TETRAMENTIS / Damned Angel: Genesis – Capítulo XII – (Vol 01)

 –

Capítulo XII: Cicatriz del Alma ( Vol 01 )

«El Fin de Los Tiempos, Sucederá al Final de los Primeros Eventos»

  — ¿A qué se debe vuestra presencia en este lugar? —preguntó Angel mientras crecía en él una extraña sensación de sospecha. Angel estaba preocupado. El ángel más importante de todos los cielos personalmente se manifestó ante él. Algo muy serio estaba por ocurrir.

  El arcángel miraba a Angel detenidamente, sin mostrar emoción alguna. No pronunciaba una sola palabra. El viento era lo único que se dejaba escuchar.

  —Has desobedecido los mandatos divinos —expresó finalmente en una voz calmada y grave—. He presenciado todo lo que ha sucedido cuando recibiste las órdenes del Sumo Arzobispo. ¡Desafiaste los mandatos de los representantes de Jehová en la tierra!

  — ¡Ningún hombre puede decidir qué hacer con la vida de otro hombre! Esos no son mandatos divinos. Son malditos, son sucios, corruptos. No formaré parte de ello.

  — ¿Cuestionas nuestras decisiones? Estás fuera de lugar. Debes cumplir lo que se te ordena.

  —No… ¡No lo haré! No soy nadie para pretender que puedo tomar la vida de ninguna otra persona.

  —Entonces, tendré que obligarte a cumplir con tu propósito.

  —No tengo miedo. Destrúyeme si lo consideras conveniente. ¡Prefiero ser destruido a tomar otra vida más!

  —Pues que así sea.

  Con una velocidad  nunca antes presenciada por Angel, el arcángel lo tomó por el cuello y alzándose en vuelo lo arrastró por los aires, llevándolo hasta lo más alto posible en el cielo. El arcángel descendió a gran velocidad, y una vez cerca del suelo lo lanzó contra este con todas sus fuerzas. El impacto fue tan potente que el suelo se quebró, dejando un largo rastro hasta donde el cuerpo de Angel fue catapultado.

  —Levántate —ordenó el arcángel.

  Lenta y dificultosamente se levantó. Sus heridas apenas le permitieron incorporarse, pero aún así estaba listo para contraatacar. El arcángel concentró todo su poder de luz en ambas manos, surgiendo así de ellas dos espadas de luz. Con estas hojas aplicaría la justicia divina sobre los herejes. Angel blandió su espada trinitaria. Sin esperar un segundo más, el arcángel empezó a atacar a Angel con una lluvia de rápidos ataques con ambas espadas simultáneamente. Angel detuvo todos los ataques con gran agilidad. Las espadas del arcángel se movían con una gracia letal. La velocidad de los ataques aumentaba cada vez. El cuerpo de Angel empezó a recibir pequeños cortes. Angel estaba perdiendo; debía hacer algo. Aumentando su energía, Angel infundió descargas eléctricas que surgieron desde su brazo hasta la espada trinitaria. Relució con centellas alrededor de toda su hoja. Con gran fuerza cargó contra el arcángel. Cruzando sus espadas el arcángel detuvo el ataque, atrapando la espada entre sus dos hojas de luz. Cuando todas aquellas armas se encontraron, Angel aprovechó la oportunidad para aumentar el poder eléctrico enviado miles de voltios de descarga hacia su oponente. El arcángel no se inmutó. Parecía como si fuese inmune.

  —Tus poderes son inútiles —habló el arcángel—. Ríndete ahora.

  —¡Jamás! ¡No me obligarán a convertirme en un asesino!

  —Suficiente. Esto termina ahora.

  Las espadas de luz del arcángel brillaron de manera celestial. Les transmitía poder a través de su aura santificada. Sus ojos amarillentos brillaban con un destello dorado. En un abrir y cerrar de ojos lanzó su ataque. Angel intentó detenerlo, pero fue demasiado fuerte. La primera colisión desarmó a Angel. Su espada quedó clavada a varios metros de distancia. La segunda colisión fue un golpe certero. Una línea en diagonal en el rostro de Angel se dibujó con sangre. Aquella herida le llegaba desde encima de su ojo derecho hasta debajo de la mejilla izquierda. El dolor de la herida no cesaba. Desesperado por el dolor exclamó: « ¿Qué me has hecho? No puedo regenerar mi herida».

  —Mi trabajo ha terminado aquí —respondió el arcángel.

  — ¡Espera! —exclamó Angel, pero era tarde. El arcángel desapareció en una ventisca provocada por el vuelo de sus alas y el poder de su energía sagrada.

  Angel retomó su camino hacia el Vaticano. Aún tenía asuntos pendientes con el arzobispo. En poco tiempo se encontró nuevamente frente a sus puertas. Estaba determinado a exigir una auditoria con el propio concejo de la organización. Justo antes de adentrarse al edificio notó como se acercaba a él un anciano cubierto en varios mantos. Era el arzobispo.

  — ¿Aún planeas desobedecerme? —preguntó el anciano detenidamente.

  — ¡Por supuesto! Planeo denunciarlo por sus actos de corrupción, para que sea expulsado del consejo y rinda cuentas por el mal que ha hecho.

  —Una lástima que todavía no puedas entender la ley divina, ¡mi ley divina! Pero no tienes más opción que obedecerme.

  —Ya le dije anciano, no me someteré a sus macabras decisiones.

El arzobispo alzó los documentos que le había presentado anteriormente; que contenían la información necesaria para rastrear y dar muerte a sus enemigos. Con una sonrisa en el rostro habló lentamente: «Estas personas son herejes, pecadores sin remedio. Deben ser eliminados. Mátalos a todos».

  — ¿Qué acaso no entiendes que yo… —su voz se detuvo. Un fuerte dolor en su rostro le invadió. Aquella cortada que había recibido anteriormente por parte del arcángel empezó a arderle. Sentía como si la piel se quemara. Una luz brotaba de la herida, y una especie de vapor escapaba de su rostro. Gritaba del dolor producido por la ardiente quemazón. En su agonía apenas pudo pronunciar unas palabras: «¿Qué… me… sucede?».

  —Hace poco envié al arcángel para que te marcara con una cicatriz. Es una cicatriz que no fue hecha en la carne, sino en tu alma. Es tu castigo por no obedecer a un líder espiritual del Vaticano. Esa marca te obligará a obedecer. Ahora cumple con mi mandato. Ya es hora.

  El dolor se intensificó en tal forma que Angel perdió el conocimiento. Cuando al fin recuperó su conciencia, se encontró de pie frente a varios cuerpos despedazados; los pedazos estaban esparcidos por toda la habitación donde se encontraba; la sangre inundaba el suelo. Sus cuchillas estaban manchadas con aquella sangre. Se escurría desde sus armas hasta gotear en el charco. No podía creer lo que había sucedido.  Pensó que debió ser enviado al infierno por asesinar a esas personas. Pero no fue así. «Quizás porque no fue mi propia voluntad», pensó. La culpa le invadía de todas maneras. Sabía que debía hacer algo. Ya no podía quedarse más en Roma, seguiría siendo usado  como un arma contra aquellos llamados «herejes» por el arzobispo. Decidió partir rápidamente, dirigiéndose a una taberna cercana. Estando allá se tomo un poco de tiempo para escribir una carta para Ahriz. La carta decía más o menos así:

«Ahriz:

  Si estás leyendo estas líneas, quiere decir que en estos momentos ya me encuentro fuera de Roma. He decidido abandonar mi asociación con el Vaticano, ya que he sido marcado. Mi alma está sometida a la voluntad de cualquier ministro. La cicatriz del alma me obliga a obedecerles. El Vaticano está podrido por dentro; varios de sus miembros son corruptos. Se aprovecharán de mí y utilizarán mis poderes para causar más daño. Aunque he decidido abandonar este lugar, mi misión de exterminar demonios no terminará aquí. Donde quiera que esté, seguiré cazando, seguiré protegiendo a los humanos. Sé que te prometí que cuidaría de Jennifer, pero a donde voy no puedo prometer que la mantendría a salvo. Por favor, cuídala como lo haría yo. Prometo seguir escribiendo periódicamente, pero deberán mantenerlo como un secreto. Preferiblemente incineren mi correspondencia una vez recibida. Todavía no sé exactamente hacia donde me dirigiré. Confío en ti Ahriz, y espero que puedas entenderme.

Angel.»


  Luego de revisarla un par de veces, envió la carta con una paloma mensajera. Se disponía a continuar su camino, cuando uno de los presentes lo reconoció.

  —Oye, ¿qué no eres tú el sujeto por el que ofrecen una recompensa? —dijo.

  —¿De qué hablas? —preguntó Angel.

CONTINUARÁ…

Edwin Peter Barbes

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s