INTROVISION / Los Dioses de Zothique Salen a Enfriarse Bajo el Sol

  Contrario a las antiguas calamidades que en remotos eones cayeron sobre la tierra, la presente condena de Zothique, el último continente —protagonizada por la muerte del sol—, no es adjudicada al castigo de los dioses provocado por una humanidad que ha ahogado su sentido moral en el fango de las pasiones más bajas. A pesar de que aquellas condenas también fueron frutos de leyes cósmicas y naturales. Claro, la lenta agonía del sol, esa estrella anfitriona que por millones de años había alumbrado el sendero evolutivo de toda forma de vida terrestre, era una calamidad de un orden cósmico superior, ya no se trataba del típico diluvio o secuencia de terremotos por toda la tierra; calamidades de las que fácilmente se podrían culpar a los dioses locales de cada tradición, aún siendo ellas mismas de carácter universal. No, estamos hablando de una tragedia de la que incluso los mismos dioses serían víctimas. Los zothiqueanos hubiesen preferido que la antigua profecía acerca de la exterminación de la iniquidad terrestre por una lluvia de fuego hubiese sido la que lo amenazara ahora, y no ésta, muy por el contrario, muerte de todo fuego… muerte de toda energía térmica. Esto así, la pregunta que entretenía el vicio de racionalización de los habitantes de Zothique era: ¿Por qué los dioses no hacen nada para evitar la muerte del sol, que sería la suya propia, ostentando como lo hacen un poder sobrenatural? En cuanto a los dioses mismos, tales cuestionamientos eran insignificancias muy propias del nivel evolutivo humano; pues en su caso, ellos sólo se ocupaban de disfrutar del nuevo escenario en los cielos de Zothique y, de vez en cuando, salir a su superficie para enfriarse bajo los fríos rayos de su agonizante sol escarlata.

En esta ocasión, el lugar que eligieron para su baño helado de una luz solar que ya hedía a podrido, fueron las cimas de las Montañas Mikrasianas, cuya falda se desliza sobre el extenso valle fértil de Zhel; lugar de nacimiento del Río Vos; cortejadas en su lado oriental por la tranquila villa de Cith y en su lado occidental por la antigua capital del lejano reino de Cincor, Yethlyreon.

  Vergama y Thasaidon siempre son los primeros en presentarse al lugar de reunión: el más abstracto y el más físico, por así decirlo, de todos los dioses zothiquenos. El uno precedido por la oscuridad de su maldad y el otro por la misteriosa y escalofriante irrevocabilidad del destino que hace pender sobre todos los seres. Luego fueron seguidos por la aparición de dos de los dioses elementales más populares de Zothique: Basatan y Geol. El imponente dios de los océanos, con su terrible evocación física de los antiguos sueños sobre el Kraken; y el dios telúrico con su eterna imagen de pesadez soñolienta, resaltada por su imponente barriga de tonel y su piel que siempre parecía estar constituida por tierra reseca. Luego adornaron la reunión con un toque femenino las diosas Ojhal y Alila. No podía haber una combinación más desigual en sus respectivas esencias. La primera, diosa virgen que bendice el estado de la castidad. La segunda, «reina de toda perdición y diosa de toda iniquidad». ¿Y qué decir de la triada de dioses: Yuckla, Ong y Yululun? El primero, el pequeño y grotesco dios de la risa demencial, adorado sobre todo en Yoros y Tassun; el segundo, el terrible dios cabeza de león que preside todas la abominaciones de Yondo, en el borde del mundo; y el tercero, guardián de todas la tumbas especialmente en el reino de Tassun. Uno al que todos miran con recelo es el fenómeno informe del dios Mordiggian. ¿Qué era esta cosa? Se preguntaban todos los dioses, incluso el mismísimo Vergama. Dios de la muerte, pero exclusivamente en la ciudad de Zul-Bha-Sair. Su aparición, en la usual forma de una columna de sombras remolinante carente de toda luz, le borraba la risa a Yuckla de su espantoso rostro. Y por último, sí… Thamogorgos: el dios del abismo superior. Su reino no sólo no es de este mundo, sino que tampoco es de este universo. Algo que todos agradecían era que este dios sideral nunca se le ocurría asistir montando uno de sus caballos macrocósmicos. Aparte de estos dioses, los demás participantes de este tipo de reunión eran los sacerdotes y sacerdotisas de sus respectivos cultos y sus adoradores humanos y servidores menores del orden sobrenatural: demonios, lamias, vampiros… etc.

  Pues los dioses zothiquenos sabían muy bien que la muerte del sol no significaba su muerte, pues la imaginación era una facultad de todos los seres inteligentes del universo, incluso de los que no son humanos. Así mismo los temores, anhelos e ilusiones. Por lo que sólo tenían que emigrar a donde estos estuvieran iluminados por un sol en la plenitud de su vida. Pero mientras tanto, no había nada como salir a la superficie del último continente en orden de enfriarse bajo los rayos de su sol agonizante. Que tales reuniones en sí mismas terminaran en armonía o discordia… era otra cosa.  Pues como ya saben no se trataba de una reunión de las hermanas de la caridad o la de una familia cristiana cualquiera alrededor de la mesa el día de navidad. No, hablamos de los dioses que reinaron en el centro del sentido espiritual de los habitantes de un continente donde la nigromancia fue elevada como la meta más trascendental que todo buen zothiqueano debía alcanzar… Amén.

  A sí, ¡que así sea! ¿Y por qué no? Si nosotros, miembros de este Blogzine de las cosas que no son pero que deberían ser, somos parte del continente de Zothique por una elección espiritual y por un acto de nuestra imaginación. Por tanto, es obvio que asistamos a esas reuniones; y cuando no podemos hacerlo personalmente, enviamos a uno de nuestros Hermanos Fanáticos. Pues ya saben que tenemos nuestros deberes aquí, en este presente. Deberes encaminados a hacer más real esa futura condena imaginaria; como la edición de esta semana, por ejemplo.

  Nos acomodamos inmediatamente bajo los helados rayos del sol que pende sobre la sección Runes Sanguinis, en la página del miércoles. En esta ocasión publicaremos la última traducción de este año 2011 de las historias de ciencia ficción pulp de nuestro maestro, Clark Ashton Smith. El título de la misma: «La Ciudad Invisible». Si creen que no es tan difícil perderse en una ciudad como esa si se lleva consigo un GPS… bueno, lo pueden intentar.

  En la sección Tetramentis, en la página del jueves, les traemos la conclusión del Capítulo XIII, de la Light Novel, Damned Angel: Genesis; hija de la imaginación de Edwin Peter Barbes. Una vez más le repito su título: «Una Vez Más».

  Bueno, nos despedimos de un Ser que siempre se las arregla para asistir a esas reuniones de dioses zothiquenos. Claro, me refiero a nuestro sumo sacerdote, Markus E. Goth, editor y director de este Templo Virtual. Dicen las malas lenguas que siempre de bebe una copa de sangre demás. Mejor así, para que pueda contemplar desde su embriaguez con mayor nitidez nuestra línea favorita, nuestro horizonte… El horizonte de los murciélagos es más lejano que el de las águilas.

 –

  Odilius Vlak

 Jefe de Redacción

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s