TETRAMENTIS / Damned Angel: Genesis – Capítulo XI – (Vol 02)

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Capítulo XI : Recuerdos de una Guerra Olvidada ( Vol 02 )

«El Fin de Los Tiempos, Sucederá al Final de los Primeros Eventos»

La batalla entre los ejércitos había comenzado. Los soldados del Imperio se dieron a la carga. El sonido de las cabalgadas se escuchaba a todo lo largo del valle. Como dos enormes olas en el océano, aquellos ejércitos se encontraron. La desventaja del imperio empezó a verse casi inmediatamente, ya que los Sargentos con sus poderes demoníacos, mataban más rápido que la espada. Angel por su parte, cuidaba de no herir fatalmente a sus oponentes. Sin embargo, unos cuantos huesos rotos los dejarían fuera de combate. No obstante,  para su sorpresa, vio que el ejército de Sargentos había incluido en sus filas poderosos demonios del nivel tres, aquellos demonios que han sido invocados con un sacrificio humano.

  Estos demonios eran demonios semi-gigantes, aunque carecían de alas. A este tipo de demonio se le conocía como Nordorak. Eran primos de los Mardoras, aunque los Mardoras son más ágiles e inteligentes y además  poseen alas. A diferencia de sus primos, los Nordorak carecen de inteligencia y se les considera como bestias incluso entre los mismos demonios, por lo que solo se les asigna tareas básicas o que requieran de fuerza bruta.

  Angel se dirigió rápidamente hacia uno de los Nordorak en el campo de batalla. Cuando estuvo cerca, el demonio intentó aplastarlo con sus gigantes y enormes manos, pero Angel era muy ágil, y exitosamente esquivo cada uno de los movimientos de la bestia. De un enorme salto, cortó un brazo de la bestia al azotar su espada contra el demonio con toda su fuerza. Un baño de sangre cubrió todo el derredor. Ahora encima del demonio, Angel clavó su espada en el cuello del Nordorak, matándolo al instante.

   Antes de Angel poder recuperarse, tres Nordorak más ahora le rodeaban. Con rabia, empezaron a lanzar golpes al suelo simultáneamente, para aplastarlo. Los golpes eran tan fuertes que causaban fisuras. Las rocas del suelo empezaron a saltar a toda velocidad en diferentes direcciones, golpeando la mayoría a Angel de lleno. Cuando intentaba levantarse recibió un golpe seco de uno de los Nordorak en el costado, y fue arrastrado por el impacto hasta un cúmulo de rocas, estrellándose contra ellas en una tormenta de polvo.

  Los Nordorak dieron a Angel por muerto y empezaron a retirarse para continuar en el combate.

  —¿Creen que eso es suficiente para acabarme? —Dijo Angel mientras se levantaba—. Son patéticos.

Angel concentró su poder desde su brazo derecho hacia su espada trinitaria.  Su arma empezó a irradiar poder. Relámpagos de energía obscura fluían a través de ella. Se abalanzó contra el primer Nordorak y de un solo corte su cabeza rodó por el suelo en un rastro de sangre. La segunda de las tres bestias intentó detener a Angel antes de que este llegase a atacarle, pero la velocidad del cazador era incomparable. Angel partió por la mitad al Nordorak sin inmutarse. La sangre del Nordorak baño la afilada hoja de la espada trinitaria y cubrió la mitad del rostro de Angel. El último de los demonios intentó escapar. Angel lo interceptó a tiempo, y lo detuvo con sus poderes mentales, arrastrándolo hacia él. Levitando al demonio por los aires, con su energía mental despedazó todas las extremidades del demonio, y lentamente le retorció la cabeza hasta que estalló. La sangre fluía hacia al suelo como si se tratase de una cascada. Angel estaba completamente bañado en sangre, sus cabellos cubrían parte de su rostro, y su sonrisa de satisfacción se hacía cada vez más evidente.

  La batalla entre los soldados del Imperio y los Sargentos se encontraba ahora en su punto más decisivo. Ambas legiones luchaban con todo lo que tenían. Pero los soldados del Imperio empezaron a temer cuando el general de todos los Sargentos hizo presencia en el combate. Con un enorme estruendo al chocar su hacha en el suelo, lo resquebrajó frente a él. Varios soldados cercanos fueron despedazados por el impacto de aquella magnitud de poder. Levantando aquella enorme y poderosa hacha, en un instante desapareció de la vista humana. Miles de cortes se produjeron con su hacha mientras en fracción de segundos atravesó varias filas de soldados del imperio. Todos cayeron despedazados, esparciendo sangre y órganos internos por doquier. Su presencia era tan maligna, que ni sus propios hombres se atrevían a moverse en su presencia. Este hombre era enorme, fuerte, de aspecto sombrío y sus ojos eran totalmente negros.

  —Mi nombre es Téranor. Soy el general de las fuerzas de los Sargentos. ¿Alguno de ustedes cree poder vencerme? ¡Dejen sus armas, y únanse a mi ahora! Se convertirán en mis esclavos.

  Los soldados del Imperio empezaban a dudar. Su poder era demasiado para ellos.

  —Empezaré a matarlos uno por uno hasta que decidan…

  —No lo permitiré —intervino Angel colocándose frente al titán.

  —¡No lo hagas Angel! —interrumpió Ahriz—. ¡Sabes que es un humano y no puedes hacerle daño! Sino de lo contrario… ¡Déjame a mí luchar contra él!

  —No, ¡ya basta! No puedo seguir escapando de todo esto. Es hora de que enfrente yo solo a este oponente —exclamó Angel mientras apretaba fuertemente la empuñadura de su espada.

  —¡Será un placer cortarte en pedazos! Prepárate… ¡Porque te haré pedazos y me comeré tus entrañas! —dijo el general mientras sonreía diabólicamente.

  Téranor se lanzó al ataque antes de que Angel siquiera pudiese pestañear. Blandiendo su hacha, y con una expresión salvaje en el rostro, atacó a Angel con todas sus fuerzas. Por apenas unos centímetros, el cazador logró esquivar el ataque. La lucha desenfrenada había empezado, y Angel no se sentía preparado. El general siempre se mantenía a la ofensiva, mientras Angel se defendía de sus ataques viciosos.

  Mientras ambos luchaban con ferocidad, a no muchos metros de allí, una familiar figura se escabullía de la carreta en la que Angel y Ahriz habían llegado al campo de batalla para observar mejor la pelea. Nadie notó aquella pequeña figura que se escurría entre todo el desastre que tenía lugar en ese momento.

  Téranor golpeó con su enorme hacha la espada de Angel, quien se defendió con esta de aquel terrible ataque. El golpe resonó fuertemente en el metal. El golpe fue demasiado poderoso. Angel cedió por el impacto, y quedó desarmado.  Su espada se clavó en el suelo a algunas yardas de allí. El general embistió salvajemente a Angel con un cabezazo, noqueándolo hasta el suelo. Levantando en alto la poderosa hacha, se preparaba para asestar el golpe final. Angel sintió como si su vida estaría a punto de escurrirse de su cuerpo. Cerró sus ojos esperando el golpe fatal. Téranor dejó caer sobre Angel su hacha con todas sus fuerzas. El rostro de Angel se cubrió de sangre. Al abrir sus ojos, vio que esta sangre no era la suya; era la de Jennifer. Jennifer fue aquella figura que se escurría en todo el caos de la batalla. En el último momento se había interpuesto entre Angel y el hacha del general, recibiendo todo el impacto en su espalda. El hacha se había introducido en su espalda profundamente. La sangre se escurría a través de ella hacía el suelo y sobre Angel.

  —¡Jennifer!—gritó con todas su fuerzas.

CONTINUARÁ…

Edwin Peter Barbes

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