TETRAMENTIS / Damned Angel: Genesis – Capítulo XIV

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Capítulo XIV: Perfección Sangrienta

«El Fin de Los Tiempos, Sucederá al Final de los Primeros Eventos»

  Angel y los demás se encontraban en camino a la isla de Vektoria en una embarcación que el Vaticano les había previsto. Estaba callado, y sólo se dedicaba a mirar por la borda el cielo nocturno. Ahriz se acercó a la borda a su lado en silencio.

  —Haz hecho lo correcto —dijo finalmente—. Sé que no deseas involucrarte de nuevo con el Vaticano, pero…

  —No hago esto por ellos —interrumpió bruscamente—. Lo hago por todas las consecuencias que esto podría tener para toda la raza humana.

  —El Vaticano no es el enemigo, Angel.

  —¿Ahora los defiendes? ¿Ahora estás de su lado? ¿Quién eres? ¿Eres su lacayo? ¿Acaso ahora eres un perro más del clérigo? No lo entiendo. Tú más que nadie sabes el daño que me causó; lo peligrosos que son… lo corruptos que son. ¿Cómo puedes estar de su parte aún?

  —Eres tú el que no entiende. Muchas cosas han pasado en casi 500 años. Ya no es como solía ser. Cuando te fuiste, estuvimos batallando internamente con el Concilio del Vaticano, limpiando toda la maleza de la organización. Nos tomó años, pero al fin lo logramos. Mantenemos el control de toda la escoria que solía llamarse «representante de Dios en la tierra». Hoy en día el Vaticano trabaja bajo la mano de Dios, y no sobre ella como en los días de antaño.

  —Es muy difícil para mí. No puedo simplemente…

  El sonido de una sirena de la embarcación interrumpió a Angel en ese momento. Habían avistado tierra. Toda la tripulación agitada, empezó a hacer los preparativos para el desembarco. Ahriz y Angel se dirigieron al camarote de Jennifer para despertarla. Mientras se alistaban, un hombre de la tripulación se adentró a la habitación, y observando rápidamente a todos, exclamó: «¡Síganme!».

  Apresurándose a seguir el paso de aquel marino, Angel y los demás casi tropezaban con el hombre. Los llevó lejos, a un campamento que habían empezado a improvisar algunos de los soldados secretos del Vaticano.

  —Bienvenidos —exclamó quien parecía ser el capitán del escuadrón.

  No hubo respuesta.

  —Supongo que ya todos saben por qué estamos aquí —continuó—. Pero por las dudas, revisaremos las informaciones más importantes una vez más. Nos encontramos a algunos 167 kilómetros al sur de la isla de Japón. Esta isla es un proyecto secreto del Tercer Reich. Su nombre en código es Vektoria. Esta isla tiene dos propósitos. El primero, es la de alojar la mayoría de los prisioneros políticos del Imperio Nazi. El segundo propósito, es la de desempeñar el rol de una base de operaciones secreta, donde se lleva a cabo la experimentación humana. Tenemos información de que los científicos en este lugar están a cargo de una operación especial. Y debemos detenerla lo antes posible.

  —¿De qué se trata? —preguntó uno de los soldados presentes—. Hemos recibido poca información al respecto, ¡necesitamos saber a qué nos enfrentamos!

  —Según los reportes del Vaticano, los experimentos conducidos en este lugar son parte de un proyecto secreto. Su nombre en código es Hunderasse. Significa «Raza», «Reproducción». Están experimentando con la modificación genética de los demonios, ángeles y humanos. Buscan crear un híbrido perfecto. Un Ser tan perfecto y poderoso que pudiese destruir al mismo Dios. No sabemos todos los aspectos detrás de esto, pero debemos detenerlos a toda costa.

  —Esta base secreta… —intervino Angel—; ¿tienen alguna idea de en qué lugar en específico se encuentra?

  —No estamos cien por ciento seguros, pero sabemos que se encuentra en 20 kilómetros a la redonda. Por eso hemos organizado un grupo élite de búsqueda. Tenemos poco tiempo. Debemos alistarnos para empezar la operación al instante.

  La operación de búsqueda comenzó. Varias unidades de soldados revisaban el área. Angel, Ahriz y Jennifer lideraban un escuadrón. De repente se escuchó un disparo. Surcando los aires, la bala pasó de largo cerca del lado derecho de la cabeza de Jennifer, dando de lleno en la cabeza de uno de los reclutas que se desplazaban en su retaguardia. La parte izquierda del cráneo de aquél soldado explotó en un baño de sangre. Los sesos se esparcieron en diferentes direcciones mientras cayó al suelo. Eran los soldados del Ejército Nazi. En un ataque sorpresa, los nazis atacaron a los soldados del Vaticano. Las balas llovían en dirección horizontal. Los cráneos de los soldados eran perforados por los rápidos disparos de los enemigos. Su velocidad era sorprendente. Eran siniestros, eran imparables, y sobre todo sanguinarios. Armados con poderosas armas de fuego, desgarraban la carne con sus disparos y cortaban a los enemigos con sus navajas. No dejaban a nadie vivo. Si caía al suelo lo remataban con varios disparos.

  Angel, Ahriz y Jennifer estaban rodeados y sin respaldo. Sin pensarlo dos veces, Angel desenvainó su espada trinitaria, y con un rápido y poderoso corte, cercenó en mitad a uno de los soldados, que inútilmente continuó disparando al vacío mientras sus dos pedazos se separaban.

  —¡¿Qué has hecho, Angel?! ¡Mataste a un humano! —exclamó Jennifer horrorizada.

  —No —respondió fríamente—. Son híbridos.

  —¿Híbridos? ¡No es posible!

  Los nazis se transformaron en criaturas horrendas. Híbridos entre humanos y demonios. Eran veloces y fieros. Atacaban con sus poderes infernales, al igual que con sus armas. Jennifer atravesó a varios de una sola estocada con su lanza. La sangre se escurría por su arma. Ahriz cercenaba cabezas con precisión, sin importarle cubrirse de la sangre de las bestias. Angel luchaba arduamente con las criaturas, atravesando gargantas y separando miembros de sus cuencas.

  Había cadáveres por doquier una vez que aniquilaron al último de los híbridos. Ahora estaban solos. De repente, un soldado enemigo sobreviviente intentó atacar a Angel por la espalda. Liberando sus cuchillas de sus antebrazos, recibió al soldado con todo el filo de ambas hojas, atravesándolo al instante.

  —¿Tienes miedo? —le preguntó Angel en voz baja—. ¿Sientes dolor?

  Sin decir una palabra, giró sus cuchillas en el estómago del soldado, lenta y dolorosamente mientras la sangre se escurría hasta el suelo. Retirando ambas hojas con todas sus fuerzas, Angel extrajo sus intestinos en un tirón. Frío y agonizante, el soldado cayó muerto.

  —Me asustas cuando actúas así… —dijo Jennifer casi en un susurro.

  Sus ojos parecieron normalizarse, como si hubiese salido de un trance, al escuchar las palabras de Jennifer.

  —¿A qué te refieres? —preguntó.

  —Es que a veces, bueno, pues…

  —¿Qué es eso? —interrumpió bruscamente Angel.

  —¿Sucede algo? —preguntó Ahriz.

  —¿Tú tampoco lo sientes? —continúo Angel mirando para todas partes—. Huele a sangre, a sangre humana. Apesta bastante.

  Se detuvo en el lugar y allí se arrodilló.

  —Este es el lugar —exclamó.

  —¿Cómo puedes estar seguro?

  —Simplemente lo sé.

  —¿Qué hay que hacer? ¿Cavamos?

  Sin decir nada, Angel recogió el cuerpo muerto de uno de los soldados del Vaticano. Sin vacilar le rebanó la cabeza de un tajo. Dejo caer el cuerpo en el lugar, esparciendo la sangre por el suelo. Sin embargo, la sangre pareció recorrer por una especie de canales en el suelo, en lugar de esparcirse por doquier. El camino de la sangre formó una esvástica. Un mecanismo fue activado, y el suelo se abrió para revelar un pasadizo de metal con una larga escalera que llevaba hasta el fondo. Todos descendieron por el túnel en silencio.

  Una vez abajo se encontraron en un pequeño pasillo al final del cual se divisaba una compuerta de metal sólido. Al acercarse a ella, observaron una válvula que la mantenía cerrada. Con todas sus fuerzas la giraron hasta que por fin cedió. La puerta automatizada se abrió. En el segundo en que la puerta abrió, todos tuvieron que cubrir sus narices. El olor a sangre y putrefacción era insoportable, nauseabundo. De repente, la atmósfera fue intensificándose, cada vez más fría y obscura. Al cruzar la puerta y la obscuridad, una figura los esperaba al fondo de aquella amplía habitación.  Se encontraban en una especie de facilidad científica. Muchos aparatos extraños los rodeaban. Luego de observar el lugar por un rato, el silencio fue interrumpido por la voz de aquél misterioso espectador.

  —Te había estado esperando, Angel —dijo con una voz calmada y profunda.

  —¿Quién eres? ¿Cómo conoces mi nombre? —preguntó Angel impaciente.

  —¿Cómo no podría conocer las hazañas del cazador de demonios más poderoso de todos? Eres una leyenda, un cuento de hadas. Tú eres todo lo que he estado investigando toda mi vida. Eres el híbrido entre demonio y ángel más perfecto de los que se conocen que ha podido mantener estabilidad. Eres una obra de arte viviente. Creado por el mismo Dios, y sin embargo, aún imperfecto.

  —¿Qué quieres decir? —preguntó Angel—. ¿Quién eres?

  —Mi nombre es Bergen Hendrick. Soy el director general del Proyecto Esgaroth. Soy el encargado de crear los híbridos con los que has luchado anteriormente. Soy el líder de todos los proyectos concernientes a la experimentación y la manipulación genética del Tercer Reich. He dedicado más de una década a investigar el fenómeno de las creaciones híbridas de demonio-ángel-humano. Después de tantos años de investigación, he llegado a las siguientes conclusiones: «Todo híbrido es inestable, dado que los genes de cada raza son casi incompatibles. Deben tolerarse unos con otros para mantener la estabilidad. Si los genes no se toleran unos con otros, se produce una inestabilidad; un rechazo. Los genes se separan a tal velocidad, que la inestabilidad puede resultar en la separación total del híbrido, significando esto su destrucción». He buscado la manera, día y noche, de crear híbridos estables. Mi investigación ha concluido. Existe una forma de estabilizar cualquier tipo de híbrido. Para lograr la estabilidad, requiere de un componente muy sencillo: la sangre humana. En grandes cantidades, sirve como una sustancia que neutraliza la incompatibilidad genética de los híbridos. El único problema claro está, es que su efecto no dura para siempre. Grandes ejércitos requieren grandes cantidades de sangre.

  —No puede ser… —exclamó Angel horrorizado.

  —Así es —interrumpió Hendrick con una sonrisa dibujándose lentamente en su rostro—. Utilizamos la sangre de los humanos para estabilizar los híbridos que creamos en esta facilidad. Bienvenidos al Hendrick Konzentrationslager; la más secreta de todas nuestras facilidades. Aquí es donde reciclamos los cadáveres del Holocausto para crear un ejército interminable de soldados híbridos para el Führer. Gracias a este ejército, Alemania se convertirá en la nación más poderosa del mundo, y devorará todos los países como si fuesen nada.

  —Eres un maldito demente, Hendrick. ¡Tú y tus retorcidos experimentos son enfermizos!

  —¿Dices que estoy loco? ¡Te enseñaré mi locura! ¡La locura que yo he creado! Te enseñaré… la perfección. ¡Vengan conmigo! —dijo mientras sonreía cada vez con mayor intensidad.

  En ese momento, la puerta que se encontraba detrás de Hendrick se abrió para revelar la siguiente facilidad. Hendrick invitó cordialmente a todos a pasar.

  —Este es al área donde retenemos a los prisioneros —explicó Hendrick. Aquél lugar era lúgubre. Los prisioneros estaban retenidos en pequeños cuartos detrás de largas y gruesas barras de metal frío. Los lamentos de los prisioneros mal alimentados eran indescriptiblemente atroces. Todos estaban maltratados, sucios y enfermos—. En este lugar recibimos entre cincuenta a cien prisioneros diarios. El número va en aumento. Todas estas personas son utilizadas en diferentes experimentos, para luego extraerles la sangre y ser desechados.

  —¿Qué clase de experimentos? —preguntó Angel.

  —En la próxima sección del complejo se encuentra la respuesta que buscas. Por aquí, por favor —dijo mientras los guió a la próxima parte del recorrido.

  No podían describir el terror que les provocó ver este lugar. Se encontraban en la sala de experimentos, donde los sujetos de prueba eran torturados con los métodos más crueles. En ese mismo momento, dos guardias arrastraban a uno de los prisioneros, que rogaba por su vida. Fue atado a una especie extraña de silla, donde le realizaron una lobotomía con uno de los aparatos. Los cadáveres en esta habitación eran enviados a la siguiente.

  Jennifer sollozaba asustada ante tal vista. Sentía que quería escapar de allí. Era el lugar más horrible que jamás hubiese visto. Pero la travesía por las macabras instalaciones aún no llegaba a su fin.

  —Bien, ya casi estamos en el final del tramo. La siguiente sección de las instalaciones es el cuarto de abastecimiento. Síganme —dijo Hendrick mientras introducía un código en un panel, dando acceso a la siguiente parte del recinto.

  El olor a muerte y putrefacción incrementó diez veces. Miles de tanques llenos de sangre, con cadáveres conectados a ellos, adornaban el lugar. Una vez que toda la sangre del cuerpo era almacenada, gracias al mecanismo que los conectaba a los tanques, el cadáver era reemplazado por otro. Se le insertaban unas agujas en diferentes partes del cuerpo que extraían la sangre por medio de unas mangueras. Los tanques de sangre eran almacenados en depósitos, donde había cientos. Los cuerpos secos eran desechados en un gran contenedor y eventualmente cremados.

  —Toda la sangre que obtenemos aquí nos sirve para nuestras investigaciones. Ahora los conduciré a la última sala. Mi propio laboratorio, donde llevo a cabo mis experimentos personales.

  Esta parte de la facilidad era la más enorme de todas. Mucha maquinaria se encontraba en este lugar, incluyendo una enorme cámara de congelación criogénica al final del mismo.

  —¿Este es el final del recorrido, Hendrick?preguntó Angel—. ¿No tienes por dónde escapar?

  —Aún queda una cosa más —respondió este—. Angel, tengo una propuesta para ti.

  —¿Qué clase de propuesta?

  —Olvida al Führer, olvida al Imperio. Nada de esto importa.

  —¿De qué estás hablando?

  —Hablo de la raza perfecta. Una raza creada a partir del híbrido perfecto. Mi meta es crear un Ser perfecto y estable a partir de los genes del ángel y del demonio. Sería el Ser más poderoso de todos. Un Ser capaz de destruir a Dios.

  —No es posible. No hay un ser más poderoso…

  —Te equivocas. Dios no pudo crear un hibrido perfecto entre Azazel y tu Ser anterior… el ángel que una vez fuiste. Su poder no fue suficiente para poder crear un Ser más poderoso que él. Pero todo esto cambiará pronto. Ya Dios no es necesario para crear vida. Yo he creado mis propias formas de vida. No necesito a Dios. Puedo ser mejor, ¡puedo superarlo!

  —Es imposible crear un Ser tan inestable.

  —Te equivocas. Puedo convertirte en ese Ser. Puedo eliminar cualquier rastro de la humanidad que hay en ti. Tenemos sangre suficiente para alimentarte lo suficiente. Tu híbrido nunca perdería su balance. Con la cantidad necesaria, puedo estabilizarte permanentemente, estoy seguro. Debes entender todo el poder que te estoy otorgando. Serías un Ser supremo. Gobernarías este universo a mi lado. ¿Rechazarías todo ese poder?

  Las sombras cubrían el rostro de Angel. Se mantenía en silencio.

  —Acepto —respondió.

FIN

Edwin Peter Barbes

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