INTROVISION / Una Lluvia Torrencial Sobre Zothique

   

Por generaciones, la desértica fisonomía natural del continente de Zothique había estado expuesta a los ardientes estertores del Sol moribundo, hasta el punto de que su tierra había adquirido la característica blanquecina de un hueso carcomido por los vengativos fotones de su estrella anfitriona: fotones que se esparcían por todo el continente con el aspecto de diminutos dragones que avanzaban vomitando fuego a diestra y siniestra sin cesar. Por tal motivo, fue una sorpresa escalofriante y espantosa para todos los zothiqueanos, la caída de las primeras gotas de lo que se convertiría en una lluvia torrencial.

  Se cuenta que algunos profetas, hijos de la Edad de Oro de la nigromancia zothiqueana, incluyeron en su futuro esta anomalía de la naturaleza. Pero en vano buscaron entre los crípticos símbolos de su lenguaje alguna evidencia que corroborara esta especulación, con la esperanza de que también pudieran haber incluido alguna manera de detener lo que sin dudas ya había adquirido el estatus de una maldición. Incluso se apeló a las cartas astrológicas del profeta Nushain, que aún se conservaban en Ummaos, la capital de Xylac, junto a sus antiguos libros de ciencia estelar. Pero las esotéricas cifras y las extrañas configuraciones modeladas con las líneas que iban de una estrella a otra, no arrojaron ninguna luz sobre el encapotado cielo de Zothique, y aún menos sobre los nublados corazones de sus moradores. Estos terminaron concluyendo que sólo el libro de Vergama, dios del destino, podría contener la solución del misterio.

  Se cree que la lluvia empezó a caer en el mes lunar del Buitre, ubicado en el cuadrante oscuro del ying-yang que forma el núcleo del zodiaco zothiqueano; alineado con el mes del Tritón, uno de los dos meses de la casa zodiacal solar que le correspondían. También se cree que las primeras lluvias cayeron sobre el reino negro de Ilcar, al noroeste del continente; expandiéndose luego hacia los reinos de Dooza Thom, al este de Ilcar, y Xylac, al sur. Muy pronto todo el continente se vio cubierto por el manto gris de una lluvia torrencial que parecía ser vomitada por el mismísimo Thamogorgos, el dios del abismo. Los desiertos de Nooth-Kemmor, Celotia, Dloth y Dhir, así como la región de Izdrel al oeste de Yoros, y Zyra en el noreste del continente, no fueron más que inundados reflejos de su pasado arenoso. La precipitación fue tan intensa, que por todo Zothique las momias sobre las que estaba estampada una muerte milenaria flotaban hombro a hombro con los cadáveres frescos de ahogados recientes: las primeras expulsadas de sus catacumbas o sepulturas arenosas, y los segundos de dondequiera que las aguas les haya arrebatado sus vidas.

  Al principio, muchos zothiqueanos, especialmente los niños, disfrutaron de esta novedad: agua cayendo del cielo. Pero los mayores sintieron desde el primer momento un lúgubre presentimiento que les heló la sangre mucho antes de que el frío que trajo la lluvia lo hiciera. No era normal. Y cualquier cosa que no lo fuera, sobre todo en Zothique, tenía que ser fruto de la nigromancia, ya sea ésta ejercida por un mago poderoso, o por un genio demoníaco  Quien podía dudarlo, ¿acaso no hubieron nigromantes como Namirrha que sepultó todo un país bajo los cascos de fuerzas macrocósmicas como lo son los caballos de Thamogorgos? Lo cierto es que a nadie le cabía duda de que incluso los setenta infiernos inferiores sobre los que reinaba Thasaidon, estaban inundados de agua. Para Zothique, lo que por muchos milenios pareció ser un final sediento, gracias a una larga sequía, se convirtió de repente en uno cubierto de agua.

  Con el tiempo, una extraña embarcación apareció; que navegó entre los barcos zothiqueanos en los cuales se habían resguardado los últimos sobrevivientes, con un ritmo de otro tiempo, de otra época, de otro mito. Junto con la embarcación llegó el cese de la lluvia. Tan repentinamente como había comenzado. Cuando las aguas se nivelaron, la extraña embarcación quedó varada en la cima más alta de las Montañas Mikrasias, frontera norte del antiguo reino de Cincor. Todos peregrinaron hacia allá, pues querían saber el origen y tripulación de la extraña embarcación. Al pie de la embarcación los esperaba un hombre anciano, junto a sus hijos y las esposas de estos… y también junto a un grupo de animales exóticos, la mayoría de ellos desconocidos en Zothique. Ese hombre era Noé, cuya Arca fue a parar muy lejos de la geografía bíblica, pues el diluvio de su Dios no sólo fue en el espacio sino también en el tiempo. Mala suerte para él, elegido para escapar de un mundo en el pasado lleno de maldad, sólo para arribar a la última tierra habitada del futuro igualmente llena de un mal para el cual ni la lluvia de un diluvio universal es suficiente para ahogarlo.

  En verdad, todos los miembros de este Blogzine de las cosas que no son pero que deberían ser, Zothique The Last Continent, sentimos mucho lo sucedido a Noé; pero aún más, lo padecido por nuestros compatriotas zothiqueanos que tuvieron que ser sacrificados en nombre de una maldad ajena a ellos. Al menos murieron bajo la lluvia, una muerte novedosa y muy diferente a la usual muerte por deshidratación que tantas víctimas se había cobrado en los desiertos de Zothique. Sólo espero que ninguno de nuestro Hermanos Fanáticos se haya ahogado en ese futuro, imaginándose en él mientras lee esta Introvision en el presente. Bueno, veamos lo que lloverá en la edición de este mes de noviembre.

  En nuestra galería mensual de Neosapiens, cuya exposición tendrá lugar en la página del próximo lunes 12, le toca el turno a otro genio del arte digital: Tomasz Jedruszek [Morano]. Este artista, al igual que muchos otros de su generación, al parecer ha encontrado en el software Photoshop, el conjuro mágico perfecto para manifestar sus mundos imaginarios. Markus E. Goth nos sumergirá en su mundo de la mano de un artículo que lleva por título: «Tomasz Jedruszek “Morano”: Metamorfosis Fantástica de un Creador».

  En la página del miércoles 14, de nuestra sección Runes Sanguinis, retomamos la publicación de las historias inéditas hasta ahora en español de nuestro oscuro símbolo creativo, Clark Ashton Smith. En esta ocasión la joya literaria de factura pulp, que el monje negro de la medieval Averoigne, Odilius Vlak, ha traducido para todo el Fandom, real o imaginario, se titula: «Una Ofrenda a la Luna». Y de una ofrenda se trata.

  Y claro, continuamos con la publicación cada viernes en nuestra sección Imagixmundi, de tres de las 21 ilustraciones que los miembros de la Sociedad Bioartepolis, conciben en el marco de su proyecto en homenaje a MoebiusMoebius Infinitum.

  Nos toca despedirnos de alguien del cual no debemos preocuparnos que se haya ahogado bajo las lluvias torrenciales que anegaron Zothique, pues sabe nadar. Nos referimos a nuestro sumo sacerdote, Markus E. Goth, editor y director de este Templo Virtual. Se cuenta que estuvo entre los zothiqueanos que fueron a recibir a Noé, y quien sabe si hasta estuvo entre los que le sacrificaron —como ofrenda de gracia— a Thasaidon por el cese de las lluvias. Noé comprendió el simbolismo de este sacrificio, pues sus últimas palabras fueron… El horizonte de los murciélagos es más lejano que el de las águilas.

Odilius Vlak

Jefe de Redacción.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s