INTROVISION / Transfusión de Luz en las Venas de un Demonio

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En su agonía, el Demonio sentía que la ruta de su caída trazaba la silueta de una serpiente con su cola anudada en lo más alto del Árbol de la Vida, el sephira de Kether; y sus fauces abiertas ensombreciendo el sephira de Malkuth. Sí, fue una gran caída… demasiado abismal para ser desde el pequeño cielo de la imaginación humana. La serpiente literalmente lo vomitó en el aspecto físico de Malkuth: un mundo extraño y crepuscular; mítico y fantástico. La sensación de su cuerpo era multidimensional. Podía sintonizarse con cualquier plano de este, pero prefería disfrutar del dolor que le proporcionaba su expresión física; aquí, en esta tierra legendaria que sabía muy bien que dentro de varios eones en el futuro, sería el suelo donde se erigirá la Torre de Babel.

  De hecho estaba postrado en lo alto de un montículo; un altar tallado sobre la esmeralda que creció cual árbol geológico de una lágrima derramada por Lucifer, mientras lloraba de felicidad. Pero eso, lo sabía, pertenecía a otra rebelión. El altar estaba enmarcado dentro de una compleja estructura plateada, cuyas ramificaciones surgían desde la tierra a todo su alrededor como las patas de una araña; sosteniendo con sus puntas muy por encima de la superficie del altar una esfera de cristal dentro de la cual se encontraba cautivo un Ángel. El decorado lo completaba una serie de hilos finísimos, casi invisibles, que se desprendían desde la esfera y se incrustaban en el cuerpo del Demonio. Ambas criaturas celestiales correspondían en su aspecto externo a la descripción que los humanos les darían en los eones futuros. Esto le agradaba, mientras más simple era la estructura física mejor. Sin dudas un descanso para sus sentidos, de solo recordar aquellos niveles dimensionales en los cuales se veía a sí mismo desde múltiples planos al mismo tiempo, las heridas que lo atormentaban se abrían nuevamente, sangrando —o más bien exhalando— los últimos hálitos de oscuridad gaseosa que bullía dentro de sus venas. Pero ¿quiénes eran los seres; los poderes cósmicos que tenían la potestad de utilizar a ángeles y demonios como conejillos de indias, como ratones de laboratorio? No podía mover un solo de sus nervios, pero podía echar un vistazo con el ojo de su imaginación al mundo que le rodeaba: todo ello, comprendió, constituirá la geografía imaginaria en la cual se desarrollará las evocaciones del Antiguo Testamento. Veía el punto desde el cual Abraham partirá respondiendo al llamado del señor: Ur de los caldeos. Solo que ahora era una tierra mitológica, poblada por gigantes y todo tipo de seres sobrenaturales.

  Una convulsión en lo alto lo sacó de sus reflexiones. Era el Ángel que se estremecía dentro de la esfera, al parecer ya liberado de las garras del letargo que lo inmovilizaba. La expresión de su rostro experimentó una serie de reacciones que iban desde la sorpresa, pasando por la maravilla, hasta culminar en el espanto y el horror. Un horror que el Demonio jamás había vislumbrado, ni jamás pudo haberse imaginado ver estampado en la faz de un ser de poder. El Ángel al fin fijó sus ojos en el cuerpo del Demonio que yacía sobre el altar.  Penetró con su mirada dentro de los ojos del Demonio, y ahí la dejó clavada como una espada flamígera que buscara clavarse en el punto de su infinito donde habitaba el pasado, el presente y el futuro. Los ojos del Ángel reflejaron una luz que viajaba desde su propia alma, que la proyectaba cual si fuera una estrella y al alcanzar su iris se refractaba en el espectro de colores; palpitando cada matiz por un tiempo indefinido sobre sus pupilas a modo de un fuego de tonalidades que iban desde el rojo hasta el violeta. Esto fascinó al Demonio moribundo. Finalmente, los ojos del Ángel quedaron cubiertos por entero con la llamarada de un destello níveo, que ardía con la pureza de una aurora que no había osado alumbrar el pecado original. De repente, los ojos del Ángel se cerraron, como si hubiese comprendido el propósito de su cautiverio. Dentro de la esfera, sólo se veía la silueta de luz del Ángel que delimitaba la oscuridad que poco a poco se iba consensando dentro de ella. Se escuchó una voz que impactó los oídos del Demonio como si fuera la explosión de una estrella: «Krall —dijo la voz, dirigiéndose al Demonio por su verdadero nombre— has osado violar una ley sagrada entre las criaturas del abismo. Como has profanado la oscuridad, te castigaremos con luz. Es decir, tú que ahora estás al borde de extinguirte como una entidad energética tridimensional, continuarás viviendo gracias al poder de la luz, que fluirá gaseosa a través de tus venas como antaño lo hizo esa oscuridad que ahora se disipa en volutas al contacto con el oxígeno de este plano físico. Sabemos que preferirías morir físicamente antes de darle cabida en tu ser a la energía opuesta. Energía, no lo olvides, que pese a ello guarda una relación dialéctica con la nuestra, y en especial, con el arquetipo específico de cada Demonio y entidad oscura. Este Ángel es tu opuesto. El Ángel del amor puro y total. Una energía desconocida por los seres de esta tercera dimensión. Inocularemos la luz que fluye por sus venas en las tuyas, de esa manera compartirás el principio que él encarna con el tuyo que es su opuesto. Luego te sumergiremos en un estado de hibernación por varios eones. Cuando despiertes, serás una entidad demoniaca que encarnará el amor, pero impulsada inconscientemente por la energía de odio puro que encarnas arquetípicamente. Tal será tu castigo. Encima de ello, y para que vivas una existencia incómoda por decir lo menos: tu aspecto físico será el de un niño encantador, dotado de dos alas y con un carcaj de flechas mágicas con las cuales despertarás el tipo de amor que les será dado a los futuros humanos conocer al ser impactados por ti. Un amor trágico; más trágico aún por el hecho de ser un ideal hacia el cual ellos en vano avanzarán sin poder conquistarlo totalmente, excepto en efímeros instante de éxtasis. Por cierto, tu nombre será Cupido».

  Finalizado el discurso, la silueta luminosa del Ángel comenzó a desvanecerse, mientras los hilos ardían por la luz que a manera de sangre eléctrica fluía a través de ellos. En cuanto al Demonio, ciertamente le desagradaba el hecho de tener que vivir gracias a la luz gaseosa de un Ángel soplando a una velocidad de mas de 300, 000 mil kilómetros por segundo dentro de sus venas. Pero su poder de visualización le mostró que su trabajo como un encantador demonio de inocente apariencia, le granjeará muchos momentos felices… Al hacer que los humanos sean víctimas de esa energía demoniaca llamada amor. Tan demoniaca en verdad que para ser verdaderamente felices bajo su dominio, será necesario que se olviden de sí mismos… Que estén dormidos. «¡Qué bonito es estar enamorado!», profirió el Demonio sonriendo malévolamente poco antes de ser sumergido en un letargo que para todos los que lean esta historia, hubiesen preferido que fuera para toda la eternidad.

  Entonces esa es la verdadera historia, ¡demonios!… Supongo que cada uno de los miembros de este Blogzine de las cosas que no son pero que deberían ser, Zothique The Last Continent, ha sido resguardado con alguna coraza concebida por obra de la nigromancia en contra de las flechas de ese demonio llamado Amor; al igual que cada uno de nuestros Hermanos Fanáticos. Sentíamos que era un deber revelarle de una vez y por todas a la humanidad la verdadera historia detrás de esa energía llamada Amor, al menos en la versión zothiqueana de ella. Es una pena, pero esas cosas pasan. Así que, felicidades a todos los que han sido flechados por Cupido y que por ello sentirán motivos para dar gracias por estar vivos este próximo día de San Valentín. Ahora bien… he aquí el contenido de la edición del mes de febrero… Que será todo AMOR e MORTE.

  La página del lunes 11 se convertirá en la galería mensual de Neosapiens. La exposición que engalanará en esta ocasión sus paredes virtuales será dedicada a  uno de los grandes maestros de la ilustración de libros de fantasía; especialmente en el género de los cuentos de hadas: Arthur Rackham [1867-1939]. En esta Primera Temporada de nuestra galería, dedicada por mandamiento divino a los artistas clásicos, hemos de una manera inconsciente y a la vez afortunada, iniciado un recorrido por los creadores que le dieron vida a lo que se conoce como «la Edad de Oro» británica de la ilustración de libros. En este panteón, Rackham es uno de los dioses principales: el decano de los ilustradores británicos de este periodo que se extendió desde el 1900 hasta el comienzo de la Primera Guerra Mundial. De manera que iniciando el año hemos definido una temporada con una corriente artística que cronológicamente antecede a la de los ilustradores de la Era Pulp… nuestra temporada por excelencia. El artículo que acompañará el despliegue visual de los frutos de este genio se titula: «Arthur Rackham: Una Divinidad que Llegó de Mundos Fantásticos».

  En la página del miércoles 13, en nuestra sección Runes Sanguinis, publicaremos una historia de nuestro dios tutelar, Clark Ashton Smith. Como es costumbre de nuestra política, dicha historia había estado inédita en nuestro idioma… Hasta ahora. Consideren su lectura como nuestro amoroso obsequio de amistad. Con ella continuamos la pequeña serie de historias de terror de Smith, iniciada el mes pasado con «La Consumación de la Muerte». El título de esta es: «La Habitación Embrujada». Suena un lugar idóneo para hacer el amor.

  También continuamos la publicación en nuestra sección Imagixmundi, en la página de cada viernes, de tres ilustraciones de las 21 que los cerebros de Sociedad Bioartepolis conciben cada semana en el contexto de su homenaje a Moebius. El menú completo lo pueden encontrar aquí:MoebiusInfinitum.

  Es tiempo de despedirnos del ser que según las malas lenguas, es el Demonio Krall en la más pura expresión de su identidad. Nos referimos a nuestro sumo sacerdote, Markus E. Goth, editor y director de este Templo Virtual. Definitivamente él nos demuestra que nos ama con cada edición. El Amor es bello dicen algunos, y claro, quien lo puede dudar; y más cuando el verdadero Amor se dice a sí mismo… El horizonte de los murciélagos es más lejano que el de las águilas.

Odilius Vlak

Jefe de Redacción.

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