INTROVISION / Un Astronauta Sonámbulo

  « ¿Cuál podría ser el destino de un astronauta que padezca de sonambulismo?», esa era la pregunta que vagaba cual sonámbulo —valga la analogía— en cada una de las mentes de los astrociudadanos de la estación espacial Morfeo Desvelado Por cierto, no es ningún chiste metafórico. Raras veces le daban voz, pues entendían que era innecesario repetir en voz alta el pensamiento que todos sabían anidaba en la mente de cada uno los miembros de la estación. Sobre todo cuando desde el puerto contemplaban con asombro consternado la figura de uno de sus compañeros que, durante el ciclo de alineación de la estación espacial con la constelación de Pegasus, iniciaba una serie de peregrinaciones en estado de sonambulismo hacia nadie sabía donde.

  Lo cierto es que desde la primera vez que uno de sus compañeros divisó la figura del astronauta sonámbulo recortada como una pálida pluma fantasmal sobre el fondo de tenebrosa belleza del espacio, muchas han sido las soluciones que se han intentado para detener o, al menos, saber a ciencia cierta cuál es la ruta que recorre el sonámbulo durante su deambular a través del espacio infinito; deambular que nunca se toma menos de 28 días de duración, que es el tiempo de la alineación de la estación espacial con la constelación de Pegasus cada año desde esa parte del universo.

  La primera vez fue hace más de 30 años, pues no estamos hablando de algún capricho de juventud. La estación espacial Morfeo Desvelado es una estación generacional que orbita alrededor de un gigante gaseoso junto a su único satélite; por lo tanto sus habitantes envejecen y mueren en ella, bajo la mirada maravillada de la generación siguiente. Cuando quisieron poner en marcha el primer plan más obvio para evitar que el sonámbulo saliera de la nave, que era por supuesto, evitar que saliera de su aposento, la élite científica, militar y social de la nave se tropezaron con el primer obstáculo venido del más allá: era imposible mantenerse despierto durante el tiempo en el cual el astronauta sonámbulo iniciaba su peregrinación hacia la tierra santa del espacio estelar. También, cuando intentaron poner en marcha el segundo plan más obvio, que era seguir a distancia el cuerpo del sonámbulo con naves espaciales, se tropezaron con su segundo obstáculo venido del más allá: la figura del astronauta sonámbulo virtualmente se esfumaba ante la vista de sus vigías como si hubiese caído a través de algún túnel cuántico, o como si algún portal dimensional de carácter más fantástico se abriera visible sólo para sus sentidos internos.

  Y así, entre el sopor de hierro que se apoderaba de toda la estación durante 28 días cada año y el asombro de los testigos que contemplaban año tras año la desaparición del astronauta sonámbulo en la nada del espacio exterior, se intentaron todo tipo de soluciones absurdas: poner el cuerpo en estado de hibernación una vez dormido; encerrarlo en una capsula hermética; y hubo hasta quienes propusieron la idea de atarle a su traje uno de los perros experimentales de cerebros humanizados, pues los animales, por cierto, eran los únicos que no eran víctimas del sopor de hierro que velaba los ojos y el entendimiento de todos los humanos la víspera de la salida del sonámbulo; pero estos siempre eran dejado atrás cuando el sonámbulo desaparecía… entre todo esto, decimos, surgían una y otra vez las mismas preguntas: «¿Cuál es el destino del astronauta sonámbulo?»; ¿será en este mismo sistema planetario, en esta misma galaxia, o incluso, en este mismo espacio-tiempo?». Era inútil preguntárselo a él, ya que nunca recordaba nada. Parecía como si los únicos que sabían esa realidad eran los demás y no él. No reconocía siquiera que pudiera padecer de sonambulismo.

  Es lógico que con más de 30 años padeciendo una realidad sobrenatural, los habitantes de la estación espacial comenzaran a preguntarse de si no se trataba de alguna especie de alucinación o sueño colectivo; experimentada por todos ellos excepto por el astronauta sonámbulo. El cual posiblemente no era el sonámbulo sino todos los demás. La hipnosis tampoco funcionó. Ni en él ni en los otros, incluyendo niños. Entonces, ¿qué demonios podía suceder? El único dato científicamente válido, era que el fenómeno ocurría durante la alineación con la constelación de Pegasus. Pegaso, el caballo alado de la antigua mitología griega. Alguien sugirió que la peregrinación sonámbula finalizaba en dicha constelación ubicada a una distancia de varios años luz. Agregando que ya el fenómeno rebasaba la explicación científica y estaba en manos de lo sobrenatural con una base de arquetipo mitológico en ella. La constelación de Pegasus representa un caballo, no importa si es alado; y todo caballo necesita un jinete… ¿Acaso nuestro astronauta sonámbulo fue Perseo o Belerofonte en una distante vida pasada? Si es así, entonces el siguiente enigma sería… ¿Hacia dónde cabalgará a lomos de todo un cúmulo de estrellas?

  Buena pregunta. Posiblemente su cabalgata lo conduzca a Zothique The Last Continent, un destino por cierto, mejor que el del Olimpo. Todos los caballos son bienvenidos en nuestro amado continente, sobre todo si trae consigo una tarjeta de recomendación de Thamogorgos el Dios del Abismo. Quizás Pegaso sea uno de sus caballos macrocósmicos y uno de nuestro Hermanos Fanáticos su jinete sonámbulo. En todo caso, aquí, en este Blogzine de las cosas que no son pero que deberían ser nos gusta cabalgar sobre cualquier cosa que supere la velocidad de la luz, como es el caso del contenido de la edición de esta semana.

  Cabalgamos sonámbulos hacia la sección Runes Sanguinis, en la página del miércoles. Ciertamente esta sección tiene alas. En esta ocasión remontarán el vuelo hacia el reino de uno de los genios más grandes del siglo XX, su eminencia Isaac Asimov. El escritor y crítico literario, James Gunn, bate palmas al recordar a este fenómeno de la naturaleza; y lo hace con un testimonio titulado: «Celebrando a Isaac Asimov».

  No hay mucho que decir de la sección Tetramentis, en la página del jueves, excepto que el único caballo que cabalga en ella es el de la Light Novel, Damned Angel: Genesis, del escritor, Edwin Peter Barbes. En esta edición la conclusión del Capítulo XII: «Cicatriz del Alma».

  Nos despedimos de alguien que cabalga uno de los caballos macrocósmicos de Thamogorgos, nuestro sumo sacerdote, Markus E. Goth, editor y director de este Templo Virtual. Según se dice su destino es más allá del horizonte, pero, ¿de cuál? Del nuestro por supuesto… El horizonte de los murciélagos es más lejano que el de las águilas.

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  Odilius Vlak

 Jefe de Redacción

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