INTROVISION: Un Adiós Desde una Tierra Agonizante

Jack Vance (1916-2013)

  Los ecos de los estertores de la tierra agonizante son repetidos en cada una de las pocas manifestaciones de la naturaleza que aún palpitan con algún aliento de vida: el viento, que se desliza trabajosamente por el silencioso mausoleo en el que se ha convertido la atmósfera; el murmullo de las capas tectónicas, cada vez más parecido al rechinar de huesos entumecidos por la vejez; el movimiento de las olas de la escasa porción del océano que aún no se ha vaporizado, tan lento que sugiere el cortejo fúnebre de un cadáver formado por sus espumas. La vida de la naturaleza vegetal y animal no se une a la repetición de estos ecos agonizantes, pues hace mucho tiempo que dejó de existir. Sólo quedan unos cuantos seres humanos; y estos, movidos por un entusiasmo que es lo más vital en su moribunda existencia, se han reunido sobre una lúgubre colina con aspecto de haber sido marcada por una lepra geológica, con el propósito de despedirse de aquel ser que concibió la Tierra Agonizante desde una fantasía llena de vida. Se han reunido para decirle su último adiós al alma de Jack Vance.

  El alma asciende a través del cielo nocturno dejando tras de sí una estela de energía que si bien no está concebida para que reviva la Tierra Agonizante, si lo hará en cambio con el simbolismo fantástico que encarna: pues la vida eterna de la Tierra Agonizante se sustenta en su fantástica agonía, que resucitará una y otra vez en las imaginaciones de todos aquellos lectores que se sumerjan en su mundo; esos lectores que ahora mismo, luego de saber del deceso de la divinidad creadora conocida como Jack Vance, ven el destello de su alma confundirse con la luz llena de vida de las estrellas que arden en su propia inmortalidad. Los habitantes de la Tierra Agonizante, también han visto la fusión del alma de su creador con la luz de las estrellas eternas… Contemplan el espectáculo extasiados… Sintiéndose tan vivos como una tierra acabada de nacer entre los antiguos escombros moleculares de la explosión de una súper nova.

  Jack Vance fue uno de los más grandes escritores de literatura fantástica del Siglo XX y uno de las últimas glorias vivientes de la Era Pulp. Trabajó como electricista en los astilleros navales de Pearl Harbor en 1941, donde ganaba 56 centavos por hora. Lo abandonó un mes antes del ataque japonés. Durante la Segunda Guerra Mundial trabajó como Marino Mercante. Su primera historia publicada, «The World-Thinker», en el número de verano de 1945 de la revista Thrilling Wonder Stories, fue escrita mientras navegaba. En las siguientes seis décadas, escribió más de sesenta libros (algunos aumentan esa cifra a noventa). Vance fue un prolífico contribuyente de las revistas pulp en los años cuarenta y cincuenta, especialmente Startling Stories y Thrilling Wonder. Algunos de sus trabajos más famosos de este periodo son: «The Five Gold Bands» (Startling Stories, 1950); «Son of the Tree» (Thrilling Wonder, 1951); «Telek» (Astounding Science Fiction, 1952); «The Houses of Iszm» (Startling Stories, 1954); y «The Moon Moth» (Galaxy, 1961).

  También durante este periodo escribió la mayoría de las historias que fueron compiladas bajo el título «The Dying Earth» (La Tierra Agonizante) en 1950. Paradójicamente, él no fue capaz de vender esta colección a las editoras de literatura de género, de manera que uno de las trabajos más importante de la literatura fantástica, fue publicado por la pequeña editorial Hillman Periodicals, que principalmente publicaba cómics. La edición original en paperback de «The Dying Earth» es altamente valorada por los coleccionistas de hoy en día.

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The Dying Earth (1950) - Jack Vance

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Vance fue un maestro en series de Ciencia Ficción y Fantasía. Aparte de «The Dying Earth» (cuatro libros); sus series más famosas incluyen  «Lyonesse» (tres libros), «The Demon Princes» (cinco libros), «The Cadwal Chronicles» (tres libros), «Alastor» (tres libros), y las cuatro novelas de «Planet of Adventure» entre otras.

  Ganó su primer Premio Hugo por la brillante noveleta «The Dragon Masters» (Galaxy, 1962); y  «The Last Castle» (Galaxy, 1966) ganó el premio Hugo y el Nebula. Otros de sus premios incluyen el World Fantasy Award a la mejor novela en 1990, por su obra «Lyonesse: Madouc». Jack Vance también fue galardonado con el World Fantasy Award por los logros de una vida en 1984. También el Premio SFWA al Gran Maestro en 1997, y fue ingresado al Salón de la Fama de la Ciencia Ficción en el 2001. Su autobiografía del 2009, «This Is Me, Jack Vance!», ganó un Hugo al Mejor Libro Relatado.

Portada de la versión francesa (junio de 1965) de la revista americana Galaxy

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  Su influencia aún se siente hoy en día. La primera novela de Michael Shea, «A Quest for Simbilis», fue un pastiche de Vance (lo que hoy se conoce como Fan Fiction). El volumen del 2010 en tributo a Jack Vance, «Songs of the Dying Earth», contó con las contribuciones de  George R.R. Martin, Dan Simmons, Robert Silverberg, Tad Williams, Glen Cook, Neil Gaiman y muchos otros. Subterranean Press ha publicado hasta ahora tres volúmenes de «The Early Jack Vance», incluyendo «Dream Castles». Y uno de los juegos de role preferidos por el FANDOM, la «Dying Earth RPG», fue lanzado por Pelgrane Press en el 2001. Jack Vance murió el domingo 26 de mayo a la edad de 96 años en su casa de  Oakland, California… ¡Larga vida a la memoria de un grande!

  Sí, que su memoria sea tan infinita en la memoria de los cultores de la literatura especulativa, como lo es el legado de su imaginación en la de ellos, incluyendo la de cada uno de los miembros de este Blogzine de las cosas que no son pero que deberían ser, Zothique The Last Continent, pues Jack Vance en su tiempo, al igual que nosotros lo somos ahora, fue un acólito de nuestra divinidad tutelar, Clark Ashton Smith. De hecho, el mismo Lin Carter en su introducción titulada «Cuando el Mundo Envejezca», para la edición de los cuentos de Zothique por Ballantine Adult Fantasy Series (1970), menciona a Jack Vance como uno de los herederos del concepto de un mundo agonizante donde la magia ha renacido para gobernar en el ocaso de la humanidad como lo hizo en su amanecer; concepto sobre el que descansa el Ciclo de Zothique. Influencia que Jack Vance expresó en «The Dying Earth» (1950), y su secuela, «The Eyes of the Overworld» en (1966). De manera que estamos hablando de un ciudadano de Zothique, el cual debe gozar de los mismos privilegios de cualquiera de nuestros Hermanos Fanáticos… Pues él lo fue mucho antes que cualquiera de nosotros. Ahora veamos qué tipo de agonía les tenemos para la edición del mes de junio.

  En la página del lunes 10, en la galería mensual de nuestra sección Neosapiens, cerraremos la Segunda Temporada de exposiciones, dedicada a las portadas de revistas de género, en este caso, a las revistas de cómics de adulto españolas que marcaron una época en ese país, así como en el universo en general de esa expresión artística. El broche de oro le corresponde a la revista «1984». El título del artículo de Markus E. Goth es como sigue: «1984: Las Creaciones de una Distopía Paradisiaca».

  La página del miércoles 12, de nuestra sección Runes Sanguinis, será la plataforma para un viaje cósmico, abordo de la imaginación de Klarkash-Ton; pues les tenemos la traducción exclusiva para nuestros lectores, de una verdadera joya de Ciencia Ficción Pulp, hasta ahora inédita en español. Su título: «Vuelo Hacia el Súper Tiempo». Ese Tour de Force fue publicado en el # de agosto de 1932 de la revista…Sí, adivinaron: Wonder Stories.

  Bueno, nos despedimos desde la colina marcada por una lepra geológica de la Tierra Agonizante, hija espiritual de Jack Vance y Clark Ashton Smith. Lo hacemos mientras observamos el alma del primero viajar y fundirse con los brillantes astros entre los cuales arde el alma del último. Sí, lo hacemos mientras susurramos extasiados estas palabras… El horizonte de los murciélagos es más lejano que el de las águilas.

Odilius Vlak

Jefe de Redacción.

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3 comentarios en “INTROVISION: Un Adiós Desde una Tierra Agonizante

  1. No creo necesario, tener que exclamar -Larga vida al recuerdo del maestro Jack Vance- porque ese recuerdo permanecerá eternamente impoluto en el alma de todo aquel que lo haya leído, ¡ salud! por lo tanto a tan digno e ilustre ciudadano de Zothique.

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