RUNES SANGUINIS / El Dios Esquizoide – Por Clark Ashton Smith

  En el laboratorio privado que la práctica de la psiquiatría le había posibilitado construir, equipar y mantener, el Dr. Carlos Moreno había concluido ciertas preparaciones que  apenas estaban de acuerdo con las enseñanzas de la ciencia moderna. Para dichas preparaciones él había extraído instrucción de antiguos grimorios, legados por ancestros que habían provocado la furia patriarcal de la Inquisición española. Pero de acuerdo a una leyenda más bien escurridiza, otros de sus antepasados engrosaron las filas de la Inquisición.

  Él había despejado los equipos del obstruido piso al final de la larga habitación, dejando sólo un inmenso globo de cristal que sugería un acuario. Alrededor del globo trazó con un cuchillo consagrado, el arthame del hechicero, un círculo inscrito con pentagramas y los diferentes nombres hebreos de la Deidad. También, a una distancia de varios pies, un pequeño círculo inscrito de manera similar. Usando una túnica negra sin mangas y sin costuras, se ubicó dentro del círculo protector más pequeño. El Doble Triangulo estaba estampado sobre su pecho y su frente, forjado perfectamente de varios metales. Una lámpara de plata, con el mismo símbolo esculpido, proporcionaba la única luz colocada sobre un pedestal a su lado. Aloes, alcanfor y estoraque, ardían en incensarios colocados sobre el piso alrededor de él. En su mano derecha sostenía el arthame; en su izquierda, un báculo de avellano con un núcleo de hierro magnetizado.

  Al igual que el Dr. Fausto, Moreno diseñó una invocación al Demonio. Pero no con el mismo propósito que inspiró a Fausto. Reflexionando larga y profundamente sobre los angustiosos misterios del cosmos, y la discrepancia entre el Bien y el Mal, Moreno finalmente concibió una explicación que era asombrosamente simple. Pudiera existir —él razonó— sólo un Creador, un Dios, que fue o es primordialmente benigno. Y aún así, todas las evidencias apuntan a la co-existencia de un principio creativo maligno, un Satanás. Dios, por lo tanto, debe ser una personalidad dual o fragmentada, una especie de Jekyll y Hyde, que en ocasiones se manifiesta como el Demonio. Esta dualidad, Moreno argumentó, debe ser una forma de lo que comúnmente se conoce como esquizofrenia. Él tenía una profunda creencia en la eficacia del tratamiento con electroshock para tales desordenes. Si Dios, en su manifestación malvada, pudiera ser confinado y sometido a tratamiento, una cura podría resultar de ello. De esa manera, los confusos problemas del universo se resolverían ellos mismos, con una Deidad sana y no semidiabólica.

   El globo de cristal, construido especialmente a un gran costo, contenía a un lado aparatos eléctricos diseñados por el mismo Moreno. La máquina, mucho más compleja que el aparato portátil usado en el tratamiento de electroshock, podía liberar un poderoso voltaje, suficiente para electrocutar a todos los presidiarios de la cárcel de un estado. Moreno consideró que una fuerza menor no hubiese podido descargar el shock necesario para la cura del Ser sobrenatural. Él había memorizado un antiguo conjuro para la llamada del Demonio y su confinamiento dentro de la botella. El globo funcionaría admirablemente en sustitución de la mencionada botella.

  El conjuro era una mezcla bastarda de griego, hebreo y latín. Su exacto significado es dudoso. Estaba lleno con términos tales como Eloha, Tetragrammaton, Kis-Elijon, Elohim, Saday y Zebaoth, los nombres de Dios. La palabra Bifronte, aparecía varias veces. Este era sin lugar a dudas unos de los numerosos nombres del Demonio. Pero sólo podría haber un Demonio. Moreno despreciaba como infantilismos aquellos tratados demonológicos que poblaban el Infierno con una multitud de espíritus demoniacos, teniendo cada uno de ellos su propio nombre, rango y oficio. De manera que todo estaba listo. Con una voz firme y sonora, que bien podría haber sido la de un sacerdote cantando la misa, él comenzó a recitar el conjuro. Cuando la invocación fue proferida, Bifronte estaba ocupado en amoroso cortejo con la diablilla llamada Foti. Al igual que Janus, él poseía dos caras; y también múltiples miembros. Ya que la misma Foti estaba formada de una manera particular, el acto del amor era bastante complicado. Bifronte comenzó a desenvolver sus miembros del cuerpo de la diablilla:

  —Algún maldito hechicero se ha apoderado de ese antiguo conjuro que contiene mi nombre. Es la primera vez en doscientos años. Pero tengo que acudir.

  —Regresa pronto —dijo Foti con cara de enfado y con sus cuatro labios, dos de los cuales estaban colocados en el abdomen—. Si no lo haces, podrías encontrarme ocupada en otra cosa.

  El aire silbó detrás de Bifronte a su salida de las regiones infernales.

  El Dr. Moreno se sintió sorprendido e incluso aterrorizado cuando vio al Ser que su conjuro invocó dentro del globo. Él apenas había sabido qué esperar, y no les había prestado atención a antiguas imágenes y descripciones del Demonio, viendo en ellos sólo la demencia de las supersticiones medievales. Pero la constitución de esta criatura parecía increíble. Las dos caras de Bifronte se inflaban alternativamente en contra del interior del globo; y sus brazos, piernas, cuerpo y las numerosas otras partes se retorcían y achataban entre ellas convulsivamente en un furioso intento por escapar. Pero a través de la espesura del cristal y el poder del círculo que lo rodeaba, Bifronte estaba embotellado tan indefenso como cualquier Djinn aprisionado por Salomón. Al fin se resignó y comenzó a relajarse, flotando mientras tanto a mitad del aire para luego sentarse sobre la máquina eléctrica de Moreno. Como si se sintiera ya en casa, él curvó algunos de sus miembros alrededor de los varios pares de tenazas terminadas en electrodos, las cuales se proyectaban desde un enorme e intrincado mecanismo

  —¿Qué demonios quieres? —rugió. El cristal amortiguaba su voz, la cual era aún suficientemente audible. Su tono sugirió resentimiento y furia.

  —Quiero al Demonio —respondió Moreno—. Y presumo que tú eres él.

  —¿El Demonio? —cuestionó Bifronte—. Es verdad que soy un demonio, pero no el Viejo mismo. Existen miles como yo, como tú deberías saber si has leído los tratados de demonología. No soy el príncipe infernal sino un simple subordinado, si bien con poderes especiales de mi propiedad. Nuevamente, ¿qué quieres? ¿Dinero? ¿Mujeres? ¿Una senaduría? ¿La presidencia de tu torcida república? Sólo dilo, y yo concederé el deseo. Pues un asunto infernal me apremia a salir de aquí.

  —No puedes engañarme. Sé que eres el Demonio; el único en el universo, y no quiero ninguno de tus dones. Todo lo que quiero es curarte.

  Bifronte estaba asombrado.

  —¿Curarme? ¿De qué? Dime, en todo caso ¿qué clase de hechicero eres?

  —No soy un hechicero sino un psiquiatra. Mi nombre es el Dr. Moreno. Mi esperanza e intención es curarte de ser un demonio.

  Este doctor de locos debe estar él mismo loco, pensó Bifronte. Reflexionó. El rastro de su meditación sólo fue traicionado por el sardónico retorcimiento en la boca de su lado izquierdo.

  —Está bien, soy el demonio —confesó finalmente—. Pero acabemos con esto. ¿Qué pretendes hacer conmigo?

  —Someterte a un tratamiento de electroshock —anunció el doctor—. Un tratamiento especial de alto voltaje. Con seguridad es lo mejor para esquizofrénicos como tú.

  —¿Esquizo-qué? —rugió Bifronte—. ¿Piensas que soy un lunático?

  —Permíteme explicártelo. Hago uso del término esquizofrenia en su sentido literal, significando una personalidad dividida; y no como comúnmente es aplicado a varios tipos de desintegración psíquica o regresión. Me parece que eres una Deidad verdaderamente enferma. Tu enfermedad consiste en ser Satanás la mitad del tiempo. Un caso genuino de egos duales y alternantes. El Ser satánico es el que domina en el momento presente, de lo contrario me hubiese sido imposible invocarte. Pero pronto remediaremos todo eso.

  El demonio consideró oportuno ocultar su consternación. Él debe regresar al infierno tan pronto como sea posible para presentar un informe. Satanás, así lo creía, podría estar muy interesado en el Dr. Moreno.

   —Adelante pues con tu tratamiento —respondió—. En todo caso, ¿de qué se trata?

  —De electricidad.

  Bifronte asumió una expresión de un desaliento de doble cara.

  —Esa es una fuerza altamente peligrosa y destructiva. ¿Deseas aniquilarme?

  —El resultado debe se diferente en tu caso —dijo el doctor adoptando un tono más sosegado y profesional—. ¿Estás listo?

  Bifronte gesticuló un asentimiento bicéfalo. Moreno caminó cautelosamente fuera del círculo y se acercó al panel de interruptores y palancas colocados en la pared del laboratorio. Vigilando de cerca al demonio, comenzó a manipular una de las palancas. Las numerosas tenazas de la máquina en la cual Bifronte se había sentado cómodamente, se cerraron en varias partes de su anatomía, aplicando los electrodos a su piel. Un par de ellas, que hasta ahora habían estado ocultas, surgieron y se cerraron apretadamente sobre sus sienes. Moreno agarró firmemente uno de los interruptores y encendió el máximo voltaje. Luego, aún cauteloso, retornó al círculo protector.

  Una lluvia de chispas y rayos azulados saltaron desde la máquina dentro del globo. A pesar de las muchas tenazas que se habían cerrado sobre él, Bifronte se retorció y sacudió como un pulpo arponeado. El humo parecía derramarse desde su cabeza, cuerpo y miembros, cubriendo el aparato que lo tenía cautivo. Muy pronto, una nube marrón oscura, bullendo e hinchándose, había llenado el interior del globo, ocultando a la vista todas las cosas. La nube era algo que Bifronte podía emitir a voluntad, como el fluido de una jibia. De hecho, ya que su naturaleza era en sí misma eléctrica, él había absorbido el terrible voltaje con sólo una leve incomodidad. La nube oscura era una pantalla necesaria para las tácticas que ahora pretendía poner en marcha.

  Quizás, Moreno pensó, el tratamiento se había prolongado lo suficiente. Podía repetirlo si fuera necesario. Emergiendo una vez más de su refugio mágico, apagó el interruptor y revirtió la palanca que había servido para manipular las tenazas. Nuevamente regresó al círculo. Luego de un intervalo de silencio, surgió desde el globo nublado una voz que no se parecía a la de Bifronte. Era al mismo tiempo suave y tronante. Para el oído inexperto de Moreno, esta sonaba como la voz que le habló a Moisés en la montaña.

  —Estoy curado —anunció—. Tú me has devuelto a mi Divinidad, ¡oh sabio y benéfico doctor! Pronuncia la fórmula de liberación y permite que me marche. El Infierno está abolido de ahora en adelante, junto con toda la maldad, pecado y enfermedad. El Demonio está muerto. Sólo Dios existe. Y Dios es bueno.

  Moreno estaba como en trance, creyendo que él había realizado tan pronto su esperanza profesional más anhelada. Apenas sabiendo lo que hizo, profirió la formula que liberaba a un espíritu aprisionado. Luego preguntó:

  —¿Te revelarás ante mí ahora? Así podré contemplarte en toda tu gloria.

  —Eso no puede ser —tronó la voz—. Mi gloria quemaría tus ojos por siempre. Esa es la razón de la nube con la cual me he rodeado.

  Luego de esto el globo estalló esparciendo sus fragmentos por los aires, cual si fuera alguna botella gigantesca de champán recién abierta. La nube liberada, alzándose en vastas y voluminosas olas, pareció esparcirse por todo el laboratorio en un instante. Bifronte, bramando de furia detrás de ella pero aún invisible, procedió a destruir todos los equipos de Moreno, como una docena de mandriles poseídos por la furia berseker. Mesas cargadas de bandejas fueron volteadas y reducidas a astillas; los estantes fueron tumbados con un impacto de incontables frasquitos y garrafas. Los tubos en espiral fueron retorcidos, doblados y desgarrados; pesados y aislados cables fueron quebrados como cuerdas. Los viejos volúmenes de magia, amontonados en una esquina, ardieron en llamas hasta devenir en cenizas en solo segundos. Un violento viento, que parecía venir de ninguna parte, sopló sobre las cenizas esparciéndolas por toda la habitación.

  Sólo Moreno escapó a la furia del demonio gracias a la protección del círculo. Él se agachó en el centro del círculo, farfullando y acobardado, mientras la nube pasaba a través de las ventanas cuyos paneles habían sido rotos. Varios de sus colegas, que fueron a visitarlo esa noche, lo hallaron aún agazapado en el piso destruido y desordenado. Él pareció no reconocerlos y obviamente se había trastornado. Sus murmuraciones parecían indicar una especie de manía teológica.

  Los colegas de Moreno sostuvieron una reunión improvisada por cuenta propia. Como resultado, Moreno fue trasladado gentil pero firmemente a la misma clase de institución a la cual él había enviado a tantos de sus pacientes. Sus amigos y colegas profesionales lamentaron la interrupción, y quizás el fin, de una carrera ilustre. La destrucción del laboratorio permaneció siendo un misterio. ¿Había tenido lugar una explosión causada por uno de los experimento de Moreno? ¿Había el mismo doctor destruido sus equipos en un estado de violencia maniaca? O, ¿debería considerarse lo sucedido como un acto de Dios?

  A pesar de estar aún echando chispas por la interrupción de su cita con Foti, Bifronte consideró que era su deber reportarse inmediatamente a Satanás a su regreso a los reinos inferiores. Encontró al Maestro de esa pintoresca región, ocupado en acariciar a una chica media desollada. El despellejamiento había sido hecho para hacer que las caricias sean más íntimas y más exquisitamente agonizantes.

  Satanás escuchó con gravedad el reporte del demonio sobre el Dr. Moreno. Sus delgados y artísticos dedos, con largas y puntiagudas uñas de pulido azabache, cesaron su ocupación; y una arruga como un triángulo negro apareció apareció entre sus luminosas cejas marmóreas.

  —Todo esto es muy interesante, y más bien desafortunado —dijo—. Sin embargo, te manejaste con un aplomo y presencia mental admirable. La situación debe estar del todo bajo control en tanto el Dr. Moreno permanezca en el manicomio en donde tú y sus colegas le confinaron.

  Hizo una pausa, y sus dedos reasumieron con aptitud ausente, la delicada raspadura de las regiones lumbares de su víctima.

  —Por supuesto, como entenderás, Moreno estuvo loco de remate desde el principio. Pero los lunáticos con una inclinación hacia la especulación pueden en ciertas ocasiones llegar muy cerca de ciertos secretos cósmicos bien guardados, y existen conjuros que incluso yo mismo debo responder y obedecer; por no mencionar el Nombre Impronunciable, el Shem-hamphorash, los cuales coartan y obligan al mismo Jehovah. Luego de que él se recupere de su presente estado de shock, Moreno será juzgado curado; y será liberado para que continúe con sus investigaciones y experimentos.

  Tal eventualidad debe ser prevenida permanentemente. Mi querido Bifronte, debes retornar inmediatamente a la tierra y vigilarlo. Tengo completa confianza en tus habilidades, y te confiero poderes plenipotenciarios. Todo lo que pido, es que mantengas a ese doctor bien endemoniado y legalmente demente hasta la hora de su muerte.

  Cuando Bifronte se marchó, Satanás convocó a sus principales tenientes ante él en los salones del Pandemónium.

  —Me ausentaré por un tiempo —les comunicó—. Hay ciertas obligaciones de una naturaleza urgente que me reclaman, y no debo posponerlas por más tiempo. En mi ausencia, dejo el gobierno del Infierno en sus competentes manos.

  Inclinándose mientras retrocedían, Gorson, Goap, Zimimar y Amaimon, señores de las cuatro zonas del infierno, salieron uno tras del otro, dejando a su príncipe a solas. Cuando ellos se hubieron marchado, él descendió de su trono esférico y pasó a través de muchos corredores y por retorcidas escaleras ascendentes hacia el pequeño postigo del Infierno. La puerta se abrió sin el toque de ninguna mano visible. Una larga túnica blanca pareció tejerse a sí misma rápidamente desde al aire alrededor de Satanás. Sus atributos infernales disminuyeron y desparecieron. Y la larga barba blanca del Elohim brotó y flotó hacia abajo sobre su pecho mientras él caminaba a través del umbral del Cielo.

 –

Fin

  Traducido por Odilius Vlak

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  • Nota: La versión original de esta historia, titulada: «Schizoid Creator», apareció por primera vez en la revista «Fantasy Fiction» [#/noviembre de 1953]. También en las siguientes antologías:
  1. 1.      Tales of Science and Sorcery, Arkham House [1964].
  2. 2.     Tales of Science and Sorcery, Panther [1976].
  3. 3.     Morthylla, NéO [1989].

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