INTROVISION / La Vida Privada de una Alucinación

Ella ha estado junto a mí, o más bien dentro de mí, desde que dejé de confiar en la razón. Respondió a mi grito de auxilio proferido por el momento más desesperado de mi vida, viniendo a mi rescate como todo ángel lo hace: envuelto en la gloria dorada de la luz divina, una luz que se descomponía en el prisma de mi mente en un espectro de alucinantes y coloridas visiones; portando una espada flamígera con la potestad de cercenar la realidad opresora de mis sentidos; y dotado de dos alas en las que cada una de sus plumas era un año luz en estado de reposo… Con ellas estaba destinada a volar mi imaginación. Le pregunté su nombre y, por alguna razón que no he podido desentrañar, me contestó que era el Ángel de la Alucinación.

  Pero digamos que a través de los años ha terminado siendo sólo una alucinación, demasiado consciente de la realidad que distorsiona como para molestarse en seguir siendo un ángel. Y es que muy pronto descubrió que sus alas angélicas eran innecesarias con los cohetes propulsores representados en cada una de las escenas de la realidad; en cada una de sus experiencias. Con el tiempo, a cada una de esas escenas, y a cada una de esas experiencias, les fue suprimida su individualidad a través de una estrategia magistral de mi alucinación, que borró cualquier línea divisoria entre la existencia de una y otra, y del orden secuencial de las mismas, convirtiéndolas en un todo alucinante en la que cada una de sus partes era una porción lógica y objetiva sin ninguna razón de ser… A no ser la de ser unidades en el engranaje de una gran alucinación.

  Irónicamente, a pesar de todo el tiempo que lleva mi alucinación anidando en mi interior, es muy poco lo que sé de ella, fuera de lo que puedo deducir de sus manifestaciones como alucinación en sí. Pues si bien ella, como todo organismo viral, depende de mi realidad para subsistir, ciertamente posee una vida de su propiedad, la cual vive simultáneamente a su función como alucinación de mi realidad. Pero de tal vida, yo no sé nada. Al parecer mi alucinación es muy reservada con su vida privada como para querer compartirla conmigo. ¿O será que la realidad de su vida privada es tan opresiva que ella ha tenido que alucinar conmigo, en la misma manera en que yo tengo que alucinar con ella para soportar el universo que mis sentidos construyen para mí? ¿Soy yo su alucinación? En ese caso, ¿cuál será mi vida privada? Y es que por todo lo que sé de la realidad que he creído ser… nunca he sido un ángel. Entonces, ¿cómo me le aparecí a la realidad de mi alucinación? ¿Como un…

  Claro… Como un demonio. Pero no te sientas mal por ello Hermano Fanático, que seguramente es uno de ustedes el que se ha molestado en elaborar ese cuestionamiento existencial —inútil por lo demás—, cuya finalidad es descubrir su verdadero lugar en la dualidad Realidad/Alucinación. No olviden que al igual que la dualidad Luz/Oscuridad, no es una cuestión de ubicación sino de interrelación. De lo que se trata es de fluir en una eterna dialéctica. Aunque claro, como ciudadanos de Zothique The Last Continent, nuestra inclinación es dialogar e interactuar… pero desde el lado de la oscuridad… desde el lado de la alucinación… ¿O debo decir?… Imaginación. ¿Muy enrevesado? Ciertamente, no para los miembros de este Blogzine de las cosas que no son pero que deberían ser. Sino lo creen… he aquí la edición de esta semana.

  Saltamos directamente a la magistral alucinación de nuestra sección Runes Sanguinis, en la página del miércoles, con el fin de experimentar la maravillosa realidad que se oculta tras de ella. En esta edición publicamos un artículo titulado: «Gigantes en la Tierra», de los investigadores Mark A. Hall y Loren Coleman. ¿Caminaron y caminan aún entre nosotros los descendientes de Goliat, perdón… Del Gigantopithecus?

  Nos despedimos de un Ser que no tiene problemas en asimilar simultáneamente su realidad y su alucinación. Por supuesto que se trata de nuestro sumo sacerdote, Markus E. Goth, editor y director de este Templo Virtual. En cada una de sus ediciones se dan la mano todos los opuestos, sin necesidad de que oculten su vida privada. Sí, todos alucinamos a las mil maravillas aquí en Zothique. A las mil maravillas, porque… El horizonte de los murciélagos es más lejano que el de las águilas.

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  Odilius Vlak

 Jefe de Redacción

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