TETRAMENTIS / Damned Angel: Genesis – Capítulo XI – (Vol 03)

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Capítulo XI : Recuerdos de una Guerra Olvidada ( Vol 03 )

«El Fin de Los Tiempos, Sucederá al Final de los Primeros Eventos»

Sin pensarlo dos veces, con su poder mental regresó su espada a sus manos, y con velocidad sobrehumana atacó a Téranor con la intención de matarlo. La sangre se vertió de nuevo. Esta vez fue Ahriz que detuvo en seco el ataque de Angel con sus manos. La espada perforaba sus palmas y la hacían sangrar.

  —No te permitiré que lo hagas Angel —dijo Ahriz.

  Levantó su mano derecha, y materializando con energía sagrada su espada de luz, cercenó la cabeza del general sin vacilar.

  Ahora con su general derrotado, el ejército de los Sargentos intentó huir. Los soldados del Imperio los persiguieron y los asesinaron a todos. No quedó ningún Sargento en pie.

  —¡Llamen a un medico! ¡Rápido! —exclamaba Angel con desesperación.

  Jennifer fue llevada rápidamente ante los mejores médicos presentes. Estuvo durante un largo tiempo bajo sus cuidados, mientras Angel agitado, esperaba fuera de la carpa donde era atendida. Después de mucha espera, uno de los médicos salió para hablar con él.

  —¡¿Cómo está ella?! —preguntó Angel ansioso.

  —La verdad es que… ya no hay nada que podamos hacer. Morirá en pocas horas —respondió el médico.

  —¡¿Qué dice usted?! —exclamó mientras levantó amenazantemente al médico por sus ropas.

  —Lo siento… —susurró el hombre mientras bajaba su cabeza—. Hicimos todo lo que pudimos.

  —No… ¡Esto no puede terminar así! ¡Tiene que haber algo que podamos hacer! ¡No puedo permitir que muera!

  —Aún hay algo que podemos hacer —interrumpió Ahriz.

  —¿Te refieres a…? Pero, ¿no sería demasiado…? ¿Y si no funciona?

  —Debemos intentarlo.

  Ahriz se dirigió a la carpa donde se encontraba Jennifer. Cuando los otros médicos que se encontraban allí lo vieron, se asombraron.

  —¿Quién es usted? —preguntaron.

  Ahriz reveló su forma de ángel y ordenó que se retiraran. Le obedecieron.

    —Angel, necesitaré una de tus cuchillas —ordenó.

    —Aquí la tienes —dijo Angel al entregársela.

  Empuñando la cuchilla, Ahriz cortó a Jennifer en el antebrazo.

  —¡Ten cuidado! —exclamó Angel.

  —Sé lo que hago, no temas —respondió Ahriz.

  Cortándose él también en su antebrazo izquierdo, Ahriz juntó su herida con la de Jennifer para que absorbiera su sangre.

  —La he inoculado con mi sangre. La sangre del ángel ahora corre en sus venas. Se transformará en un híbrido en poco tiempo —afirmó.

  —Espero que funcione —dijo Angel.

  —¡Observa! —interrumpió Ahriz bruscamente mientras señaló a Jennifer—. Ahora sólo debe descansar.

  El cuerpo de Jennifer absorbía lentamente toda la sangre en su interior. Empezó a respirar lento pero seguro.

  Jennifer estuvo descansando por varias horas. Prácticamente le tomó sólo un día mejorarse. Cuando por fin despertó, lo primero que vio fue a Angel, quien estuvo a su lado todo el tiempo.

  —¡Eres una tonta! ¡¿Por qué hiciste algo tan imprudente?! —exclamó.

  —Tú… ¡Tú no sabes nada! ¿Quieres saber por qué no dejaba de seguirte? ¡No había comido en semanas! Era muy orgullosa para pedirte comida… pero no te importó. Me ayudaste, y me trataste bien… ¡No podía abandonarte! —exclamó Jennifer mientras estallaba en lágrimas.

  —¿Es qué no lo entiendes? —interrumpió Angel su llanto—. ¡Preferiría morir e ir al infierno! Preferiría eso mil veces antes que verte morir. Jamás me lo perdonaría.

  Jennifer ahogó su llanto. Sintió que quería llorar más, pero decidió no hacer sufrir más a Angel.

  —Todo pasó, Angel. Ya estoy bien. ¿Qué ha pasado con mi herida? ¿Cómo me he sanado? No siento nada.

  —P-Pues…  es que… pues, bueno… ¡Te atendieron los mejores médicos de todo el mundo! —mintió Angel mientras realizaba un montón de gestitos nerviosos.

  —¿Ah sí? Pues… ¡Son verdaderamente buenos! ¡De verdad que no siento nada!

  —Sí, bastante buenos —reafirmó Angel mientras fingió una sonrisa y se rascaba la cabeza.

  Angel dejó sola a Jennifer para que terminara de descansar. Mientras se alejaba de la carpa Ahriz se acercó a él.

  —¿Cuánto tiempo le ocultarás la verdad?

  —Sólo hasta que se mejore —respondió Angel—. Necesito que te quedes aquí con ella. Tengo asuntos pendientes que resolver en el Vaticano con ese Arzobispo corrupto.

  —Bien, pero desde que regreses… ¡La niña será tu responsabilidad! ¿Entendiste?

  —Claro, tenlo por seguro.

  Angel tomó el corcel más veloz disponible, y partió a toda velocidad hacia el Vaticano. Estuvo cabalgando por horas. Se había adentrado bastante en el bosque. Una gran luz lo cegó repentinamente, y se detuvo para recuperarse. Cuando recobró su visión, pudo notar la presencia de un ángel de cuatro alas magistrales. Era el Arcángel.

FIN.

Edwin Peter Barbes

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