TETRAMENTIS / Damned Angel: Genesis – Capítulo IX

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Capítulo IX : El Cazador Legendario

«El Fin de Los Tiempos, Sucederá al Final de los Primeros Eventos»

  —Y esa es toda mi historia. O al menos gran parte de ella. Sólo han transcurrido algunos mil quinientos años desde que Azazel murió —dijo un simple muchacho mientras alimentaba a las palomas del parque de la capital romana desde una banca, sentado cerca de un anciano.

   —Jovencito… tiene usted una gran imaginación. ¿Ha visto su rostro en un espejo? Es usted de apariencia muy joven para pretender ser más viejo que yo —respondió el anciano.

  —Ciertamente, abuelo, tiene usted razón. Sabía que no me creería. Después de todo, usted se ve mayor que yo. Pero dígame una cosa… cuando usted era niño, le gustaba venir a este lugar a jugar con las palomas y a darles de comer con su madre y su hermano, ¿cierto?

  —¿Cómo sabes eso muchacho? —preguntó el anciano sorprendido—. Tal vez alguien mucho más viejo que usted lo haya visto.

  Aquél anciano pudo notar como en el rostro del joven se dibujaba una expresión profunda, que lo hacía ver mucho mayor que él.

  —Con que Angelion… ¿No? —preguntó el anciano ahora más crédulo.

  —Por favor, llámeme Angel.

  El joven se despidió del anciano a la vista de un sacerdote que se acercaba al parque. Angel se acercó al sacerdote muy discretamente y se dirigió a este con las siguientes palabras:

  —Padre, ¿cuáles son las órdenes del vaticano?

  —Deberás investigar una taberna cerca de aquí, en una de las provincias de Roma. Se han detectado actividades demoníacas en ese lugar. Trata de terminar el trabajo lo más pronto posible, luego preséntate ante el arzobispo, ya que desea verte. Aquí tienes la información de la misión  —dijo el sacerdote mientras le entregaba unos rollos de papel estampados con el sello del vaticano.

  —Haré lo posible —dijo Angel mientras se alejó de allí.

  Aquella taberna mencionada por el sacerdote no se encontraba muy lejos. Le tomó a Angel menos de una hora a pie llegar al lugar mencionado. Al llegar, observó un letrero de madera que decía: «Taberna del Tiempo». Angel entró sin vacilar, y sentándose a la barra junto al cantinero, contempló a todos los presentes con ojos profundos y firmes, creando una atmósfera de tensión alrededor.

  —¿Qué te sirvo? ¿Algún vino o whisky? —preguntó el cantinero.

  —Sírvame un vaso de agua. El alcohol es dañino para mi salud —respondió Angel.

  —¡Jaja! —Se rió el cantinero maniáticamente—. ¿Me estás tratando de jugar alguna broma?

  —No. Si deseas, no me sirvas ningún trago, pero debo advertirte que no he venido a este lugar a beber ni a charlar. Vine a cazar un demonio.

  —¿De qué estás hablando?

  —Entre todos los presentes en esta taberna, uno de ellos es un demonio. Mi trabajo es exterminarlo.

  —Creo que estás mal de la cabeza, amigo. ¿Seguro que no habrás bebido antes de venir aquí a emborracharte aún más?

  —¿No puedes sentirlo? ¿Esa aura demoníaca que desprende? Por supuesto que no puedes. Ahora sólo observa.

  —Espera, ¿qué es lo que intentarás ha…

  —Sólo observa. Oye tú —interrumpió Angel mientras señalaba a uno de los sujetos en aquella taberna, el cual se encontraba sentado en la mesa que ocupaba el centro de la taberna.

  —¿Qué quieres? —preguntó aquél misterioso hombre. Su rostro estaba cubierto con una larga capucha marrón y la oscuridad recaía en la mitad de su rostro.

  —Dime, demonio asqueroso, ¿Prefieres que corte tu cabeza con mi espada o prefieres que la arranque con mis propias manos? —respondió Angel.

  —Tú, enano, ¿quién te has creído? ¿Acaso quieres morir tan pronto?

  —Mi nombre es Angel. He venido para devolverte al infierno.

  —¿Angelion? ¿El cazador legendario? ¿Un escuálido enclenque como tú? ¡Ja, ja, ja! ¡Si no eres más que un mocoso! ¡Te desollaré vivo y usaré tu piel como trofeo!

  Despojándose de la capucha, el demonio reveló su macabra apariencia. De un salto se abalanzó contra Angel con sus afiladas garras. Pero, reaccionando rápido, Angel desenvainó su espada, esquivó las filosas garras y de un golpe certero, le cortó de raíz la cabeza a aquél demonio. El cuerpo se desplomó en el suelo mientras la cabeza aún rodaba por el suelo.

  Todos en la taberna quedaron sorprendidos de esta pelea, que fue tan rápida que ni siquiera pudieron reaccionar a tiempo. Antes de que alguien hablara, todos voltearon a ver como el cuerpo del demonio Se auto-consumía regresando así al infierno. Cuando voltearon nuevamente para ver a Angel, había desaparecido.

  Angel ya se encontraba en camino entre las oscuras calles de la antigua Roma. Había un silencio tal, que sólo se escuchaban sus pasos. Pero de repente, Angel notó una extraña presencia en el lugar.

  —Es la presencia de algún poderoso demonio —se dijo.

  Una figura misteriosa con un manto negro cubriendo su cuerpo y rostro apareció frente a Angel.

 Muerte… ¡Qué alegría verte de nuevo! —dijo Angel.

  Entre la oscuridad de aquel manto, unos ojos demoníacos lo miraron fijamente. Revelando una mano esquelética, la alzó para señalar directamente a Angel mientras exclamó:

  —He enviado unos demonios para destruirte. Deben de estar por llegar.

  —¿En serio?

  —Así es. Y como lo he prometido, estoy aquí para ayudarte.

  En ese mismo momento, los demonios empezaron a llegar. Estas criaturas infernales tenían un aspecto diabólico, macabro y repugnante. Su forma era similar a la de un humanoide, pero algo más encorvada. Sus ojos eran blancos completamente; sus mandíbulas estaban repletas de dientes filosos; dos enormes cuernos yacían en sus frentes. Eran alrededor de unos veinte demonios. En poco tiempo, Angel se vio rodeado. Dando un paso al frente, exclamó:

  —¿Por unos patéticos demonios de primer rango crees que necesito ayuda?

  —Bien, si no quieres mi ayuda… ¡Arréglatelas tú solo!

  Con sus afiladas garras, los demonios atacaban ferozmente a Angel. Este se defendía esquivando todos los ataques. La velocidad con que Angel se movía a corta distancia era impresionante. En un salto, uno de los demonios creyó sorprenderlo para atacarlo directamente. Pero antes de recibir el golpe, Angel desapareció. El ataque del demonio dio contra el suelo. Confundido, ya era muy tarde para entender lo que había pasado. Angel se encontraba detrás de él. Angel le arrancó la mitad de la cabeza desde la boca, en un baño de sangre.

  —Uno… —dijo Angel. De sus antebrazos extrajo con sus poderes sus cuchillas fusionadas con su carne. Empezó a cercenar cabezas y miembros mientras la sangre danzaba en diferentes direcciones a través del aire. Vagamente, los demonios intentaban atacarlo, para sólo encontrar muerte en sus cuchillas. Mientras cortaba y asesinaba, contaba cada cabeza.

  —¡Tres!.. ¡Cuatro!.. ¡Cinco!.. ¡Seis!.. ¡Siete!..

  —¡Suficiente! ¡Retírense ahora o todos morirán! —exclamó Muerte.

  —Muy tarde —dijo Angel. Extendiendo su mano hacia el resto de los demonios, Angel enfocó sus poderes mentales. Todos los demonios restantes reventaron desde su interior, esparciendo sus miembros ensangrentados por doquier.

  —Y finalmente, veinte —agregó Angel.

  —¿Siempre quieres hacerlo de la manera más complicada? Aún te gusta ensuciarte las manos.

  —Si los hubiese dejado ir, le contarían a tu jefe, Lucifer, que pretendías ayudarme —respondió Angel.

  —Te debía una. Me ayudaste a escapar de aquellos ángeles. Ahora te debo otra.

  —Je… Es extraño… luego de lo que te hice, pensé que…

  —Fue una pelea justainterrumpió Muerte—, yo perdí; eso es todo.

  —Y aún después de tanto tiempo, ¿sigues revelándote en contra de Lucifer?

  —No estoy de acuerdo con muchas de sus exigencias; pero si quiero recuperar mi apariencia, no me queda más que obedecer… al menos hasta encontrar otra forma.

  —Te entiendo. Pero estoy preocupado. Al parecer, existe una situación crítica en el Vaticano. Se ha hablado mucho sobre los sargentos. Se rumorea que habrá guerra.

  —Los sargentos… los humanos que han decidido ofrecer sus almas a Lucifer a cambio de grandes poderes. Lucifer está convirtiendo cada día a más sargentos. Sé que pretende destruir el Vaticano con ellos. Sabe que serían tú peor enemigo, ya que si matas aunque sea a un humano más…

  —Iré al infierno nuevamente —interrumpió Angel—. Me convertiré una vez más en Azazel, y perderé mi humanidad para siempre. Definitivamente, es el plan perfecto. Sin embargo… lo que más me preocupa de todo… es… Ese perro que está mordiendo tu pierna. Como eres todo hueso, seguro decidió tomarte de aperitivo.

  —Hm, Esto me pasa todo el tiempo al salir a la calle —respondió Muerte mientras pateó salvajemente al perro lanzándolo varias yardas en el aire—. De todos modos, creo que ya es tiempo de irme.

  —¿Qué sucede? ¿Crees que Lucifer sospeche de algo si te tardas más tiempo?

  —No. Es sólo que allí detrás hay una jauría de perros rabiosos que vienen a defender a su compañero que pateé.

  —Ah claro…. ¡Espera!, ¡¿Qué dices?!

  —¡Mucha suerte!

  —¡E-espera…! —exclamó Angel, pero ya era muy tarde. Muerte desapareció en un instante.

  Angel empezó a correr con todas sus fuerzas para escapar de la jauría de perros rabiosos. Miraba incesantemente hacia atrás, sólo para ver a los perros cada vez más cerca.

  —¡Demonios, ya no doy más! —Se dijo Angel a sí mismo—. Si me alcanzan estas bestias me harán pedazos y me contagiaran rabia. ¡Ya sé! ¡Tomaré un giro repentino por esta calle y así los despistaré!

  Pero al doblar tan bruscamente  mientras corría, se estrelló de lleno contra una niña que corría en esa calle en dirección opuesta. Como resultado, la niña golpeó a Angel en la garganta con la cabeza, lastimándose levemente ambos en el encontrón. La niña se sobaba el golpe en la cabeza mientras Angel se ponía rojo por falta de oxígeno al recibir aquél golpe. Tosía fuertemente.

  —¡Oye! ¿Qué te pasa? ¡Eres un rudo! ¡Me golpeaste la cabeza! ¡Toma! —dijo la niña mientras le pateó la cabeza a Angel, que estaba agachado para tomar aire.

  Angel yacía en el suelo inmóvil. Recuperó sus fuerzas de repente al escuchar a los perros venir. Cargó a la fuerza a la niña, y echó nuevamente a correr.

  —¡Oye, oye! ¡Qué demonios te pasa! ¿Eres un pervertido? ¡Suéltame! —gritó la niña.

  —Calla niña, tenemos que correr —le interrumpió Angel seriamente—. ¡Nos persiguen unos perros rabiosos!

  Cuando la niña vio aquellos perros, empezó a gritar. Los ciudadanos del lugar, al verla gritar mientras Angel la llevaba cargada, pensaron que la había raptado, así que empezaron a perseguir a Angel con rastrillos, guadañas, hachas y antorchas. La guardia romana, al ver todo el alboroto de perros, y una horda de ciudadanos armados, se unió a la persecución. Angel miró hacia atrás, y se puso blanco.

  —¿Qué es esto? —pensó Angel en voz alta mientras corría con todo su ser—. ¡Me persiguen perros rabiosos, ciudadanos furiosos y legionarios romanos!

  —¡Deja de llorar como una niña y sigue corriendo! —exclamó la chiquilla.

  —¡¿Qué dices?! ¡Mocosa, pero si tú eres la única niña aquí!

  —¡No soy ninguna mocosa! —dijo mientras le golpeaba repetidas veces en la cabeza con golpecillos torpes.

  —La vida era más fácil cuando comandaba demonios en el infierno —dijo Angel intentando tomar un suspiro.

FIN.

Edwin Peter Barbes

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