INTROVISION / La OMU: Organización de los Mitos Unidos

El lejano amanecer extendió su aliento de luz sobre una estructura intrusa en el laberinto arquitectónico de la ciudad de New York, allá lejos, en un futuro engendrado por sueños ancestrales. Los neoyorquinos enfriaron el café de esa mañana con el aliento helado que el sobrecogimiento soplaba desde los temores registrados en sus genes; temores que han parasitado la humanidad desde la noche de los tiempos. Contrariamente a lo que sucedió hace varios siglos, con la desaparición de la Torres Gemelas, el pavor en esta ocasión fue despertarse para descubrir que ese día no iba a ser uno más por el hecho de que una estructura arquitectónica icónica ya no existiría, sino por la presencia de una gigantesca estructura ubicada en el lugar donde la noche anterior se encontraba el viejo edificio de la Organización de las Naciones Unidas [ONU]: una construcción que por su antigüedad ya había sido declarada patrimonio de la humanidad.

  Millones se reunieron a los pies de la gigantesca estructura que parecía haber sido concebida por la pesadilla de un gigante, dado su tamaño y apariencia.  Su altura se perdía en el banco de nubes que se extendía sobre toda la ciudad, y de la negritud del material con el que estaba construida parecía emanar una sombra que no era la proyectada por el sol, sino que se derramaba desde algún vacío estelar encerrado cual infierno en las entrañas de sus muros. «¿But… what the hell is this dark shit?», exclamaban los anglos; mientras que a su lado algún latino expresaba lo mismo en español: «¿Qué diablos es esta mierda oscura?»; y la misma pregunta fue proferida en cada una de las innumerables lenguas por cada uno de los representantes de las etnias que burbujeaban en el Melting Pot.

  Pero también, dispersados en medio de la multitud no iniciada, se encontraban los hijos de la imaginación, los adoradores de los mitos heredados de las grandes culturas y sobre todo aquellos que fueron concebidos por la energía creativa de algún genio solitario, de algún visionario o profeta, cuyas exploraciones imaginativas más allá de nuestro espacio-tiempo, le extirparon algún secreto al Gran Misterio. Para ellos —miembros de un Fandom que en sí mismo ya tenía su propio esquema genético de transmisión hereditaria del culto a todo lo que lleve por impronta «más allá de lo evidente»—, dicha estructura era familiar, pues ya la habían visto más de una vez en los sueños que tuvieron luego de leer sobre ella en los textos canónicos de la mitología en la cual estaba integrada. Su presencia aquí no era debida al asombro y pavor por la aparición de lo inesperado, sino al asombro y pavor de lo que se había estado esperando con ansias desde la noche de los tiempos. Pero de los tiempos contenidos en los mitos que le han dado significado a sus vidas.

  Una conmoción general hizo vibrar la masa informe de seres humanos como si hubiese sido la secreción mucosa de ese mismo gigante que en sus temores engendró esa colosal estructura en una de sus pesadillas. El estremecimiento fue seguido de un jadeo de asombro, mientras aquello que veían descender desde una de las oscuras torres de la estructura se acercaba lentamente al suelo, hasta posarse sobre una especie de plataforma con la forma de una garra que surgía de uno de los flancos de la gigantesca puerta frontal. Era una extraña criatura antropomórfica con alas parecidas a la de los murciélagos y sin ningún rasgo en la parte frontal de lo que parecía ser su cabeza que le diseñara un rostro. Proyectaba viscosidad y frialdad; una entidad de la que sólo se encuentran en los mitos o en las creaciones fantástica de las mentes más macabras. Una criatura más familiar a la experiencia humana descendió de su grupa, pues al parecer el horrendo engendro era su montura. La criatura era flaca y alta, y a pesar de que proyectaba una frialdad semejante a la del demonio que cabalgaba, era sin dudas un humano. Este se quedó mirando a la multitud por un momento antes de iniciar su discurso:

  «Aquí, en este espacio anteriormente profanado con el cuerpo arquitectónico que encarnaba los pueriles anhelos del hombre, nacidos de la pequeñez de miras a la que estaban sometidos por su apego a la realidad ordinaria, se levanta ahora la encarnación de su realidad más amplia: la de sus sueños, la de sus fantasías, la de su imaginación… la de sus mitos. Aquí, en el espacio que anteriormente lo ocupaba el malsano fruto arquitectónico de la estética modernista, cuyo nombre era la Organización de las Naciones Unidas [ONU]; en el cual por siglos estuvo el ser humano representando sólo su insignificante visión de la realidad del universo a través de las así llamadas “naciones”, está ahora ocupado por una maravilla arquitectónica hija de un nivel superior de conciencia, cuyas fronteras no son la terrestre sino las del cosmos mismo; dentro de la cual, a partir de este sagrado momento, estarán representados sus mitos, hijos no de su estado psicológico ordinario, sino de sus deseos de capturar el significado del misterio universal y el cuerpo total de la eternidad. Los mitos son más importantes que las naciones, pues representan una jurisdicción mucho más amplia, que se recrea a sí misma a través de los eones. Cada mito que ha sido concebido por la humanidad, estará representado en esta asamblea; y también aquellos que han sido fruto de las imaginaciones particulares en el campo de la literatura fantástica, la ciencia ficción y cualquier otra expresión de la imaginación. Y sus representantes no serán hombres sino las criaturas imaginadas por los hombres. Así que… a partir de este momento el mundo ya no se dividirá en naciones sino en mitos. El destino del ser humano será regido por los arquetipos míticos sepultados en lo profundo de su Ser y no por sus esquemas psicológicos, hijos de épocas que desaparecen junto al polvo que el tiempo se sacude de sus sandalias».

  Un murmullo se esparció por la multitud como si fuera una onda radioactiva; una descarga eléctrica que sacudió hasta los átomos de sus auras. Se escuchó a alguien preguntar:

  —Pero tales mitos, ¿estarán representados en todos sus aspectos? Es decir, ¿tanto por sus criaturas de luz y bondad como por las que representan en ellos el mal y las tinieblas?

  —Por supuesto —respondió el extraño heraldo. Y a continuación se escuchó a otra voz decir:

  —Entonces, ¿las decisiones en el mundo serán tomadas por dioses del Olimpo, sirenas, centauros y titanes como Prometeo; elfos, gnomos y dragones de cuentos de hadas; por la serpiente emplumada Quetzalcóatl de los mitos aztecas; seres como el mago Gandalf y entidades como Saurón en los mitos de Tolkien, o el dios Crom de los mitos hiborianos de R. E. Howard; seres como Gilgamesh y los dioses Anunnaki de los antiguos mitos sumerios, o los dioses Baales de los cananeos?

  —Por supuesto —volvió a contestar lacónicamente el heraldo.

  —¿Pero por qué esta horrenda estructura arquitectónica… pues no se parece en nada al empíreo Olimpo tal como nos lo describió Homero?

  —Esta estructura arquitectónica es parte del último gran ciclo mítico de la humanidad. Su nombre es Kadath, la fortaleza oscura que se alza en la meseta de Leng, franja onírica entre el sueño y el despertar. La criatura a mi lado es un Descarnado de la Noche… ya los verán más a menudo en sus sueños. Nuestro embajador ya se encuentra ocupando su puesto en la tribuna de mitos. Su nombre es Nyarlathotep —explicó el heraldo.

  —¿Pero quién eres tú? — preguntó con una voz pesada por el pavor de tal revelación otro de los presentes—. ¿A qué mito pertenece esta siniestra fortaleza? —«sí, dinos quién eres y el mito que representas»— coreó la muchedumbre.

 Mi nombre es Howard Phillips Lovecraft —contestó el extraño humano—; y vengo en representación de los Mitos de Cthulhu.

  Ante esto se escuchó una gran exclamación de un grupo de jóvenes que hasta ese momento habían permanecido en silencio y separados del resto de la congregación:

  —¡BIENVENIDO MAESTRO!… Nos presentamos como los primeros habitantes de ese mito en su manifestación física:

¡Ph’nglui mglw’nafh Cthulhu R’lyeh wgah’nagl fhtagn!

  Sin comentarios. Solo que soñamos con el momento futuro en que lo descrito más arriba se haga realidad, de esa manera no tendremos que soñar sobre nuestros mitos sino vivirlos, ser ejemplares ciudadanos de él. Y pensar que incluso más allá de la creación de la Organización de los Mitos Unidos [OMU], se hará realidad en el plano físico el mito del último continente sobre la tierra: Zothique The Last Continent, salido de la imaginación de nuestro maestro, Klarkash-Ton. Allí estaremos cada uno de los miembros de este Blogzine de las cosas que no son pero que deberían ser. Pero antes de que tanto nosotros como cada uno de nuestros Hermanos Fanáticos, participemos por primera vez en una de las míticas asambleas de esa futura organización, veamos que tenemos en la edición de este mes, en este, nuestro tercer Dossier dedicado al Profeta de Providence, H. P. Lovecraft.

  El Dossier inicia propiamente dicho el lunes 12 de este mes de marzo, semana en la cual se cumple un aniversario más de la muerte de Lovecraft [15-3-1937]; de manera que retrasaremos la exposición de nuestra galería mensual de Neosapiens hasta ese día, la cual se publica regularmente el primer lunes de cada mes. Pero valdrá la pena, pues en este mes de marzo nos honramos en presentarles imágenes dignas de cortejar el féretro imaginario de Lovecraft, y no es para menos, ya que hablamos de la obra de Franciscus Johannes Gijsbertus van den Berg, «Johfra», [15 de diciembre de 1919/6 de noviembre de 1998]. Así que, extraigan la paja que empaña su tercer ojo para que puedan captar mejor la revelación simbólica que les espera en: «Johfra y el Surrealismo Renacentista».

  En nuestra sección Runes Sanguinis, en la página del miércoles 14 de marzo, publicaremos un artículo hasta ahora inédito en castellano. Su título: «El Profeta Renuente», del autor Stephen Sennitt. Todos sabemos que nuestro profeta intentó boicotear la realidad de sus sueños con la realidad de su vigilia. Pero Stephen se pregunta: «¿Acaso las visones de Lovecraft captaron el sello apocalíptico que el genio humano estaba desatando con la división del átomo? Los mitos de Cthulhu, ¿son la codificación simbólica del holocausto nuclear que estaba por venir?». De se así, no nos debe extrañar que los profetas nunca hayan sido bienvenidos ni siquiera en el infierno.

  Como es costumbre en el contexto de este Dossier, les tenemos dos Extras, que se publicarán en las páginas del sábado 17 y domingo 18 de marzo. Se trata de otros dos artículos igualmente traducidos en exclusiva para nuestros lectores. El primero se titula: «H. P. Lovecraft y el Mito del Siglo XX» del autor Joseph Morales; y el segundo: «El Necronomicon y el Universo Onírico», del autor Mark Dunn. Con estas dos joyas nos movemos —valga la expresión— en aguas profundas. Por lo tanto no hay nada que agregar, excepto que se recomienda que sepan nadar.

  En nuestra sección literaria, Tetramentis, en la página del jueves 15, otra joya iluminará el camino de nuestras almas a través del universo onírico del mismísimo maestro.  Hablamos de una historia simbólica de la pluma de nada más y nada menos que nuestro archidemonio, Morgan Vicconius Zariah. Su título: «En el Confín del Horror Cósmico». ¿Y qué significa eso del confín del horror cósmico? Bueno, quizás sea un viaje, pero uno en el que hay que quemar las naves una vez se arribe al destino; naves que luego serán necesarias para el urgente regreso, pues… ¿Quién, a no ser uno de los Antiguos o su profeta para este ciclo, H. P. Lovecraft, puede soportar permanecer en tal reino?… Yo no.

  Nos despedimos por este mes con el saludo ritual a nuestro sumo sacerdote, Markus E. Goth, editor y director de este Templo Virtual. Él será —obviamente— el asistente de Klarkash-Ton, que fungirá como secretario del embajador de Zothique The Last Continent ante la OMU. Huelga decir que este embajador será Thasaidon, señor de los setenta infiernos. Y es que nuestro amado continente tiene muchas cosas que proponer en dicha asamblea, cosas como esta por ejemplo… El horizonte de los murciélagos es más lejano que el de las águilas.

  Odilius Vlak

 Jefe de Redacción

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