INTROVISION / La Habitación Cerrada

  La puerta de la habitación cerrada no siempre se abre al argumento de una novela de misterio, ni cierra tras de sí un crimen inexplicable excepto por la obvia evidencia de la muerte. Su interior no siempre es testigo de un cadáver en espera de que aparezca un genio de la racionalización para averiguar lo que el ya sabe: la causa de su muerte. Pero esto último no siempre es así. Existe una extraña habitación cerrada a mitad de un desierto aún más extraño en la que, según la leyenda, existe un cadáver que no sabe cuál fue la causa de su muerte, y en la que el detective ya ha intentado averiguarla incluso a través del método no tan lógico del espiritismo; herramienta esta última que tendrá que utilizarse nuevamente en orden de comunicarle al espíritu del cadáver la causa de su muerte. Esto es un poco complicado, pues la muerte de la cual hablamos sucedió hace 162 años, por lo que en verdad ya el cadáver físico y sus huesos han regresado al polvo, pero no así el misterio de su deceso. El cadáver forjado por la imaginación colectiva sigue allí, encerrado en esa simbólica habitación cerrada ubicada en la dimensión metafórica de un desierto aún más extraño; y junto a él, el detective que ha jurado desvelar el misterio de su muerte. El detective es Auguste Dupin; el cadáver… es Edgar Allan Poe.

  Dupin contempla con una paciencia intemporal —y de hecho el tiempo ordinario no deja su huella en esa dimensión alternativa— el cadáver imputrescible del hombre que lo creó, y que elevó la capacidad del raciocinio para resolver los problemas de la vida a una altura insospechada en la literatura universal gracias a las pruebas que superó el mismo Dupin: «Los Crímenes de la Calle Morgue»; «El Misterio de Marie Rogêt»; y «La Carta Robada». Pero ahora, una muerte aún más misteriosa clama por un milagro más de su capacidad deductiva: la muerte del propio Edgar Allan Poe. Una y otra vez ha acompañado a Poe con su imaginación en el neblinoso viaje que comenzó en Richmond, Virginia, el 27 de septiembre de 1949, y finalizó en Baltimore, el 7 de octubre del mismo año. Recogiendo pistas aquí y allá en los diferentes escenarios en los cuales la leyenda registra la presencia de Poe: la casa del Dr. John Carter; el bastón que supuestamente era de este; el restaurante Saddler’s, al cual Poe se dirigió desde la casa del Dr. Carter ya anocheciendo y en el cual se encontró con unos amigos con los cuales abandonó el restaurante a media noche para tomar un bote hacia Baltimore que salía a las 4 de la mañana. Según el mismo Saddler, él estaba «sobrio y de buen humor». Dupin también escudriñó la habitación que su creador tenía alquilada en la Taberna Swan, y en la cual dejó su equipaje, en señal de que tenía intención de regresar pronto tanto para devolverle el bastón al Dr. Carter, como para recoger su equipaje. Según los compañeros del Saddler’s, cuando Poe se despidió aseguró que estaría de vuelta en Richmond muy pronto. Dupin también se entrevistó con Joseph W. Walker, la persona que encontró a Poe delirando en las calles de Baltimore el miércoles 3 de octubre de 1849 y con el personal del Washington College Hospital, donde finalmente murió el domingo 7 de octubre del mismo año. Por último, Dupin se entrevistó como Snodgrass y Moran, otros dos testigos del estado de Poe cuando fue encontrado en las calles de Baltimore, pero con la ventaja de que fueron los escritores de las únicas descripciones de tal estado que han pasado a la historia.

  Dupin podía tener acceso de primera mano a toda esta realidad vivida por Poe ya que él era uno de sus personajes. Incluso, la extensión de su realidad alternativa iba más allá del tiempo de vida de su creador, así que si quería entrevistar a un conocido del maestro o visitar un lugar de referencia luego de 1849, podía hacerlo. Dupin le daba vueltas al asunto una y otra vez. Parecía que llevaba eones haciéndolo. Para él el misterio yacía en dos puntos: el grupo de personas con los cuales Poe compartió en el restaurante Saddler’s y el misterioso personaje cuyo nombre, según la leyenda, Poe repitió una y otra vez en estado de delirio la noche antes de su muerte… «Reynolds». Pues no creía en la teoría del asalto. No descartaba que su creador haya sido víctima de alguna agresión, pero, si así fue, ésta sólo fue un elemento secundario de la verdadera causa que había puesto en marcha su muerte a través del sombrío tiempo cronometrado por un vagabundeo en estado de delirio.

  Tanto él como los demás personajes podían tener acceso a la realidad de Poe aún estando éste con vida. Este último hecho le arrojó luz suficiente como para enfocar sus investigaciones alrededor de dos teorías: 1) que entre los compañeros de Saddler’s había al menos uno, sino varios de sus personajes, y, que éste o éstos, no se despidieron de él en el puerto de Richmond, sino que lo acompañaron en su viaje hacia Baltimore; 2) que «Reynolds», en verdad era un personaje recientemente creado por Poe, pero que aún estaba cocinándose en su imaginación en espera de hacerse realidad a través de una historia. Entre los posibles personajes del Saddler’s descartó de entrada a Roderick Usher o Arthur Gordon Pym; Hans Pfall o el altamente sospechoso Metzengerstein; a los dementes Dr. Tarr y profesor Fether e incluso el príncipe próspero de «La Máscara de la Muerte Roja», y a todos los personajes femeninos. Y así sucesivamente, hasta reducir los sospechosos a dos: el personaje de «El Corazón Revelador» y el de la historia «El Demonio de la Perversidad», a ambos los conocía, y sabía muy bien que, a diferencia de los otros, la desquiciada psicología de estos personajes no reconocía a dios alguno ni reverenciaba la figura de Poe.

  Dupin posee un trozo de evidencia valioso para comenzar la investigación en esa dos direcciones: la ropa que llevaba puesta Poe cuando fue encontrado delirando, y la cual, según los dos últimos testigos arriba mencionados, no pertenecía a él. El rustico y deformado sombrero de paja con su borde literalmente inexistente; el abrigo sucio, manchado y degastado de alpaca negra con su costura rasgada en varios puntos; el pantalón casi en iguales condiciones y cuyas medidas eran desproporcionadas con relación a las de Poe; zapatos degastados hasta tal punto de que sus tacones habían desaparecido. Dupin apreciaba esta pieza de evidencia porque tanto su capacidad deductiva como su intuición, le conducían a la conclusión de que, quienquiera que haya puesto a su creador en el camino de la tumba durante esos misteriosos días entre el 27 de septiembre y el 3 de octubre, fue quien se las proporcionó. Y, ¡Eureka!… en un bolsillo secreto del abrigo, encontró un extraño documento cifrado. No sabe si el autor es Poe, pero tiene la esperanza de que su revelación conduzca al origen de este misterio. Y Dupin, el detective que ha jurado desvelar el misterio de la muerte de su creador, Edgar Allan Poe, aún sigue frente al cadáver de éste dentro de esa extraña habitación cerrada a mitad de un desierto aún más extraño. Continúa procesando los datos en la máquina de deducciones lógicas que es su mente, sabiendo que los engranajes de ésta, que en un momento iluminado encendió su creador con las historias que protagonizó, sirvan para revelarle la causa de una muerte que ni él mismo, que fue su víctima, sabe cual fue. También está a la espera de un personaje al cual invitó para que se una a la investigación, y cuyas habilidades son necesarias ante la aparición del documento cifrado: William Legrand, protagonista de «El Escarabajo de Oro». ReynoldsReynolds… murmura repetidas veces Dupin, como si él mismo estuviera padeciendo un delirio de muerte.

  Oh señor Thasaidon!… Que señoreas en los setentas planos infernales de Zothique The Last Continent que Auguste Dupin pueda revelar la causa de la muerte de Poe a Poe… y a nosotros también. Ya sabes que Poe es uno de los autores más leído por cada uno de los miembros de este Blogzine de las cosas que no son pero que deberían ser. Aunque ya sabemos que la revelación de la causa de la muerte, no desvela el misterio de la muerte. Tampoco se atreverá a hacerlo la edición de esta semana.

  Nos dirigimos directamente a la sección Runes Sanguinis, en la página del miércoles. Allí nos espera una pista clave para desvelar el misterio de la imaginación. Se trata de otra de las historias de Ciencia Ficción Pulp de nuestro Maestro directo, Clark Ashton Smith; huelga decir que hasta ahora inédita en español. Su título: «El Mundo Eterno».

  Y por fin comienza la Segunda Temporada de nuestra Light Novel, Damned Angel: Genesis. Y esto justo cuando el cuerpo celeste que alberga a su creador, Edwin Peter Barbes, ha dado una vuelta completa alrededor del sol, es decir, un año justo después del inició de la Primera Temporada en octubre del 2010. El capítulo VIII y final de la Primera Temporada lleva por título: «La Muerte de Azazel». En él pudimos ver como Azazel realmente no murió sino que fue condenado por Dios a renacer como una nueva entidad  que habrá de llamarse Angelion, un híbrido de ángel, demonio y humano, pero sobre todo con las cualidades y debilidades de éste último. Angelion tiene por misión la de ser un cazador de demonios en orden de pulgar sus culpas por toda la muerte que causó en su antiguo arquetipo existencial, encarnado en el demonio Azazel. Así que veamos qué nos trae el Capítulo IX de esta saga que pretende poner patas arriba la tradición judeo-cristiana con una poderosa reinvención imaginaria. El título suena bien: «Un Cazador Legendario».

  Nos despedimos del Auguste Dupin de este Blogzine; nuestro sumo sacerdote, Markus E. Goth, editor y director de este Templo Virtual. Sabemos que algún día revelará el secreto de sus mortíferas ediciones. Aunque no el misterio de esto… El Horizonte de los murciélagos es más lejano que el de las águilas.

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  Odilius Vlak

 Jefe de Redacción

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