INTROVISION / Zothique en el Mismo Trayecto del Sol

«Hay un país en el mundo colocado en el mismo trayecto del sol. Oriundo de la noche. Colocado en un inverosímil archipiélago de azúcar y de alcohol.»

[Del poema «Hay un país en el mundo», del poeta nacional de República Dominicana, Don Pedro Mir: 1913-2000]

  En su ensoñación poética, que ha explorado eones, Varzai, el poeta de la ciudad del delta, Umbri, evocó estas metáforas mientras descansaba la embriaguez sobre las piernas de la lamia Morthylla, tan frías como la tumba que le servía de lecho. «Sí —reflexionaba Varzai mientras la visión de esa antigua metáfora se mezclaba con las de sus poemas inspirados por la energía nigromántica de Zothiqueciertamente, siempre ha habido algo en el mismo trayecto del sol. Pero sólo nuestro continente de Zothique y sus habitantes, nos encontramos en el mismo trayecto de su muerte. Al igual que ese antiguo país, somos oriundo de la noche, pero nos deslizamos sobre las ondulaciones de un archipiélago de polvos mágicos y pociones de hechicerías».

«Sencillamente liviano como un ala de murciélago apoyado en la brisa. Sencillamente claro, como el rastro del beso en las solteronas antiguas o el día en los tejados.»

  Varzai continuó apurando la copa de esa visión sin preguntarse el origen de la procesión de palabras. Las veía emanar desde un abismo espacio-temporal al cual le daba acceso su intuición: que perforaba los pliegues de la dimensión imaginaria de todo lo creado por la humanidad como si fuera un túnel cuántico. Y de esa manera vio como «esa ala de murciélago» se apoyó en la brisa que invocaban con su cántico los nigromantes de la isla de Naat: Vacharn, Vokal y Uldulla. Y vio también como el rastro de ese beso continuó imprimiéndose sobre las ardientes arenas de los desiertos zothiqueanos; oscureciéndose como si fuera la huella de la sangre coagulada, pues ahora, el rastro era dejado por los besos malditos que su lamia Morthylla ha sembrado sobre su cuerpo; los que Dalili ya siendo una muerta viviente hizo llover sobre el aterido cuerpo del Príncipe Yadar; los que Ilalotha esparció cual rocío de fuego sobre el cuerpo de Thulos en las catacumbas de la ciudad de Miraab, capital del viejo reino de Tasuun; o aquellos que la Princesa Ulua, también de Miraab, en vano intentó claval cual dagas sobre la carne virgen de Amalzain, sobrino-nieto del profeta Sabmon. Definitivamente, en Zothique, ninguno de ellos era «sencillamente claro»; y «en los tejados» sólo se posaban los rayos de un sol agonizante; que contrastaba con los rayos ardientes del sol en su plenitud que descendían como ángeles caídos sobre aquel mítico «país en el mundo colocado en su mismo trayecto».

«Sencillamente tórrido y pateado como una adolescente en las caderas. Sencillamente triste y oprimido. Sencillamente agreste y despoblado.»

 

  Las extrañas metáforas, cocinadas al fuego de un sol más joven, se permutaban como por hechicería en la imaginación embriagada de Varzai. La exótica adolescente —cuya piel era el producto final de una fotosíntesis del espectro de colores que matizaban aquella mítica zona de la tierra conocida como El Caribe—, se difuminaba en la palidez cadavérica de la joven Elaith, ensombrecida sólo por las sombras de los sacerdotes del dios carnívoro, Mordiggian, amo y señor de la muerte en la ciudad de Zul-Bha-Zair. El único Ser «triste y oprimido» que Varzai podía percibir era el joven amante, Phariom, cuya desesperación se extendía como un resplandor brumoso sobre los paisajes «agrestes y despoblados» de los antiguos reinos olvidados de Cincor, Ullotroi y Caliz.

  Sin poderlo evitar, Varzai veía como el torrente de metáforas se derramaba en su visión forrada de innumerables capas de espacio-tiempo. Algunas las encontraba demasiado alejadas de su experiencia… ¡preñadas de demasiada vida! Otras, simplemente podía superponerlas sobre su experiencia como ciudadano del último continente:

«El día luminoso despierta en las espaldas de repente, corre entre los raíles, sube por las grúas, cae en los almacenes. En los patios, al pie de una lavandera, mojada en las canciones, cruje y rejuvenece. En las calles se queja en el pregón. Apenas su pie despunta desgarra los pesebres (…) Sube, salta, delira en las esquinas, y el día luminoso se resuelve en un dólar inminente (…) Un borbotón de sangre. Silenciosa, terminante. Sangre herida en el viento, sangre en el efectivo producto de la amargura. Este es un país que no merece el nombre de país. Sino de tumba, féretro, hueco o sepultura.»

  En su sombría inspiración poética, Varzai sintió su conciencia cambiar la escena con la rapidez de un sueño, y el día, que en el antiguo poema cabalgó sobre todas esas cosas extrañas, devino en la Muerte Plateada que cayó sobre la tierra de Yoros desde la estrella Archernar. Subiendo, saltando y delirando sobre las ciudades de Silpon, Siloar y Faraad, la capital de Yoros. Mientras en el lejano reino del poema el día se resolvía en un dólar; aquí, la brillantez diurna que la muerte plateada imprimía sobre toda carne se resolvía en un cadáver que bien podría tomarse por una bala de plata para asesinar un hombre-lobo gigante. A Varzai le parecía que el Rey Fulbra bien podría decir acerca de Yoros luego que la Muerte Plateada la abandonó, lo mismo que el antiguo poeta dijo sobre su país: «Un país que no merecía el nombre de país. Sino de tumba, féretro, hueco o sepultura».

«Y así no puede ser. Desde la sierra procederá un rumor iluminado probablemente ronco y derramado. Probablemente en busca de la tierra. Traspasará los campos y el celeste dominio desde el este hasta el oeste conmoviendo la última raíz y sacando a los héroes de la tumba habrá sangre de nuevo en el país, habrá sangre de nuevo en el país.»

  El rumor procedente de la sierra era como de muchos caballos al galope, caballos gigantescos. Varzai sentía la conmoción acercarse a su visión desde ese lejano país al cual cantó el antiguo poeta. Los cascos de los caballos pisoteaban las mil máscaras del tiempo, en un crescendo que hizo que Varzai se irguiera con un impulso frenético de la tumba y los muslos de Morthylla. Y al fin los vio: los caballos macrocómicos de Thamogorgos, invocados por el nigromante Namirrha para que «traspasaran los campos y el celeste dominio desde el este hasta el oeste…» de la ciudad de Ummaos, la capital del reino de Xylac. Pero mientras los veía «conmover la última raíz», la visión cambió de repente  y Varzai vio a los legendarios nigromantes Mmatmuor y Sodosma levantando a los miembros de la dinastía de Nimboth desde sus tumbas en Yethlyreom, capital del derruido reino de Cincor al suroeste de Zothique.

  Mirando con ojos vacíos a la luna que navegaba el horizonte del Océano Indaskiano, Varzai sintió como la embriaguez que movió la pluma de ese antiguo poeta lo golpeaba cual si fuera la pesadez del láudano. Ahora, ya no veía las visiones de sus metáforas sino que le pareció escuchar la voz misma del poeta decir: «No quiero más que paz. Un nido de constructiva paz en cada palma y quizás, a propósito del alma, el enjambre de besos y el olvido». Giró sobre sí mismo como lo haría sobre su eje una estrella hipnotizada, y se dirigió nuevamente hacia la tumba donde la lamia Morthylla lo esperaba con el brillo del asombro chamuscando sus pupilas.

  —¿Qué te sucede Varzai… mi poético amor… mi infinito amor… Tan infinito como la metáfora de la muerte que nos estremece a ambos por el resto de la eternidad?

  —¿Varzai?… Mi nombre no es Varzai, y no estoy muerto. Mi nombre es Pedro Mir. Pero… esta tierra no se parece en nada al país que una vez hubo en el mundo en el mismo trayecto del sol y al cual yo le canté, cuyo nombre era República Dominicana.

  —No amor mío, puede que un trance visionario haya provocado que la personalidad de ese antiguo poeta, con ese nombre tan extraño, te poseyera. Y por ahora, puede que sea cierto que no seas Varzai sino Pedro Mir. Pero más cierto aún es el hecho de que esta tierra no es la de ese «país en el mundo colocado en el mismo trayecto del sol» Pues esto es Zothique amor mío, el último continente: ubicado en el mismo trayecto de la muerte del sol.

  Y debo agregar: al igual que cada uno de los miembros de este Blogzine de las cosas que no son pero que deberían ser. Sí, nosotros también estamos ubicados en el mismo trayecto de la muerte del sol; pero contrario a Varzai, mientras aún llueven sobre nosotros y sobre cada uno de nuestros Hermanos Fanáticos los ardientes rayos de la plenitud de su vida. Aquí mismo, en el presente.

  Y eso de forma literal, pues antes de que pasemos a desglosar la oscura fantasía que derramaremos sobre la edición de este mes de abril, desde el cuerno de la abundancia del gran misterio que se extiende más allá de las fronteras de nuestras imaginaciones, les queremos comunicar que nuestro Blogzine: Zothique The Last Continent, estará participando en la XV Edición de la Feria Internacional del Libro, Santo Domingo 2012, a celebrarse en la Plaza de la Cultura Juan Pablo Duarte. Esta edición estará dedicada al poeta, narrador y ensayista, Enriquillo Sánchez y tendrá como invitados de honor a los países de Centroamérica. El evento se llevará a cabo del 18 de abril hasta el 6 de mayo. Más adelante publicaremos nuestra agenda de actividades en dicho evento.

  En la edición de abril de nuestra galería mensual de Neosapiens, a ser publicada el próximo lunes 9, iniciaremos nuestra Segunda Temporada; dedicada como de costumbre a las portadas de revistas icónicas en el campo de las expresiones imaginativas. En esta ocasión la exposición será con las portadas de la revista de Ciencia Ficción, Fantasía y Aventuras, Cimoc. Revista de cómic adulto española que desde su creación en 1979 hasta su desaparición en 1995, constituyó un espacio de referencia imaginativa con el más alto grado de profesionalidad para el Fandom de habla hispana. Numerosas series desfilaron por sus páginas durante sus dos épocas: 1979-81/1981-95 respectivamente, canalizando al mismo tiempo las mentes creativas más selectas del universo del cómic adulto: Druillet, Moebius, Enrique Breccia, Frank Miller, etc.

  Korsar de Esteban Maroto; El ojo de cristal de Luís García; Zephyd de C. S. Cidoncha y Alfonso Azpiri; Perro de Estroncio de John Wagner y Carlos Ezquerra; Guerras en la mente de Alan Hebden y Jesús Redondo; El mercenario de Vicente Segrelles; El prisionero de las estrellas de Alfonso Font…; son algunos ejemplos de los trabajos que golpearon la realidad con su propuesta fantástica desde las páginas de la revista Cimoc. Así que prepárense para contemplar los paisajes más fantásticos «Desde la “Cimoc” más Alta de la Imaginación».

  En la página del miércoles 11 de nuestra sección Runes Sanguinis, publicaremos otra joya inédita hasta ahora en lengua española concebida por la desbordante imaginación de Clark Ashton Smith. Se trata de otra historia de ciencia ficción pulp, que al igual que la mayoría de las historias de este género que escribió Klarkash-Ton y que hemos traducido de manera exclusiva para este espacio, fue publicada en la revista Wonder Stories. Su título: «La Luz del Más Allá». Por lo demás, será la primera de una serie de tres historias que publicaremos durante una temporada de tres meses en esta sección.

  Bueno, eso es todo por ahora, desde el punto de vista del contenido que tenemos a mano claro está. Les informaremos en esta Introvisión sobre cualquier actualización que integremos en el transcurso del mes. Pero antes de unirnos al poeta Varzai en su delirio visionario, es menester que nos despidamos de nuestro sumo sacerdote, Markus E. Goth, editor y director de este Templo Virtual. «Hay un país en el mundo colocado en el mismo trayecto del sol», exclamó el antiguo poeta. Pero para los habitantes de los reinos de la fantasía eso no basta, sino que exclamamos que «hay una galaxia en el universo ubicada en el mismo trayecto de la energía oscura»… Y claro… El horizonte de los murciélagos es más lejano que el de las águilas.

  Odilius Vlak

 Jefe de Redacción

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