INTROVISION/ La Luz al Final del Túnel Cuántico

  El tejido espacio-temporal del universo físico se desgarró cuando el astronauta —luego de que rogara a sus compañeros que lo arrojaran al espacio exterior mientras aún su agonía hacia los preparativos para entregar su alma— exhaló su último estertor; mientras el frío del cosmos quemaba la última molécula de oxigeno en sus pulmones. El cadáver flotó hacia abajo, horadando la sosegada lámina del espacio-tiempo, como si la energía débil en el núcleo de cada uno de sus átomos estuviera convirtiendo los protones en neutrones en vez de ejecutar el usual proceso inverso; haciendo de esa materia de base de carbono una versión orgánica de una estrella de neutrinos, privada incluso de las cargas eléctricas que antaño hicieron de cada una de las muertas neuronas de su cerebro, un Zeus en miniatura.

Antes de que el primer sueño de los muchos que quedaron pendientes por manifestarse a través de su conciencia en el plano físico decidiera hacer las maletas hacia el plano astral, la nave espacial se encontraba a más de un año luz de distancia, trazando el círculo divino cuyo centro está en todas partes y su circunferencia en ninguna. De manera que el cadáver del astronauta continuó sumergiéndose en el espacio tiempo, dando la sensación de que no era estirando la elástica naturaleza de apariencia bidimensional de éste, sino como si descendiera dentro de un lago del tamaño del universo, cuyas aguas estaban compuestas por las tres dimensiones del espacio y la cuarta del tiempo. Pero, eso no sucedía en la jurisdicción perceptual de la vida, sino que la novedosa profundidad adquirida por el espacio-tiempo, le fue otorgada por la muerte del astronauta, cuya venida rediseñó —por así decirlo— su tejido, por lo que en verdad dos agujeros de gusanos, dos túneles cuánticos, se estaban horadando: uno en el plano físico y otro en el plano espiritual. En uno, el pesado cadáver del astronauta estiraba el suave paño del espacio tiempo cavando un túnel cuántico en el espacio físico cuyo destino sería con seguridad otro punto de nuestro universo; y en otro, el alma del astronauta se sumergía en las aguas de un espacio-tiempo abstracto, helado y oscuro, pues aquí las partículas mensajeras de los fotones se carbonizaban por una sobrecarga energética, al tratar de igualar la velocidad del alma del astronauta en su demoniaco avance a través de ese túnel cuántico, diferente a todos los túneles que las almas de los muertos habían recorrido durante toda la historia de la muerte humana. De manera que el alma del astronauta no disfrutaba de un cortejo fúnebre ni siquiera compuesto de las partículas sub-atómicas más delirantes como los taquiones; o del mismo gravitón, especialista en escabullirse de un universo a otro mientras lleva el mensaje de la gravedad a nivel sub-atómico.

Al fin, el cadáver del astronauta salió a través de un portal que conducía hacia un punto muy idóneo del universo: las ruinosas catacumbas de Chaon-Gacca, el antiguo asiento de los reyes de Tasuun, uno de los reinos más celebres del último continente de la tierra: Zothique. Aquí, el pesado cadáver descendió sobre el colapsado suelo de una de las catacumbas, posiblemente no muy lejos de la momia del fundador de la dinastía de reyes de Tasuun, el Rey Tnepreez. Una extraña luz multicolor lo recibió al final del túnel; fragmentada en innumerables hilos radiantes como si la brillante tela de una estrella con complejo de araña, se hubiese descolgado del techo estelar para caer sobre el cadáver cual si de un sudario electromagnético se tratara. Esta luz no era más que el «Tejedor de la Tumba», que sin perder tiempo comenzó a consumir la materia orgánica del cadáver de la misma manera en que consumió la de los demás cadáveres de esa catacumba: con un radioactivo abrazo de sus miríadas de miembros luminosos.

En cuanto a la luz al final del túnel cuántico abstracto que el alma del astronauta ya empieza a percibir desde lejos, es la que penetra por los ojos abiertos de una criatura recién nacida. Pero, ¿a qué época, planeta o especie pertenece? Bueno, para no complicar mucho las cosas, diremos que ese recién nacido puede ser cada uno de los lectores de esta Introvision.

Sabia decisión, pues estamos seguros que todos los que lean el precedente de esa alma y el final de su antiguo cuerpo —incluyendo cada uno de nuestros Hermanos Fanáticos— le gustaría ser la reencarnación de ella en ese recién nacido, sin importar que sea cualquiera de las criaturas que pueblan los Mitos de Cthulhu, o que el espacio sea Zothique The Last Continent, el Blogzine de las cosas que no son pero que deberían ser. Por supuesto, cada uno de los miembros de este Blogzine es desde su propio nacimiento una extensión del arquetipo simbolizado en esa alma. Y hablando de Zothique y los Mitos de Cthulhu, este mes de agosto  se cumple un aniversario más del nacimiento de Howard Phillips Lovecraft [20 de agosto de 1890]; y uno más de la muerte de nuestro maestro y dios de la Fantasía Oscura, Clark Ashton Smith [14 de agosto de 1961]. Así que, alabanzas a nuestro venerado «E’ ch-Pi-El» como cariñosamente llamaba Smith a Lovecraft en sus 122 años de inmortalidad. Y por supuesto, a nuestro Klarkash-Ton, mote que le fue puesto por Lovecraft, en sus 51 años de vida eterna en nuestras imaginaciones. Pero ni los nacimientos ni las muertes terminan aquí, tampoco los túneles cuánticos. Así que veamos que les tenemos en la edición de este mes de agosto.

En la página de este miércoles 8, de nuestra sección Runes Sanguinis, publicaremos otra joya literaria hasta ahora inédita en español extraída de la imaginación de Clark Ashton Smith. Su título: «Sadastor». Esta historia corta o poema en prosa, publicada en pleno apogeo de la Era Pulp, también nos presenta a un demonio en el papel estelar, de la misma manera que la historia anterior. Sólo que esta es más poética, además de estar aderezada con criaturas mitológicas y un trasfondo cósmico. Luego de las historias de Ciencia Ficción Pulp de Smith, acamparemos por un tiempo en pequeñas historias como estas, sólo para no hacer enfadar a nuestro demonio de la guarda.

En la página del próximo lunes 13, se llevará a cabo la exposición de la galería correspondiente al mes de agosto de nuestra sección Neosapiens. En esta ocasión dedicada a uno de los decanos de los artistas de ciencia ficción, Frank Kelly Freas [27 de agosto de 1922/2 de enero del 2005]. Recuerden que estamos en nuestra Segunda Temporada, dedicada a los ilustradores clásicos de fantasía, horror y ciencia ficción; y qué mejor elección para esta segunda entrega que un mago de la imagen que desde su primera portada para el número de noviembre de 1950 de Weird Tales  [la pintura titulada «The Piper» ilustrando la historia «The Third Shadow» por H. Russell Wakefield], dio inicio a una carrera que duró más de 50 años y que le granjeó el derecho de ser el único miembro de la comunidad de ciencia ficción que ha ganado 11 Premios Hugos. Así que mucho ojo con: «La Audacia de una Imaginación Congelada y Diluida en la Magia». Por cierto, tanto este artículo como los que aguardan en el futuro para esta sección, serán escritos por Markus E. Goth.

La sección Imagixmundi en la página de cada viernes, continúa siendo una extensión del proyecto Moebius Infinitum que lleva la impronta de los artistas del colectivo «Sociedad Bioartepolis». Todos los viernes se estarán publicando 3 ilustraciones en honor a Jean Giraud Moebius, de las 21 que los muchachos publican aquí:http://www.moebiusinfinitum.wordpress.com.

Bueno, es momento de despedirnos de nuestro sumo sacerdote, Markus E. Goth, editor y director de este Templo Virtual. ¿Adivinen qué?, pues claro, él es el astronauta cuyo cadáver fue iluminado por la luz al final del túnel cuántico. Pero en la catacumba de Chaon-Gacca el Tejedor de la Tumba ya había almorzado con el cadáver del monje negro de la medieval Averoigne, Odilius Vlak. En verdad, Markus fue el postre. Tanto la luz que brilla al final del túnel como la que lo hace en su inicio, sólo ilumina esta profunda verdad cósmica… El horizonte de los murciélagos es más lejano que el de las águilas.

 

Odilius Vlak

Jefe de Redacción

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