RUNES SANGUINIS / El Día que la Tierra se Detuvo: Galileo y los Secretos del Hermetismo – Por Lynn Picknett y Clive Prince

Portrait of Galileo Galilei (1636) - Justus Sustermans

El juicio contra Galileo Galilei

  El juicio al que fue sometido Galileo por la Iglesia por promocionar la teoría heliocéntrica —la de que el Sol se asienta en el centro del Sistema Solar rodeado por la tierra y los demás planetas— es usualmente considerado un punto culminante en la batalla entre la religión y la ciencia, el momento en el que Galileo se convirtió en el primer mártir de la ciencia.

  No obstante, cuando revisamos la historia durante las investigaciones para nuestro libro «The For­bidden Universe», nos dimos cuenta de que las explicaciones tradicionales de la Iglesia sobre su determinación de capturar a Galileo no explican nada. Aplicando la imparcial mirada hacia el pasado, los historiadores de la ciencia lo convierten en un moderno racionalista-materialista nacido fuera de época, perseguido por hombres supersticiosos —en otras palabras cretinos—, cuyo intelecto, si se pudiera dignificarlos con el término, estaba estancado en la Edad Media. Esa es la clase de versión holgazana de la historia. La realidad, como los forteanos podrían sospechar, es que hay mucho más, mucho más que todo esto.

  De hecho, si bien el escenario «ciencia versus religión» satisface aún a una audiencia popular, los académicos han reconocido desde hace mucho tiempo que es una explicación demasiado moderna. Ellos ahora contemplan el asunto más bien como una colisión entre dos egos obstinados, dos patológicamente «hombres correctos»: Galileo, quien se negó a que le digan lo que tenía que hacer o decir; y el Papa Urbano VIII, resentido con el tratado de Galileo «Dialogue on the Two World Systems», en el cual este último puso sus puntos de vistas en la boca de un personaje llamado Simplicio. Pero todavía falta algo; algo que ninguno de los dos bandos quería que fuera visto bajo la dura luz del día.

  • La Pieza Perdida

 –

La respuesta, así lo creemos, yace en la Tradición Hermética —el corazón de la «filosofía oculta», una síntesis de sistemas mágicos, esotéricos y filosóficos—, la cual tuvo un profundo papel en la formación de la cultura occidental durante el Renacimiento y la Ilustración, pero que hoy en día es vergonzosamente marginada. Pero el hecho es que es imposible comprender el Renacimiento sin la Tradición Hermética. Es como intentar escribir la historia del siglo XX ignorando el Comunismo, bajo la lógica de que como fracasó como ideología, no tuvo nunca una importancia real.

  Los tratados conocidos colectivamente como la Hermética, sobre los cuales está basada la tradición, han ejercido el efecto más grande en la civilización occidental después de la Biblia; y un efecto más grande que cualquier otro texto en la moderna civilización occidental incluyendo a la Biblia. Y aún así, muy pocas personas han oído hablar de ellos. El nombre le es dado por el legendario sabio egipcio, Hermes Trimegisto [«El Tres Veces Grande»], que es tradicionalmente considerado ser el autor de dichos textos. Su origen exacto puede ser controversial, pero ellos indudablemente surgen en el Egipto de los últimos siglos A.C, y los primeros siglos D.C, durante el periodo de la dominación griega y romana. Y existe un creciente cuerpo de evidencia que habla de que las ideas que contienen son mucho más antiguas.

  Los libros herméticos desaparecieron en gran medida en Europa durante el colapso de la investigación pagana luego de que el Cristianismo se convirtiera en la religión de estado del Imperio Romano en el siglo cuarto. Pero ellos sobrevivieron en el Oriente Medio, donde pavimentaron el camino de la ciencia árabe medieval. Europa los redescubrió en 1463, cuando un agente, trabajando para el gran mecenas del temprano Renacimiento, Cosimo de Medicis, retornó a Florencia con un paquete de 14 tratados herméticos escritos en griego y que se conocieron con el nombre de «Corpus Hermeticum». Cosimo incluso le ordenó a su principal erudito, Marsilio Ficino, suspender su épica traducción al latín de los trabajos completos de Platón en orden de que se concentrara en los trabajos herméticos, los cuales por su parte influenciaron a todo el mundo desde Leonardo hasta Shakespeare.

  Para los eruditos, filósofos e intelectuales, la Hermética era una sensación, considerada como la que preservaba la sabiduría de la más antigua civilización Egipcia, la de los constructores de las pirámides, y que precedía incluso al Antiguo Testamento. Pero la imagen que ella presentaba de la humanidad pudo apenas ser más alejada de aquella definida con perniciosa claridad en el Génesis. Esta era la atracción más grande de la Hermética. La Iglesia siempre había enseñado que incluso los hombres más brillantes [y las mujeres, en caso de que ella se molestara en mencionarlas], eran criaturas miserables y pecadoras, totalmente dependientes de la misericordia de Dios [y de la guía de la Iglesia, por supuesto] para su salvación, e incluso para su misma existencia. Pero en la Hermética, el ser humano disfrutaba de un potencial ilimitado, incluso de ser capaz de convertirse en un dios. El gran adagio hermético es «Magnum miraculum est homo» [«El hombre es un gran milagro»]. Incluso más asombroso para la época, la Tradición Hermética también incluía mujeres en el «gran milagro». Y fue este tsunami de autoconfianza que inspiró el intenso atrevimiento intelectual que definió el Renacimiento.

  Si bien los historiadores han reconocido la influencia del hermetismo en las artes del Renacimiento, ellos han sido conscientemente selectivos. Pues [como lo mostramos en «The Forbidden Universe»], éste también tuvo un impacto poderoso en cada héroe de la revolución científica, desde Copérnico hasta Newton.

  • El Nuevo Orden de Bruno

  Aún así, es un gran error creer que el movimiento hermético apeló sólo a unos pocos, y a menudo gigantes intelectos. También atrajo el interés de reyes y emperadores, e incluso de ciertos papas. Algunos de los Pensamientos Herméticos Filosóficos Católicos son tan venerables que debieran incluirse en la enseñanza cristiana. Algunos incluso argumentaron en la vía contraria: que el Cristianismo debería ser incorporado dentro del Hermetismo. Y si hubo un nombre asociado por impulsar la idea de esta improbable pareja, es el del monje dominico napolitano convertido en herético, Giordano Bruno [1548–1600].

  Si bien criminalmente ignorado por la vasta mayoría, él es un favorito de nosotros y de otros forteanos, recibiendo la bien merecida atención de Hunt Emerson y Kevin Jackson en su impactante «Phenomenomix» sobre sus hazañas. Ahora, Bruno es incluso un protagonista en el thriller bestselling, «Heresy and Prophecy», de S. J. Parris.

  Bruno fue un hombre extraordinario que expresó conceptos científicos adelantados a su tiempo —como el de un universo infinito y la vida en otros planetas—, los cuales él extrajo mayormente de los principios herméticos. Pero ellos también fueron la inspiración de su campaña por una reforma total de la sociedad, incluyendo la religión y la política. Bruno creía que el hermetismo representaba la verdadera religión, la sabiduría del antiguo Egipto corrompida primero por los judíos y luego por los cristianos. Pero los mismos libros herméticos profetizaron que la «verdadera religión» sería restaurada algún día, y Bruno creía que esto se aplicaba a su propio tiempo. Él creía firmemente que esto representaría al menos una reforma radical de la Iglesia Católica, o incluso su reemplazo total. Es en este punto en que nos encontramos gritándole a Bruno, «¡ellos están tras de ti!». ¿Seguramente había sólo una manera de ponerle fin a su entusiasmo hermético? Si bien su suerte era demasiado obvia, Bruno tenía razones para creer que podía escapar de los homicidas incendiarios conocidos como La Inquisición. Después de todo, él era famoso y disfrutaba del patrocinio y protección de personajes como Elizabeth I, Henry III de Francia, e incluso  del emperador del Sacro Imperio Romano, Rodolfo II. Bajo tales circunstancias, él podría ser excusado por imaginarse a sí mismo estar a salvo. Pero Bruno no sólo era un filósofo errante con un gran talento para suavizar monarcas  y emperadores. Él también era un tizón político.

  Durante sus viajes europeos en los 1580 y principios de los 1590, él estableció una sociedad secreta, «los giordanistas» —él era bueno en la autopromoción sin escrúpulos—, para continuar su trabajo y campaña por una reforma religiosa. Rumores concernientes a esto debieron tener un efecto similar a aguijonear al papa con un atizador para ganado. Ya no había forma de que el Vaticano ignorara a Giordano Bruno. La creencia de este en la inminencia de una edad hermética, basada también en una especial interpretación del heliocentrismo, la teoría propuesta por el polaco, Nicolás Copérnico, cinco años antes del nacimiento de Bruno y que aún continuaba despertando controversias. Copérnico teorizó que la tierra giraba alrededor del sol en su «On the Revolution of the Celestial Spheres» en 1543, ¿pero cuál fue su inspiración? Una pista puede ser hallada en la misma página donde su famoso diagrama establece su radical nueva visión del Sistema Solar. Cuatro líneas más abajo, mientras discute el significado espiritual de un sol central, él explícitamente hace referencia a un pasaje en la Hermética en el cual Hermes Trimegisto describe el Sol como un «dios visible».

  De hecho, todas las nociones radicales de Copérnico, estaban descritas en los libros herméticos. Por ejemplo, un tratado habla explícitamente sobre la «rotación» del mundo. Incluso más revelador, otro declara que «el sol está ubicado en el centro del cosmos, que lo ostenta como una corona» y que «alrededor del sol hay seis esferas que dependen de él: las esferas de las estrellas fijas, los seis planetas y la que rodea la tierra» [esferas corresponde a «órbitas»]. Haciendo referencia explícita de los trabajos herméticos en la misma página donde representó su nuevo orden cósmico, Copérnico estaba tácitamente anunciando que él encontró pruebas físicas y matemáticas para los propios principios antiguos de los libros.

  Otro mito académico es el de que las ideas de Copérnico enfurecieron tanto a la Iglesia que él retrasó su publicación hasta que estuvo en su lecho de muerte para evitar su ira. Pero el Vaticano no tuvo en absoluto diferencias teológicas con ellas; el secretario del papa incluso estimuló a Copérnico para que las publicara. Pero para el momento de la acción eclesiástica en contra de Galileo, algo había cambiado.

  Básicamente, todo recayó sobre Giordano Bruno, quien —basado en el famoso principio hermético «como es arriba es abajo y como es abajo es arriba»— no sólo creía que los cambios en los cielos reflejaban cambios en la tierra, sino también que un cambio en la percepción humana del orden celeste precipitaría cambios. Él argumentaba que si el heliocentrismo pudiera ser establecido más allá de cualquier duda, entonces, eso daría inicio la nueva edad de conocimiento hermético, restaurando la religión del antiguo Egipto y erradicando el Cristianismo. De ser así, ninguna presión sobre Galileo.

  • La Revolución Hermética

Larmassin Tommaso Campanella

  En cuanto al mismo Bruno, en 1592 marchó fatalmente hacia Venecia; y como resultaron las cosas, fue un movimiento ciertamente imprudente. La república era un lecho ardiente de oposición a la autoridad papal e incluso se efectuaron movimientos para una alianza política y religiosa con Inglaterra. Las principales figuras en este plan estaban todas asociadas con Bruno, incluyendo Traiano Boccalini, autor de «News From Parnassus» el cual, modelado explícitamente en uno de los propios trabajos de Bruno, hacía un llamado por «una reforma general del mundo en su totalidad». Bruno también visitó un viejo contacto en Padua, en la República de Venecia, Gian Vincenzo Pinelli, el distinguido erudito al centro de la amplia red europea de intelectuales y pensadores radicales. Hoy en día él es mejor recordado por ser el mentor de Galileo.

  No obstante, Bruno fue traicionado y entregado a la Inquisición, padeciendo una prisión de ocho años antes de ser quemado en la hoguera en febrero de 1600. Su juicio y ejecución final fueron presididos por el Cardenal Inquisidor, Roberto Bellarmino, que más tarde fue una figura clave en el drama que padeció Galileo. La salida de Bruno dejó un espacio central vacío, y fue una gran oportunidad para un aspirante a erudito. Bruno había aplicado para el puesto de matemático en la Universidad de Padua, pero debido a su inesperado arresto el puesto recayó sobre otro candidato, un tal Galileo Galilei. De una significación e importancia más inmediata, fue la aparición unos meses después de la partida de Bruno de su heredero hermético. Las impactantes similitudes entre las dos carreras, la filosofía y los fines de Bruno y Tommaso Campanella [1568–1639], sugiere un plan compartido. En verdad, la llegada de un Campanella de 23 años a la escena poco después del arresto de Bruno, da la impresión de que él estaba partiendo de donde Bruno fue obligado a finalizar.

  Al igual que Bruno, Campanella era un napolitano y un Dominico que se convirtió en un activista hermético. Arribando a Padua poco después de la salida de Bruno, Campanella conoció a Pinelli y Galileo. Fue también en Padua que a comienzos de 1594, él fue arrestado por la Inquisición y trasladado a Roma; a la misma prisión de Bruno. Comparado con Bruno, Campanella tuvo una salida suave: luego de que sus trabajos fueron abjurados, fue liberado en un monasterio dominico y posteriormente enviado de regreso a Nápoles. Campanella compartía la visión de Bruno de que el heliocentrismo era el inicio de una nueva era; su trabajo más importante fue «La città del Sole» [«La Ciudad del Sol», escrito antes de 1602; y publicado en 1623], en el cual él manifestó su visión de una sociedad ideal regida por principios herméticos; la cual, él creía, comenzaría en 1600. La aproximación del nuevo siglo lo estimuló a ser más políticamente proactivo que Bruno. Entonces se lanzó a la organización de la Revuelta de Calabrian, cuyo propósito era destronar a los gobernantes españoles del Reino del Nápoles y de esa manera pavimentar el camino para una república basada en principios mágicos; una que sostendría en alto la antorcha de la nueva era para que el resto del mundo la siga.

  Informantes delataron el levantamiento contra los españoles, y luego de que la organización fue cruelmente aplastada en noviembre de 1599, Campanella y los otros líderes fueron arrestados. Esto seguramente influyó en el repentino deseo de la Inquisición de deshacerse de Bruno, quien también se había alzado en contra de los gobernantes españoles y era la inspiración espiritual de la revuelta. Fue llevado a la hoguera apenas tres meses después. Stephen Mason, de la Universidad de Cambridge, sostiene que él fue ejecutado como un ejemplo a los rebeldes de Calabrian, a causa de su conexión con Campanella. Ejecutar públicamente al líder espiritual de los insurgentes al comienzo de su año especial de 1600, ciertamente fue un movimiento calculado.

  Campanella evitó la sentencia de muerte fingiendo locura, y en cambio fue sentenciado a cadena perpetua. Pero él no sólo fue suplido de libros y materiales para escribir, sino que también recibió la visita de intelectuales, quienes se aseguraron de que sus escritos fueran publicados en Alemania. Presumiblemente alguien fue sobornado en algún lugar. Vista a la luz de las maquinaciones políticas hermetistas —especialmente la amenaza de los ocultos giordanistas—, la evocación original de Copérnico del nombre de Hermes Trismegistus en «On the Revolutions of the Celestial Spheres», apenas pudo haber pasado desapercibida por los guardianes de la Iglesia. Los defensores de la Iglesia —la Inquisición y los Jesuitas— tenían toda la razón en estar nerviosos. Durante el siglo XVI, la Iglesia de Roma experimentó su más grande trauma, el surgimiento del Protestantismo. ¿Quién podría decir lo que seguiría a continuación? Quizás la Inquisición y los Jesuitas estaban exagerando, pero los tiempos engendraban paranoia.

  Sin embargo, mientras la idea de Copérnico permaneciera siendo sólo una teoría, la implicación hermética podía ser controlada. Pero cuando un individuo declaró que él había hallado pruebas, la Iglesia en verdad se preocupó. Y las ansiedades eclesiásticas se profundizaron aún más con la amenaza de un asociado directo del revolucionario místico, Tommaso Campanella, y otro sospechoso giordanista; en otras palabras, Galileo.

  • El Mensajero Estrellado

  La carrera de Galileo di Vincenzo Bonaiuti de Galilei, comenzó en 1592 a la edad de 28 años cuando, gracias al encarcelamiento de Bruno, se convirtió profesor de matemáticas en la Universidad de Padua. Aquí, como hemos visto, él conoció a Campanella, lo que fue el comienzo de una amistad de toda la vida. Otra influencia importante fue la de su mentor, Pinelli, quien lo inició en la emergente ciencia de la óptica, la cual haría la reputación de Galileo. Otros asociados heréticos incluían a Traiano Bocca­lini, autor de «News from Parnassus», inspirado en Bruno. Con amigos como estos, Galileo seguramente se encontraba desde el comienzo en la lista negra de la Inquisición. Galileo también estaba familiarizado con los escritos de Bruno. En verdad, luego de la publicación del primer libro de Galileo que rayaba en la controversia, el astrónomo y matemático alemán, Johannes Kepler, criticó a Galileo por no reconocer honestamente la deuda intelectual con Bruno.

  Fue alrededor de 1610, con la nueva tecnología del telescopio, que él hizo observaciones: la superficie accidentada de la luna que recordaba a nuestra propia tierra; las lunas de Júpiter; y particularmente las fases de Venus, semejantes a las de la luna. Eso apoyaba fuertemente a Copérnico. Galileo comprendió su sensacional potencial, precipitándose a imprimir su primera ola de descubrimientos en «The Starry Messenger» [«Sidereus nuncius»], en 1610. La clase intelectual estaba realmente excitada: debidamente devino en filósofo y matemático en la corte de Cosimo II de’ Medici, Gran Duque de la Toscana. A pesar de ello, Galileo no utilizó sus descubrimientos para impulsar la teoría de Copérnico, aún siendo un ardiente defensor de ella, escribiéndole a Kepler en fecha tan temprana como 1597 que «él había sido convencido por Copérnico desde hace muchos años». En «The Starry Messenger», y un libro que le siguió sobre sus descubrimientos de las fases de Venus, él apenas presentó las observaciones. Quizás, pensó mejor jugar con sus implicaciones copernicanas. Por supuesto, la suerte de Bruno bullía en la mente de Galileo como una advertencia previsora. Pero no existe ninguna duda de que él estaba totalmente consciente del significado del hermetismo en el mismo corazón de la teoría heliocéntrica.

  Como uno de sus más fervientes defensores durante la controversia, Campanella compuso la «Apologia pro Galileo» en la celda de su prisión. Y diez años después —para entonces un hombre libre viviendo en Roma bajo la protección del mismo papa— Campanella estaba aún defendiendo la causa de Galileo durante su periodo más difícil, aconsejándole mantenerse firme a causa de la importancia espiritual de su trabajo. Como lo resalta el historiador británico Frances Yates: «Tanto en la apología como en cartas a Galileo, Campanella habla del heliocentrismo como un retorno a la antigua verdad y presagiando una nueva era, usando un lenguaje que recuerda fuertemente el de Bruno en «Cena de le ceneri», en el cual él defendió a Copérnico y declaró que el establecimiento del heliocentrismo liberaría a la humanidad…Y en otras cartas él le asegura a Galileo que estaba construyendo una nueva teología que lo vindicaría».

  La situación alcanzó un punto culminante en 1615 cuando Galileo finalmente salió a la luz pública escribiendo: «Sostengo que el Sol está ubicado en el centro de la revolución de los orbes celestes y no cambia de lugar, y que la Tierra rota sobre sí misma y gira alrededor de él». Su fama cambió notoriamente de la noche a la mañana.

  • Galileo, Campanella y el Papa

– 

  Cuando, como resultado, Pablo V ordenó una investigación sobre el heliocentrismo desde una base teológica, y este fue declarado contrario a las escrituras, el «On the Revolutions of the Celestial Spheres», de Copérnico, fue finalmente prohibido, junto con todos los demás trabajos proheliocentrismo. Galileo fue convocado a Roma para ser advertido a que tome el camino correcto. El Sol de mueve alrededor de la Tierra y no viceversa. Era verdad porque el Vaticano lo decía. Pero había un significado oculto: el cardenal al que se le dio la tarea de advertirle a Galileo fue Roberto Bellarmino, el mismo hombre que había interrogado a Bruno y fue responsable por su condenación y ejecución. Esto no fue coincidencia; Bellarmino había sido Arzobispo de Capua desde 1602, pero fue llamado a Roma para lidiar específicamente con Galileo.

  Bellarmino, por supuesto, comprendió por su experiencia con Bruno el significado que el heliocentrismo tenía para la Revolución Hermética. Bruno estaba muerto y Campanella encarcelado en Nápoles, pero ellos tenían seguidores; y nadie sabía cuantos. Y ahora aparecía Galileo, asociado con personajes como Campanella, acercándose cada vez más  a las pruebas de la declaración de Bruno sobre el comienzo de una nueva era hermética. A Galileo le fue entregada una declaración escrita por Bellarmino que decía que el Papa había decretado que la visión de Copérnico no podía ser «defendida o sostenida». Galileo se apresuró a aceptarlo. Incluso más revelador fue la inmediata reacción de Galileo: él le pidió permiso a su patrón, Duque de Cosimo, para viajar a Nápoles; pero le fue negado. ¿Por qué Nápoles? Una pieza vital del rompecabezas encaja en su lugar cuando leímos un documento de Olaf Pedersen, un especialista en los aspectos religiosos del asunto Galileo, que dice que la razón de la petición de Galileo y la extraña negación era que él quería visitar a Tommaso de Campanella en su celda de prisión. La Iglesia trajo al hombre que había condenado a Bruno para que advirtiera a Galileo, y la primera reacción de éste fue consultar al sucesor de Bruno, Campanella.

  Si bien a Galileo le fue negada su reunión, Campanella escribió su «Apologia pro Galileo», que sus seguidores publicaron en Frankfurt. Sin embargo, dada la reputación de Campanella —convicto por herejía y subversión— esto apenas podía beneficiar su reputación. Por lo cual es muy probable que de regreso en Florencia, Galileo tuvo que inclinar su cabeza. Nada en el decreto del Papa impedía discutir el heliocentrismo como una hipótesis. Y muchos eruditos estaban precisamente haciendo eso. El mismo Galileo abandonó el asunto por muchos años, si bien él estaba obviamente en espera del momento apropiado para emerger como su icónica figura estelar.

  Entonces, en 1623, un viejo amigo, Maffeo Barberini, se convirtió en el Papa Urbano VIII. Tomando esto como una señal de que su suerte había cambiado, Galileo fue a visitarle a Roma poco tiempo después. La elección de Urbano también fue una buena noticia para Campanella. En 1626, Urbano le pidió a rey español que lo liberara para que lo protegiera con su magia. Luego de 27 años, Campanella no sólo estaba libre sino que era consejero del Papa. Urbano incluso le dio permiso para que fundara un colegio en Roma para que entrenara misioneros que expusieran sus ideas filosóficas y religiosas. Un favor de tal magnitud concedido por el Papa a su más controversial defensor fue otra buena señal para Galileo.

  Galileo consideró que era seguro escribir  «Dialogue Concerning the Two Chief World Systems», una discusión sobre el nuevo sistema copernicano y el viejo sistema ptolemaico. Con la aprobación formal de la Inquisición, fue publicado en Florencia en 1632. El Papa simplemente le pidió a Galileo que su propia visión antiheliocentrica fuera incluida. Significativamente, existían más afinidades entre el «Dialogo» de Galileo y el trabajo de Bruno de 1584, «Cena de le ceneri». No podía ser coincidencia que este era el trabajo de Bruno favorito de Campanella. A pesar del mito de los «egos en colisión», estaba claro que Urbano tenía que ser forzado a la acción. Sus muchos oponentes dentro de los Cardenales de la Inquisición señalaron su apoyo a la publicación del «Dialogo» como una muestra de su rumorada permisibilidad con la herejía. No hubo colisión de egos, Urbano simplemente estaba entrando en pánico.

  Un Urbano reluctante le ordenó a la Inquisición que convocara a Galileo a Roma, donde se presentó ante la Inquisición en abril de 1633. Él declaró que su libro simplemente había discutido la teoría de Copérnico, y que hasta el decreto de 1616 él no había considerado las hipótesis de Ptolomeo y Copérnico más allá de cualquier disputa [contrario a lo que le había confesado a Kepler 36 años antes], pero que desde entonces había sostenido la visión de Ptolomeo «como verdadera e indiscutible». Mientras pocos culparían a Galileo por tratar de evadirse —después de todo esta era la Gestapo vaticana—, estas no son las palabras de un noble defensor de la libertad intelectual o del que anhela ser un mártir. Y aún así, él no se mostró como un arrogante anciano que se negaba a aceptar que estaba equivocado.

  Galileo perdió. Los inquisidores declararon que el «Dialogo» era un intento deliberado por promocionar la teoría heliocéntrica —que sin dudas lo era—, y que sus excusas eran del todo inaceptables. Él fue hallado «vehementemente culpable de herejía»; apenas un grado por debajo de la verdadera herejía. La única salida era «abjurar maldecir y detestar» las ideas heréticas. Galileo lo hizo así, arrodillándose ante el altar de Santa Maria sopra Minerva, desde el cual Bruno fue llevado a su horrenda muerte 33 años antes. La publicación de cualquier trabajo de Galileo fue prohibida y él fue sentenciado a prisión de por vida, pero como ya tenía más de 70 años fue conmutada a arresto domiciliario. Uno de sus primeros visitante fue… Tommaso de Campanella.

  • Retrospectiva

  A pesar de que el juicio de Galileo siempre es citado como el momento en que las fuerzas de la razón y el dogma colisionaron de frente, el factor hermético fue, como hemos argumentado, más importante. La reverencia por el heliocentrismo era, de acuerdo a los hermetistas, la principal razón por la cual la Iglesia buscó condenar la teoría, y por lo tanto también a Galileo. El factor hermético estaba ahí, pero tras bastidores, lo cual es el motivo de que exista una sensación de que algo falta en la historia del proceso. Sin embargo, Galileo en ningún sentido es tan inocente como aparenta. Existen cuestionamientos válidos acerca de su relación con el movimiento soterrado de reforma hermética. Está su continuada asociación y correspondencia con Campanella, especialmente su deseo de verlo en la víspera de su «carta amarilla» en 1616Campanella era apenas la clase de compañía que él debió haber querido mantener.

  Y también está el aparente uso de Galileo de la «Cena de le ceneri» de Bruno —donde se hace mención por primera vez de la teoría de Copérnico como la piedra angular de una nueva era hermética— como un modelo para su «Dialogue Concerning the Two Chief World Systems». ¿Hizo esto para mostrarle a los giordanistas que él era un simpatizante? ¿Era el gran Galileo incluso un miembro activo de la organización revolucionaria de Bruno?

  Traducido por Odilius Vlak

 –

  • Nota: La versión original de este artículo titulado: «The Day Earth Stood Still: Galileo and the secrets of Hermeticism» [julio 2011], se encuentra aquí:http://www.forteantimes.com.
  • Acerca de los autores: Desde que se conocieron accidentalmente en 1989, Lynn Picknett y  Clive Prince han trabajado juntos en varios libros best-selling; incluyendo «The Stargate Conspiracy», «The Templar Revelation», «Turin Shroud: In Whose Image?» y «The Mask of Christ». Su último libro, «The Forbidden Universe», fue publicado por Constable & Robinson, y se encuentra actualmente en las estanterías.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s