguas lágrimas de sangre. ¿Oye los cantos que entonan los hechiceros? Son cánticos robados de viejos repertorios religiosos. Lo usan con la sola finalidad, de conmover la vida seráfica que en las figuras habita. Sus trabajadas voces lograrán confundirlas con una devoción falsa.

  —¡Tutor! Empieza el llanto religioso, ¡las vírgenes se han conmovido primero! Las lágrimas se deslizan por debajo de sus párpados. Ahora, gracias al llanto de las vírgenes se han conmovido los santos y también lloran. ¡A qué llave mágica tan práctica pudieron acceder estos hechiceros! Se ve que son doctos encantadores experimentados, son infalibles sus artes. ¿Quiénes son  tutor?

  —Son hombres cuyas vidas están consagrada a los secretos. Tres de ellos toda la vida, y uno de ellos, en intervalos, hasta que decidió después de sus cincuenta años dedicarse totalmente a los designios para los que había nacido. Este último fue el más terrenal, sus andanzas e idilios lo alejaban de cuando en vez  de sus libros misteriosos, pero lo llevaron a la poesía y a la música, por ende al corazón abierto de otras personas y a los secretos que guarda el furor femenino. Sus encantamientos se hicieron fuertes para todo lo que dependa de emociones. Seguramente, él robó los cantos sacros y enseñó a los demás a interpretarlos. ¡Ya ves como tocó las teclas emocionales que dieron a las imágenes ganas de llorar! Dos de ellos son eunucos. Decidieron en su adolescencia extirpar el órgano de sus deseos, para que no estorbara en su elevación. Esta decisión le dio una rara fortaleza, que trasciende cualquier virilidad. La energía de estos eunucos, es extremadamente terrible. El cuarto hechicero, estuvo muy dedicado a su búsqueda interior y el ascetismo. Alcanzó un nivel de videncia único. ¡Ya ves aprendiz!  De estos cuatro, lo único que se puede esperar es maravilla. Este grimorio que será dictado, guardará más de un  secreto cósmico. El infierno temblará ante sus portales.

  —¡Mira! La sangre que se desliza por el  cuerpo de las imágenes, gotea en el camino que lleva al círculo y corre lentamente hasta acumularse en el principio del círculo, en un místico recipiente que esta hundido en el suelo. ¡Se preparan con unas amarillentas páginas en sus manos encorvadas! Creo que empezarán su hechizo de invocación.

  —¡Se discreto aprendiz! No rompas el susurro, son hábiles estos hechiceros. Doy crédito a sus magias. No soportaría que pudieran descubrirnos. Hagamos más tenue nuestra existencia como si fuéramos parte de los rayos lunares que bajan por el horizonte. ¡Ya empieza la evocación!

  —¡Qué sonoros son tutor esos mantrams!  ¡Retumba toda la tierra! Un denso humo se apodera del recinto en ruinas. Que negruzca es su existencia, ¡oh! Se va condensando poco a poco en el punto norte. Delante de las esculturas y el camino de sangre, se ve una oscura figura. Una silueta semihumana, que no posa los pies en el suelo. Los ojos son extrañamente púrpuras, y parecen llamas de antorchas dentro de un rostro de tinieblas… ¡Qué energía desprende!

  —¡Lo sabía! Es el demonio Aunttkum, la terrible antítesis de Sedafkiel. Es un demonio de erudición y comprendedor de cosas arcanas; cosas lejanas y cosas que incumben a los principios cósmicos. ¡No nos movamos! Mi hechizo pleyadiano no será detectado por él.  Los hechiceros ya capturaron la voluntad del demonio con el poder de sus cuatro llaves. Mira como él, postrado, accederá a legarle el libro. Empezará el dictado.

  —¡Qué cavernosa es su voz! Truenan sus palabras, lo siento poseedor de una sabiduría que está condenado a llevar.  El peso de ese conocimiento invertido, lo ha transformado en un abismo viviente. Uno de los ávidos magos sostiene abierto el libro en blanco en sus manos. Los pergaminos esperan la pluma mágica para imprimir esa sabiduría. Las imágenes pararon sus flujos lacrimales, pero ya el recipiente está lleno de su santa sangre. ¡Mira guía! Uno de ellos se agacha a tomar la sanguinolenta tinta con esa larga pluma escarlata. Mientras dos mantienen en alto los talismanes Dominatur apuntando hacía a Aunttkum. Rápidamente escribe los secretos que son proferidos por el negro trueno en el libro en blanco que sostiene el otro hechicero. ¡Qué dominantes son sus artes mágicas!

  —¡Sí, estos transgresores espirituales son bastante fuertes! Mira como ninguno pierde la compostura.  Sus mentes tienen una unidad concentrada, todos llevan una sincronía espiritual perfecta. Nuestro objetivo ahora es ser mucho más listos, evocaré un etéreo espejo en un rayo de luna.

  —¿Cómo harás eso? Si ellos son tan fuertes y concentrados, podrían descubrir nuestros encantamientos. Y, ¿para qué el espejo?

  —¡Robaremos las enseñanzas que se impriman! Por encima del libro y los hechiceros, los rayos de luna atraviesan toda la estadía, ellos no sospecharán nada de la natural luz, no alteraremos nada, aunque el oscuro abismo de Aunttkum va oscurecido el panorama. Podremos ver todo lo que en el libro se ha impreso. Además, la concentración de dos de los hechiceros está dirigida al demonio para poder dominarlo; uno en el libro y otro en la escritura, ¿sabes de cual tenemos que tener cuidado?

  —¡Sí, tutor! del que sostiene el libro. Él está vigilante de todo lo que se está escribiendo, su mente estará mucho más relajada.

  —¡Estás despierto!, ya he cantado el hechizo, mientras meticulosamente, vi como quedaba fascinado el mago observando algo que quedaba impreso en el libro. Lo tomé por sorpresa. Después tendremos todo grabado cuando regresemos el espejo a nosotros. ¡El espejo ha empezado a copiar los secretos! ¡Oh aprendiz! Será también tuya esta sabiduría. ¡Mira cuán rápido  se empieza a escribir!

  —¡Oh gran guía! La voz del abismo es como un denso trueno que se expande, sus palabras se han vuelto violentamente rápidas; me resultan ininteligibles sus estrépitos. Parece que trata de que sus mensajes pasen inadvertidos, como cuidando un ancestral secreto. Pero el mago escribiente parece estar de alguna manera conectado a la oscuridad de Aunttkum, captura cada una de sus palabras desde su mismo corazón. Los fulgures púrpuras del demonio arden misteriosos con una silenciosa furia. Sus ojos parecen dos fuegos fatuos, a través de los cuales mira un negro y humoso abismo. ¡Con qué extrema rapidez se está escribiendo este libro!  ¡Los dos hechiceros de las llaves se mantienen firmes, con sus llaves erguidas hacia el demonio!  ¡Qué fuerza de dominación ejercen! Mantienen sometida la voluntad de Aunttkum. Este hechizo de doble fuerza es una pesada carga de la cual el demonio se mantiene presa.

  —¡Sí aprendiz! Son temibles estos eunucos. Su fortaleza espiritual es de la más viril jamás vista. Cualquier poder se doblegaría ante ella. Es difícil que den sus brazos a torcer.

  —El libro está concluyendo esplendido tutor, una siniestra sonrisa parece dibujarse en los silenciosos rostros sin expresión de los hechiceros. El olor de la viva sangre del círculo aflora con la brisa hacia nuestras narices. ¿Qué vínculo con la sangre tiene Aunttkum?

  —¡Aprendiz! Tú ya lo sabes, en las artes goeticas, así como en las teúrgicas, la sangre es el vehículo que da materialización a los espíritus. Al final, verás la recompensa que se le dará a esté arcano demonio. Sabes que es claro que tiene un vínculo con la  sangre.

  —Se hace fuerte el olor a sangre, mientras concluyen los estrépitos que salen de las nubes interiores de Aunttkum. El libro parece concluir ya, las manos del mago escribiente están un  poco exhaustas. Sus dedos están bañados de sangre; sangre que sube un poco por encima de sus muñecas. Su filosa pluma se ha humedecido con ella. El libro fue escrito ya. De Haemolacria  son todos sus caracteres; las seráficas divinidades lo han estampado con el llanto de los cielos. La santidad tutor se ha desangrado aquí… ¡Qué profanación tan sutil!

  —¡Es maravilloso ávido aprendiz!  Es esta la visión por la que te he traído a la sangre, y he hecho que aguardaras. El conocimiento que en este grimorio se ha vertido, te pertenece también. ¡Mira cómo el demonio será despedido!  Aunque los eunucos mantienen erguida su fuerza, ya los cuatro hechiceros están mucho más relajados. ¡El esotérico clímax ha concluido! Mira como el hechicero que hasta ahora sostiene el libro, recompensa la oscura caridad de Aunttkum, echando una perfumada burbuja de sangre en sus oscuras fauces. El demonio se estremece; las purpúreas llamas de sus ojos cambian su antigua furia recelosa, por un fuego complacido, similares a ojos que disfrutan de lo que más le gusta comer. Al devorar esta recompensa, se siente que no le importa ahora haber dado tan velados secretos. Manipularon su complacencia y ahora lo despedirán en paz, con uno de los conjuros que él mismo ha entregado.

  —¡Qué hábiles son! Se habían percatado de todo misteriosamente y se llevarán el libro sin consecuencias nefastas. ¡Oh! ¡Ha visto mi interior todo un oleaje de visiones!  Gran tutor, a tu lado cualquier hechizo es posible. Guardas para mí todo un océano de misterios. En los caminos que pisas cualquier secreto tiembla ante su inminente revelación. Después del conjuro, la silueta semihumana se disipa en un negrusco humo que vuela a los cuatro vientos ¡Oh esplendido guía! Parece penetrar a la oscuridad misma del universo. Vuelve dicha entidad a la oscuridad primordial, donde habita el principio y el final de toda cosa. Pero ya muchos de sus secretos reposan en este grimorio.

  —Es así, perspicaz aprendiz. Aunque sabemos que los secretos que el libro guarda, no serán de entendimiento a todo el mundo. Los celos de estos cuatro hechiceros, no permitirían que otro hombre posea los conocimientos que han logrado obtener con su astucia. ¡Observa cómo se sienten ya fuera de peligro! Se sientan todos ahora alrededor del círculo para ojear el libro todavía humedecido por el rojo delirio. Una tenue lámpara es encendida, ¡se siente una siniestra complicidad! Crece una oscura sonrisa en el interior de los cuatro al saberse poseedores de sabiduría mayor. ¡Oh aprendiz! Tú eres también poseedor de ese libro. Mi hechizo lo ha copiado y está ya preparado para tu conciencia. ¡Uno de los magos va borrando el círculo de sangre! Invocaré el libro en un silencioso susurro, mientras los magos están absortos en sus ensangrentados pergaminos.

  —¡Tutor! Los hechiceros han descubierto sus cabezas, sus oscuras capuchas descansan sobre sus espaldas. Se entiende ahora que ya su trabajo ha terminado. ¡Mira tutor! Como una extraña inquietud se ve emerger del corazón del que ha portado el libro en sus manos. ¡Es el vidente! Su mirada ahora se ha dirigido al cielo, parece habernos descubierto. Les habla a los otros tres, dice: «¡Fraternos, ha sido robado nuestro conocimiento! Alguien nos ha estado espiando. Nuestra poderosa magia ha sido burlada».

  —¡Aprendiz debemos escapar de esta visión! Está en juego tu integridad. Debes regresar ya a tu conciencia humana; el tiempo se está agotando. ¡Mira! La luna ha tocado el horizonte y se esconde. ¡Entra en el túnel interior que he evocado! Préstame la parte infantil de tu imaginación, debemos escabullirnos por tus sueños.

  —¡Oh profundo guía! Toma la parte infantil de mi imaginación, es tuya también, pero siento que arde en el corazón de los hechiceros un fuego peligroso. ¿Qué raro hechizo vendrá hacia nosotros? ¡Han proferido una maldición!  ¡Me siento inmóvil!  ¡Han visto, oh tutor, en mi interior! Hicieron nacer la extraña inmovilidad de mis pesadillas infantiles. ¡Qué saturniano hechizo ha caído sobre mi osadía! Libérame guía de este sopor que antaño se ceñía sobre mí, de esa sombra silente que murmura consejos malsanos y paraliza. ¡Ay! Han visto e invocado mis miedos. Mi voz ahora es sólo un deseo que puedes escuchar en la densa niebla de mi desesperación.

  —¡Estoy en ti aprendiz! Tengo la parte infantil de tu imaginación descansando en mi mano derecha, en forma de una llameante espada. Sé que sólo con ella, se disipara ese hechizo que ha caído sobre ti. ¡Ves! Voy cortando con fuerza esos hilos que antaño te hacían inmóvil, vas ya recuperando tu voz y reavivando tus fuerzas, abrázate a mí. Envuélvete en la valentía de tus sueños más lucidos. ¡Ves cómo tu imaginación infantil se envuelve en ti como una celestial serpiente! Una azul armadura ha hecho aparición en nuestro exterior como defensa a los hechizos. Ahora emprendamos por este túnel interior nuestro camino hacia el suroeste. Tu imaginación de ensimismado niño va tejiendo el camino. Sigámosla veloz por el túnel interior, los hechiceros parecen habernos perdido el rastro, auque su magia golpea ciega alrededor de la parte exterior del túnel.

  —¡Oh tutor mío!  Con que rapidez los has burlado, has salvado mi integridad que estuvo a punto de sumirse en las sombras de su conocimiento. Fue leído parcialmente mi interior. Pero la parte sagrada fue tomada en tus manos enaltecidas, ¡qué hábil eres! El vértigo no existe cuando estoy a tu lado, los misterios que encierras preceden los siglos y tu voz es portadora de los misterios del cielo. Guardaré conmigo los perfumes y las visiones que han emergido cuando sigo tu marcha ¡Estoy a salvo!, una alegría gris atraviesa mis horizontes, pero aún me asalta una pregunta… ¿Hemos conservado el libro?

  —¡Somos portadores de su conocimiento! Lo he ocultado mucho antes de que se percataran de nuestra asechanza, lo que el vidente vio fue el reflejo muerto del encantamiento, ¡oye! Todavía su magia golpea el túnel. La luz gris de tu imaginación va trazando nuestro andar, y ya ha abierto un portal en el poniente por donde saldremos. ¡La mitad de la luna se ha hundido en el horizonte!  El tiempo se agota para ti en tu exaltada conciencia. ¡Es hora de partir!

  —¡Oh! ¡Qué tranquilo es el aire aquí! ¡Qué extraña nostalgia empiezo a sentir en la plena aurora de nuestra despedida! Ya se desvaneció el místico túnel. ¡Tutor! ¿Qué es este extraño río de sangre que sale desde el oriente oscuro?

  —¡Esa es la sangre de los sacrificios! Viene desde el altar mayor hasta donde la luna se oculta. Es aprendiz por esa sangre por la cual debes partir; tus pasos se sostendrán en ella hasta el regreso. ¡Observa el portal que se abre en medio de la luna semioculta!  La sangre conduce hasta a ti.

  —¡Qué estremecedora visión! Veo detrás de ese portal, un brazo decaído, su palma entrecerrada toca el suelo, y hace adivinar unos dedos ensangrentados. Una herida por encima de su muñeca, los ha teñido de sangre. La herida al parecer está hecha por un delgado y filoso objeto. ¡Las venas están desangrando sobre el suelo! ¡Están cortadas! Toda esta sangre sale desde el poniente hacia el oriente o viceversa, ¡qué importa! ¡Qué dulce espanto siento fluir de mis adentros! ¿Qué es esto?

  —¡Hijo, esa fue la forma Caínica por la cual penetraste a estos dominios! Te había advertido que fue a través de la visión de tu propia sangre, por la que has recibido las visiones. ¡Te inmolaste por revelaciones! Fuiste transgresor de tu propia vida y tu osadía ha sido premiada. ¡Ahora vete pronto! No mires atrás al caminar por las huellas de tu propia sangre. Ya en el medio del cielo espera mi estrella. Ves como se agiganta mientras me desvanezco, su luz se expande y el centro perpetuo se fragmenta dentro de cada uno. ¡Tu humana conciencia espera ya! Deja que mi voz te guíe a través de tu sorpresa, ¡no temas nada ahora! Aunque en estos últimos instantes soy amorfo, mi presencia va contigo insuflada desde la estrella que se expande. ¡Ya estás entrando al interior de la luna! ¡Camina hacia tus propias venas!

  —¡Oh tutor! Siento que te vas mientras voy perdiendo éxtasis. ¡Oigo tu voz cada vez más débil y no tengo deseos de separarme de ti! ¡Habla para mí! ¡Canta nuevos mantrams! ¡Háblame de encantamientos!  ¿Estás aún conmigo?

  —¡Oh aprendiz! Debes volver ya, los encantamientos están conmigo, el libro también, y de alguna forma, también están en tu corazón. ¡Te he saturado de visiones! ¡Visiones que deberás vomitar!  ¡Regresa! Ve por las líneas de sangre que marcan la invención de un suicidio no consumado. Has superado los abismos que emergieron de tu interior. Con los temores se ha escrito un grimorio particular. Muy pronto te será dado el nombre mágico. Me marcho, te despido en paz, ya mi presencia junto a ti se desvanece… ¡Has superado un abismo!

  Fueron esas las palabras de mi misterioso tutor; el que toma cuerpo y voz de la parte más elevada de mi Ser. Una vez más ha proferido otro conjuro que ha arrebatado mi humana conciencia a escalas etéreas. Cada vez que estoy junto a él, el vértigo desaparece, hace que lo humano en mí no exista otra vez y lo desintegra en el sutil hechizo que evoca. Es mago por excelencia, no hay abismo que destruya su coraza, ni siquiera aquel que él mismo ha creado.

 –

FIN.

Anuncios

Un comentario en “TETRAMENTIS / La Sangre – Por Morgan Vicconius Zariah

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s