TETRAMENTIS / Damned Angel: Genesis – Capítulo XIII – (Vol 02)

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Capítulo XIII: Una Vez Más ( Vol 02 )

«El Fin de Los Tiempos, Sucederá al Final de los Primeros Eventos»

    —¡Suficiente! —exclamó Angel mientras liberó a Jennifer y se interpuso entre ella y la criatura—. Muerte… ¿Qué crees que estás haciendo? ¡Pudiste herirla!

  —Lo siento… viejos hábitos —argumentó calmadamente.

  —¿Lo conoces? —dijo Jennifer mientras se tocaba el cuello.

  —Sí, es un amigo —respondió Angel.

  —¡¿Qué?! ¿Cómo puedes ser amigo de este… este… ¡Este monstruo!?  ¡Es un demonio muy poderoso!

  —No tengo tiempo para estas tonterías… —interrumpió Muerte—. Angel, he venido a advertirte sobre algo grande. Algo que se está planeando en el infierno. Ni siquiera yo, comandante de las fuerzas oscuras, conozco de qué se trata. Desde que mi amo Lucifer ha sido encadenado en lo profundo del infierno ha estado planeando la manera de cómo escapar. Debes estar alerta. Mi tiempo aquí ha terminado.

  —¡Espera! —exclamó Angel. Ya era demasiado tarde; Muerte desapareció en uno de sus portales.

  Angel suspiró. El silencio regresó de nuevo momentáneamente.

  —¿Puedes explicarme qué sucede? —le preguntó Jennifer, a quien aún le daba la espalda.

  —¿Dónde aprendiste esa técnica?

  —Yo… no sé de que hablas…

  —¡No juegues conmigo! —dijo Angel enfrentándola ahora cara a cara—. Hablo de la lanza de luz que creaste.

  —Pues yo… Angel, entiéndeme, no quería que fuera así.

  —Pensé que si te dejaba estarías fuera de peligro… pero no es así. ¿Verdad? ¿Te has convertido también en una cazadora? ¡Contéstame!

  El rostro de Jennifer buscaba refugio en la oscuridad.

  —No he sido completamente sincera contigo Angel —dijo casi en un susurro—. He estado trabajando con el Vaticano desde que te fuiste.

  —¿Estás loca? ¿Ambos no huyeron de allí? ¡Tuve que abandonar Roma para escapar de esos dementes! ¿Y tú te unes a ellos?

  —Angel, no entiendes lo que sucede, ya no es lo mismo.

  —No… ¡No puedo creerlo!

  —Perdóname, yo sólo quería ser útil, ¡eso es todo! ¡Quería ser como tú! Es por eso que le pedí a Ahriz que me entrenara.

  —¿Él también está en todo esto?  ¿Trabaja aún con el Vaticano?

  —Así es. La verdad es que estamos aquí para cumplir con una misión del Vaticano.

  —Entiendo… has venido a llevarme de vuelta por órdenes del Concilio.

  —¡Por supuesto que no! ¡Nuestra misión no tiene nada que ver contigo! Nunca te traicionaríamos. La única razón por la cual aceptamos en primer lugar era para verte de nuevo, ¡entiéndelo!

Intentando ocultar una sonrisa, Angel abrazó a Jennifer repentinamente.

  Perdóname —dijo Jennifer mientras las lágrimas le corrían por su rostro. Se aferraba cada vez más fuerte a Angel.

  —No tengo nada que perdonarte, Jennifer —le susurró Angel al oído.

  Angel se levantó muy temprano al día siguiente. Había dormido toda la noche en el sofá. Una voz familiar lo recibió con entusiasmo al despertar.

  —¡Buenos días, Angel! —exclamó Jennifer con una sonrisa—. ¿Qué te pasa? ¿Por qué tienes esa cara?

  —Dormí mal toda la noche —respondió casi en un gruñido.

  —¿Ah sí? ¡Pues tengo algo que te alegrará!

  —¿De qué se trata?

  —Te he preparado un delicioso desayuno. ¡Te encantará!

  Mientras Jennifer hablaba una y otra vez de lo que había preparado, Ahriz se escurrió detrás de ella sin que pudiese verlo. Trató de advertir a Angel haciendo cientos de gestitos que el arte culinario de Jennifer era un asco. Angel lo miraba estupefacto mientras hacía el ridículo.

  —¿Qué le pasa a Ahriz? ¿Acaso practica alguna clase de danza moderna? —preguntó ingenuamente Angel mientras Ahriz cayó de espaldas de la sorpresa.

  Una vez en la mesa, Angel se preparó para degustar aquel desayuno.  Al observar lo que había en la mesa, se horrorizó. Los huevos estaban quemados, las tostadas carbonizadas, el jugo de naranja sabía a manzana y tenía algunas diez mil cucharadas de azúcar. El tocino estaba tan crudo, que aún parecía estar congelado. Jennifer esperaba impacientemente a que consumiera el desayuno que había preparado con tanta dedicación. Angel titubeaba.

  —¡Tal vez necesites que te ayude! —dijo Jennifer mientras se levantó de repente.

  Cómo toda una maniática, Jennifer lo amarró a la silla y lo obligó a comer cucharada tras cucharada, mientras sufría la funesta agonía de degustar aquellos horrorosos alimentos.

  —¿Qué tal está? ¿Te gusta? —le preguntó.

  Angel intentó hablar, pero sólo salió un murmullo de su boca llena.

  —¿Qué dices? ¿Quieres más? ¡Muy bien!

  Angel no aguantó más. Rompió las cuerdas y escapó a la cocina, bebiéndose todo lo que encontró para quitarse el mal sabor.

  —¿No te gusta como cocino? —preguntó Jennifer con ojos llorosos.

  —Bueno, pues…

  —¡Lo sabía! —interrumpió Jennifer—. Soy una terrible cocinera.

  —No, no, es solo que… le faltó un poco de sal —mintió Angel con una pequeña sonrisa.

  —¡Te prometo que dedicaré todo el tiempo posible a aprender a cocinar!

  Jennifer regresó a la cocina, dejando solos a Angel y Ahriz en la mesa. Ambos se mantuvieron en silencio por un largo rato.

  —¿Cuándo planeabas decírmelo? —preguntó Angel.

  —Supongo que ya debes saber la verdadera razón por la que estamos aquí.

  —Jennifer me contó todo. Excepto el porqué están aquí. ¿Cuál es la misión que han de cumplir?

  —Seguro has escuchado todas las noticias sobre la guerra, ¿verdad?

  —Sólo puedo proteger a los humanos de los demonios, no de ellos mismos.

  —El asunto es que existe un científico en esta isla, un alemán llamado Bergen Hendrich. Este hombre está a cargo de uno de los mayores campos de concentración del Imperio Alemán, justo en esta misma isla.

  —¿Y es esto ahora también es asunto del Vaticano?

  —Espera. Hay más. El Vaticano nos envió para terminar con los experimentos de Hendrich. Los experimentos que conduce son muy peligrosos.

  —¿Experimentación humana?

  —Aún más peligroso. Están experimentando en ese lugar con demonios y humanos, Angel. Hendrich se encarga de manipular el código genético de ambas especies con fines de crear híbridos avanzados. Es una amenaza que debe ser detenida a toda costa.

  —Pero este tipo debe de ser alguien muy peligroso. ¡Quién sabe qué clase de defensas tenga una facilidad como esta! ¡Especialmente si experimentan para crear criaturas así, necesitarán de un experto en demonios  para estar seguros!

  —Exacto. La pregunta es… ¿Nos ayudarás?

FIN

Edwin Peter Barbes

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