NEOSAPIENS / TOTEM : Un Tótem Para Imaginaciones Fanáticas

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    Aquellos chamanes encargados de imaginar los ritos y cultos de su mitología se dieron cuenta de que existían fuerzas cósmicas y de nuestra naturaleza local que no podían representarse con  ninguna pintura o escultura tridimensional; realidades energéticas para las cuales no había tótem que pudiera encarnar su simbolismo, pues sólo eran intuidas por los miembros de mentes más imaginativas de su comunidad. Seres que exigían un constante reverdecer de los íconos de los que tenía hambre su imaginación sin que estos estuvieran necesariamente ligados a un culto sagrado de carácter general, sino alineados con sus necesidades individuales. El individualismo había nacido en el arte, en el artista y en los que se alimentaban de él. Fue el momento en que la creatividad se convirtió en el tótem por excelencia de las imaginaciones fanatizadas con lo que ocultaba el velo de lo invisible. En la España de los años setenta, infestada de imaginaciones fanáticas cuyas necesidades evolutivas no respondían a los cultos oficiales sino a lo que ofrecía la imaginación, una minoría decidió derramar la sangre de sus pensamientos sobre los altares de un poderoso culto plagado de iconografía totémica: el cómic adulto. El primer gran tótem que se erigió, estampado con un infinito bajorrelieve de portadas, viñetas y bocadillos preñados de las profecías inéditas de las antiguas pitonisas, fue la revista TOTEM.

  La revista TOTEM se enmarcó en lo que fue la revolución hormonal que supuso el tránsito de la adolescencia a la adultez del público español consumidor de cómic, y por extensión, del resto de Hispanoamérica. Editada por Nueva Frontera, teniendo como editor a Gonzalo Valenti, TOTEM tuvo varia épocas editoriales, caracterizadas —como todas las revistas de cómics adulto en español de ese periodo— por la publicación de material creativo extranjero; en el caso de TOTEM, italiano y francés de la década del sesenta, especialmente en su Primera Época [1977-86], aunque posteriormente devino en la maquinaria que motorizó la industria local: con una plantilla de creadores españoles que publicaban sus trabajos de forma exclusiva en sus páginas.

  En verdad, la filosofía iconográfica de la revista, especialmente en sus portadas, constituía una arista más de la compleja figura geométrica diseñada por las revistas de cómics para adultos europeas, especialmente la Metal Hurlant. De esta última se importaron en su primera época obras seminales como «Los ejércitos del conquistador» con guión de Jean Pierre Dionnet y dibujo de Jean Claude Gal; «Arzack» obra que no necesita introducción del genial Moebius; o «1996» de Chantal Montellier. También un sinnúmero de historietas individuales de otros artistas franceses publicadas en la Metal Hurlant fuero reproducidas en TOTEM: Caza, Philippe Druillet; Frank Margerin; Picaret; Denis Sire; Alain Voss… etc. Por lo demás, no es para nada sorprendente que esta revista haya canalizado la adoración de los primeros balbuceos de la revista TOTEM, pues se trata del principal tótem del culto de esa tribu de imaginaciones fanatizadas a la que me he referido. Y no sólo en España, sino en el resto del mundo occidental. Claro, modeladores de tótems como Alfonso Font; Arturo del Castillo; o José Muñoz, también hicieron danzar a las imaginaciones fanáticas de esa primera generación de TOTEM alrededor del tótem de su creatividad; por lo que los ritos de los chamanes hispanos fueron celebrados en el mismo génesis de ese panteísmo poblado de dioses que en vez del trueno, la tormenta y el fuego, provocaban el temor reverente en sus cultores con el poder mágico de papel y la tinta.

  Esta tendencia a canalizar las visiones del talento hispano continuó en las siguientes etapas de la revista junto a la incorporación de más material galo procedente de la Metal Hurlant. TOTEM incluyó, a partir de 1978, la sección «Comics by Coma» del articulista Javier Coma en un intentó de extender las posibilidades didácticas de su oferta creativa; espacio para el pensamiento crítico que junto con el intento denominado «Breve historia de los comics» de Vicente Escudero —que lamentablemente quedó inconclusa— reforzaron más la aureola de subcultura madura para una minoría que los responsables de la revista evidentemente intentaron establecer desde el principio. Al mismo tiempo, desfilaban cada vez más por sus páginas los nombres de lo más representativo del cómic para adulto a nivel mundial: Patrick Lesueur; Richard Corben; Sergio Macedo; Enric Sió; Enki Bilal; Nestor Salas; Jacques Tardis, y un largo bosque de tótems erectos sobre los que se empalaban a placer las imaginaciones fanáticas de esa época.

  Más adelante, con la dirección de Josep Toutain [1987-91] y Roberto Rocca [1991-94], responsables de la Segunda y Tercera Época respectivamente: el primero con la fusión de TOTEM con Cómix Internacional y el segundo con la Editorial New Cómic, que la definió como «la revista estrella del cómic», TOTEM continuó ejerciendo su magnetismo sobre nuevas generaciones de imaginaciones fanáticas que entraron al nuevo milenio con el recuerdo de ese culto bien fresco en su memoria. Es natural que todo contenga inherentemente su ciclo de ascenso y descenso, y revistas como TOTEM no son la excepción. En el curso de una década, especialmente en un mundo que avanza a ritmo vertiginoso como el de este ciclo evolutivo, los gustos pueden cambiar radicalmente. El espacio mental para el cómic de adulto fue reduciéndose paulatinamente, realidad que experimentó Zona 84, por ejemplo. Ya en los noventa el público estaba inclinado a otras ofertas expuestas en la infinita vitrina de la cultura popular. Sobre todo en las dos últimas épocas, las ofertas eróticas y satíricas poblaron las viñetas de la revista TOTEM. El cómic de adulto pasó a través de una prueba de fuego, en especial las temáticas de ciencia ficción y fantasía. Por supuesto, existieron halagadoras ramificaciones como la serie «Vértigo» de la DC, enfocada en un público adulto pero con una personalidad editorial exclusivamente dedicada a la Novela Gráfica y una fantasía si se quiere más racionalizada y con tintes existencialistas: sin el fin exclusivo de golpear la capacidad de asombro de los lectores. Allí ofrendaron su sangre mentes creadoras francesas, inglesas y norteamericanas. Pero la representación más poderosa ya en esa época así como lo es ahora, lo fue la revista Heavy Metal: que en última instancia se ha erigido como el máximo tótem para las imaginaciones fanáticas que ostentan la marca de esa bestia imaginaria, cuya fisonomía fue expresada por primera vez en la revista Metal Hurlant.

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Odilius Vlak

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