INTROVISION / Féretros de Papel

Siempre sucede cuando la luna llena provoca la marea de energía astral que rebosa los canales pantanosos que atraviesan cual líneas de las manos el bosque encantado de este extraño cuento de hadas. Los Ignis Fatuus que bostezan los cadáveres de los niños en la tercera dimensión se manifiestan aquí como sus espectros; espectros ataviados con la cota de malla de gas metano forjada por la solitaria labor de un ermitaño átomo de carbono que arde en los fuegos del mundo real. Se dispersan por todo el bosque con la finalidad de encontrar su canal pantanoso favorito; la sangre coagulada de estos ha de ser el lento jinete sobre el que cabalgarán sus féretros de papel.

  Los espectros viven en una eterna infancia en la dimensión de este extraño cuento de hadas; una infancia que no recuerda aquella que ya no es computada por el tiempo por haber sido borrada de su memoria de días, noches y estaciones anuales gracias a la matemática precisión de una muerte violenta. Pero eso fue allá, muy lejos, en el plano físico. Aquí, en este extraño cuento de hadas, los espectros se divierten bajo la mirada celosa de la luna llena jugando uno de sus juegos favoritos; un juego que como todo lo que forma su realidad espectral tiene su correspondencia en la que fue su realidad física. El juego consiste en arrojar a los canales pantanosos pequeños féretros de papel. Sí, ellos alguna vez fueron barquitos de papel; pero de eso hace ya mucho tiempo, o más bien… hace ya una larga muerte.

  Los pequeños féretros de papel al ser arrojados sobre la sangre coagulada inician una ruta que ha de finalizar justo en el portal que da acceso a la realidad física. Dentro de ellos yacen los espectros que de esta manera van recordando a través de cada etapa del trayecto las etapas correspondientes a la vida física que alguna vez tuvieron. Ahora bien, una vez los pequeños féretros de papel arriban justo al umbral del portal que da acceso al plano físico, se desintegran para reaparecer en el tiempo de la realidad flotando en forma de barquito de papel sobre un estanque, río o canal cualquiera. Es extraño, pero por lo regular siempre son descubiertos por niños que suelen morir por muerte violenta. Esto lo intuyen sus madres cuando ven a sus hijos jugando alegremente con el extraño hallazgo. El escalofrío que retuerce sus cuerpos no miente, pues es el escalofrío que anuncia la muerte con los acordes de trompetas tocados por un despiadado estremecimiento de la carne. ¿Qué provoca el escalofrío? Los espectros que hicieron los pequeños féretros de papel que devinieron en los barquitos de papel con los cuales juegan sus hijos. La rueda del destino tiene formas verdaderamente tenebrosas de girar.

 Sí, las tiene. Una verdad que la sabemos encarnada en el destino mismo de nuestro amado continente, Zothique The Last Continent. Pues él mismo constituye el final de un tenebroso giro del tiempo terrestre; pero uno del cual cada uno de los miembros de este Blogzine de las cosas que no son pero que deberían ser nos sentimos sumamente orgullosos. Por cierto, en Zothique los barquitos de papel transportan féretros de hierro; los solemos arrojar sobre los canales de la imaginación. Como el que inicia su recorrido ahora con la edición de esta semana.

  Nuestro barquito de papel, ah perdón, nuestro pequeño féretro de papel deriva directamente hacia la orilla de la sección Tetramentis, en la página del jueves. En ella lo espera un solo espectro: Edwin Peter Barbes. Él no está jugando precisamente con un pequeño féretro de papel pero su juego llamado Damned Angel: Genesis, ciertamente ha provocado la necesidad de construir muchos de ellos; y no para arrojarlos a ningún canal o río sino para sepultarlos seis pies bajo tierra. El Capítulo XII de su Light Novel se titula: «Cicatriz del Alma». Todavía hay mucho que jugar en esta Saga.

  Nos despedimos de un espectro que en vez de hacer pequeños féretros de papel para arrojarlos a los canales pantanosos se dedica a hundirlos. Bueno, ya saben a quien me refiero, nuestro sumo sacerdote, Markus E. Goth, editor y director de este Templo Virtual. Ya saben, como dijo Aleister Crowley, si eso lo satisface… está bien. Por cierto, el maestro Crowley también pudo haber dicho esto… El horizonte de los murciélagos es más lejano que el de las águilas.

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  Odilius Vlak

 Jefe de Redacción

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