INTROVISION / Ray Bradbury: Una Imaginación que Ardió a 451 Grados Fahrenheit

Ray Bradbury

Fahrenheit 451 - 1953 1st edition

Fahrenheit 451 - 1960

Fahrenhey 451 - ballantine Sci-Fi 1966

Fahrenhey 451 - ballantine Sci-Fi 1972

  «Estoy feliz de escuchar que ustedes celebrarán mi libro “Fahrenheit 451”. Me parece que ustedes podrían querer escuchar cómo la primera versión de él —de 25 000 palabras la cual apareció en una revista— fue escrita.

  »Necesitaba una oficina y no tenía dinero para una. Entonces, un día me encontraba vagando por U.C.L.A., cuando escuché el sonido de una máquina de escribir abajo en el sótano de la biblioteca. Descubrí que allí había un salón de escribir en donde podías alquilar una máquina de escribir por diez centavos la media hora. Así que me mudé al salón de escribir junto a un grupo de estudiantes y mi bolsa de monedas, las cuales hacían un total de $9.80, los cuales gasté creando la versión de 25 000 palabras de “El bombero” en nueve días. ¿Cómo pude haber creado tantas palabras tan rápidamente? Fue gracias a la biblioteca. Todos mis amigos, todos mis seres queridos se encontraban en las estanterías de arriba y me gritaban, voceaban y chillaban para que sea creativo. De manera que subía y bajaba las escaleras descubriendo libros y citas para ponerlas en mi noveletta, “El bombero”. Pueden imaginarse cuan excitante fue escribir un libro acerca de quemas de libros ante la misma presencia de cientos de ellos en las estanterías. Era la manera perfecta de ser creativo; eso fue lo que la biblioteca hizo.

  »Espero que disfruten mi apasionada creación, que luego devino más grande algunos años después y se volvió popular, gracias a dios, entre un montón de personas.

  »Les envío mis mejores deseos.»

  [Carta de Ray Bradbury al asistente del director de la Biblioteca Pública Fayetteville, 2006]

 Fahrenhey 451 - Poland

Fahrenhey 451 - Feb 1972

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  El pasado martes 5 de junio inicié el día siendo un hombre ordinario con la cabeza llena de las cosas ordinarias de la vida, y lo finalicé siendo un extraordinario Hombre Libro, como aquellos descritos en la novela Fahrenheit 451: con la memoria rebosando por sus bordes hechos de un pasado imaginario, los hechos escritos en el libro de una vida extraordinaria… La vida de su majestad, Ray Bradbury — [22 de agosto de 1920-5 de junio 2012]— sin dudas unos de los últimos grandes dioses esculpido con el preciado metal de la Edad de Oro de la Ciencia Ficción. Sí, la última página del libro de esa vida titánica fue lanzada hacia la izquierda por el frío soplo de la muerte. La página estaba estampada con el número: 91 años de vida. Por lo demás, una extensión más que suficiente para contener capítulos inmortales en la edición en paperback de esa vida que desde su misma portada —que bien pudo ilustrarla su admirado Frank R. Paul—, describiendo una pequeña ciudad en el corazón del medio oeste americano llamada Waukegan en el estado de Illinois, lugar de nacimiento de esta musa inspiradora del género masculino, nos sumergió en tétricas, espantosas y esplendorosas posibilidades imaginarias de nuestro mundo real; con la encarnación de Beatriz en una prosa poética inmortal, que se encargó de guiar a través de ese infierno compuesto de esferas fantásticas, cada uno de los Dantes que representan el alter ego de los aventureros que no se arredran por el hecho de que algo perverso se aproxime por este camino, o que no temen emborracharse hasta perder la memoria con el vino de diente de león.

  El bombero Montag —personaje principal de la novela Fahrenheit 451— quiso acercarse a hojearme, o más bien, a hojear el gran libro de la vida de Ray Bradbury, el cual había memorizado en el trance de mi reverencia por su legado de una vida consagrada a la creatividad, y ardió en fuego. Y no por una llama externa como las que él solía encender en el universo creado por Bradbury, sino por la combustión espontánea a la que su cuerpo de papel acostumbraba a hacerlo, es decir: a 451 grados fahrenheit. Y es que el fuego de la imaginación de Ray Bradbury duró 91 años ardiendo a esa temperatura, crepitando con llamas que adoptaron las fantásticas formas de «Crónicas marcianas»; «El vino del estío»; «El hombre ilustrado»; «Las doradas manzanas del sol»; «La feria de las tinieblas»... etc., y todo ello desde la realidad; una realidad que para Montag fue demasiado ardiente para el papel sobre el cual se desplegó la imaginación que lo concibió.

  Desde el pasado 5 de junio en la noche, todo mi Ser ha estado ardiendo a 451 grados fahrenheit, mientras recito de memoria cada una de las líneas que componen el libro sagrado de la vida de Ray Bradbury, desde las que dieron inicio a su primera historia publicada en la revista Imagination!, en enero de 1938, «El dilema de Hollerbochen»; pasando por la primera historia por la cual recibió una paga de $15 y escrita en colaboración con Henry Hasse, «Péndulo», publicada en la revista Super Science Stories en noviembre de 1941; siguiendo con la primera historia que vendió en solitario por el precio de $13.75, «El lago»; y ni hablar de las líneas que forjaron su primera colección de historias cortas, «El carnaval oscuro», publicada en 1947 nada más y nada menos que por la ya para entonces mítica casa editorial, Arkham House; y así, hasta llegar a la escueta línea que rasga horizontalmente la piedra de su lápida: «Autor de Fahrenheit 451».

  Bradbury siempre rechazó —sin que ello implicara una proyección de irrespeto de su parte hacia el género— la categorización de escritor de ciencia ficción. Quizás, por el aura mediática que lo encumbró como el autor de ciencia ficción que le dio carta de ciudadanía al género dentro de la literatura de acervo creativo dado por la realidad ordinaria o «ficción literaria», para usar la definición más técnica del mundo editorial, en cuyo término engloba todo lo considerado «serio; y también social, realista, cultural y políticamente correcto por su beneficios a la comunidad». Lo cierto fue que esto también creó una corriente de opinión dentro del Fandom en las que grupos ortodoxos no consideraban a Bradbury como uno de los suyos. El hecho mismo de que sólo una semana antes de su muerte haya publicado un artículo en el primer Dossier que la toda poderosa revista The New Yorker le dedicara a la Ciencia Ficción, reforzó hasta cierto punto esta aptitud si tomamos en cuenta las numerosas opiniones encontradas que dicho Dossier despertó en la comunidad de la ciencia ficción; el cual para muchos no incluyó un solo autor puro del género, sino aquellos del género que también han escrito literatura estándar y por lo tanto habían publicado anteriormente en esa revista o en otras de la misma camada. Pero por encima de todas las opiniones ajenas, está la del mismo Bradbury, quien dijo en una ocasión:

  «Primero que todo, yo no escribo ciencia ficción. Sólo he escrito un solo libro de ciencia ficción y ese es “Fahrenheit 451”, basado en la realidad. Fue llamado de esa manera para representar la temperatura en la cual el papel hace combustión. La ciencia ficción es una descripción de lo real. La fantasía lo es de lo irreal. De manera que “Crónicas marcianas” no es ciencia ficción, sino fantasía. Simplemente no podría suceder, ¿entiendes? Esa es la razón por la que permanecerá por mucho tiempo; porque es un mito griego, y los mitos poseen un gran poder de permanencia.»

  El personaje mítico que fue forjado por las bibliotecas: «Las bibliotecas me criaron. No creo en facultades o universidades. Creo en las bibliotecas porque la mayoría de los estudiantes no tienen nada de dinero. Cuando me gradué de secundaria fue durante la depresión, y no teníamos dinero. No podía ingresar a la universidad, de manera que asistí a la biblioteca tres días a la semana durante diez años». Aquel que nunca le interesó aprender a conducir y que cargó contra la tecnología del mundo moderno: «Tenemos demasiados celulares. Tenemos demasiado internet. Tenemos que deshacernos de esas máquinas. Tenemos demasiadas máquinas ahora». Es ese mismo joven que parado en la esquina de la Avenida South Norton y el Olympic Boulevard, punto de Los Ángeles donde vendía periódicos, me gustaría imaginármelo — gracias a algún truco de magia de la imaginación, el espacio-tiempo y mi afán de reverencia— vociferando que ya está a la venta el primer Hombre Libro de la vida real; un hombre de carne y hueso que memorizó el libro de la titánica vida de su majestad Ray Bradbury. Bendito seas maestro, que la crónica de tu creatividad no sólo sea marciana sino ciudadana de todo el universo.

  Y lo será, eso aunque los nigromantes de Zothique tengan que hacer algunas oscuras trampas para hacerlo realidad. Por nuestra parte, cada uno de los miembros de este Blogzine de las cosas que no son pero que deberían ser, Zothique The Last Continent, así como cada uno de nuestros Hermanos Fanáticos, destilamos éxtasis de la pena que ha causado en toda la comunidad mundial de la literatura imaginativa, la muerte de Ray Bradbury; sin dudas uno de los principales dioses de nuestros oscuro panteón. Junto a él, marchan hacia el más allá los primeros héroes de su imaginación: Flash Gordon; Buck Rogers; Edgar Rice Burroughs con sus aventuras de Tarzán entre los monos y John Carter entre los marcianos; Edgar Allan Poe, del cual dijo en una entrevista de agosto del 2010 [traducida en este espacio], que de vivir en el mundo de Fahrenheit 451 imaginado por él, y verse en la obligación de devenir en un Hombre Libro memorizando uno, este sería una antología de sus cuentos… ¡Qué manera más sublime de expresar el respeto y la devoción!; y por supuesto, nuestro Clark Ashton Smith, que puso también  su pequeño granito en el reloj de arena que cronometró las visiones de Bradbury. Según el propio Bradbury, las historias «El amo del asteroide» y «La ciudad de la llama cantora», ambas publicadas en la revista Wonder Stories con portadas de Frank R. Paul, lo impactaron de por vida: «¿Por qué estas dos historias, estas dos ilustraciones, me conmovieron y han permanecido conmigo por el resto de mi vida? ¿Quién puede en realidad decirlo? Hubo una espantosa mezcla de desolación y soledad en una, y una elevada y fantástica imaginación en la otra. En cualquier caso, no hay duda en mi mente, que esos dos hombres, con historia y con imagen, fueron importantes en la estimulación de mí ser para devenir en un escritor…». Sabemos muy bien que el futuro pertenece a Bradbury, lo sabemos porque su mónada habrá de ser una vez más en el futuro lejano del cual nuestro último continente será el único testigo. Por lo pronto, veamos qué les traemos en la edición del mes de julio… aquí, ¿en el presente?

  Iniciamos con nuestra galería mensual de Neosapiens, cuya exposición tendrá lugar en la página del próximo lunes 9. Se inicia la Tercera Temporada de nuestra galería, dedicada a los ilustradores de la Era Pulp. Y en verdad, no hay nadie mejor para inaugurarla que el decano de los ilustradores del género de ciencia ficción: Frank R. Paul [1884-1963]. Este visionario fue el creador de las primeras imágenes de ciencia ficción jamás vistas por genios del género como Arthur C. Clarke, Forrest J. Ackerman, el mismo Ray Bradbury, etc.  Así que prepárense para experimentar: «Visiones Cercanas del Tercer Tipo».

  En nuestra sección Runes Sanguinis, en la página del miércoles 11, la imaginación de nuestros lectores quedará deslumbrada por los destellos de otra de las joyas hasta ahora inéditas en español de la literatura de Clark Ashton Smith: «El Dios Esquizoide». A alguien se le ocurrió sustituir al simple mortal que en vida fue al mismo tiempo el Dr. Jekyll y el Sr. Hyde, por un Ser divino.

  Nos despedimos de nuestro sumo sacerdote, Markus E. Goth, editor y director de este Templo Virtual. No hay que tener mucha imaginación para deducir qué libro memorizaría en orden de devenir en un hombre libro; claro: Zothique The Last Continent. En cuanto a un servidor, el monje negro de la medieval Averoigne, Odilius Vlak, me basta con memorizar nuestro lema, pues con ser un Hombre Frase me basta… El horizonte de los murciélagos es más lejano que el de las águilas.

  Odilius Vlak

 Jefe de Redacción

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