INTROVISION/ Las Dínamos del Olimpo

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  Zeus, el dios del rayo, ya no quiere depender de la combinación de la naturaleza externa y la suya propia para producirlo. La constitución orgánica del Dios es una maravilla de la estructura atómica más cristalizada, que lo hace —sobre todo cuando monta en cólera— un bullente bio-generador de energía electromagnética. Pues el secreto del poder de Zeus es que puede captar y reflejar los rayos producido por la naturaleza, proyectándolos hacia el blanco que su divino capricho le sugiera; y también, cual dínamo viviente, cada vez que su organismo es expuesto a un campo electromagnético determinado, produce electricidad; al igual que la misma exposición a una fuente eléctrica externa induce la creación de corrientes magnéticas en su organismo generadas por la ebullición de la ambrosía que corre por sus etéreas venas. Esta doble cualidad —la de reflejar los rayos forjados por la naturaleza y la de producir energía electromagnética siempre y cuando se ve bajo la influencia de una de las dos manifestaciones de la luz— es lo que lo ha elevado al todopoderoso rango del supremo Dios del encumbrado Olimpo. Pero Zeus ya está cansado de que ese poder dependa totalmente de él, es decir, de su naturaleza, pues ésta le juega muchas bromas en lo relacionado al tipo de situaciones en la que su cuerpo deviene literalmente en una aurora boreal electromagnética. Por ejemplo… Cuando su biorritmo interno se acelera por la pasión sexual, de la cual Zeus es un esclavo y por lo tanto no puede controlar. Y si ni puede controlarla, tampoco sus rayos. Estas meditaciones son la causa de que Vulcano haya sido convocado al Olimpo.

Para Vulcano la solución es fácil: utilizar el núcleo giratorio de la tierra, alrededor del cual se construiría un anillo de hierro cubierto de cables eléctricos. Desde este anillo se elevarían a través de las entrañas de la tierra dos columnas de hierro forradas con el mismo cable de aquel y que tendrían la función de colectar la energía producida por el girar del núcleo magnético de la tierra y sus dos polos y su contacto con el anillo. Estas dos columnas, una vez brotaran sobre la superficie de la tierra en pos del níveo Olimpo, se reducirían a una red de cables separados que al final se fundirían en sendas barras de hierro. Estas siempre estarían al alcance de Zeus. Así, siempre y cuando este quiera generar rayos, sólo tendrá que unir ambas barras e inmediatamente la energía se hará realidad. Al padre del Olimpo le gustó la idea, por lo que le ordenó a Vulcano que con la ayuda de los Titanes, se pusiera manos a la obra. La destreza de estos últimos era imprescindible para llevar a feliz término la empresa.

Y de esta manera se concibieron las primeras dínamos del Olimpo para uso exclusivo de Zeus. Desde que Vulcano y los Titanes le construyeron su juguete, ya podía lanzar el rayo cuando y donde quería, pese a que el problema del electromagnetismo generado por su cuerpo seguía ahí, al igual que el reflejo de los rayos naturales de la naturaleza, y aún peor, los generados ahora por las dínamos, mil veces más letales aún. Pero Vulcano le resolvió también este problema fabricándole una armadura invisible especial [pues a Zeus no le gustaba ocultar los atributos de su monumental cuerpo] para cuando fuera a usar la dínamo y también para bloquear en épocas de rayos la capacidad reflectora de su cuerpo y su sensibilidad a los campos magnéticos y eléctricos externos. En cuanto al problema aún más interno de generación de energía electromagnética a través de la pasión sexual. Bueno, Vulcano simplemente le dio a Zeus un método yogui de respiración: un obsequio personal del dios hindú Shiva. De esa manera, Zeus sería capaz de canalizar su energía electromagnética hacia dentro y no hacia afuera. Almacenamiento que a su vez le garantizaría más energía sexual disponible. Definitivamente una solución de dioses.

Pero cuando los habitantes del espacio-tiempo de la mitología griega ven el cielo adoptar un azul primario, casi morado, sobre el Olimpo. Y surgir envueltos en unas relampagueantes nubes escarlatas una especie de rayos de azulada fosforescencia, ya saben por experiencia que la gigantesca figura de Zeus emergerá desde el fondo de esa tétrica prestidigitación atmosférica, sosteniendo dos destellantes rayos en sus manos. La presencia de Zeus se alza titánica sobre todo el mundo visible. El mismo Olimpo no es más que una casa de juguetes a sus pies, como si el dios decidiera crecer en esos momentos a la altura de su rango divino. Luego viene el horror. Cuando Zeus une los dos rayos que sostienen sus manos, se escucha un murmullo como si el mismo corazón de la tierra se convirtiera en una máquina de hierro sobre calentada, mientras en lo alto, sobre la cabeza de Zeus, una esfera luminosa se manifiesta: «El útero de los rayos» le han bautizado los seres humanos. Una esfera de luz que parece estar sostenida por unos gases espesos y sanguinolentos que coronan en lo más alto toda la escena. Y de repente, los primeros rayos del divino Zeus descienden sobre casas, templos, animales mitológicos y hombres. Las sombras de estos últimos al bajar al hades, relatan historias fabulosas de su última visión antes de morir: la del padre Zeus sosteniendo los cuernos luminosos de un animal mitológico nunca antes vistos y que vomita rayos. Una bestia que según la pitonisa del Templo de Delfos al ser cuestionada sobre su nombre, se llama Dínamo.

Me pregunto ¿qué clase de rayos generaría el núcleo magnético de la tierra, ya moribunda al igual que el sol, y con su único vástago geológico, nuestro amado Zothique The Last Continent, flotando cual inerte cadáver entre el Océano Indaskiano, el Océano Oriental y el Océano Encogido? Bueno, supongo que sería un espectáculo bienvenido [incluyendo las muertes y destrucción bajo el imperio de los rayos] para los crepusculares habitantes de Zothique. Pues la condena simplemente agregaría una ironía más a su catálogo: la de una luz que ilumina la oscuridad sólo para traer la muerte. Muchos de los nigromantes zothiqueanos le darían la bienvenida a esa nueva fuente para sus artes oscuras. Y claro, también cada uno de los miembros de este Blogzine de las cosas que no son pero que deberían ser. Y ni hablar de nuestros Hermanos Fanáticos, los cuales con toda seguridad recibirían semejantes rayos como un bautizo de los Abismos Superiores. Aunque no creo que a Zeus le guste la idea. Así que no perdamos tiempo en intentar convencerlo y lancemos nuestro oscuro rayo hacia la edición del mes de septiembre.

En la página del próximo lunes 10, en nuestra sección Neosapiens, celebraremos la exposición que cerrará el ciclo del 2012 sobre ilustradores de la Era Pulp. Y lo haremos mostrándole una galería de los trabajos de unos de los decanos o más bien patriarcas del negocio. Un artista que al igual que Frank R. Paul, contribuyó enormemente a crear el imaginario visual del género de la Ciencia Ficción en la primera etapa de su industrialización. Nos referimos a: Howard Vachel Brown [5 de julio de 1878 Lexington, Kentucky/22 de noviembre de 1945, New Jersey]. Las ilustraciones interiores de este mago de lo visual ciñeron desde principios del siglo XX [pues finalizó sus estudios en el Art Institute of Chicago en 1902] revistas como Broadway Magazine, Pearson’s Magazine, Munsey’s Magazine, People’s Home Journal, St. Nicholas magazine, y Scientific American; fue profesor en el Fawcett School of Industrial Arts en Newark, New Jersey; y sus portadas le dieron un rostro a revistas como Argosy All-Story Weekly, Street & Smith’s The Popular Magazine, Excitement y High Spot Magazine; también le vendió portadas a Science and Invention, Astounding Stories, Startling Stories y Thrilling Wonder Stories. Bueno, el resto se lo dejo a sus ojos… ellos se lo agradecerán. Markus E. Goth se encargará de pasearlos con su prosa por cada una de las etapas creativas del artista, con un artículo titulado: «Las Creaciones Fuera del Tiempo».

En la página del miércoles 12, en nuestra sección Runes Sanguinis, publicaremos otra historia del divino Clark Ashton Smith. Una obviamente hasta ahora inédita en castellano y traducida exclusivamente para nuestros lectores. El monje negro de la medieval Averoigne, Odilius Vlak, continúa como uno de los caballos macrocósmicos del dios del abismo, Thamagorgos, cabalgando por el sendero que han recorrido las joyas extrañas de la obra de Smith, no evitando tropezar con ninguna de ellas. El título de la historia: «El Simposio de la Gorgona».

Por supuesto, continuamos publicando en la página de los viernes de nuestra sección Imagixmundi, tres ilustraciones concebidas por la imaginación altamente creativa de los muchachos de Sociedad Bioartepolis. Dichas ilustraciones son parte de su proyecto Moebius Infinitum. En homenaje, claro está, del genio francés de la ilustración del cómic de adulto: Jean Giraud Moebius. Para verlos lance el rayo de su curiosidad sobre: Sociedad Bioartépolis.

Hora de despedirnos, con el lanzamiento del rayo obviamente, de nuestro sumo sacerdote, Markus E. Goth, editor y director de este Templo Virtual. El hecho de que Zeus esté de vacaciones no significa que los rayos dejen de caer sobre los mortales, pues Markus los continúa lanzando en cada edición. Y para finalizar, escuchen el rugido de este trueno verbal… El horizonte de los murciélagos es más lejano que el de las águilas.

Odilius Vlak

Jefe de Redacción.

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