Usher Desvelado: Poe y la Metafísica del Gnosticismo / Por Barton Levi St. Armand

  Desde hace tiempo ha sido una paradoja de la crítica el que Edgar Allan Poe sea considerado estar fuera del canon oficial de la literatura americana, mientras él es conocido internacionalmente por ser el autor de la historia corta más famosa de la tradición: «La Caída de la Casa Usher». La acusación más dañina en contra de Poe es seguramente la de que él no posee metafísica, mientras sus contemporáneos —Hawthorne, Melville y Emerson— se consideran poseer alguna estructura en su trabajo que es a la vez intelectual así como puramente estética en su naturaleza. T. S. Eliot le puso la nota más pesada a esta acusación en su bien conocido ensayo «De Poe a Valery», en el cual él declara:

  «Poe es en verdad una piedra de tropiezo para el juicio crítico. Si examinamos su trabajo en detalle, parece que sólo encontramos una escritura chapucera, un pensamiento pueril carente del soporte de un buen cúmulo de lectura y erudición, experimentos al azar con varios tipos de escrituras, sin perfección en ningún detalle. Esto no sería exacto. Pero, si en vez de considerar su trabajo analíticamente, tomamos un punto de vista distante del mismo como un todo, contemplamos una masa de un diseño único y tamaño impresionante a la cual el ojo retorna constantemente.»

  No podemos negar que el trabajo de Poe es «experimentar». Pero esto no lo condena a lo pueril, a lo circunstancial y a lo superficial. En verdad, cuando su trabajo es examinado de cerca, descubrimos en Poe una increíblemente detalla y, debo afirmar, profunda metafísica. El juicio de Eliot es el de un cristiano creyente y bastante ortodoxo. Pero la metafísica de Poe deriva precisamente de esas doctrinas muy heterodoxas e incluso heréticas que eran comunes en el comienzo del mismo cristianismo, y posteriormente erradicadas o condenadas a la clandestinidad por las acciones de concilios de la iglesia tan dogmáticos como el de Nicea. Fue desde el árbol filosófico de imágenes peculiares y especulaciones místicas que floreció en Alejandría en el Egipto del primer y segundo siglo D. C., que Poe extrajo mucha de su propia imaginería. En particular, él bebió de esa escuela de pensamiento heterogénea conocida hoy como «Hermética».

  Una lectura del reciente estudio de Hans Jonas sobre el trasfondo de esta escuela, «La Religión Gnóstica», le sugiere poderosamente a los especialistas en Poe, los rasgos generales de su metafísica. Esta metafísica, como la de los gnósticos, con los cuales él estaba de hecho familiarizado, es básicamente una de un dualismo radical que considera al alma atrapada en la prisión-hogar material del mundo, siendo el escape posible sólo a través de un supremo acto de conocimiento o gnosis, de la clase del que Poe nos detalla a fondo en su último trabajo, Eureka. Incluso el lenguaje simbólico de los términos gnósticos, los cuales Jonas aísla para nosotros [la Mezcla— Alienígena, la Dispersión, el Uno, las Muchas—Caídas, Hundimiento, y la Captura—Desdicha, Espanto, y la Nostalgia—Entumecimiento, Sueño, Intoxicación], pueden ser aplicados directamente, y casi mecánicamente a las imágenes similares en los poemas y cuentos de Poe. El Dios de Poe, como el de Valentinus y Marción, era el Dios del Abismo, así como su mundo era el mundo caído y constreñido de ellos donde: «Nuestras flores son simplemente flores». El hecho de que en Alejandría había dos escuelas enfrentadas de pensamiento místico [junto con el viejo sistema clásico de los Estoicos], y que estos sistemas eran neo-platónicos por un lado, y gnósticos por el otro, también dice mucho sobre la peculiar antipatía metafísica entre Emerson y Poe, la cual es casi una reencarnación de ese antiguo debate a mitad del siglo XIX en América.

  Emerson y Poe han sido vistos como imágenes reflejadas del uno al otro, con Poe conscientemente de alguna manera distorsionado en el oscuro cristal de su imaginación «gótica». De esa manera habla Richard Wilbur de la «destructiva trascendencia» de Poe, al tiempo que reconstruye el «mito cósmico» de Poe en términos que son esencialmente neo-platónicos. Hyatt Waggoner declara que Poe «intentando afirmar la realidad del Ideal trascendente… hace del Trascendentalismo una doctrina de desesperación y negación». Pero Wilbur y Waggorner, al igual que Eliot, abordan a Poe desde un ángulo ortodoxo sin sospechar que su supuesta «negación y desesperación», es sólo un fragmento de una metafísica mucho más profunda: la metafísica del gnosticismo. Poe y Emerson resultan tan asombrosamente similares y diferentes al mismo tiempo porque Emerson se inspiró en neo-platónicos como Plotino. Plotino en su propio tiempo fue famoso por tratados escritos en contra de la «peligrosa», «insidiosa» y «blasfema» enseñanza de esos mismos gnósticos cuyo herético pensamiento es paralelo exactamente al de Poe.

  Además, las dos escuelas compartían un concepto similar de la estructura del universo, de manera que es bastante fácil confundir sus doctrinas si uno no posee una conciencia exacta de las diferentes aproximaciones que ellos toman hacia su cosmología. Donde el Neo-Platonismo buscó elevar el alma a través de la contemplación del orden monista del cosmos y a través de una afirmación positiva de la armonía esencial entre el hombre y la naturaleza [un proceso que Emerson detalla mejor en ensayos como «Naturaleza» y «los Ciclos»], los gnósticos no vieron nada excepto tiranía y restricción en la «Ley Natural» y en la «Música de las Esferas». Más que la expansión del Ser y su gentil empuje hacia adelante y hacia arriba a través de las siete esferas concéntricas de la experiencia, los gnósticos buscaron la liberación del alma, violentamente, si fuera necesario, de su encarcelación por parte de los Arcontes [los siete viejos dioses planetarios de la mitología clásica] en la prisión de la materia. Los gnósticos buscaron aplastar las siete esferas planetarias [basada en la cosmología geo-céntrica de Ptolomeo] con un solo acto intelectual, que liberaría el alma de sus ataduras a las coordenadas del espacio y el tiempo [lo último representado por Saturno, o el Cronos devorador], y ellos buscaban enviar el alma ultrajada hacia su última unión con el dios oculto o el Eón, el Theos Agnostos. Este acto de gnosis era al mismo tiempo Génesis y Apocalipsis, «un universo novedoso expandiéndose hacia la existencia, y luego retrotrayéndose hacia la nada en cada latido del Corazón Divino», como Poe lo plantea en Eureka, donde él definió al dios gnóstico como «La Absoluta Unidad».

  Una de las más importantes y duraderas escuelas gnósticas fue el Hermetismo, o la filosofía de la Alquimia, la cual centra sus esfuerzos en la transmutación de los metales base en oro a través de la generación de la llamada Piedra Filosofal, que se volvió una representación del símbolo del acto gnóstico en sí mismo. La Alquimia fue un medio de liberar el espíritu primario atrapado en las capas de la materialidad, como era también un medio de liberar el alma inmortal humana de su viaje forzado en los confines del cuerpo carnal. La escuela tomó su nombre del Corpus Hermeticum, una colección de libros y tratados adjudicados al legendario sabio llamado Hermes Trimegisto. La figura de Hermes deriva directamente del dios egipcio, Toth, sanador y escriba del dios del sol Osiris, quien, al igual que el antiguo Faraón del Egipto Dinástico, era «Tres veces Grande», ya que combinaba los poderes del rey, del juez y del hacedor de leyes al mismo tiempo.

  Los griegos identificaron al Toth egipcio con su dios de las travesuras, Hermes, mientras que los romanos fundieron ambas deidades bajo la rúbrica de Mercurious o Mercurio, el mensajero de los dioses y guía de las almas en el mundo inferior, de manera que Hermes Trimegisto se convirtió a través del proceso de la transposición, en semidiós alquímico de la guía, la revelación y el conocimiento oculto todo en uno. Posteriormente, el canon hermético incluiría cientos de trabajos adscritos a su nombre, pues al principio Hermes fue considerado ser una figura real, así como un supremo hierofante al igual que Platón y Pitágoras antes que él. Sin embargo, sólo unos pocos tomos herméticos están considerados ser de una antigüedad y autoridad genuina, y son estos los que componen el Corpus Hermeticum, una colección de quince tratados fechados en el segundo y tercer siglo D. C. Entre estos documentos está la «Divina Pymander» y la llamada «Tabla de Esmeralda», los cuales estaban entre los misceláneos textos ocultos, entregados no sólo a Poe, sino a Románticos anteriores como Blake, cuya propia metafísica es muy semejante a la de Poe, y una vez más a causa de su común fuente gnóstica.

  Emerson consideró la posibilidad de tomar él mismo esta dirección oculta, pues en su segundo ensayo «Sobre la Belleza», escribe:

  «La astrología nos interesa porque une al hombre al sistema. En vez de ser un méndigo aislado, la estrella más lejana lo siente y él siente la estrella más lejana. No importa cuán prostituida y falsificada haya sido por los embaucadores y mercaderes, la insinuación fue verdadera y divina, la confesión del alma de sus largas relaciones, y ese clima, centuria, y remotas naturalezas así como las cercanas, son parte de su biografía. La química descompone pero no construye. En cambio La Alquimia buscó transmutar un elemento en otro para armarse de poder; esa era la dirección correcta.»

  El sabio de Concord de hecho poseía una «bastante usada» copia de una «Divina Pymander» de Hermes del siglo XVII, por el Dr. John Everard, cuyo tono era decididamente gnóstico, y no es ninguna sorpresa que durante gran parte de su vida Everard fue sospechoso de herejía. Emerson, sin embargo, al final sólo vio la Alquimia como una aleación menor del mineral más grande del Neo-Platonismo, el cual él estaba dándole forma en esa más nueva herejía de Nueva Inglaterra llamada Trascendentalismo. Pero la «dirección correcta» no fue totalmente de su propiedad; pues es una característica similar a la de Poe, quien debió haber amplificado la misma fuente rechazada en orden de oscurecer aún más las sombras de su propio «Romanticismo Oscuro».

  Aquí, una apología es necesaria. Estamos, junto con Eliot, tan acostumbrado a considerar a Poe como un «goticista» superficial, o como un pueril pensador cuya literatura no está avalada por «un buen cúmulo de lectura y erudición», que, lo que estoy a punto de detallar, me parece, es probable que impacte al lector general como algo improbable e incluso ingenioso más que desafiante y válido. Todo lo que pido es que el lector siga mi argumento hasta el final y sopese la evidencia. Yo ya he rastreado la influencia de la filosofía alquímica como una característica unificadora en otras dos historias de Poe: «Von Kempelen y su Descubrimiento» y «El Escarabajo de Oro». El presente esfuerzo rastrea una madeja similar de ocultismo en «La caída de la Casa Usher», con el propósito, como ya lo he dicho, de demostrar que no sólo existe una unidad estética en la obra de Poe, sino una intrigante y del todo respetable unidad metafísica también.

  En verdad, debemos estar preparados para la presencia de tal simbolismo con la mención del nombre de Robert Fludd en el catálogo de extraños libros y autores en la librería de Usher. El narrador nos cuenta que entre esos libros, los títulos de los cuales sugieren peligrosos viajes al mundo inferior finalizando por último en la trascendente «Ciudad del Sol», se puede encontrar «La Quiromancia de Robert Fludd». Robert Fludd era un adepto de la filosofía musical de Pitágoras [y aquí recordamos la «apasionada devoción de Usher por las intrincadas, más que por las ortodoxas y fácilmente reconocibles bellezas de la ciencia musical»], así como de las teorías alquímicas derivadas de otro maestro del siglo XVII, Michael Maier. Es sugerente del interés de Poe que «La Quiromancia», es uno de los trabajos menores de Fludd. Entre sus voluminosos escritos, como Desiree Hirst escribe: «Las especulaciones sobre la creación y la naturaleza del hombre son mezcladas con teorías sobre los rayos y tormentas, disquisiciones sobre anatomía y varias artes, incluyendo la estrategia militar» [«Riquezas Ocultas», pág. 131]. Pero fue el trabajo de Fludd sobre alquimia su principal contribución al pensamiento del siglo XVII; y es el trabajo alquímico, si bien no es mencionado por el narrador de «Usher», más que la adivinanza a través de la quiromancia, el que tiene una mayor relevancia para el destino de Roderick Usher. Al igual que Fludd, Usher «se rehúsa absolutamente a separar lo natural de lo sobrenatural» [ídem].

  Hirst sintetiza el sistema alquímico de Fludd en términos que se aplican a la más grande tradición hermética, de la cual es parte. No obstante, estos términos también sugieren los símbolos que aparecen en el último de los libros secretos mencionados en «La Caída de la Casa Usher»: «The Mad Trist» por Sir Launcelot Canning, que es el único volumen y autor verdaderamente de ficción entre todos los mencionados por el narrador.

  «El documento básico para toda alquimia», escribe Hirst «es la famosa “Tabla de Esmeralda” o “Smaragdine Tablet”, adjudicada al filósofo semi-mítico, Hermes Trimegisto… Sus trece proposiciones crípticas fueron aceptadas como la clave para el secreto de la Piedra de los Filósofos y el misterio del mismo universo. Pero el patrón general de la enseñanza alquímica no varía. Ésta afirma la unión del espíritu, simbolizado por el águila o por Mercurio, con la serpiente o materia sulfurosa. Esta unión engendra el dragón o serpiente alada del conflicto de opuestos. La «Mortificación» o muerte del dragón era necesaria antes de que esa resurrección tenga lugar, a través de la cual se produce la Piedra de los Filósofos. Para el tiempo de Fludd el proceso era tomado cada vez más en un sentido puramente simbólico» [ídem, págs. 123-24].

  En ese mismo sentido debemos tomar el «Mad Trist» de Canning, si bien el obtuso y deliberadamente secreto narrador destaca que «hay muy poco en su grosera y nada imaginativa prolijidad que pueda haber sido de interés para el idealismo elevado y espiritual de mi amigo». Sin embargo, si consideramos a Roderick Usher tanto como un maestro y un alquimista y como un hierofante de sus misterios, el «Mad Trist» no resulta una «parodia extravagante… portentosamente carente de significado», sino, para uno del conocimiento de Roderick Usher, más bien un manuscrito hermético lleno de verdades ocultas e «idealismo». La primera cosa que nos impacta del «Mad Trist», es que trata sobre la mortificación o asesinato del dragón, y segundo, que existe una secuencia muy definida de metales mencionados en el texto.

  La Alquimia era sobre la transmutación de los metales base en oro; y, en la misma manera que en la teoría harmónica de Pitágoras, cada planeta estaba vinculado con su particular tono o semi-tono, así en el hermetismo cada esfera cristalina tenía su correspondiente metal planetario. El panteón de los metales planetarios se estructuraba así: Saturno/Plomo; Júpiter/Estaño; Mercurio/Mercurio [Azogue]; Martes/Hierro; Venus/Cobre; Luna/Plata; Sol/Oro. Pero  la jerarquía de los metales planetarios no está confinada en la historia de Poe sólo al «Mad Trist», ya que ella en verdad comienza con la primera visión de la casa de Usher que tiene el narrador y las correspondientes impresiones que levantó en su alma. El mismo concepto de la casa puede estar referido no sólo al bagaje de características de la ficción gótica, sino también a la metáfora del aprisionamiento, lo transitorio y la caída, que eran suma importancia para los filósofos gnósticos. Como Han Jonas escribe sobre el significado oculto de la casa o morada:

  «El viaje “en el mundo” es llamado “morada”, el mundo mismo es una “morada” o “casa”, y en contraste a las moradas luminosas, es la morada  “oscura” o “básica”, “la casa mortal”. La idea de morada tiene dos aspectos: por un lado implica una estadía temporal, algo contingente y por tanto revocable: una morada puede ser cambiada por otra, puede ser abandonada e incluso dejar que se arruine; por otro lado, implica la dependencia de la vida  a sus alrededores: el lugar donde mora establece una diferencia decisiva en el morador y determina toda su condición.»La Religión Gnóstica»].

  Seguramente este último hecho es verdadero para el infeliz Roderick, quien:

  «… estaba encadenado por ciertas impresiones supersticiosas en relación a la morada que él habitaba, y de donde por muchos años, él nunca se había aventurado a marcharse; tenían que ver con una influencia cuya supuesta fuerza le era transmitida en términos demasiados ensombrecidos para ser repetidos aquí; una influencia la cual algunas peculiaridades en la misma forma y sustancia de la mansión de su familia había, a fuerza de soportarla por largo tiempo, él dijo, ejercido sobre su espíritu un efecto el cual la psique de las grises paredes y torres y el pequeño lago sobre la cual todas ellas miraban, causaron finalmente la moral de su existencia.»

  Usher y su «casa» o «morada» están en cambio encadenados por los grilletes del espacio y el tiempo, y de esa manera por el gran Arconte del tiempo, Cronos O Saturno. Tanto la casa como Usher mismo inician al fondo de la escalera alquímica, con el planeta Saturno y su metal correspondiente, el plomo. Pues emocionalmente, tanto la casa como su maestro están en las garras de la melancolía, la cual es la marca distintiva de Saturno. Como nos dice C. G. Jung: «El negro y el gris corresponden a Saturno y el mundo maligno; ellos simbolizan el comienzo en la oscuridad, en la melancolía, el temor, la perversidad, la miseria de la vida humana ordinaria», ya que Saturno es, tradicionalmente, el planeta oscuro y frío más alejado de la luz del sol. Saturno de manera natural quedó asociado a la oscuridad, en la cual el alma debe permanecer sepultada hasta que sea resucitada por la purificación y por lo que Thomas Vaughan dijo que era vulgarmente llamado «una tortura de metales». Y en Ligeia, que era la historia favorita de Poe, el narrador dice de su amor por la heroína, de su «Dama Ligeia» que: «Queriendo el radiante brillo de sus ojos y su dorada iluminación, se volvió más opaco que el plomo saturnino».

  De esa manera el narrador de «Usher» nota «los árboles decadentes, y la pared gris y el silencioso lago; un gris y místico vapor, lento, débilmente discernible y “plomizo”» [“leaden”=plomizo/pesado]. Mientras que la voz de Usher, por ejemplo, «varía rápidamente de una indecisión trémula» a «esa abrupta, sopesada, pausada y hueca enunciación; ese “pesado”, balanceado y perfectamente modulado sonido gutural que puede ser observado en los borrachos perdidos y en los irrecuperables fumadores de opio, durante el periodo de su más intensa excitación». El paisaje de la Casa de Usher es gris e incoloro porque está esculpido de pesadez, oscuridad y silencioso «plomo saturnino». Incluso el estudio de Usher, en el cual «muchos libros e instrumentos musicales yacen esparcidos por todo el lugar, pero fracasan en otorgarle alguna vitalidad a la escena», podría ser el modelo para el famoso gravado «La Melancolía» de Durero, que describe el pesado malestar del temperamento saturnino, inspirado en las mismas fuentes alquímicas que influenciaron a Poe.

  Usher, sin embargo, a causa de que es alternativamente vivaz y taciturno, no es ni completamente melancólico ni saturnino en su temperamento [en acuerdo a las convenciones de «los cuatro humores»], sino más bien decididamente mercuriano en su naturaleza. Esto es nuevamente un corolario natural que resulta del léxico alquímico de los símbolos, el cual presupone que Mercurio, o Hermes, era el espíritu guía en el proceso de la transmutación. Como escribe Edouard Schure sobre el término «Hermes», que éste «designa a un hombre, a una casta y a un dios al mismo tiempo», pues «como un hombre, Hermes es el primero y gran iniciador de Egipto; como una casta, Hermes es el sacerdocio, el depositario de las tradiciones esotéricas; como un dios, Hermes es el planeta Mercurio, incluyendo en su esfera una categoría de espíritus e iniciadores divinos; en fin, Hermes preside en la región supraterrestre de iniciación celeste».

  Roderick Usher, hasta cierto punto, posee todas estas cualidades, pero él es también el alquimista buscador per excellence, quien está llevando a cabo un experimento en transmutación que pone en riesgo la vida de su mente al igual que el estado de su alma. Cuando él exclama al narrador que «Yo he de perecer… Yo debo perecer en esta deplorable locura», la locura a la cual él se refiere puede ser considerada como «La Gran Locura» de la alquimia, como es vista por sus críticos más escépticos, mientras que inconscientemente las palabras son proféticas, en el sentido de que la vieja vida del alquimista tenía que morir, el viejo material del Ser tenía que perecer, para que el experimento fuera un éxito espiritual total. Al igual que los rituales mistéricos del mundo antiguo incluían un descenso a las regiones infernales y la muerte simbólica del Ser, así mismo la alquimia requería la eliminación de lo viejo y la puesta en marcha de lo nuevo.

  De esa manera los símbolos de la Casa Usher forman todavía otro significado oculto cuando se mira bajo el lente de la alquimia. La catacumba, por ejemplo, que es descrita en la pintura de Roderick y posteriormente es paralela a la cripta en la cual la Dama Madeline es enterrada, se asemeja mucho a un túnel peculiar que aparece en una ilustración del siglo XVII, hecha por Michael Maier en Atalanta Fungiens, un trabajo que como hemos visto influenció el pensamiento de Robert Fludd.

  La mención de la pintura de Usher en relación al desarrollo del arte moderno también gana alguna perspectiva cuando consideramos el comentario de  John Read sobre este diseño particular: «El gravado es una reminiscencia más que otra cosa de una pintura de Chirico que describe un patio con estatuas de mármol y frías sombras azuladas; y en verdad los surrealistas han explorado con entusiasmo los gravados alquimistas, encontrando en ellos las perturbadoras e incongruentes yuxtaposiciones de sus propios trabajos» [«El Alquimista», págs. 21-22]. El mismo túnel aparece de una forma magnificada como la caverna subterránea de la sabiduría hermética, iluminada por seis rayos divinos, en una lámina alegórica hecha por Heinrich Khunrath, en su «Anfiteatro de la Eterna Sabiduría» [1609]. Es mi creencia, por la evidencia de «El Escarabajo de Oro» así como de «La Caída de la Casa Usher», que Poe exploró esta clase de gravados mucho tiempo antes de que los surrealistas lo hicieran, pero lo que Carl Gustav Jung tiene que decir sobre la catacumba o la cripta como un símbolo para la vasija alquímica, el vas del horno mismo, arroja aún más luz sobre el proceso que se está llevando a cabo en los nichos subterráneos de Usher.

  Comentando la explicación de Michael Maier acerca de un enigma seudo-alquímico, que se refiere a una entidad femenina llamada «Aelia» y «una tumba que no tiene a nadie dentro de ella… un cuerpo que no tiene tumba en él/pero cuerpo y tumba son la misma cosa», Jung escribe que «la opinión de Maier es que esto nada tiene que ver con la tumba, la cual no era tumba, sino que es Aelia misma la que está simbolizada». Él continúa:

  «La explicación de Aelia como la “tumba” le atraería naturalmente a un alquimista, ya que este motivo juega un papel considerable en la literatura. Él llama a su vasija una “tumba”, o, como en el Rosarium, un “túmulo rojo de rocas”. La Turba dice que una tumba debe ser cavada para el dragón y la mujer. El entierro es idéntico a lo nígredo  [el estado alquímico de negrura o “mortificación”]. Un tratado griego describe el proceso alquímico como “las ocho tumbas”. Alexander encontró la tumba de Hermes cuando él descubrió el secreto del arte. El “rey” es enterrado en Saturno, una analogía de la sepultura de Osiris. “Mientras que la nígredo de la tumba permanezca, la mujer gobierna”, haciendo referencia al eclipse del sol o la conjunción con la luna nueva.» Así concluye Maier, tumba y mujer son lo mismo. [«Mysterium Coniunctionis», págs. 64-65].

   Tal es la cadena del simbolismo casuístico que la alquimia forja, muy parecido en su esencia a la ecléctica manipulación de imágenes en el trabajo de Poe. La catacumba en la cual Madeline es enterrada, o «herméticamente sellada» [como lo diría un término alquímico que ha pasado al uso popular], continúa la metalúrgica imaginería de Martes/Hierro; Venus/Cobre, el cual es a su vez recogido en el «Mad Trist» de Sir Launcelot Canning. El narrador nota de la catacumba que «una porción de su piso, y todo el interior de un largo arco a través del cual llegamos a ella, estaban cuidadosamente cubierto de cobre. La puerta, de hierro pesado, había sido cubierta de la misma manera. Su inmenso peso causó un inusual y agudo crujido, mientras se movía sobre sus goznes».

  El simbolismo jerárquico de la alquimia culmina en el «Mad Trist», el cual, cuando es leído en voz alta por el narrador al postrado Roderick, parece poner en marcha las más místicas coincidencias, la auto-resurrección de Madeline de su entierro prematuro estando aún viva en la catacumba. Mientras el narrador lee, los dramáticos eventos mencionados en la novela son paralelos a los sonidos de Madeline liberándose a sí misma desde los confines de su inhumación. Y así, al mismo tiempo también, Madeline es el alma gnóstica tratando de liberarse de la prisión material de la casa-prisión del mundo. En el texto, el héroe alquímico, Ethelred, sincronizadamente completa su progreso a través de las «pruebas» de los metales en orden de alcanzar la perfección final del sol dorado trascendente:

  «Pero el buen campeón, Ethelred, penetrando ahora a través de la puerta, se enfureció terriblemente y se asombró al no percibir signo alguno del maligno ermitaño; pero en su lugar había un dragón escamado y de prodigiosa presencia, y de una lengua de fuego, que se mantenía en guardia ante el palacio de oro, con un piso de plata, y de cuya pared colgaba un escudo de bruñido bronce con esta leyenda inscrita:

  “Aquél que aquí penetre un conquistador ha sido; quien mate al dragón ha de ganar el escudo”.

  »Y Elthelred alzó su mazo y golpeó la cabeza del dragón, que se desplomó a sus pies y rindió su pestilente aliento con un chillido tan horrible y estridente, y además, tan penetrante, que Elthelred se vio obligado a proteger sus oídos con sus manos en contra del espantoso ruido, semejante al cual nada se había escuchado antes.»

  El ermitaño, «quien, en realidad, era de una naturaleza obstinada y maligna», no es más que Hermes en su aspecto inferior de Saturno, una divinidad a menudo descrita como un anciano decrépito [«El Padre tiempo», con su guadaña y reloj de arena es otra de sus representaciones más frecuentes], mientras que el asesinato del dragón por parte de Ethelred está perfectamente ilustrado por la segunda figura de «El Libro de Lambspring», un volumen de emblemas alquímicos del siglo XVII que muestra el choque de opuesto como una batalla a muerte entre Marte [hierro], el caballero del «corazón pastoso», y Mercurio [azogue], la fiera lengua del dragón. Como nos dice John Read: «Las serpientes aladas y no aladas o dragones simbolizan los principios volátiles y fijos [mercurio y azufre] respectivamente». Mientras él describe otra escena paralela a la batalla del «Mad Trist» de Poe, esta vez, nuevamente, de los gravados de Michael Maier:

  «El Sol [sophic azufre] y la Luna [sophic mercurio], interpretan usualmente las partes masculina y femenina en el drama alquímico, y Maier los muestra en el acto de matar el dragón. En este emblema, al igual que en muchos otros, el dragón representa la materia base, conteniendo, no obstante, la semilla del oro; al mismo tiempo, él es el guardián del jardín de las Hespérides y las fabulosas manzanas de oro. Cuando él es asesinado su semilla es capaz de germinar y fructificar; entonces, las puertas del jardín hesperiano es abierta, y las manzanas de oro pueden ser arrancadas. Se considera usualmente que el dragón debe morir en compañía de su hermano y hermana, Sol y Luna; la función particular de la luna [sophic mercurio] es otorgarle volatilidad y susceptibilidad al cambio.»

   Otras ilustraciones alquímicas de Khunrath muestran la ciudadela hermética como una fortaleza que resguarda la Piedra Filosofal, la cual además es defendida por un dragón y por Hermes mismo, quien opera el puente de la fe. En la alegoría de Poe, el dragón, que puede ser tanto Mercurious como «azogue» o la materia base, no defiende ni una fortaleza ni el jardín dorado de las Hespérides, sino más bien «un palacio de oro con un piso de plata». Y Ethelred, quien sugiere el alquimista, Marte, y el «sophic azufre» [ya que su nombre puede ser construido como «red ether»  («éter rojo») y sabemos que el «idealismo» de Roderick Usher arroja «un resplandor sulfuroso sobre todo»], seguramente será un alquimista conquistador si logra ganar el escudo de lapis, la Piedra Filosofal. Jung explica con más profundidad la conexión entre el azufre y Mercurio, en relación al «aliento pestilente» del dragón en el «Mad Trist», diciendo que:

  «Siendo el fuego interno de Mercurio, el Azufre naturalmente toma parte de su naturaleza más peligrosa y maligna, con su violencia estando personificada en el dragón o el león… El dragón, cuya naturaleza sulfurosa comparte lo que a menudo es definido como «el Dragón de Babel» o, más acertadamente, «la cabeza del dragón» [caput draconis], la cual es «un veneno de lo más pernicioso», un vapor venenoso exhalado por el dragón volador. La cabeza del dragón «viene de Babilonia con gran rapidez». Sin embargo, el «dragón alado» que representa el azogue deviene en un monstruo de aliento venenoso sólo después de su unión con el «dragón sin alas», que corresponde al azufre. Aquí el azufre juega un papel maligno que se ajusta muy bien con la pecaminosa «Babel» [Mysterium Coniunctionis].»

  Pero como lo ha enfatizado Read, el hermano y la hermana, el Sol y la Luna, deben padecer destrucción junto con el dragón para que el trabajo alquímico sea realizado por completo. Esto nos prepara para el clímax del drama pasional representado en «La Caída de la Casa Usher», el estado de la unión final entre el oro y la plata, la Luna y el Sol, Osiris e Isis o de Hermes y Afrodita, tal como todos estos términos aparecen en el canon hermético. La fase es la apropiada para la aparición repentina de Isis, desvelada y vinculada por un matrimonio místico, un «hiero gamos», un «Mad Trist», con el hierofante encarnando el largamente buscado hermano y esposo. Es de esa manera lógico que la catacumba en la cual Madeline es enterrada esté cubierta de cobre, ya que el cobre es el metal planetario asociado a Venus, cuyo «regimen» tenía que ocurrir antes de que la mysterium coniunctionis de la luna/plata y el sol/oro pueda llevarse a cabo.

  En el «Mad Trist» de Sir Launcelot Canning, cuando el héroe Ethelred, habiendo asesinado al dragón mercuriano, marcha «valerosamente» sobre el piso de plata del palacio de oro para reclamar el «escudo de bronce», éste, «no espera por completo su llegada, sino que cayó a su pies sobre el piso de plata, con un poderoso y terrible estrépito». Habiendo llegado a este punto de su lectura, el narrador de «La Caída de la casa Usher», reporta: «No bien habían estas palabras salido de mis labios, que —como si el escudo de bronce hubiese en verdad caído pesadamente en ese preciso momento sobre el piso de plata—, fui consciente de una perceptible, hueca, metálica y a la vez apagada reverberación». Cuando Lucious Apuleius, cuyo relato  «El Asno de Oro», era popular entre los alquimistas medievales, ve la visión de la Reina Isis, ella le dice que es «la infernal Proserpina» de los sicilianos así como Ceres de los eleusinos y Venus de los phapian. Entonces, él se da cuenta que Isis porta en su mano «una pandereta de bronce» o sistrum, «una pieza achatada de metal tallada en forma de un cinto, cuya periferia no estaba atravesada por muchas varillas; y cuando ella movía con su brazo estas cuerdas triples, ellas emitían un sonido claro y penetrante». Más recientemente Robert Graves, ha celebrado la universalidad de esta visión en su curioso estudio, «La Diosa Blanca».

  Sólo ahora, anunciado por este característico sonido, aparece «la elevada y amortajada figura de la dama Madeline de Usher», con «sangre sobre su bata blanca, y la evidencia de alguna lucha intensa sobre cada porción de su emancipado cuerpo», sólo para «desplomarse pesadamente sobre la persona de su hermano» y arrastrar al igual que ella «un cadáver hacia el piso». Esta es la visión concedida al narrador, una visión que es asombrosa y espantosa, horrible y sublime, todo al mismo tiempo. Como lo ha notado Richard Wilbur: «Cuando la Casa Usher se desintegra o desmaterializa al final de la historia, es debido a que Roderick Usher es sólo alma en su totalidad». Y, en verdad, Roderick, encerrado en el abrazo liberador de su hermana y novia, en acuerdo al canon de la iniciación gnóstica, se ha vuelto incluso algo más que alma pura; él se ha vuelto uno con el dios oculto; él ha llevado a cabo la gnosis.

  Roderick también se ha vuelto «todo alma» o «dios» de una manera muy particular. Esa manera, como yo he intentado demostrar, es la antigua manera de los alquimistas. Roderick Usher ha escalado el séptimo travesaño de la escalera de los metales planetarios, como seguramente él ha pasado a través de las siete esferas cristalinas y soportado las pruebas de los cuatro elementos. Su último y traumático «amor-muerte» es, para un alquimista creyente, el mysterium coniunctionis hermafrodita del «Rex» y la «Regina» que lo libera completamente de su estadía en la casa de la materia. Con esto, el párrafo final de «La Caída de la Casa Usher», gana una nueva relevancia:

  «Espantado, huí de esa habitación, y de esa mansión. Afuera, la tormenta estaba aún en toda su furia para el momento en que crucé el viejo sendero. Repentinamente, se proyecto sobre el sendero una luz intensa, y volteé para ver de donde pudo haber surgido una luz tan inusual; pues la vasta casa y sus sombras yacían solitarias detrás de mí. La radiación era la de una luna llena sanguinolenta al ocultarse, que ahora brillaba vivamente a través la una vez apenas perceptible fisura, de la cual he dicho antes que se extendía desde el techo de la construcción, con un trazado en zigzag hasta la base. Mientras yo miraba, esta fisura se ensanchó rápidamente; y en ese momento emanó un fiero aliento del remolino; y todo el orbe del satélite explotó al mismo tiempo ante mi vista; mi cerebro se tambaleó mientras observaba las poderosas paredes derrumbarse en pedazos; hubo un prolongado y tumultuoso estruendo como la voz de un millar de aguas; y el profundo y oscuro lago a mis pies se cerró sombría y silenciosamente sobre los fragmentos de “La Casa de Usher”.»

  Lo que podemos notar es la presencia de cuatro elementos: el oscuro y terrenal «inquilino» de la casa; el «fiero aliento del remolino»; la fiera radiación de la «intensa luz»; y la «radiación» de una luna «sanguinolenta» y el «prolongado y tumultuoso estruendo como la voz de un millar de aguas»; todo descrito en términos de un apocalipsis. Y aún así, estos elementos [tierra, aire, fuego y agua] se encuentran ahora en conjunción; y la fantasmagórica radiación escarlata, anuncia un último estado alquímico conocido como el «rubedo», pues la aparición de Madeline Usher «con sangre sobre su bata blanca», ya ha señalado la materialización del «albedo», la penúltima fase luna/plata del trabajo alquímico.

  Acerca de esto, Jung escribe que el albedo «denota el primer estado de la terminación y es identificado con la luna. La Luna es en sí misma espíritu, y ella inmediatamente se une a su esposo, Sol, iniciando de esa manera la segunda y última fase, el rubedo. Con esto el trabajo está completado, y el lapis, un ser viviente dotado de alma y un cuerpo incorruptible ha tomado forma» [Misterium Coniunctionis]. Sobre el color «rojo-sangre» de este nivel, él observa: «El rojo y el rosa-rojo son el color de la sangre, un sinónimo del aqua permanens y del alma, los cuales son extraídos de la prima materia otorgándole vida al cuerpo muerto» [ídem]. De hecho, la descripción detallada de Jung del conjunction, el cual él interpreta en términos psico-sexuales como una alegoría del proceso de individuación, puede ser comparada al elemento de catástrofe en la extraña escena final de Poe, la cual es otra imagen del logro de la gnosis. Génesis y Apocalipsis combinados. Jung escribe:

  «La situación está ahora gradualmente iluminada como lo estaría una noche oscura por una luna en ascenso. La iluminación viene, hasta cierto punto desde el inconsciente, ya que son mayormente los sueños los que nos ponen en la ruta del despertar. Esta luz del amanecer corresponde al albedo, la luz de la luna, la cual en opinión de algunos alquimistas anuncia el levantamiento del sol. El rojizo creciente [rubedo] que viene a continuación denota un incremento del calor y la luz que emanan del sol, el estado consciente, el cual ahora comienza a reaccionar emocionalmente a los efectos producidos por el inconsciente. Al principio, el proceso de integración es un conflicto «feroz», pero gradualmente, conduce finalmente a la «fundición» o síntesis de los opuestos. Los alquimistas llaman a esto «el rubedo», en el cual el matrimonio del hombre rojo y la mujer blanca, el Sol y la Luna, es consumado. A pesar de que los opuestos huyen uno del otro, ellos luchan por el equilibrio, pues un estado de conflicto es demasiado perturbador para que la vida lo pueda soportar constantemente. Ellos logran esto desgastándose entre sí: el uno devora al otro como los dos dragones o las bestias hambrientas del simbolismo alquímico.» [Misterium Coniunctionis].

  El hermano, de hecho, devora a la hermana, que al retornar, devora al hermano. El dragón venenoso ahora es transmutado en el símbolo Gnóstico principal de la unidad última, la bienhechora Ouroboros, o la serpiente que se muerde su propia cola. Además, el estanque se «traga» a la Casa Usher, mientras que la casa en sí, como la vasija hermética del alquimista exitoso, se derrumba porque una estructura material ya no es necesaria para «el cuerpo incorruptible» en el cual Usher, el gran iniciado, se ha convertido. Y aún así, el narrador de la historia continúa viendo todo el proceso de iniciación y transmutación sólo a través de términos «góticos» convencionales, enfocándose en los aspectos apocalípticos y terribles, pues su terror, al menos en su expresión, es definitivamente más alemán que del alma. No obstante, la esencia de la historia es definitivamente metafísica. Más que una fábula acerca de «la desintegración total de un ser humano complejo»; o simplemente un relato de culpabilidad incestuosa; o una fantasía edípica; o un Vampirismo Gótico; o sobre los temores ilusorios de Usher y el narrador; o sobre la neurastenia de la personalidad artística… «La Caída de la Casa Usher», cuando es vista en términos gnósticos, puede ser considerada como una historia sobre lo que precisamente Jung llama la «la liberación regresiva de un alma de la personalidad imprimida por los Arcontes» [Misterium Coniunctionis]. Finalmente, cuando se ubica dentro del contexto de los Trabajos Completos de Poe, y de su creciente época materialista, puede ser considerado como una evidencia fundamental de los propios intentos heréticos de Poe de liberarse no sólo de los viejos grilletes del tiempo y el espacio, sino de las cadenas de un Arconte más nuevo y amenazador, la ciencia misma.

  Traducido por Odilius Vlak

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  • Nota: La versión original de este ensayo, titulado: «Usher Unveiled: Poe and the Metaphysis of Gnosticism», [junio de 1972], se encuentra aquí:http://www.eapoe.org
  • Acerca del autor: Barton Levi St. Armand [Phd por la Universidad de Brown, 1968]. Recibió tres grados en civilización americana en esta universidad y ahora enseña cursos interdisciplinarios en tales temas como: la relación entre la pintura americana y la literatura, sobre los artistas americanos dentro del país y en el extranjero y sobre la literatura medioambiental británica y americana y la «Tradición Verde» en el pensamiento americano. Ha enseñado en Japón y en Francia. Él es el autor de: «Emily Dickinson y su Cultura: La Sociedad del Alma» [Cambridge, 1984], y actualmente trabaja en el proyecto un libro titulado: «Guaridas de la Naturaleza: Ensayos sobre la Literatura Americana y el Espíritu Ecológico de Bradstreet hasta Borroughs». Él ha escrito monografías sobre el goticista americano H. P. Lovecraft, así como numerosos artículos sobre otros autores clásicos como: Jewett, Frost, Hawthorne, Melville, Emerson y Poe. El profesor St. Armand también escribe poemas y es el autor de cuatro colecciones de poesías, incluyendo, «Haiku Americano» [2000].

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2 comentarios en “Usher Desvelado: Poe y la Metafísica del Gnosticismo / Por Barton Levi St. Armand

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