NEOSAPIENS : Andrew Ferez: Un Oscuro Surrealismo Poético sin Principio ni Fin

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 Basilisk - Andrew Ferez

Bruja del Tesoro (detalle) - Andrew Ferez

 Cambodia trip - Andrew Ferez

Mirror - Andrew Ferez

Tesoros de las Valkirias - Andrew Ferez

 Are you afraid of clowns - Andrew Ferez

 Concierge - Andrew Ferez


Escucha atentamente señor, te hablaré de lugares muy remotos, emergidos de tierras distantes mucho antes de la cólera del gran dios sobre los hombres; en llanuras desérticas ocupadas por el polvo matutino del silencio, y donde nuestra única y más iluminada estrella, se pierde en una espesa neblina opaca sin que puedan penetrar sus gloriosos rayos de luz.

  Y así fue, que con palabras de sabiduría, el anciano Atdhirajad introdujo a su preciado nieto, el príncipe Zurla,a las antiguas leyendas de los hombres en los nueve continentes.

Extraños y misteriosos son los enigmas de los dioses, sus revelaciones pueden ser tan reales y crueles  como la llegada del frío invierno en las tierras lejanas de Zgork, no los puedes tocar…. pero si lo puedes sentir.

  El anciano hizo una pausa mientras contemplaba fijamente el fuego que desprendía el interior de la chimenea, para luego proseguir.

  —Eso le pasó al gran rey Utzdulla-Hinn, soberano y gran señor del vasto y antiguo continente de Iz-Xilcär,  llamado también en otras tierras… El Rey de los Harapos.

 En noches de  tiempos remotos, cuando la tierra tuvo sus primeros hombres, existieron nueve vastos continentes, pero ninguno fue tan próspero como el del joven rey UtzdullaHinn, quien decía ser devoto del gran dios de todos hombres y seguidor de los misterios del cosmos. En las proximidades de los  día del cuervo, en el ciclo anual de su nacimiento, el rey decidió dar un gran festín en todo lo alto del prospero continente de Iz-Xilcär, y en su orgullo real, se autoproclamo como el único y soberano representante del gran dios sobre la tierra. Aquella noche, después de disfrutar las exuberantes orgías ofrecidas en su honor; rendido en los cálidos pechos desnudos de su concubina, tuvo un sueño que fue el objeto de sus futuras perturbaciones nocturnas. En esas visiones siempre terminaba encontrándose arrodillado al lado de una gran divinidad, y empapado en sangre. Contrariado, aquel rey presintió su desdicha. Pues desde aquel momento poco a poco su cuerpo empezó a tomar una tonalidad de total negrura; emanando de su piel el aroma de la sangre y la muerte. Las concubinas de la corte, eunucos, coperos y quienes habitaban el palacio, disimulaban el miedo y la repulsión que sentían en su presencia, como si la más grande de las pestes se hubiera posado sobre él.

  Y fue así, que en su misteriosa y oscura transformación, al tercer día, el rey mando llamar a lo largo y ancho de todo el vasto continente de Iz-Xilcär, a sacerdotes y hechiceros para obtener una cura y descifrar  este gran enigma. Angustiado, sin obtener ningún resultado, el rey sumergía sus días en los brazos del olvido que sólo le está dado otorgar a exquisitos vinos. Un día, en las puertas del palacio, un ermitaño y respetado santo se anuncio ante el rey para darle un presente, y así habló: «De las montañas de Muam Quiram, más allá de los ríos que se extienden como la raíces del árbol frondoso de primavera, y alimentan  ciudades amuralladas que visten el mármol, el alabastro y otros minerales preciosos,  en la tranquilidad que sólo tiene un humilde anciano en sus días finales, yo Irrajim Nuad, humilde ermitaño que se alimenta sólo de la meditación, el silencio y la penitencia,  he venido para ofrecerte de mis labios estas palabras».Y prosiguió: «El hechizo que te atormenta se encuentra más allá de los muros de tu reino, donde el hombre no existe y los sueños se confunden con la realidad. Encontrarás lo que buscas en las arenas que purificaran tu alma. El camino es sólo para ti, pues, así me ha sido revelado tu destino». Terminada esta sentencia el sabio se retiró a su soledad y no volvió jamás a ser visto por ojos humanos.

Una mirada a travez de los dientes - Andrew Ferez

Autumn - Andrew Ferez

 Book of dragons - Andrew Ferez

  Evitando otro mal presagio, Utzdulla-Hinn decidió dejar su reinado en manos de su hermano y sucesor Zahir-Ullua Ahmed, emprendiendo un viaje desconocido hacia otras tierras fuera de sus dominios. Majestuosas ciudades tocaron sus pies, desde los cuatro puntos cardinales, en busca de aquella visión tan perturbadora; pero nadie pudo descifrar su enigma considerándolo un hombre maldito antes los ojos de los dioses y de malos augurios. La primavera pasó, siguiéndole  otras más, llegando a setenta vece siete el infinito caminar del antaño rey majestuoso. Aun así, sin joyas que ofrecer y con vestiduras harapientas, el rey seguía pregonando sus sueños en las desconocidas ciudades de los nueve continentes.

  Según se cuenta la leyenda entre los ancianos, pasada de generación en generación, que donde la única estrella mayor que ilumina nuestras tierras, pero que se disuelve como una niebla opaca en tierras desconocidas y continentes perdidos… en las lejanas regiones rocosas; donde el diamante y las piedras preciosas no emiten su luz…  Allí, donde termina el mundo, nuestro rey encontró parte de su respuesta en la corroída abadía oscura del dios materia, Uruk. Monjes de túnicas desgastadas por el tiempo esperaban su visita. Pues se dice que el dios materia es quien separa lo real de lo irreal, y que nadie puede presentarse delante del divino sin conocer su palabra sagrada. El desierto sin fin que comienza debajo de la cima rocosa de la solitaria abadía, se le presentó irreal al hombre que en algún momento fue considerado el soberano de Iz-Xilcär. Mucho tiempo pasó para que el delirio y la locura terminaran convirtiendo su razón en espejismos. Y en el fragor del cansancio, viendo la muerte llegar, se desplomó en sus arenas; sus ojos, ahora marchitados por el infinito viaje… se cerraron en un largo sueño.

  Crueles fueron las arenas de ese desierto interminable, castigando  la oscura y petrificada piel de aquel desdichado. Cual mortales estocadas, fuertes vientos arenosos penetraron en sus harapientas vestiduras causándole un dolor insoportable. Forzoso fue su despertar, maravillándose al contemplar a su alrededor la providencia de un milagro; pues murallas de sólido aspecto se extendían infinitas sobre la línea del horizonte que veía. Centrado en su propósito, Utzdulla-Hinn continuó su caminar, buscando alguna puerta que le permitiera penetrar dentro de estos muros. Y así sucedió, que cuando cegado por la blancura impecable de un majestuoso arco, ornamentado de grandes símbolos tallados en lapislázuli, oro y diamante, detuvo su paso. Encontró debajo de la entrada una mujer de belleza indescriptible que acariciaba el rostro humano de una Quimera. Apacible, la mujer de ojos azules como las olas del mar que recorren las costa del más vasto de los continentes, miró al forastero; y sin emitir palabra alguna, empezó a tocar las cuerdas de un extraño instrumento musical que sostenía con su mano derecha. La Quimera, con los pasos elegantes del felino, se le acercó; mientras a su espalda la fascinante mujer continuaba tocando una hermosa melodía con su instrumento musical. La bestia pronunció palabras con un eco de autoridad, confundiéndose su voz con la armoniosa melodía que fungía como telón de fondo para un posible acto macabro. En la medida que la quimera pronunciaba enigmáticas palabras, la melodía cambiaba de un sonido muy dulce y tierno a uno oscuro y  tétrico. Sucesivamente, mientras todo esto pasaba, el rostro humano de la quimera terminó convirtiéndose en una forma fría y repugnante,  siendo estas sus palabras:

 

  «De tus labios sólo será repetido una vez el susurro de tus demonios. Te haz consumido en el pecado,  y El Eterno espera por tu pesar, para convertirlo en diamante.  No deberás beber del vino de la gloria…Nunca más.»

  Utzdulla-Hinn, viendo la sombra de la muerte en los ojos de aquel ser, respondió palabras sagradas, ofrecidas en la abadía:

El día y la noche mancillan mi alma con la podredumbre y el pecado.

Sea el polvo de mi caminar, la luz que guarda mi penitencia.

Llegada la media noche, no lucharé con mis demonios,

Solo tú ¡oh gran divino! Me mostrarás el camino,

Donde hermosos jardines se agitan en un laberinto de formas                                                                                                                                  desconocidas.

Y al final de este ensueño,

Allí, en el silencio que redime la soledad y la sapiencia,

Lágrimas escarlatas bajaran por tu rostro Minush Thauromante,

Y arrodillado ante ti…. cantaré alabanzas en tu nombre.

Memory - Andrew Ferez

Funambulist - Andrew Ferez

The Dark Tower 01 - Andrew Ferez

 The Dark Tower 02 - Andrew Ferez

Recitada estas palabras las dos figuras que vigilaban el gran arco ornamental de aquellos muros extendidos en todo lo alto del desierto sin fin, desaparecieron; permitiéndole a Utzdulla-Hinn penetrar a extraños jardines laberínticos. A cada paso y sumergido en esta trampa de oscuro surrealismo, tuvo distintas  pruebas. Sus maltratados pies se perdieron en una ciudad llena de edificaciones antiguas, que tras sus puertas y largos ventanales asomaban las facciones de los gigantes: seres vivos atrapados por deseos impuros. Cada edificación tenía una jerarquía muy particular, representada por castas sociales  que iban desde la más fina meretriz, hasta el caballero más sofisticado. Extraña era la ciudad, marcada por una sola carretera perfectamente recta que finalizaba ante las puertas de una enorme y ornamentada torre central, representada por la enorme cabeza de un rey corrupto. El odio, la lascivia, la gula, la envidia, y los más grandes vicios malsanos estaban perfectamente reproducidos en cada edificación. Mientras más grandes eran los vicios, mucho más viejo y decadente era la ruina de la edificación.

  Utzdulla-Hinn sintió la podredumbre de la ciudad, sus oídos no dejaban de escuchar  voces desesperadas de hombres y mujeres que una vez sirvieron en su reino agraciados con el vino y las orgías. En su caminar vio enormes rostros  conocidos luchando por liberarse de su pesada carga. Temeroso y recordando su atrocidades pasadas, el hombre harapiento salió corriendo como un demente a  las puertas de la gran torre que se disipaba en todo el lugar. Exageradamente ornamentada y totalmente cubierta en oro  y piedras preciosas, la gran torre describía los sucesos de la vida corrupta de un anciano rey que la poseyó. Desde sus dos enormes ventanales, ojos saltones y cansados observaban a su invitado aproximarse. Las puertas emitieron un sonido agudo y pesado,  abriéndose lentamente como la boca viscosa de un ser repugnante e invitándole a entrar en su negrura interior. Sólo pudo sentir el caminar de sus pisadas y los latidos de su corazón, y rápidamente comprendió que el equilibrio de su cuerpo estaba falseando.

  Una tímida fosforescencia muy pronto se hizo presente en tan oscuro lugar; mostrando poco a poco su desconocido paisaje. Se encontró, para su sorpresa, junto a un panteón abismal de titánicos seres de piedra, fusionados con cementerios y edificaciones de total extrañeza que levitaban en su cielo de manera inversa. Los seres movían lentamente sus rostros y manos en dirección del desdichado rey que caminaba sobre una soga fina; manteniendo un perfecto equilibrio. Bajo sus pies,  muy en lo profundo de aquel abismo, un magma de lava humana, practicaba toda forma de perversión y deseo carnal; un mar de fuego líquido que se movía hermosamente en un ritmo interminablemente orgiástico. Manteniendo el equilibrio, Utzdulla-Hinn pudo llegar al otro extremo del panteón donde le esperaba otra puerta, esta vez tallada en su centro con un collar de rosas y dos instrumentos metálicos cruzados. Con gran esfuerzo y muy agotado, pudo mover la puerta de piedra lo suficiente, para penetrar en su interior, encontrándose con una neblina rojiza que se extendía por todos lados.

The Dark Tower 03 - Andrew Ferez

Wolf - Andrew Ferez

Dragon Writer - Andrew Ferez

London - Andrew Ferez

  A medida que sus pasos progresaban, en el transcurso de su caminar, pudo ver muy a lo lejos una enorme torre. Sorpresivamente, de la niebla rojiza surgió un monje negro perdiéndose en sus adentros. Era perseguido por otro hombre de extraño sombrero y vestiduras, que llevaba en sus manos uno de los instrumentos de metal que había visto anteriormente en la enorme puerta de piedra. La niebla rojiza se disipaba lentamente, mostrándole un hermoso páramo verde, donde los rayos de la primavera tocaban la delicada piel de una niña que observaba maravillada el reflejo de una estrella nocturna; junto a un palacio de fabula, colmado de todo tipo de riquezas… que se encontraba en el interior de un cielo nocturno en forma de lobo. Utzdulla-Hinn vio dragones con alargadas pipas humeantes que llenaban los cielos de nubes de diferentes coloridos… manejaban maquinas de metal… y en su interior vomitaban jeroglíficos mediante el ruido de botones mágicos… tomando formas reales… para luego quedarse impregnada en un largo papiro de hoja amarillenta. Niñas abundantemente vestidas con ornamentaciones de color de las aves nocturnas, movían las enormes agujas del rosetón de una catedral… que marcaba el tiempo. Sus pisos estaban divididos por la dualidad de lo positivo y lo negativo… y sus ciudadanos… eran juguetes inmóviles sin un propósito o fin.

  Muchas maravillas sin una razón coherente vio Utzdulla-Hinn en su caminar, perdiéndose en tierras engañosas de raíces blanquecinas, representadas por desgastados esqueletos que germinaban en las profundidades de su suelo; expulsando de sus adentros las flores del color del vino, y llevando en el interior de sus pétalos la vida de ninfas del color de los copos de nieve, que muy pronto se marchitaban en las trompas de hermosas mariposas. Se detuvo en lo alto de un valle. Piedras perfectamente talladas se agitaban en una danza sin fin, alrededor de una musa desnuda que tocaba un extraño instrumento musical con dientes de marfil. Su forma era la de una mesa rectangular. Unida en un templo incandescente, los diversos torreones estaban encendidos en llamas, y en todo su alrededor una serie de arcos con alargados velones terminaban de extremo a extremo. Su parte superior estaba decorado con un emblema, cuyo interior tenía la palma de una mano abierta, y dentro de ella, la escultura de un hombre de total hermosura enterrando su espada en una bestia de dos cabezas. Las melodías surgieron del fuego de sus torreones, envolviendo por arte de algún encantamiento, al único espectador de aquella danza de las maravillas.

  En sus diversos arcos penetró el noble rey. Descubrió que sus pies tocaban un pasillo de papel. Su suelo estaba iluminado por cada arco que dominaba la edificación, quedando impregnada una luz que mostraba los grabados de tinta, que por encantamientos desconocidos se movían  contando diferentes historias. Cada imagen estaba dispuesta de tal forma que se iban diluyendo en la medida que se avanzaba; quedando el pasillo en una total blancura, para luego voltear su página en el último grabado, llevando a su portador nuevamente al bosque de extraña exuberancia. Cuando Utzdulla-Hinn terminó de atravesar el bosque, nuevamente se encontró con la sorpresa de que las arenas del desierto continuaban en su camino.

  —He terminado de pasar el bosque, y las arenas de este desierto vuelven a cubrir mis pies—exclamó desesperado Utzdulla-Hinn —. De qué me ha servido toda esta empresa, si mis barbas se hacen largas y blancas, y mis ojos se marchitan como las hojas de otoño. Dime gran dios, tus señales son extrañas para los hijos que te han servido, mas ni el silencio ni el ayuno son suficientes para aplacar tus deseos.

  Arrodillado en las tormentosas arenas del desierto sin fin, solo y harapiento, quien fuera el dueño del reino más vasto en lo nueves continentes, el orgulloso  rey Utzdulla-Hinn, juró nunca moverse de aquel lugar, hasta que el mismo dios se presentara ante él. Sin obtener su respuesta, el rey,  ya anciano, esperó… y esperó… marchitándose como hojas secas… Hasta convertirse en una piedra más del infinito desierto.

  El tiempo es eterno e inexistente más allá del noveno continente. Grandes prodigios nunca serán vistos en sus arenas, hasta que dioses olvidados vuelvan a resurgir. Pues se dice que un día el desierto se marchitó convirtiéndose en polvo, y de sus adentros el enorme rostro divino emergió, posándose al lado de una reluciente roca negra que antaño fuera rey. Y por primera vez en toda su existencia…. lágrimas de sangre fueron derramadas por el gran dios a uno de sus hijos.

Fin…….!

  Esperen!… !Esperen! Un momento, todavía no hemos terminado, aún falta más.

  Pocas palabras podrían ser dichas, para quienes se hayan sumergido en este relato de dimensiones surreales. Pero nos hemos tomado la libertad de hacer un homenaje escrito no sólo al artista que nos honra con sus maravillosas ilustraciones —al cual le expresamos el más profundo respeto—, sino también a unos de los movimientos más fantásticos y especulativos de las artes. Afirmamos con toda certeza que el Surrealismo, en todas sus vertientes, exige la máxima de las concentraciones y gran creatividad. Pues esa energía, paradójicamente, nos llega de lo que creemos inexistente e imposible. Y qué podríamos decir de un artista que proyecta en dos dimensiones mundos ilusorios que desprenden una nostalgia poética y oscura que no tiene fin; un oscuro surrealismo poético que en Andrew Ferez toma dimensiones insospechadas.

  Nacido en Rusia el 2o de marzo 1973, Andrew Ferez es un abanderado y heredero de las artes. Se involucró en este mundo visual a muy temprana edad. Sus trabajos en la actualidad van desde libros infantiles y afiches de películas, hasta propuestas para un público más maduro. Sus obras digitales nos transportan a mundos imposibles donde sus personajes interactúan y se convierten en esa irrealidad. Sus colores muchas veces mantienen una sola tonalidad, que hace más impactante el paisaje de sus mundos. También está la incertidumbre que asume el observador al ver situaciones que se fusionan en elementos familiares,  pero a la vez, atmosféricamente perturbadores.

  Ahora si podemos cerrar el telón cósmico:

Fin.


Markus Edjical Goth

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