RUNES SANGUINIS / El Profeta Renuente – Por Stephen Sennitt

H.P Lovecraft

  H. P. Lovecraft pudo haber tenido acceso a niveles oníricos supra mundanos que lo capacitaron para profetizar la destrucción nuclear de nuestro mundo. La cuestión de si él previó la venida de una edad de terror cósmico y caos ha sido tema de controversia desde su muerte en 1937. Dos importantes escuelas de filosofía «lovecraftiana» se han desarrollado desde entonces: la primera, un numeroso cuerpo de seguidores que prefieren ver a Lovecraft como un talentoso creador de literatura fantasmagórica y de historias de horror sobrenatural [sobre todo para el entretenimiento]; la segunda, un pequeño cuerpo de seguidores quienes prefieren ver a Lovecraft como un canalizador de verdades cósmicas ocultas, perturbado y confundido en cuanto a su verdadero papel de receptor e interpretador.

  Extrañamente, hay buenas razones para sustentar ambas visiones. Lovecraft declaró claramente y a menudo que los sueños extramundanos y perturbadores eran la base para su producción de ficción. El especialista en Lovecraft, Dirk W. Morsig, ha comparado los perturbadores estados de sueños sobrenaturales de Lovecraft a un tipo de condición jungiana que el psicólogo Leon Festinger denomina «disonancia cognitiva», citando a Morsig:

  «Una ficción sobrenatural, tal como la escrita por Lovecraft, depende para su efecto de una disonancia resultante de la contravención de expectativas puramente universales en lo que respecta a la ley natural. Lovecraft intentó reducir la disonancia transformando sus sueños en arte y al mismo tiempo negándoles cualquier significado objetivo.»

  La negación de Lovecraft del significado objetivo de los sueños, incluyendo los suyos propios, le ha sugerido al primer grupo de pensadores de que no existe base para las exóticas declaraciones hechas por el segundo grupo de pensadores; y en honor a la verdad, Lovecraft negó toda creencia en las doctrinas irracionales con las cuales él asociaba a los ocultistas y místicos. Sin embargo, como Morsig ha señalado, el nivel de disonancia entre las pesadillezcas experiencias oníricas de Lovecraft y las experiencias de su vida despierta era tal, que él se vio en la necesidad de desarrollar un método para controlar el mundo de los sueños en orden de mantener la actitud ultraracionalista a la que se adhería en sus horas de vigilia. Este método de control devino en su obra de ficción: Los Mitos de Cthulhu. Este extraordinario cuerpo de trabajo probablemente no necesite introducción. Las bizarras creaciones literarias de Lovecraft, los monstruosos dioses primordiales, Cthulhu, Yog-Sothoth, Azathoth, Shub-Niggurath y los demás, se encuentran entre los símbolos más impactantes de la época; o más específicamente, de la época por venir. Como el mismo Lovecraft señala en su famosa historia central de los mitos, «La Llamada de Cthulhu»:

  «Las ciencias, cada una avanzando en su propia dirección, nos han hecho hasta ahora poco daño: pero llegará el día, en el que la unión de todos los conocimientos disociados descubrirán paisajes tan terribles de la realidad, y nuestra verdadera posición dentro de ella que, o nos volveremos locos por la revelación, o huiremos de la luz mortal hacia la paz y seguridad de una nueva era de tinieblas.»

  Este párrafo establece perfectamente la posición literaria de Lovecraft; una que en su consciente actitud despierta pudiera refutar como un simple artificio de ficción. Pero partiendo de la sugerencia de Morsig, ¿cuál diríamos es el verdadero Lovecraft? Lovecraft parece haberse refugiado con no poca desesperación en sus convicciones racionalistas. Si nos dedicáramos por un momento a examinar su conciencia nocturna, la razón para esto quedaría clara. Como puntualiza el crítico de Lovecraft, Thomas Quayle, en su artículo «The Blind Idiot God» [Crypt of Cthulhu #49], el tipo de ficción sobrenatural que Lovecraft escribió no estaba basada en los tradicionales temores claustrofóbicos a la muerte y la decadencia, acosos fantasmagóricos, etc.; sino más bien en una agorafobia a los inmensos golfos del espacio; los infinitos abismos del oscuro cosmos donde la mente humana, percibiendo repentinamente demasiado espacio, es estirada hasta un límite tal que se quiebra. Quizás esto exprese la propia agorafobia de Lovecraft y la reluctancia de desarrollarse a la par de un siglo de rápidos cambios. Morsig iguala el dilema de Lovecraft a lo que el futurólogo Alvin Toffler llama «el impacto del futuro»; la sensación alienante de sentirse completamente fuera de lugar en la rueda de eventos socio-científicos. El problema con esta interpretación es que Lovecraft [aunque superficialmente] parecía muy capacitado para lidiar con las delirantes verdades de la física einsteiniana, la cual describe un frío universo de causa y efecto carente de emociones. No obstante, él reveló sus verdaderos sentimientos en la información que trató de desechar o presentar como entretenimiento trivial: su creación de Los Mitos de Cthulhu y sus terribles entidades y semientidades.

  El ocultista londinense, Kenneeth Grant, ha sugerido una posible fuente para las ideas de Lovecraft. Él iguala la percepción de Lovecraft a la de una lente defectuosa recibiendo imágenes distorsionadas; en su caso, distorsionadas por los temores personales de Lovecraft y su rechazo consciente de la información que le fue transmitida en sus sueños. Grant equipara a Lovecraft al notorio ocultista británico, Aleister Crowley, y elabora conexiones explicitas entre las entidades con las que Crowley declaró haber entrado en contacto a través de su propio método de control onírico y las entidades de Los Mitos de Cthulhu de Lovecraft. Mientras no existe evidencia fiable para sostener esta tesis, comparaciones interesantes pueden hacerse entre las actitudes personales de Crowley y Lovecraft, y es posible concluir que de haber Lovecraft poseído la aptitud de Crowley para la magick, pudo habernos ofrecido una imagen similar a la del Nuevo Eon o Eon de Horus de Crowley; la edad de Fuerza y Fuego, en otras palabras, la Edad Nuclear. Tomando en consideración el anterior pasaje citado de «La Llamada de Cthulhu», podemos apreciar que las entidades del culto de Cthulhu,  posiblemente no son otra cosa que la temerosa aproximación de Lovecraft al tipo de energía que la Edad Nuclear iba a liberar. Mientras nos tambaleábamos en el borde del abismo, ante el rostro total de la destrucción, no es sorpresa que el sensitivo lente de Lovecraft estuviera tan distorsionado.

  Imágenes de ciudades muertas emergiendo desde el océano y liberando horrores preatlantes [The Call of Cthulhu]; extrañas mutaciones mitad hombre y mitad monstruo [The Dunwich Horror]; radiaciones que chamuscan el paisaje y vuelven locos a los hombres [The Colour Out of Space]; Yog-Sothoth, «que espumea como un fango primordial en el caos nuclear». Todas estas imágenes sugieren una edad de destrucción en la cual los Nuevos Dioses son sin embargo los primordiales, los Antiguos; como si fuera para sugerir, como lo hace Grant en «Outside the Circles of Time», que los Antiguos retornarán. Esas fuerzas del espacio que otorgan poder nuclear, las cuales crearon nuestro mundo pueden ser invocadas para destruirlo. Lovecraft habla de tales fuerzas en muchos de sus cuentos como llegadas del «exterior», sugiriendo una vía de ingreso a través de la fusión, creando entradas o «ventanas» hacia «nuestra» dimensión, posible vía de las explosiones atómicas de los años cuarenta, cuando el sello fue «disuelto». También, estas fuerzas del lado oscuro están ahora proyectando su sombra, invadiendo el plano astral y anidando en el subconsciente colectivo, lo cual les permite un infame acceso a las ondas de vida humana.

  Que tales siniestras ideas puedan tomarse en serio es algo que está más allá de la suposición del escritor de este artículo. Presento la información como un ejemplo de extraña previsión de futuros eventos desde la luz del presente. De lo que no hay duda es de la creciente incertidumbre sobre el futuro de la humanidad. Con una lente defectuosa o no, H. P. Lovecraft tenía una idea muy clara de lo que iba a venir. Su verdadero sistema de expresión, extraño y bizarro como pueda parecer, nos muestra a un hombre profundamente perturbado por las visiones de un futuro arruinado y yermo. Que él tratara de restarle importancia al significado objetivo de tales visiones y rechazar el mundo onírico, es más revelador que la inquietante idea de que Cthulhu y sus acólitos podrían en verdad existir. Deberíamos sentirnos satisfecho de admitir que la habilidad profética de H. P. Lovecraft creó un hombre más interesante que los mitos. Él fue el primero en el mundo en padecer agorafobia cósmica.

FIN

  Traducido por Odilius Vlak

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  • Nota: La versión original de este artículo, titulado: «The Reluctant Prophet», [2006], se encuentra aquí: http://www.templeofdagon.com.

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