TETRAMENTIS / Damned Angel: Genesis – Capítulo XVI – (Vol 02)

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Capítulo XVI: Posesión ( Vol 02 )

«El Fin de Los Tiempos, Sucederá al Final de los Primeros Eventos»

    La puerta se abrió de par en par y detrás de ella se encontraba un mayordomo anciano. En la sala, sentado en un gran sillón, se encontraba el dueño del lugar, quién bebía una botella de whisky  sin parar.

  —¡Heraldo! —llamó al mayordomo  grotescamente mientras dejó caer la botella al suelo—. ¿Quién es este hombre que acabas de dejar entrar? ¡Otro más no logrará nada, es sólo un perro faldero que busca refugio entre las sotanas de los altos sacerdotes! No le interesa mi hija… a nadie le interesa; sólo a mí. ¡Largo de aquí!

  —Señor, necesitamos toda la ayuda posible para…

  —¡He dicho que largo! —exclamó mientras le lanzó la botella que había dejado caer. La botella se detuvo en pleno aire antes de alcanzar al mayordomo de lleno en el rostro. Flotaba en el aire frente a él. Angel se acercó y la tomó con su mano. Dejándola caer al suelo se rompió en mil pedazos.

   —No tienes porqué hacer parte de tu miseria a otros. No soy como los demás. Soy un especialista.

  En ese momento, tres figuras en sotana bajaron las escaleras hasta el salón principal donde se encontraba Angel, el mayordomo y el dueño de la Mansión Ravenhall.

  —¿Qué es todo este alboroto? —preguntó el Arzobispo Henderson, una de las figuras en sotana.

  —Creo que ha habido un malentendido con el dueño de este lugar —interfirió Rebello.

  —Hermanos, no tenemos tiempo que perder, ¡hay que informar al cazador de la situación! —exclamó Nerr, obispo y hermano menor de Henderson.

  —¿Hace cuanto que empezaron los síntomas? —preguntó Angel.

  —Veintitrés horas aproximadamente, quizás más.

  —Eso significa que sólo tenemos una hora para salvarla…

  —¿A qué te refieres? ¿Qué le sucede a mi hija? ¡Contéstenme! —gritaba el viejo borracho.

  —Su hija está poseída por un demonio. Una criatura infernal sólo pueda poseer un cuerpo humano por 24 horas antes de que consuma totalmente el alma que está adentro. Sólo un alma puede ocupar un cuerpo.

  —El viejo se echó a llorar en la oscuridad. Detrás de los ojos de ese borracho, Angel pudo ver sinceridad.

  —Señor Ravenhall, le prometo que… ¡le prometo que le traeré a su hija de vuelta!

  El viejo secó sus lágrimas y asintió con la cabeza.

  Las escaleras eran largas y ruidosas hasta el cuarto donde estaba aquella jovencita. Angel abrió la puerta y vio dentro a la chica, sentada de espaldas a él.

  —Te estaba esperando, Angel —exclamó una voz infernal.

  —Sé quién eres —respondió Angel—. Y sé que has venido a darme un mensaje. Pero ella no tiene la culpa de nada. Habla, Lucifer, y deja ese cuerpo.

  —Tu Dios me ha encadenado en el Infierno. Te ha traicionado, Angel. Está jugando contigo.

  —No tengo porqué escuchar tus mentiras, ¡deja ese cuerpo y regresa a los abismos!

  —Tú no tienes ningún poder sobre mí. Él sí. Te controla como controla a todos sus súbditos. Libérame y tú también serás libre. Este mundo entero te necesita. Destruye el último sello.

  —Dios me dio una oportunidad, una oportunidad de redimir mis pecados… tú estás mintiendo, tratas de controlarme… No lo toleraré.

  —¿Y acaso crees que Dios no trata de manipularte? Te controla abiertamente. Lo has sentido, has sentido su ardor. Te llama desde la cicatriz en tu espalda. Eres su esclavo.

  —¡No toleraré más tu insolencia!

  En un rápido movimiento, Angel golpeó a la joven con una antigua biblia que tenía consigo para rituales. La bestia dentro de ella se retorcía. Recitaba antiguos conjuros en latín, pero el demonio se negaba a salir del cuerpo. La habitación se encendió en llamas. Estaban entre este mundo y el infierno. La criatura fue cediendo lentamente ante los hechizos del cazador, y se retiró una vez más a las profundidades del abismo.

  —Algún día entenderás… algún día salvarás al mundo… algún día —exclamaba a lo lejos la voz de Lucifer.

  —La habitación volvió a la normalidad. La chica estaba frente a él sin tener idea de lo que le había sucedido.

  El cazador legendario se escabulló de la mansión, listo para irse en su auto.

  —¿Pensabas irte sin recibir mi agradecimiento? —preguntó el señor Ravenhall.

  —No es parte de mi trabajo.

  —Gracias muchacho.

  —Espero que no necesite más de una botella a partir de ahora.

  —Me aseguraré de que así sea.

  —Una vez dentro del vehículo, notó a un pasajero inesperado. Era Rebello.

  —¿Qué haces aquí? —preguntó Angel.

  —Necesito un aventón hasta la Santa Sede. Tenemos que hablar en el camino.

  —¿Sucede algo?

  —El Arzobispo desea verte en privado.

  El auto arrancó con destino hacia el Vaticano, perdiéndose en la oscuridad.

FIN

Edwin Peter Barbes

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