INTROVISION / Una Esfera de Dyson Alrededor del Infierno

El universo se fue apagando poco a poco; todas sus estrellas se marchitaron como flores primaverales en misión diplomática en el desierto más abrasador. No quedó encendida ni una sola fuente de energía; ni siquiera un cometa errante; todo agonizó tiritando bajo el aliento helado del vacío sideral, todo… excepto los miembros de una especie inteligente que ya no eran ni humanos ni extraterrestres sino algo que los contenía y al mismo tiempo los superaba a ambos. Esta especie inteligente llevaba millones de años navegando a través de la lenta podredumbre de la energía térmica del universo, saltando de una estrella a otra; del núcleo de un planeta a otro; del borde de un hoyo negro a otro en busca de luminosidad y energía térmica. Ya el tiempo no tenía significado para ellos sino sólo la luz y la energía térmica. Pero al fin, al menos en este universo —ya que les era imposible rebasar los límites en constante expansión de la burbuja del universo local en orden de penetrar en la de un universo paralelo—, todos los cuerpos luminosos y productores de energía térmica se extinguieron dejando a nuestros vagabundos cósmicos sin el propósito y la necesidad que los había motivado a través de los eones.

  El método favorito de nuestra susodicha especie inteligente para aprovechar la energía lumínica y térmica de una estrella —cuando la ocasión no le presentaba un planeta cuyo ardiente núcleo pudieran vampirizar— era construir una esfera de Dyson alrededor de ella, pues ese antiguo método era aún muy practico y de paso los protegía de los constantes efectos de la explosiones de supernovas y otras perturbaciones celestes muy frecuentes en todo el universo que colapsaba. Pero al no quedar una sola estrella encendida y aún menos un planeta con alguna fuente de calor, lo único que les quedó fue utilizar toda la megaestructura de la esfera de Dyson —que en su caso también era una nave espacial impulsada por la energía de la estrella— para viajar por el universo con la esperanza de toparse con algo que emitiera energía térmica, con algo que emitiera calor… Y lo encontraron.

   Les sorprendió descubrirlo. Pero cuando nuestra especie inteligente se tropezó con una esfera que ardía con unos fuegos como no habían visto jamás, ya que no era el familiar plasma, sino una forma fascinante y espantosa de calor, una que ellos no conocían pues no tenían ninguna referencia de lo que había sido el fuego. También les sorprendió el aspecto macabro y fantasmal del cuerpo celeste: parecía que no era real, físico, sino que compartía una existencia etérea, se podría decir intangible o invisible. Y claro, pues lo que nuestra especie inteligente no sabía, era que ellos habían encontrado la encarnación física de uno de los frutos más poderosos de la imaginación de la antigua especie humana: El Infierno. Y alrededor de él construyeron su última y más duradera esfera de Dyson, aprovechando por el resto de la eternidad, al igual que el sufrimiento de las almas condenadas en él, la energía térmica de sus fuegos, cuyas llamas arden infinitamente… igual que la imaginación que las creó.

  Sólo una cosa no les agradó a nuestra especie inteligente sobre su nueva fuente de energía lumínica y térmica; fuente que por lo demás ya la sabían infinita en sus recursos energéticos: los escalofriantes gritos que contantemente emanaban desde el interior del infierno esférico, los cuales no podían explicarse pues sus investigaciones no habían descubierto ninguna forma de vida que pudiera habitar en el seno de este extraño y horrendo cuerpo estelar. No obstante, el angustioso sonido continuaba emanando continuamente desde los fuegos infernales, provocándoles extrañas visiones de estados físicos, mentales, emocionales y espirituales que no habían experimentado nunca como especie. Sí, poco a poco, nuestra especie inteligente emprendió el camino de una nueva humanización, a través de los espantos que antaño la idea del infierno provocaba en la imaginación de los humanos. La quinta generación que surgió desde que se establecieron alrededor del infierno, estaba familiarizada con cosas como el dolor, el llanto y el crujir de dientes; con el concepto de condena y por supuesto, con legiones de demonios que los asediaban en sus sueños. Nuestra especie inteligente ya tenia su infierno en estado físico, ahora sólo les quedaba imaginar el paraíso y todo lo que simbolizaba. Una vez que la supervivencia los obligue a imaginar la existencia del paraíso como un opuesto necesario del infierno… ¿Emprenderán su búsqueda con la nave espacial de su esfera de Dyson impulsada por los fuegos infernales?

  A eso yo le llamo una Ópera Espacial al estilo zothiqueno. Sólo puedo decir que me gustaría estar ahí; en el momento sagrado en que la encarnación física del infierno imaginado entre en contacto con su homólogo paradisiaco. Algunos de nuestros Hermanos Fanáticos, que ciertamente son parte también de nuestra especie inteligente, nos contarán el final de ese cuento de hadas… aquí, en nuestra esfera de Dyson particular, el Blogzine de las cosas que no son pero que deberían ser. Ya saben alrededor de qué fuente de energía lumínica y térmica está construida: nuestro amado continente, Zothique The Last Continent.

  Y ciertamente no existe una mayor fuente de energía térmica y lumínica que la imaginación; en especial si expresa la inmaculada belleza de la oscuridad. En nuestra galería mensual de Neosapiens, ahorita mismo, les mostraremos algunas de dichas expresiones; manifestadas por la oscura imaginación del artista español, Borja Fresco Costal. Con esta exposición cerramos nuestra última temporada del 2011, en la cual quisimos brindarles una muestra de lo que algunos artistas contemporáneos están forjando con los fuegos del arte digital. Aquí tenéis a Borjas en: «La Oscuridad Gótica Bajo Otra Luz».

  Nuestra sección Tetramentis, en la página del jueves, está rodeada por la esfera de la Light Novel, Damned Angel: Genesis; del escritor, Edwin Peter Barbes. Así que Angel se vio forzado a emprender la huida. Ciertamente su majestad, El Vaticano, nunca nos defrauda. Él partió rumbo a Asia, pero eso fue al final del Capítulo XII. Veamos cómo continúa su ruta en el Capítulo XIII: «Una Vez Más».

  Nos despedimos de alguien que por la intensidad de sus fuegos infernales es digno de que se construya una esfera de Dyson a su alrededor. Me refiero a nuestro sumo sacerdote, Markus E. Goth, editor y director de este Templo Virtual. Bueno, es suficiente… El horizonte de los murciélagos es más lejano que el de las águilas.


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  Odilius Vlak

 Jefe de Redacción

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