RUNES SANGUINIS / La Habitación Embrujada – Por Clark Ashton Smith

The Sword of Zagan and Other Writings

  Hace varios años, y no he de decir la fecha exacta, recibí una invitación de parte de un primo segundo mío, un tal Charles Burleigh, para que lo visitara a su casa en las cercanías de Londres por algunas semanas en el invierno. Como Charles y yo somos amigos cercanos, y para el momento no tenía ningún asunto que me pudiera detener, me apresuré a responder la nota de una manera afirmativa. Tres días después me encontré en la estación del tren de la ciudad natal de mi primo. La villa de X, si bien apenas se le puede considerar como tal. Ya había caído algo de nieve, de manera que cuando caminé desde el tren descubrí que el suelo estaba blanqueado por ella. El clima estaba extremadamente frío, por lo que me pareció prudente usar un abrigo grueso.

  Permanecí parado por algún tiempo en la plataforma, mirando a mi alrededor en busca del hombre que, según se me informó, estaría allí esperándome. Al fin percibí la presencia del viejo sirviente de mi primo, bronceado con el matiz de un clima tropical. Como sabía que él había participado en el gran motín, este hecho no me sorprendió. Pero tuve razones, a la luz de eventos posteriores, de recordar el hecho. La casa de Charles estaba ubicada en las afueras de la villa, a una distancia de una media milla de la estación. Era a todas luces una vieja construcción datando del tiempo del Rey Jaime I. Las paredes estaban cubiertas de hiedra en muchos lugares. Había un jardín interno que rodeaba la casa, que a su vez estaba cercado por una alta pared de piedra. La casa originalmente, antes de que nuestra familia entrara en posesión de ella, pertenecía a cierta familia cuyo nombre es bien conocido de mis lectores; pero  el cual no mencionaré por ciertos motivos particulares.

  Encontré a Charles esperándome con ansiedad. Es un hombre de unos treinta y cinco años de edad. Su fisonomía es agradable pero posee cierto tinte de tristeza, como el de un hombre que ha tenido problemas. Sus días de juventud fueron amargados por ciertos eventos; no obstante, no hablaré de ellos ahora, ya que no guardan ninguna relación con esta historia. Una vez concluidos los saludos, entramos. La cena fue servida en un gran salón algunas horas después de mi llegada. Era un espacio de aspecto solitario. Solitario debido a su vastedad y a cierta atmósfera del lugar, como de tristeza. Me afecto en la misma manera que el tono de la casa, es decir, con una sensación de melancolía, sinónima con aquella descrita por un poeta americano de la siguiente manera:

«Un sentimiento de anhelo y tristeza,

Que no es afín al dolor,

Y que sólo se asemeja a la pena,

Como la niebla se asemeja a la lluvia.»

  Luego de la cena, permanecimos sentados por varias horas, hablando de temas variados. La mayor parte de ellos se han fugado de mi memoria, pero hay uno que permanecerá clavado en mi mente mientras viva. Nunca lo olvidaré. Habíamos arribado al tema de los fantasmas y espíritus, y estábamos intercambiando opiniones y reminiscencias. Desdeñé la idea de lo sobrenatural desde el mismo momento que la abordamos:

  —No existe tal cosa como un fantasma —le dije.

  —¿Cómo puedes saberlo? —me respondió.

  —Porque el hombre siempre ha sido capaz de explicar satisfactoriamente tanto a ellos mismo como a otros, que la única explicación es alguna ilusión óptica, o sino que existe la mediación humana detrás del fenómeno.

  —No he sabido nada acerca de la mediación humana en este caso —dijo mi primo como repuesta—. Lo que sé es que yo he visto y escuchado cosas en esta casa con mis propios ojos y oídos que no pueden ser explicadas con tales teorías.

  —¿Por cuánto tiempo las has visto? —pregunté, con mi curiosidad creciendo dentro de mí en el momento.

  —Por tres meses —dijo Charles—. En cada ocasión que he dormido en cierta habitación de esta casa, he visto y oído cosas extrañas.

  —¿Durante sólo tres meses? —pregunté.

  —Sí, antes de esa fecha no había nada de esa naturaleza en la habitación. Era un espacio tan bueno y confortable como cualquier hombre podría desear. Aún ahora la mantengo abierta. Excepto en la noche, no hay nada en ella que parezca fuera de lo ordinario. Es mi dormitorio privado y me niego a abandonarlo por culpa de las cosas que han tenido lugar en él. Hasta hace algunos días lo usaba pero era incapaz, gracias a lo que ocurrió, de dormir. La semana pasada lo abandoné y lo mantengo cerrado.

  —¿Qué fue lo que viste? —pregunté.

  —Cosas más extrañas de la que piensas. Me rehúso a hablarte de ellas.

  —¿Y por qué? —pregunté—, ¿no debes compartir el secreto conmigo?

  Él vaciló. «Tú eres tan incrédulo», fue su respuesta.

  —Me gustaría ocupar esta habitación encantada por unos días —dije—. Tengo curiosidad de ver por mí mismo las cosas que has contemplado. Por lo tanto, no necesitas decirme ahora. Me gustaría ser sorprendido.

  —Conozco tu naturaleza, Robert —me dijo—; pero no deseo que te expongas a un daño innecesario. Fuertes como son mis nervios, ellos han sido quebrantados por los extraños sucesos en ese dormitorio tres veces maldito. Creo firmemente que está invadido por alguna cosa.

  Desdeñé firmemente esta idea, y luego de más persuasiones, conseguí de mi primo una reluctante promesa de que me permita ocupar la habitación encantada al menos por esa misma noche. Para entonces, sus temores se había imprimido un poco en mí, de manera que anuncié mi intención de retirarme. Estaba equipado con un poderoso garrote irlandés, que había conseguido durante mi residencia hace algunos años en la Isla Esmeralda. Como era bien diestro en su uso, me consideré ser un contrincante de cualquier fantasma o espíritu que pudiera decidir molestarme.

  Ascendimos la vieja escalera de roble hasta el piso superior de la casa. La casa tiene dos niveles y un gran ático en el mismo techo. Era en el segundo nivel que la habitación embrujada estaba ubicada. Caminamos a través de dos habitaciones, y nos encontramos ante una vieja puerta de roble. Mi primo la abrió y entramos. El espacio no difería en mucho de cualquier otro, excepto que estaba amueblado con muebles raros y antiguos. Había un gran tapiz de cama de los tiempos de Carlos I, y unas cuantas sillas pesadas del mismo periodo, una cómoda de gran tamaño y otros artículos variados. Sólo había una ventana en la habitación; y una celosía al estilo de la Reina Ana.

  La luz de la luna se intensificó, una brillantez lúgubre trazaba una línea de luz blanca en el piso, y una ligera brisa que penetraba, helada y escalofriante, hacía que los tapices de las paredes de la habitación se movieran suavemente. Me apresure a cerrar la ventana pues hacía mucho frío por la brisa que entraba. Entonces mi primo se despidió de mí luego de darme algunos consejos; luego salió, cerrando la puerta detrás de él como se lo había pedido. Había una atmósfera extraña y fantasmal en el aire frío, de ninguna manera confortable. Muy pronto mis dientes comenzaron a castañear y mis ojos a mirar nerviosamente a todos lados. Me reí de mí mismo y me dispuse a desvestirme. Una vez dentro de la cama mis sentimientos cambiaron. Cerré las cortinas, agarré mi garrote y me preparé para dormir.

  Pero el sueño no llegó. Yací por largo tiempo con mis oídos alertas del menor sonido. Mis ojos en vano trataron de penetrar la oscuridad estigia. Finalmente me maldecí a mí mismo por ser un idiota, me volví, cerré mis ojos y comencé a contar ovejitas saltando sobre la pared de piedra. Pero mis ovejitas eran singularmente inusuales. No bien habían saltado comenzaban nuevamente hasta que eran tan numerosas que muy pronto perdí la cuenta de su número. Debí abandonarlo pues el esfuerzo precisaba que forzara todos mis nervios y sentidos. Las horas pasaban como eones. Aparentemente no había fin  para ellas. Las diez y media, las once, las once y media; luego vino el profundo repique de las doce. Me levanté, espantado por el sonido, pero comprendiendo de que se trataba me dispuse a acostarme nuevamente.

  De repente, mientras estaba sentado, con cada músculo rígido, las cortinas se separaron lentamente sin aparente mediación humana. Con enfermiza rapidez ellas retrocedieron, permitiendo la entrada de una ancha banda de luz lunar sobre la cama. Y en el mismo centro de esa banda, unas manos sobre la cama; ¡he de olvidar alguna vez el horror de esa visión!: una figura fantasmal, la figura aparentemente de un hindú vestido de blanco. Se distinguía claramente, si bien para mi desordenada mente, su silueta parecía borrosa. Era un rostro oscuro y espantoso el que me miraba con ojos de fanático; y una expresión salvaje, maliciosa y demoniaca. La figura estaba ataviada de blanco, con pantalones apretados y una chaqueta india, y un turbante blanco en la cabeza. La figura me parecía, en el momento, más allá de la naturaleza. Permanecí congelado por el horror durante un momento, quizás hechizado por los siniestros ojos de la aparición. Entonces, mi escepticismo en la cuestión de la existencia de fantasmas me sacudió, y dirigí mi garrote hacia la figura.

  Whack! Whack! Whack!, chilló mi garrote, impactando algo más denso que el aire. El espíritu del más allá gritó desgarradamente, e imploró misericordia en una voz que me pareció haber escuchado anteriormente. Inmediatamente aseguré mi prisionero, y desgarrando su disfraz oriental, descubrí la figura del viejo sirviente de mi primo; el soldado indio del cual he hablado anteriormente en esta historia. Apenas había desenmascarado al cautivo cuando la puerta se abrió y Charles se precipitó dentro sosteniendo una vela encendida en su mano. Me encontró parado sobre el fantasma con el garrote en la mano, dirigiéndole una reprensión aderezada con algunos garrotazos, acerca del tema del engaño. El asombro de Burleigh no conoció límites cuando vio a su sirviente. Apenas sabía que decir. Finalmente consiguió balbucearle algo al fantasma:

  —¿Qué significa esto, Ruggles?

  Él permaneció en silencio, y aunque amenazado, se negó a responder mirándonos sombríamente. No conseguimos sacarle ninguna información, a pesar de que lo bombardeamos con preguntas por el resto de la noche.

  —¿Qué piensas de esto? —le pregunté a mi primo.

  —Estoy enormemente confundido —respondió Charles—. ¿Qué motivo pudo haber tenido el hombre para jugarme semejante truco?

  Sólo pude encogerme de hombros.

  En la mañana el sirviente se había marchado. Había sido confinado por su amo en una de las habitaciones del segundo nivel; una hiedra de vino, estrujada y rota, era la prueba de su medio de escape. Sobre la mesa se encontró una nota escrita desordenadamente que, llena de palabras y frases mal escritas, decía más o menos lo siguiente:

  «Sr. Burleigh:

  Por muchos años había incubado una animadversión en contra de usted pero no mostré signo de ella. En los últimos meses me dediqué a vengarme tratando de ahuyentar las personas de esta casa haciéndome el fantasma por las noches en su dormitorio. He fallado. Usted nunca más sabrá u oirá de mí nuevamente.

  Sampson Ruggles.»

 –

Fin

  Traducido por Odilius Vlak

  • NOTA: La versión original de esta historia, titulada “The Haunted Chamber”, se publicó por primera vez en la antología: “The Sword of Zagan and Other Writings”. Publicada en el 2004 por la casa editorial Hippocampus Press.

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3 comentarios en “RUNES SANGUINIS / La Habitación Embrujada – Por Clark Ashton Smith

  1. Sumo sacerdote,disculpe usted el atrevimiento de este fiel ciervo,pero me carcome el espiritu,el saber si tiene usted en agenda para un futuro proximo l traduccion de los relatos: “La metamorfosis de la tierra” , “Una profecia de monstruos y “Monstruos en la noche” de nuestro adorado KLARKASHTON.Desde siempre suyo,su servidor.

  2. Hola Gonzalo, hermano en el fantismo y ciudadano ejemplar de PulpPopolis. Ante todo disculpa el retraso en darte la respuesta, pero mi realidad ha estado muy celosa ultimamente de mi fantasia. De las historias que has mencionado, “El Monstruo de la Profecia” y “La Metamorfosis de la Tierra” estan en agenda, pero para la segunda mitad de este 2013. Decidi traducir ciertas historias de horror de Klarkash-Ton al iniciar este año, sencillas pero que merecen ser parte del canon en español. Continuare con la tercera en el mes de abril, pues en marzo la seccion Runes Sanguinis estara dedicada a H. P. Lovecraft. Luego de esa historia viene una joya de Ciencia Ficcion de la epoca de Wonder Stories. Y a partir de ahi…. Bueno, otras cosas. Espero que haya satisfecho tu curiosidad de la cual tienes todo el derecho. Tuyo siempre, el monje negro de la medieval Averoigne, Odilius Vlak, y el resto de los nigromantes de este Templo Virtual.

  3. Desde ya muchas gracias,y por supuesto esta disculpado,usted es vocero de las enseñanzas del maestro y a nosotros nos resta escuchar y aceptar los designios.Alabado el oscuro idolo de Zothique.

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