RUNES SANGUINIS / Celebrando a Isaac Asimov – Por James Gunn

Isaac Asimov - Rowena Morrill

 El 16 de octubre impartí una conferencia sobre Isaac Asimov en la West Virginia University en Morgantown. La ocasión formaba parte de una serie de conferencias llamada «Una Celebración de las Ideas», y la librería de WVU y el jefe de personal de la universidad, Jay Cole, y su maravillosa estudiante asistente, Molly Smith, se les ocurrió la feliz idea de presentar un conversatorio sobre Isaac, en gran parte porque las colecciones especiales de la biblioteca posee la que es probablemente la más grande colección del material de Asimov detrás de la que atesora la  Boston University.

  Cómo la WUV obtuvo la colección de Asimov es una historia en sí misma: un estudiante de WUV, Larry Shaver, que ahora vive en Oklahoma City, había estado coleccionando libros y otros materiales de Asimov desde sus primeros años como estudiante. Él le ofreció su colección a la WUV y la biblioteca fue lo suficientemente sabia de aceptarla. Posteriormente, Carlos Patterson, de Sacramento, California, no un alumno, escuchó sobre la colección y le agregó varios cientos de artículos de su propia colección de Asimov; la colección de la WUV cuenta ahora con casi 700 artículos, incluyendo juegos y crucigramas con el nombre de Asimov en ellos. Ambos donantes viajaron a Morgantown para la ocasión.

  Aquí les traigo los comentarios que hice ante una entusiasta audiencia de 180 —mayormente— fanáticos de Asimov reunidos en un gran salón del centro de estudio de la WUV.

 

  Estoy muy complacido de poder hablar sobre mi amigo y modelo literario, Isaac Asimov, en este, el año en el cual él cumpliría 90 años; o quizás 91. Tan exacto como sus padres pudieron calcular, él nació el 2 de enero de 1920, pero eso fue en Petrovichi, Rusia, donde los registros y memorias no son claros, y él pudo haber nacido tan temprano como el 4 de octubre. Él estaría asombrado ante la idea de esta clase de celebración; cuando lo entrevisté para mi libro sobre su ciencia ficción, él me dijo que yo debería estar escribiendo mi propia ficción. Isaac fue traído a este país a la edad de tres años y creció en una serie de confiterías de Brooklyn. Eso, él sintió, le dio forma a su vida posterior. Él no se arrepintió por los hábitos que esto le imprimió; con la posible excepción del retraso social creado por nunca visitar a nadie o no ser visitado por ninguna familia, confinados como estaba a las incesantes demandas de la tienda; ya que esto resultó en el exitoso adulto, Isaac Asimov. Y era excelente serlo.

  Él encontró maneras de lidiar con el mundo más amplio, al principio con un sentido de la ocurrencia muy inteligente y luego con lo que él llamó «caballerosidad hacia las damas», lo cual consistía en comentarios sugestivos dichos a manera de bromas, y un aire total de asombro ante su propio éxito de la mano con generosas anécdotas de sus propios fracasos y las críticas desestimulantes hechas por amigos. De sus días escolares, por ejemplo, él recuerda la ocasión cuando el libro «About Ben Adhem» de Leight Hunt fue programado para ser discutido. Ben Adhem, cuyo nombre no se incluye en el índice de ángeles como uno que amó al señor, pidió ser registrado como uno que amó a su prójimo, y el poema finaliza con: «¡Y mirad! El nombre de Ben Adhem encabeza el de todos los demás». Isaac estaba listo para la pregunta del profesor: «Por qué el nombre de Ben Adhem encabeza el de todos los otros?». «¡Por el orden alfabético, señor!», Isaac respondió. Él fue enviado a la oficina del director, Isaac recuerda, «pero valió la pena».

  Isaac adjudica su transformación de un molestoso sábelo todo a un compañero genial a un incidente sucedido a finales de la Segunda Guerra Mundial, cuando él fue reclutado por el ejército y enviado a las pruebas de la Bomba H en el pacífico. Él escuchó a un soldado explicándoles a unos compañeros el funcionamiento de la bomba. Él se levantó para asumir el papel del chico inteligente y ofrecer la explicación correcta pero se preguntó a sí mismo quién le ordenó ser su educador y se sentó nuevamente. Irónicamente, pocos años después él interpretó el papel de chico inteligente cuando inició una serie de libros de divulgación acerca de casi cualquier cosa que hoy podamos celebrar, lo que condujo al Profesor George G. Simpson de Harvard a definirlo como «una de nuestras maravillas naturales y recurso nacional».

  Sin embargo, antes de Isaac convertirse en un reconocido sabio, el fue un escritor de ciencia ficción, e incluso en sus últimos días quería ser recordado como un escritor de ciencia ficción. «Es colina arriba para la ciencia ficción; colina abajo para todo lo demás», él comentó. Escribió acerca de participar en una reunión World Book de contribuidores en la que cada uno era introducido con un tema orquestal. Para pesar de Isaac, él fue introducido con «¿Cuán profundo es el océano, cuán alto es el cielo?». «No importa cuán variados sean los temas sobre los que escriba», dijo, «yo fui primero un escritor de ciencia ficción y es como uno que quisiera ser identificado».

  En la introducción a la Historias del Premio Nébula Ocho, él escribió:

  «Comencé escribiendo ciencia ficción… y por treinta años he descubierto que mi entrenamiento en la ciencia ficción me capacitó para escribir cualquier cosa… He escrito unos 150 libros hasta la fecha, y les puedo decir, que de todas las cosas que he escrito, la ciencia ficción es con mucho lo más difícil que hago.»

  Isaac se enamoró de la ciencia ficción en la confitería de su padre, donde también se vendían periódicos y revistas. Isaac aprendió a leerlas tan cuidadosamente que podrían ser puestas en venta nuevamente luciendo aún como nuevas; un hábito que él mantuvo hasta el final de su vida. Entre esas revistas se encontraba una nueva clase de publicación que había comenzado cuando Isaac tenía seis años: Amazing Stories, luego Science Wonder Stories y Astounding Stories of Super Science. Isaac había aprendido a leer por sí mismo a los cinco años, y su padre siempre lo contempló con un sentido de maravilla y con una determinación de que su hijo más grande sería un doctor. Le ordenó a Isaac que no perdiera su tiempo con esa clase de revistas pulp hasta que Isaac le señaló la palabra «ciencia» en el título de la revista.

  El padre de Isaac le regaló una máquina de escribir usada tamaño oficina cuando éste tenía quince años, e Isaac se puso a trabajar inmediatamente, escribiendo cartas a las revistas de ciencia ficción en las cuales comentaba las historias, particularmente las publicadas en Astounding Stories, que recientemente había sido adquirida por Street & Smith a causa de la bancarrota de la cadena de revistas Clayton. Su fascinación se intensificó cuando John W. Campbell, Jr., fue nombrado editor de la revista en 1937 y le cambió el nombre a Astounding Science Fiction. Fue ahí cuando Isaac decidió comenzar a escribir historias de ciencia ficción y, más importante aún, escribirlas para Astounding.

  Poco tiempo después Isaac descubrió que la revista era editada en Manhattan, a sólo una ruta en subway, de manera que Isaac se aventuró a conocer a Campbell. Fue la primera de una serie de encuentros que transformarían el desarrollo mental y el futuro de IsaacCampbell era paciente y provocativo con respecto a la ciencia, la cultura y la literatura, y estaba en disposición de hablar por horas con el inexperto adolescente, incluso leyendo las historias que Isaac le llevaba y puntualizando sus flaquezas mientras las rechazaba. La primera historia que Isaac publicó «Marooned Off Vesta», cuando tenía 19 años, fue en Amazing Stories y la segunda también; pero él establece el verdadero comienzo de su carrera con la publicación de «Trends», la cual publicó en Astounding un par de meses después.

  Eso dio comienzo a una notable colaboración entre editor y escritor que duró 10 años. Esa colaboración incluye las historias de robots de Isaac, sus historias de la Fundación y sus historias no seriadas, entre las cuales estaba, de 1942, la primera historia a la que se le dedicó una portada, «Nightfall». Si bien no lo sabía entonces, pero esta publicación estableció su reputación como un escritor serio. La historia ilustra la manera en la cual editor y autor trabajaban juntos. Isaac había llegado a la oficina de Campbell en una de sus frecuentes visitas, y Campbell citó una frase de Nature de Ralph Waldo Emerson: «Si las estrellas deben mostrarse una noche cada mil años, como los hombres creerán y adorarán; y preservar por muchas generaciones el recuerdo de la ciudad de Dios». Campbell entonces preguntó: «¿Qué crees que pasaría Asimov, si los hombres tuvieran que ver las estrellas una vez cada mil años?». «No sé», dijo Isaac. Y Campbell contestó: «Yo creo que enloquecerían. Quiero que escribas una historia sobre eso».

   El incidente trae el cuestionamiento sobre el estilo de escribir de Isaac. Estilo, escribió Todorov, es lo que se encuentra entre el lector y el texto, e Isaac no quería que nada se interpusiera entre ambos. Uno de los primeros académicos que escribió sobre el trabajo de Isaac, Joe Patrouch, comentó que Isaac podía escribir poéticamente cuando lo deseaba y para demostrarlo cita un párrafo al final de «Nightfall». Isaac replicó que la transparencia era su estilo, y que ese párrafo no probaba que él podía escribir poéticamente, pues había sido insertado por Campbell y no guardaba relación lógica con el contexto de la historia. Pero él nunca omitió el párrafo en las ediciones posteriores. Él también contradecía a los lectores que le decían que «Nightfall» era su mejor historia y que le sugerían que escribiera más historia como esa; sentía que había aprendido muchas cosas sobre la escritura a sus 22 años. Pero cuando él se incorporó a sí mismo lo hizo con el nombre de «Nightfall, Inc». Isaac no temía las ironías.

  Mientras tanto, él se había unido a un grupo de fanáticos llamados los Futorianos, uno de los muchos constituidos por la revista Wonder Stories de Hugo Gernsback. Los Futorianos incluían a Fred Pohl, Donald Wollheim, Cyril Kornbluth, Richard Wilson, James Blish, Robert Lowndes, Damon Knight, Judith Merril, y Virginia Kidd; fanáticos que ayudarían a darle forma a la ciencia ficción por las próximas décadas. Isaac continuó su educación en la universidad, no siempre de manera feliz ya que descubrió que él no podía ser admitido a la facultad correcta [él fue admitido al Columbia’s Seth Junior College y luego al Columbia University y no al Columbia College]; pues el niño maravilla que había brincado varios grados no era tan bueno como algunos de sus compañeros en algunas materias, y no le gustaba la anatomía y la disección.

  También descubrió que no podía ingresar a la facultad de medicina y decidió estudiar química hasta un nivel de graduación, interrumpido por un periodo de investigaciones militares en el U.S. Navy Yard en Philadelphia con Robert Heinlein y L. Sprague de Camp. Durante todo este tiempo Isaac continuó escribiendo y vendiendo historias a Campbell. Como un escritor que ha experimentado dificultades financieras, me sorprendió y, para ser honesto, de alguna manera confundió, al leer en la autobiografía de Isaac que él había ganado un total de $7,821.75 en sus primeros once años a un promedio de  $710 por año.

  Isaac recibió su Ph.D. en 1948, y luego de un año de investigaciones de post-doctorado en Columbia, fue contratado como profesor de bioquímica en la Boston University School of Medicine. Ese fue el año en el cual escribió su primera novela «Grow Old With Me», la cual Doubleday publicó como «Pebble in the Sky» en 1950. El mismo año, una editora de fanáticos, Gnome Press, coleccionó sus primeras historias de robot con el título de « I, Robot» a la que siguió la colección de sus libros de la Fundación, todos los cuales fueron eventualmente comprados por Doubleday. Fue el comienzo de una relación con Doubleday que duró hasta su muerte, alcanzando su punto máximo con «The Caves of Steeen 1954 y su secuela «The Naked Sun» en 1957.

  Mientras tanto, en la Boston University, Isaac se había vuelto hacia la no ficción, publicando su primer libro científico «Biochemistry and Human Metabolism» en 1952, y progresando hacia su primer texto en solitario «The Chemistry of Life». Le había sido propuesto escribir un libro de ciencia para adolescente. Su carrera como escritor estaba desarrollándose de formas sorprendentes. Había ganado $1,695 por sus escritos en 1949; más de $4,700 en 1950; $3,625 en 1951; y la asombrosa suma $8,550 en 1952. Esta última era tan alta como su salario universitario, que era de $5,500.

  Para 1957, Isaac comprendió que él era principalmente un escritor. Un nuevo decano le pidió que dedicara más tiempo a la investigación. «Mi escritura es mi investigación», él insistió, pero el decano persistió e Isaac fue forzado a renunciar de todo excepto su título —por entonces él ejercía de profesor asociado— y se dedicó a la escritura de tiempo completo. Desafortunadamente para la ciencia ficción, él decidió dedicar todo su tiempo a la no ficción. Él atribuyó esa decisión al lanzamiento del Sputnik, el primer satélite, por los soviéticos y a la necesidad de un énfasis mayor en la educación científica; pero su no ficción era mucho más fácil de escribir, más editores estaban deseosos de ella y era mejor pagada. Escribió historias cortas con alguna regularidad, pero no escribió otra novela de ciencia ficción por los próximos quince años.

  Isaac fue tan prolífico como un escritor de no ficción que es imposible incluso describir una pequeña porción de su producción. Su lista de ficción cubre dos páginas en las compilaciones que acompañan cada trabajo autobiográfico. Sus antologías —debe admitirse que Isaac se complacía con el número de trabajos que había publicado, y hacia el final de su carrera él rellenó la lista con docenas de antologías editadas junto a Martin H. Greenberg, el campeón de antologías de todos los tiempos— cubren casi tres páginas. Pero su no ficción cubre más de cinco páginas.

  Ella es descrita por categorías, lo cual ayuda también a ilustrar el asombroso alcance de sus intereses. Ciencia general —tipificada por su «Intelligent Man’s Guide to Science»— hace un total de 24 libros. Matemáticas totaliza siete. Astronomía —evidentemente una favorita— abarca 68; ciencias de la tierra, once; química y bioquímica, 16; física, 22; biología, 17; historia, 19; la biblia, nueve; literatura, diez; humor y sátira, incluyendo «The Sensuous Dirty Old Man», por el cual Isaac participó en el «Tonight Show», nueve; colecciones de ensayos de ciencia que mayormente aparecieron en artículos mensuales que escribió para The Magazine of Fantasy & Science Fiction, 40; colecciones de ensayos de ciencia ficción de los editoriales que escribió para Isaac Asimov’s Magazine, dos; autobiografías, tres; y misceláneos, 14. Un total de 470, un record del cual él se sentía sumamente orgulloso, y uno que posiblemente nunca sea superado.

  Sus libros de ciencia representaron una notable contribución al despertar general del público americano a la necesidad por un entendimiento más profundo de la ciencia si Estados Unidos quería mantener su liderazgo en el mundo. En 1973 él puntualizó que estábamos viviendo en un  mundo de ciencia ficción; un mundo de naves espaciales, energía atómica y computadoras; un mundo muy parecido al que él y otros escritores de ciencia ficción habían descrito un cuarto de siglo antes. Era un mundo caracterizado por el primer descenso a la luna, cuatro años antes. «Los escritores y lectores de ciencia ficción no pusieron un hombre en la luna por ellos mismos», él me dijo, «pero ellos crearon un clima de opinión en el cual la meta de enviar un hombre  a la luna se hizo aceptable».

  En «I, Asimov», él describe su capacidad creativa. Una vez que él se dedicó a escribir a tiempo completo promediaba un total de 13 libros por año, y sus libros abarcaban casi toda la división del sistema decimal Dewey. Durante un periodo de preguntas y respuestas un hombre preguntó: «¿Si usted debiera elegir entre la literatura y las mujeres, Dr. Asimov, cuál elegiría?», e Isaac respondió inmediatamente: «Bueno, yo puedo escribir por doce horas sin cansarme». Y Barbara Walters le preguntó fuera de cámara: «Y si el doctor le diera seis meses de vida. ¿Qué harías?». «Escribir más rápido», contestó Isaac.

  Abordar tantos temas como él lo hizo, hacía que Isaac dependiera sobre la información que pudiera desenterrar. «Mi contribución en mis libros», escribió en su autobiografía, «son [1] facilidad y claridad en el estilo [2] un orden de presentación lógico y sensible, y [3] metáforas originales y apropiadas, analogías y conclusiones». Varios momentos en este notable record de productividad se destacan para mí. Uno fue cuando yo filmé una parte de mi serie de Literature of Science Fiction con Isaac en 1973. Cuando Isaac supo que yo compartía una oficina con el Prof. Paul Kendall, un reconocido especialista en Shakespeare, él me entregó uno de sus propios libros sobre Shakespeare para que lo llevara conmigo. Me preguntaba cómo Paul reaccionaría, pero claramente él estuvo satisfecho.

   En otra ocasión Isaac fue invitado a formar parte de un panel de discusión sobre el cerebro humano en una reunión en Washington, D.C. Él respondió que no sabía nada sobre el cerebro humano. La persona que lo invitó replicó diciendo: «Tú debes ser un experto, acabas de escribir un libro sobre el tema». Isaac contestó: «Soy un experto sonando como un experto».

  Eso era lo que Isaac hacia mejor: sonar como un experto. Él poseía una memoria maravillosa. En su niñez leía todos sus libros escolares en los primeros días y no los volvía a leer nuevamente. Una vez le pregunté sobre su memoria y si él alguna vez se había preguntado sobre el funcionamiento de la memoria de otras personas, y él me dijo que en una reunión de entusiastas de Gilbert y Sullivan, estuvo recitando algunos poemas y que por un momento no podía pensar en la línea siguiente. En ese momento comprendió lo que muchas personas, que no fueron bendecidas con una memoria como la suya, experimentaban todo el tiempo. Pero incluso su memoria no era infalible. Él comenzó incluyendo notas autobiográficas cuando se hizo cargo de la edición de los volúmenes del Hugo y lo extendió a sus propias colecciones de historias. Pero cuando él escribió su enorme autobiografía, que marcó la hazaña de sus 200 libros publicados, hizo referencia al diario que había estado actualizando cada día desde 1938 y descubrió que tuvo que corregir algunos de sus más viejos recuerdos. Él había publicado «Opus 100» con Houghton Mifflin para marcar sus primeros cien libros, y pensó que sería justo permitirles publicar el «Opus 200». Pero Doubleday era su primera y más importante editora, así que le pidió que le permitiera publicar su autobiografía. Él protestó que nunca había hecho nada, pero Dobleday insistió. Un año después trajo una gruesa  pila de manuscrito y la colocó sobre la mesa del editor. Cuando el editor no se inmutó, él salió al pasillo y retornó con otra pila igual de gruesa. El editor dijo: «¿Qué habrías escrito Isaac, si nunca hubieras hecho nada?». Isaac podía hacer incluso de una vida de escritura y lectura una anécdota fascinante.

  A su memoria, él le agregó un buen conocimiento de donde encontrar la información que necesitaba, y desarrolló la habilidad de trasladar esa información a narraciones que podían leerse tan dramáticamente como la ficción. Él podía hacer lo difícil parecer simple. En el libro que escribí sobre él, sugerí que su ficción obtuvo su característico sabor asimoviano del hecho que fue escrita como ciencia, y su no ficción obtuvo su facilidad de lectura del hecho de que fue escrita como ficción. Su ciencia ficción siempre se distinguió por su racionalidad. Cuando escribí sobre él en «The Road to Science Fiction», titulé la sección «La fría y clara voz de Asimov». Sus héroes eran los más racionales y poseían la visión más amplia, como Hari Seldon, cuyos planes psicohistóricos tenían como meta reducir 25 000 años de barbarie a sólo 1000. Sus villanos no eran villanos sino personas racionales cuya visión era demasiado limitada. Las respuestas emocionales eran frustraciones ante la necesidad de actual racionalmente.

  Esa es la razón de que dos de sus personajes favoritos son anormales. Su historia favorita era «The Last Question», la cual es fría y racional, pero su segunda y tercera favoritas eran «The Bicentennial Man» y «The Ugly Little Boy», las cuales son emocionales e irracionales —lo que yo he definido como «antiasimoviano»— si bien, por supuesto, tan efectivas como ficciones que una fue llevada al cine y la otra ha estado siendo sopesada. Isaac definió su creación «escribiendo sobre su cabeza», como la sección media de «The Gods Themselves».

  Otra diferencia entre la ficción y no ficción de Isaac, era que su ficción era siempre optimista: las soluciones se hallarían, la racionalidad prevalecerá. Pero la no ficción de Isaac, cuando se enfocaba a los muchos problemas que afectan al mundo, como la polución, guerra o sobrepoblación, era pesimista. Era una cuestión, él dijo, de lidiar con el mundo tal como es; «el mundo donde la irracionalidad es predominante», y él me dijo: «Trato de vivir una vida de razón en un mundo emocional». En 1970, él escribió en una carta: «Me gustaría decir que soy optimista respecto a la raza humana. Los amo a todos, pero somos también tan estúpidos y cortos de miras que me pregunto si podemos levantar nuestros ojos hacia el mundo a nuestro alrededor lo suficiente como para no cometer suicidio. Me mantengo tratando de hacer que las personas lo hagan.»

  Pero el año anterior él escribió: «Considerando la sociedad futura, asumamos que [1] no habrá guerra nuclear; [2] la población aumentará pero no desastrosamente; y [3] la tendencia hacia la automatización continuará». Él continuó que por medio de algunas predicciones sobre la mayor capacidad administrativa y gerencial del trabajo, lo cual aceleraría la tendencia hacia la igualdad sexual; y que el incremento del ocio estimulará un gran énfasis en la creatividad y en suministro de entretenimiento. «Yo sospecho», dijo, «que en el siglo 21 un tercio de la humanidad estará dedicada… a suplir entretenimiento para los otros dos tercios.»

  El amor de Isaac por la escritura hizo de él un marido difícil, y algunas veces, un padre alejado. Cuando recibió copias de su cuadragésimo primer libro de parte de Houghton Mifflin, él mencionó a su esposa la posibilidad de alcanzar los cien libros antes de morir. Ella movió su cabeza y dijo: «¿Qué bien hará pasarte la vida escribiendo libros mientras toda la esencia de la vida se te escapa?». Isaac respondió: «Para mí la esencia de la vida es escribir. De hecho, si logro publicar cien libros, y entonces muero, mis últimas palabras probablemente serán, “¡sólo cien!”». En otra ocasión su amada hija, Robyn, le preguntó que imagine tener que elegir entre ella y la literatura. Isaac recuerda que dijo: «Por qué, te elegiría a ti querida». Y agregó: «Pero yo vacilé, y ella también lo notó.»

  Isaac volvió a escribir novelas de ciencia ficción con una novelización de «Fantastic Voyage» en 1966 y «The Gods Themselves» en 1972. Él es ubicado en la fila de los escritores de ciencia ficción dura, lo que significa que la ficción está basada en ciencia real o en nuevos desarrollos en la ciencia, pero él no era el escritor de ciencia ficción que Hal Clement o Larry Niven eran; la ficción de Isaac era más filosófica, basada en conceptos de la psicohistoria y la robótica, o las meditaciones de Ralph Waldo Emerson. Él también era aficionado de la historia, y las historias de la Fundación alegorizan la caída del Imperio Romano en una escala más larga. No obstante, «The Gods Themselves» mostró que Isaac podía escribir ciencia ficción dura cuando lo deseaba; comenzó con el desafío de escribir una novela acerca de la imposibilidad del plutonio-186.

  En 1982, Isaac retornó a las raíces de la Fundación escribiendo «Foundation’s Edge». Sus editores de Doubleday insistieron en ello. Betty Prashker lo convocó a su oficina y dijo: «Isaac, queremos que escribas una novela para nosotros». Isaac protestó que ya él no escribía novelas, pero Prashker dijo que ellos le iban a enviar un contrato con un sustancial avance; eso atemorizó a Isaac quien siempre firmaba por un pequeño avance que le permitiera la libertad de escribir lo que quería y no lo que los editores querían. Esa noche, el editor de Doubleday, Pat LoBrutto, llamó para decir que cuando Betty dijo «una novela», significaba «una novela de ciencia ficción»; y cuando Doubleday dice «una novela de ciencia ficción», quiere decir «una novela de la Fundación».

  No puedo evitar mencionar que «Foundation’s Edge», no fue sólo el triunfo de Isaac —fue su primer bestseller aunque no el último—, sino que fue el mío también. El tributo más grande que un académico puede tener es cuando su investigación puede tener un impacto sobre el tema, e Isaac escribió que mi libro, «Isaac Asimov: The Foundations of Science Fiction» había hecho posible «Foundation’s Edge».

  Él escribió:

  «Estaba al borde de decidir que todo fue un terrible error e insistir en regresar el dinero, cuando [juro que por puro accidente] me tropecé con algunos párrafo del escritor y crítico de ciencia ficción, James Gunn, el cual, en conexión con la serie de la Fundación dijo: “Acción y romance tienen poco que ver con el éxito de la Trilogía —virtualmente toda la acción tiene lugar fuera del escenario, y el romance es invisible— pero las historias proveen una fascinación de historias de detectives con la permutación y la tergiversación de las ideas”. Bien, si lo que se necesitaba era “permutaciones y tergiversaciones de ideas”, entonces, eso lo podía proveer. El pánico aplacado, el 10 de junio de 1981, desenterré las catorce páginas que había escrito hace más de ocho años…»

  Permítanme concluir con mis dos anécdotas favoritas sobre Isaac. A principios de 1956, Isaac me escribió que acababa de concluir una escena pornográfica que el administrador de correos no podía tocar. [Esto por supuesto, fue hace más de cincuenta años cuando el administrador general de correos aún declaraba libros obscenos y  les negaba el permiso de ser enviados por correo]. No fue hasta que leí «The Naked Sun» el año siguiente que supe lo que quería decir. En esa novela, Lije Baley, su detective agorafóbico de «The Caves of Steel», es convocado en Solaria para resolver un importante caso de asesinato. Solaria había sido fundada por Espaciales que  limitaron su número a 20 000 mientras que la población de robot había ascendido a 25 000 000. Los solarianos se habían vuelto claustrofóbicos y neuróticamente temerosos del contacto personal, pero cuando Lije completa su misión y se despide de Gladia, la viuda de la víctima, ella se quita uno de sus guantes y toca su mejilla. Es, dado las circunstancias, verdaderamente pornográfico.

  Finalmente, Isaac era testarudamente apegado a su nombre, incluso cuando le fue advertido que él podía padecer prejuicios y sus historias ser rechazadas. Cuando tenía cinco años, recuerda, su madre consideró cambiar su primer nombre a Irving, pero él se reveló protestando que nunca respondería a ningún otro nombre aparte de Isaac. Posteriormente, ya que su nombre había aparecido publicado, John Campbell nunca le pidió usar un seudónimo, como algunas veces había hecho con otros escritores. Su último nombre no siempre fue fácil de deletrear o recordar para los lectores, y cuando apareció en la columna de cartas como «Azimov» [con «z» en vez de «s»], él se apresuró a corregirlo. De manera que cuando él recibió su muy  publicitado  Grand Master Award en 1987, me acerqué para inspeccionar el premio y felicitarlo. Su nombre había sido mal escrito «Isaac Asmimov». «Isaac», le dije, «¿vas a regresarlo?»: «Ni en toda mi vida», contestó.

  Isaac se sometió a tres cirugías de desviación en 1983 y fue hospitalizado en 1990 por una infección de riñón y en 1991 por fallos en el corazón y el riñón. Murió el 6 de abril de 1992. A menudo había expresado la esperanza de morir con su nariz atrapada entre dos teclas de máquina de escribir, pero al final él había perdido la fuerza para escribir, y eso, para él, debió ser lo peor. Para entonces, él ya había escrito un par de inscripciones para su epitafio. Una de ellas decía: «No es morir lo que me preocupa. Es tener que dejar de escribir». Y la otra: «!Esperen, no he terminado!».

  En el epílogo a «Forward the Foundation», su viuda, Janet, comentó que escribir la última novela de la Fundación fue difícil para Isaac, «porque asesinando a Hari Seldon, él se estaba asesinando a sí mismo…». El primer párrafo de esa novela finaliza: «Se ha dicho que Hari Seldon dejó su vida como la vivió, pues murió con el futuro que había creado desarrollándose a su alrededor…».

  Eso pudo haber sido escrito sobre el mismo Isaac.

  •       Palabras finales: Janet Asimov reveló en el epílogo de la autobiografía póstuma de Isaac, «It’s Been a Good Life», que Isaac murió de HIV contraído durante una transfusión de sangre durante una cirugía de corazón abierto una década antes; ella fue persuadida de ocultar este hecho en el momento de la muerte de Isaac.

Copyright © 2011 James Gunn

  Traducido por Odilius Vlak

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  • Nota: La Versión original de esta conferencia titulada: «Celebrating Isaac», se encuentra aquí:http://www.asimovs.com

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