TETRAMENTIS / Damned Angel: Genesis – Capítulo XVII – (Vol 01)

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Capítulo XVII: Intenciones Ocultas ( Vol 01 )

«El Fin de Los Tiempos, Sucederá al Final de los Primeros Eventos»

  —Adelante Angel —dijo el Arzobispo invitando al cazador a entrar a su despacho—. Te estuve esperando. Toma asiento, por favor.

   —¿Qué necesita? Es decir, ¿por qué me ha llamado? Usted por lo general es una persona muy ocupada.

  —Pareces nervioso. ¿Estás incómodo? Podemos reunirnos en otro momento, si es que tienes algún problema.

  —No, por favor; no se moleste. No es necesario, estoy bien —dijo Angel mientras se acomodaba en su asiento.

  —Recuerdo la primera vez que nos vimos —continuó el Arzobispo distraído—. En ese entonces eras un mocoso hijo de sacerdote sin nada de sentido común. Tú… no has cambiado en nada desde ese día. En cambio yo he cambiado demasiado. ¡En fin!, la razón por la que te he pedido que estés aquí hoy… es porque quiero que continúes con la misión que he estado llevando a cabo en secreto.

  —¿De qué habla usted? No entiendo, ¿qué misión es esta, y por qué la ha mantenido en secreto?

  —Angel, estoy muriendo. Tengo cáncer  en la sangre en una etapa muy avanzada. Apenas me quedan fuerzas para levantarme cada mañana. Me quedan algunos días de vida.

  —¡No puede ser! Usted… es decir, nadie supo que…

  —Lo sé, pero ya es inevitable —interrumpió el clérigo mientras sonreía amablemente—. Antes de dejar este mundo, necesito un sucesor. Necesito alguien que continúe todo lo que he hecho, y te he elegido a ti, Angel.

  —Haré lo que pueda por usted, si es posible. ¿Qué necesita que haga?

  —Ven conmigo… te lo mostraré personalmente.

  El Arzobispo se acercó a su escritorio, y presionando una estatua de un santo, activó un interruptor. Una puerta oculta se abrió al instante mostrando una enorme escalera hacia una profunda oscuridad. Descendieron por ella hasta llegar a un elevador. El elevador los llevó hasta el sitio secreto.

  —¿Qué es este lugar? —preguntó el cazador legendario con gran curiosidad.

  —Es mi laboratorio personal. Aquí es donde realizo mis experimentos. Es donde llevo a cabo el trabajo inconcluso de Bergen Hendrick.

  —Ese olor… me resulta familiar…

  —Maravilloso, ¿no? Así me parece a mí. Es el agradable aroma de la sangre humana. Mejor que cualquier café fresco por la mañana.

  —¡¿Acaso perdiste la cabeza, Henderson?! ¡¿Qué has hecho?!

  —El trabajo que tú quisiste detener. Verás, Hendrick creyó en ti. Todo comenzó hace diez años, justo cuando fui elegido como Obispo al servicio de la Santa Sede. Durante mi tiempo en esta posición, estudié todo acerca del suceso en la isla de Vektoria durante la Segunda Guerra Mundial, cuando  enfrentaste a Hendrick. Aprendí sobre todas las investigaciones que llevó a cabo gracias a los registros en detalle que estaban en posesión del Vaticano. La historia me cautivó; su motivación me intrigó aun más.  Crear al Ser perfecto… ¡con sus propias manos! Debía seguir con su investigación. No podía dejar que algo tan maravilloso como esto se perdiera. Sin embargo, nunca tuve la autoridad suficiente  como para tener mis propias operaciones encubiertas como lo hago hoy en día. Todo esto cambió cuando me convertí en el Arzobispo. Organicé una expedición al lugar donde Hendrick tuvo en aquél entonces su base de operaciones. Casi toda la información que había en el lugar se había perdido debido al incendio. Al menos, faltaban datos críticos para poder retomar su trabajo. Luego de mucho revisar el lugar, mis hombres encontraron un depósito seguro —a prueba de incendios— que tenía toda la documentación que necesitaba. ¡Estaba más feliz que nunca! ¡Pude continuar sus experimentos! Verás, Angel, nunca detuviste nada. Todo siguió como siempre, las mismas víctimas, la misma causa. Pero ya estoy cerca… ¡Estoy mucho más cerca de lo que Hendrick alguna vez estuvo! Lo único que necesito ahora, es una muestra de sangre pura perteneciente a un ángel. Si puedo reproducir su configuración genética y combinarla con la estructura del híbrido de humano y demonio, lograré crear al Ser perfecto. Con toda la fortaleza de las tres razas y sin ninguno de sus defectos. Pero, no tengo el poder ni la facultad para conseguir algo tan peligroso como la sangre de un ángel. Por eso te necesito. Eres el único lo suficientemente poderoso como para cumplir con una tarea de tal magnitud. Si me ayudas, puedo… ¡puedo convertirte en un dios! ¡El Ser más poderoso de la tierra! Debemos aprovechar mientras aún pueda vivir.

  —Eres justo igual a él. Tú tampoco lo entiendes. No comprendes el sufrimiento humano. ¡Me das asco! Te haces pasar por un siervo de Dios, sin embargo, le apuñalas por la espalda. Jamás compartiré un ideal tan retorcido como ese. Nada de esto tiene sentido. ¿Cómo pudiste traicionar tus creencias y tus responsabilidades por alguien tan despreciable como Hendrick?

  —Hablas de él, y usas palabras absurdas. Tú mismo lo has dicho; no entiendes sus ideales, no los compartes.  No sabes nada sobre él. Y, ¿quién eres tú para criticarme? Mis ideales nunca cambiaron. Siempre fueron así. ¿Acaso crees que me importa en algo el Vaticano? ¿Los humanos? ¿Su dolor? Para nada. Lo único que me interesaba era preservar su investigación. Fue la única razón por la que ingresé a la Santa Sede. ¡No iba a permitir que todo lo que mi padre construyó se perdiera!

  —¿Tú padre? Eso significa que tú…

CONTINUARÁ…

Edwin Peter Barbes

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